RESUMEN
La crítica heurística –concebida como el análisis de la autenticidad de las fuentes históricas y de la fiabilidad de sus contenidos- se ha centrado, tradicionalmente, en el documento escrito, en sus diferentes soportes y formatos. Las renovaciones historiográficas de la primera mitad del siglo XX, modificaron esta situación, con la inclusión paulatina de otros tipos de fuentes (iconográficas, orales, audiovisuales, etc.), que demandaron, a su vez, técnicas específicas para su abordaje. Por otra parte, los cambios tecnológicos que introdujo la Revolución Informática a partir de 1945, generaron nuevos desafíos heurísticos al historiador, con la aparición sucesiva de diversas formas de documentos digitales y de documentos telemáticos. En la presente ponencia, se considerarán, precisamente, las características estructurales de esta última clase de fuentes, los problemas que plantea su conservación en el largo plazo, y los problemas asociados al estudio crítico de sus contenidos.
El historiador y las fuentes
electrónicas.
Nuevos horizontes para la crítica
heurística en el siglo XXI.
Juan Andrés Bresciano
(Universidad de la República)
La crítica
heurística –entendida como el análisis de la autenticidad de las fuentes
históricas y de la fiabilidad de sus contenidos- constituye una de las fases
primordiales de toda investigación sobre el pasado, que se realice desde una
perspectiva científico-social. Sus primeras expresiones formales ya se
encuentran presentes en
En
términos generales, la abrumadora mayoría de las piezas que integran el
universo heurístico utilizado hasta mediados del siglo pasado, se constituyen a
partir de un soporte físico que determina las formas en que se conservan,
describen y clasifican por parte de archivólogos y de historiadores.
Estos cambios tecnológicos que introducen nuevos medios para producir, recolectar y administrar documentos, inciden, necesariamente, en las formas en que se relaciona el historiador con los materiales que utiliza para investigar. En la presente ponencia, se considerarán al menos tres aspectos fundamentales de dicho vínculo: la aparición de nuevas clases de fuentes, los problemas que plantea su conservación en el largo plazo, y los desafíos asociados al análisis crítico de sus contenidos.
1. La ampliación del espectro heurístico
En esta primera sección, se desarrollarán algunas consideraciones generales sobre la creación de fuentes mediante el uso de herramientas electrónicas en la prácticas investigativas. Asimismo, se mencionarán algunos debates técnico-metodológicos que se asocian con la digitalización de las fuentes clásicas. Finalmente, se realizará una sucinta reseña de los tipos documentales telemáticos que el historiador del siglo XXI debe sumar a los insumos informacionales que utiliza.
1.1. La creación de fuentes
históricas mediante dispositivos electrónicos
La concepción tradicional del historiador como un usuario de fuentes, se modifica en las últimas décadas gracias a que las nuevas herramientas digitales le permiten convertirse en un creador de documentos y registrar un sinnúmero de fenómenos característicos del mundo contemporáneo En tal sentido, la posibilidad de generar documentos audiovisuales de alta calidad, mediante dispositivos externos a un ordenador, de incorporar y de almacenar esos registros en un mismo sistema –más allá del formato que presenten- y de organizar y clasificar dichos insumos, estimula significativamente las tareas de trabajo de campo, que implican operaciones de observación directa, indirecta o participante. Asimismo, la democratización en el acceso a tales dispositivos –cámara digitales, filmadoras y teléfonos celurares que toman fotografías y también realizan grabaciones audiovisuales- transforma a los ciudadanos corrientes en productores de fuentes históricas, sobre la vida cotidiana o sobre los eventos más dramáticos que pueden afectar a una sociedad. Ejemplo de ello lo ofrecen las filmaciones obtenidas mediante el uso de celulares para registrar acontecimientos relacionados con el ataque de Israel al Líbano en 2006, la represión en Myanmar en 2007, o en el Tíbet en 2008.
