Estimado Carlos
Te envío un artículo que se publicó recientemente y que constituiría
un "apéndice" sobre la "Rebelión de Quito",
difundido a través del link Historia Inmediata.
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LEJANAS LECCIONES DEL 21
Juan J. Paz y Miño Cepeda.
(Diario HOY, Quito, miércoles 24 de enero de 2001)
La democracia institucional nacida en 1979, entró en crisis en febrero de
1997. Abdalá Bucaram fue derrocado a los seis meses. Por unos días le
sucedió Rosalía Arteaga y luego Fabián Alarcón. El electo Jamil Mahuad
cayó a los dieciocho meses. Le sucedió un efímero Triunvirato de horas,
y luego Gustavo Noboa. Seis gobiernos en un lustro. Dos derrocamientos
solucionados con interpretaciones constitucionales del Congreso y arreglos
políticos e institucionales irregulares. Dos décadas de afirmación de
un modelo económico que supone fundamentarse en los principios del
mercado libre y en los valores de la empresa privada, pero que deterioró
la vida social general y agravó las condiciones laborales. Dos décadas
orientadas por el "salvataje" empresarial y bancario. Dos
décadas de ajustes estructurales en el marco de la globalización. Dos
décadas en las cuales, al perder vigencia el "modelo estatal"
de desarrollo, el Estado mismo presentó sus debilidades institucionales.
Dos décadas en las que la economía no trajo los beneficios urgentes
demandados por la mayoría de ecuatorianos, sirvieron de telón de fondo
para que el 21 de enero del 2000 pudiera imaginarse que un "golpe de
estado" quizás alteraría el rumbo de una "democracia" que
muy pocos beneficios había proporcionado también durante dos décadas.
El pueblo eligió gobernantes para que cumplan la Constitución y, por
tanto, promuevan el bienestar colectivo. Al seguirse una línea
diametralmente opuesta, la defensa de la constitucionalidad perdió
sentido para gran parte de la población, porque implicaba simplemente
respetar cualquier gobierno, por el simple hecho de su origen electoral, a
pesar de que sus acciones sean contrarias al mismo pueblo. Pero las
lecciones "del 21" no fueron asimiladas con posterioridad. La
débil institucionalidad del estado unida al fracaso de la economía, en
un medio social de extrema pobreza, continúan alimentando condiciones
propicias para los intentos de cambio por encima de la
"institucionalidad constitucional". Nadie quisiera que así
suceda. Pero, lastimosamente, es lo que encierra la historia del Ecuador
desde la fundación de la República, al continuarse frustrando la
promoción social y la democracia auténtica.