Si
el investigador incursiona en el campo de
2.2. La incorporación de las fuentes tradicionales al ciberespacio:
posibilidades y limites de la digitalización.[1]
Las nuevas tecnologías brindan la posibilidad de conservar reproducciones de fuentes tradicionales en un formato electrónico. De este modo, los materiales más diversos que se puedan utilizar para el conocimiento del pasado, se almacenan en un único medio –el digital- para que el investigador los preserve, utilice y difunda con un grado de eficacia desconocido en los tiempos pre-informáticos. En los últimos años, la digitalización configura una de las funciones primordiales que llevan a cabo las bibliotecas, archivos y museos nacionales de numerosos países. Gracias a ella, un volumen relevante de sus colecciones se encuentran disponibles para la consulta en línea, con las ventajas notorias que ello supone para los usuarios locales y los que se encuentran en otras ciudades, o en otros países.
A pesar de estas facilidades, la digitalización no siempre resulta la opción más adecuada, sobre todo si un investigador o un equipo debe adoptar la decisión de reproducir un conjunto específico de documentos. Antes de implementar cualquier procedimiento, el historiador que se decida por esta altenativa, necesita determinar:
(i) Si los materiales no han sido digitalizados previamente. En ciertos ocasiones se invierten ingentes sumas de dinero en la reproducción de fuentes que ya han sido almacenadas en formato electrónico. No siempre resulta sencillo constatar la digitalización de una colección determinada, ya que esta información puede resultar esquiva.
(ii) Si la reproducción mediante herramientas informáticas no supone ninguna clase de riesgo para las fuentes. Al igual que otras formas alternativas –como la fotoduplicación tradicional o la microfilmación-, las copias digitales pueden afectar el soporte y los contenidos del documento, ya sea por la manipulación de los materiales o por su exposición a ciertas clases de factores físico-químicos.
(iii) Si los documentos que se digitalizan se encuentran ordenados y clasificados y constituyen un fondo que ha mantenido su unidad e integridad. En ciertas ocasiones, las fuentes se hallan desordenadas y los contenidos de fondos diversos han sido intercalados en forma arbitraria. Si el historiador no considera situaciones de esta clase, puede llevar a cabo una edición digital acrítica, que presente como un todo coherente lo que no es más que un conglomerado de piezas, reunidas de manera fortuita.
(iv) Si la digitalización permite un acceso mucho más eficaz y eficiente a las fuentes. Por su propia naturaleza, algunos documentos resultan de fácil localización y consulta, y en tal caso la reproducción informática no supone un avance en cuanto a la difusión de sus contenidos.
(v) Si el investigador, el equipo de investigadores o la institución que decide recurrir a la digitalización, poseen las herramientas necesarias para garantizar a los potenciales usuarios, la consulta de los materiales. No basta con disponer de los instrumentos de reproducción para que el proceso resulte exitoso: se necesita una infraestructura que permita un acceso amplio –mediante la divulgación a través de una edición en CD’s o en un sitio Web- y un servicio regular –a través de un compromiso institucional que garantice la continuidad en el acceso y proporcione asesoramiento al usuario.
(vi) Si los requisitos técnicos de la reproducción, almacenamiento, edición, gestión y difusión de los materiales, se pueden solventar con los recursos que dispone los investigadores o las instituciones a las que pertenece. Esta evaluación no siempre se realiza en forma precisa, y como resultado de ello, algunos proyectos basados en el voluntarismo, finalizan de manera prematura y sin alcanzar los resultados deseados.
La decisión de digitalizar requiere que el historiador o el archivólogo deban evaluar múltiples factores, pero la implementación de tal procedimiento puede requerir pericias técnicas que excedan sus capacidades. En aquellas ocasiones en que se reproduce un número reducido de piezas, para el uso personal de un investigador o de un equipo, recurrir a un instrumental básico empleado en forma amateur resulta admisible. Sin embargo, si se trata de un proyecto que pretende ofrecer al público académico una edición digital profesional de cierta clase de fuentes o de fondos documentales, entonces se debe implementar una verdadera cadena de digitalización, en la que participan distintos tipos de especialistas. Se trata de un proceso articulado en tres instancias, cada una de las cuales plantea complejas decisiones metodológico-técnicas:
(i) La generación de imágenes. Consiste en el registro de los contenidos de un documento tradicional en un medio informático, utilizándose para ello un escáner o una cámara digital. El investigador que emplea en forma ocasional estas herramientas, no siempre es consciente de todas las posibilidades que debe tener en cuenta, para obtener un resultad óptimo. La fase de generación de las imágenes requiere que se adopten determinaciones con respecto a:
(a) La resolución de la imagen. No resulta una elección simple, dado que es preciso establecer el grado de nitidez apropiado para captar con mayor eficacia el contenido de un documento. Esta decisión depende de la naturaleza de la fuente y de la clase de datos que contenga (verbales, icónicos, gráficos, etc.)
(b) El formato de archivo. Dependerá de la resolución que se precise, la profundidad de bits, los requisitos en cuanto a los colores de la imagen, etc. Una vez más, el contenido del documento y sus usos, condicionan la clase de formato que se elija.
(c) La compresión. Al igual que las operaciones anteriores, plantea posibilidades y limitaciones. Un alto grado de compresión puede afectar seriamente la calidad de la imagen.
(d) Las herramientas de digitalización. Tanto los escáneres como las cámaras presentan ventajas y limitaciones comparativas, de acuerdo a la clase de documentos que se manipulen, las condiciones infraestructurales y ambientales en que se opere, y el tiempo que se disponga para efectuar las reproducciones.
(e) El personal técnico que llevará a cabo la digitalización. No siempre los investigadores que demandan la reproducción informática de fuentes, se encuentran en condiciones de llevar a cabo la tarea práctica. Por el volumen de materiales que deben procesarse, por el cuidado que demanda la utilización de cierta clase de herramientas, y por el control que es preciso ejercer sobre factores tales como la luz o la posición de los documentos, conviene que sean expertos lo que realicen estos procedimientos.
(ii) La gestión de archivos. Una vez almacenados los contenidos de las fuentes en un soporte digital, deben clasificarse y ordenarse en forma racional. Al igual que en la instancia anterior, se requieren resoluciones técnicas que no pueden ser el fruto de la improvisación de un trabajo amateur, sino de un plan claramente diseñado desde un comienzo, ya sea por especialistas o con su asesoramiento.
(iii) La difusión del material digitalizado. Las herramientas de socialización de los contenidos documentales que se escojan, dependerán del público al que estén destinados. Si se trata del investigador y de su equipo, la edición en disco compacto resulta una opción válida. Por el contrario, si consiste en un colectivo académico, la utilización de un sitio Web parece mucho más recomendable. Aún así, conviene evaluar las posibilidades (y los costos) de un mantenimiento regular de esta clase de medios, a fin de asegurar que continúen operativos en el largo plazo.
2.3. Las tipologías documentales asociadas a Internet: la proliferación
de fuentes telemáticas
Aunque los dispositivos electrónicos y digitales producen fuentes que se almacenan en nuevos soportes y que adoptan nuevos formatos, las modificaciones que introducen en las tipologías documentales y en la naturaleza de sus respectivos contenidos, resultan bastante limitadas. No acontece lo mismo con las redes que nacen de la interacción entre las herramientas informáticas y las nuevas tecnologías comunicacionales. La aparición de Internet en cuanto red de escala planetaria, engendra diversas clases de fuentes, que potencian la labor heurística del historiador en un grado superlativo. Estas fuentes –es decir, los sitios Web- conforman un dominio de Internet que se organiza en un conjunto de páginas, cada una de las cuales constituye un documento HTML/XHTML. Cualquier clasificación que se proponga sólo puede ser arbitraria y circunstancial, ya que las variantes tipológicas se multiplican año a año, y las innovaciones técnicas y las dinámicas políticas, económicas, sociales y culturales, motivan una expansión constate de este nuevo universo heurístico. Sólo a modo ilustrativo, pueden referirse algunas de sus modalidades básicas:
(i) Los sitios institucionales. Aportan una información sustancial sobre la estructura, funcionamiento e historia de organizaciones públicas y privadas, y en ciertas ocasiones permiten el acceso parcial o total a los documentos que producen internamente. Al hacerlo, brindan una material valioso para el estudio de diversos aspectos de la sociedad civil y de la sociedad política.
(ii) Los sitios empresariales. Proporcionan datos actualizados sobre el perfil de ciertas compañías, la clase de productos o servicios que generan, su posicionamiento en el mercado, etc. En tal sentido, contribuyen de manera significativa al estudio de la Historia económica, tanto en lo que se refiere a la producción, como a la distribución y circulación de bienes, etc.
(iii) Los sitios personales. Ofrecen datos biográficos sobre un profesional que presenta sus servicios a la comunidad, o de un ciudadano corriente que desea compartir sus experiencias o su historia de vida. En algunos casos, incluyen bitácoras o diarios privados, ya sea de actividades cotidianas, laborales o recreativas.
(iv) Los sitios comunitarios: Constituyen verdaderos ámbitos de socialización para personas que comparten intereses comunes. Su utilización resulta fundamental para cualquier historiador que intente comprender los mecanismos y las dinámicas de las formas actuales de interacción microsocial.
(v) Los sitios de comercio electrónico. Suministran insumos cualitativos y cuantitativos de gran relevancia, para el estudio de las actividades económicas, los hábitos de consumo, las estrategias publicitarias, etc. En tal sentido, Internet se ha convertido en un mercado mundial en el que se vende y se compra en una escala nunca antes imaginada. Por ello, la utilización de estas fuentes resultará imprescindible para los historiadores del presente y del futuro.
(vi) Los sitios recreativos. Brindan diversas clases de entretenimientos (pagos o gratuitos), que facilitan al investigador el estudio de las actividades lúdicas en el ciberespacio, y el análisis de las formas contemporáneas de diversión, basadas en el vinculo entre un usuario y diversos programas y archivos, o entre varios usuarios que mantienen un contacto virtual.
(vii) Los sitios informativos. Presentan las ediciones digitales de los órganos de prensa y de los medios audiovisuales característicos del mundo contemporáneo. Gracias a estos sitios, el historiador puede tener acceso directo al número de un periódico, a un cable de una agencia de noticias, a un programa radial o televisivo, sin que por ello deba acudir a los repositorios tradicionales (como las bibliotecas) o a los diarios, radios y canales. A ello se suma el hecho de que algunos servicios de información existen a través de un medio exclusivamente digital.
(viii)
Los sitios
referenciales. Contienen enciclopedias, diccionarios, directorios, bases de
datos, repertorios factográficos, así como reproducciones de diversas clases de
obras y de documentos. Resultan imprescindibles para comprender los modos en
que se organiza el saber en los tiempos actuales, y para obtener toda clase de fuentes
del campo de la Historia de
(ix) Los sitios para la identificación y acceso a otras páginas de Internet. Se dividen en, al menos, cuatro categorías: portales, directores, buscadores y archivos de sitios Web. Las tres primeras modalidades se utilizan para localizar páginas específicas, mientras que la última se emplea para consultar sitios desaparecidos, que se almacenan dentro de verdadero repositorios digitales, como Internet Archive[2]. En cualquiera de los casos, resultan insumos ineludibles para cualquier historiador que se interese en las transformaciones de las redes telemáticas a lo largo de los años.
3. La organización y la continuidad del patrimonio histórico-digital
Los miles de millones de documentos electrónicos que se producen anualmente, provocan una situación compleja, puesto que demandan procedimientos específicos para garantizar su supervivencia en el mediano y en el largo plazo, y plantean la necesidad de su organización en archivos que resulten adecuados a la naturaleza de sus soportes y de sus contenidos.
3.1. La conservación de las fuentes informáticas: algunos desafíos
inmediatos
Existen al menos tres problemas que deben resolver los investigadores que se interesan por la pervivencia de piezas informáticas necesarias para sus proyectos:
(i) La conservación de los documentos en su soporte original. A diferencia de cierta clase de fuentes históricas tradicionales, cuyos soportes subsisten a lo largo de los siglos –e inclusive, durante el transcurso de milenios- los productos informáticos se almacenan en medios que demuestran ser mucho más vulnerables al transcurso del tiempo. Aún cuando se opere en condiciones óptimas, los soportes magnéticos poseen una vida útil de diez años. Los soportes ópticos, por su parte, multiplican por diez la cifra anterior. De todos modos, ninguna de estas modalidades compite en cuanto a durabilidad con los medios más clásicos de transmisión de contenidos textuales e icónicos, como el papiro, el pergamino y algunos clases de papel. Por lo tanto, los documentos electrónicos demanda al historiador y al archivólogo exigencias mucho mayores a la hora de garantizar su integridad.
(ii) La conservación de las condiciones de legibilidad de los documentos. Los productos informáticos, en contraste con las fuentes tradicionales, precisan de dispositivos que posibiliten su lectura. Sin computadoras y sistemas periféricos apropiados, no es posible acceder a sus contenidos, a pesar de que los soportes se conserven adecuadamente. El mayor problema lo plantea no sólo la obsolescencia acelerada de los medios de almacenamiento, sino de las propias herramientas y unidades de lectura. En la actualidad ya no existen computadoras que dispongan de disqueteras para unidades de 5 y ¼. Algunas máquinas carecen directamente de disqueteras, y en pocos años, muy probablemente no dispongan de bandejas de lectura de discos compactos, puesto que el pen drive tiende a substituir tanto al CD como al DVD, en cuanto soportes de preferencia. Si no se cobra conciencia de este hecho y no se adoptan las providencias del caso, los historiadores del presente y del futuro inmediato, se verán privados de materiales muy valiosos para el desarrollo de sus investigaciones.
(iii) La conservación de los metadatos de un documento. En el contexto de las fuentes electrónicas, los metadatos constituyen “datos que describen datos y sistemas de datos”. A modo de ejemplo, presentan información sobre la estructura de una página Web, sus características, su localización, su finalidad, etc. Permiten, de esta forma, conocer: (a) el contexto administrativo o de creación (autor, fecha, etc.); (b) el contexto documental (es decir, un conjunto de referencias a los documentos relacionados); (c) el contexto tecnológico o de recuperación (formato, versión, programa, etc.). Esta información resulta independiente del soporte específico en que se registra el propio documento, pero resulta esencial para la preservación de su estructura y sus contenidos. La conservación de los metadatos constituye, entonces, un requisito básico de estas nuevas clases de fuentes, requisito que tiene ciertos equivalentes en el universo heurístico de los documentos tradicionales, ya que la información relativa a la génesis de una fuente y a su contexto de producción, resulta necesaria para la descripción archivística y para la crítica histórica.
3.2. La preservación de los contenidos documentales en un contexto
tecnológico cambiante[3]
Las fuentes digitales plantean exigencias diferenciales para su pervivencia en el largo plazo, ya que no siempre resulta factible realizar una reproducción exacta de un documento digital, cuando los dispositivos electrónicos y los programas varían. En tales circunstancias, se hace necesario idear alternativas para que el investigador –y el usuario en general- puedan recuperar y visualizar, en los nuevos dispositivos, los contenidos de los documentos de las décadas precedentes. Para ello, existen algunas soluciones posibles, que deben implementarse con diligencia, a fin de evitar la pérdida de fuentes valiosas:
(i) La migración a un nuevo soporte. Se trata de una estrategia universalmente utilizada, y que consiste en la reproducción de los documentos en soportes tecnológicos de última generación. Por ejemplo, si un documento se genera en un soporte magnético, a fin de garantizar su preservación de largo plazo se debería almacenar en un soporte óptico.
(ii) La compatibilidad retroactiva de los nuevos programas. El programa en que se origina un documento, resulta tan importante como el medio en que se registra y los dispositivos que permiten su lectura. Los programas sufren transformaciones mucho más aceleradas que estos últimos, pero por lo general, las nuevas versiones se configuran de modo tal que recogen fuentes producidas en versiones anteriores. Sin lugar a dudas, este desafío heurístico no tiene ningún equivalente en la documentación tradicional.
(iii) La conversión de un documento a formatos universales. Aun cuando las versiones actualizadas permiten la lectura de fuentes creadas en versiones previas, algunos programas –en cuanto productos comerciales- compiten entre sí, y si una fuente se genera en un utilitario específico, no existe garantías de pueda leerse sin inconvenientes en otros elaborados por compañías rivales. Para solucionar tales inconvenientes, surge, como estrategia de largo plazo, la implementación de formatos universales que trascienden las divergencias y las incompatibilidades entre las tecnologías que rivalizan durante un período específico. Este último desafío, tampoco registra situaciones análogas en el universo de las fuentes pre-informáticas.
3.3. El archivo digital: sus funciones y sus modalidades organizativas.
Del mismo modo que los documentos que produce un individuo o una institución en el desarrollo de sus actividades cotidianas, pueden dar origen a distintas clases de archivo, las fuentes digitales demandan sus propios repositorios. Con relación a este punto, existen semejanzas y diferencias notorias:
(i) En lo que respecta a las semejanzas, se podría señalar que:
(a) Algunas tipologías documentales se mantienen incambiadas, a pesar de que varíen los medios de almacenamiento. La correspondencia personal e institucional, los expedientes electrónicos, la documentación contable, las circulares y las resoluciones de órganos directores, se caracterizan por estructuras formales que trascienden los soportes, y exigen pautas universales de descripción archivístico-históricas.
(b) La organización de los documentos en fondos, secciones y series, tampoco presenta variaciones significativas. De hecho, se simplifica en la medida en que ciertos programas informáticos ordenan en forma automática las fuentes que se generan de manera regular.
(ii) En lo que atañe a las diferencias, es preciso indicar que:
(a) La conservación de un archivo personal en los tiempos pre-informáticos, se asocia generalmente a la actuación de figuras destacadas, tanto en el ámbito de la vida política, económica, social y cultural. Por lo pronto, se restringe a aquellos individuos que producen fuentes de alguna clase, y que poseen cabal conciencia de que deben conservarlas, porque existe un consenso colectivo acerca de su significación. Con la democratización de la vida política y social, se incrementa significativamente el número de personas que crean fuentes y las preservan por decisión propia. De todos modos, las dificultades operativas que se derivan de este hecho, puede limitar las posibilidades de concreción, ya sea por una cuestión de espacio físico, de disponibilidades de medios de almacenamiento, de exigencias familiares, etc. Las nuevas tecnologías superan esta clase de problemas, ya que la infraestructura necesaria se abarata de manera sorprendente. En la actualidad, cualquier individuo que tenga acceso a un computador puede producir su propio archivo personal.
(b) La progresiva universalización de los medios informáticos, al tiempo que facilita la conservación de los materiales y su organización automática en un archivo personal, también puede inhibir, en la práctica, su mantenimiento. La naturaleza intangible del soporte, la cultura de la inmediatez que caracteriza a los tiempos actuales, y la ausencia de una clara conciencia de que el ciudadano corriente produce documentos históricos, no favorece el desarrollo de repositorios electrónicos personales. En tal sentido, los historiadores –y los cientistas sociales, en general- cumplen un papel fundamental a la hora de incentivar la generación de tales repertorios, ya que además de constituir insumos para los investigadores del futuro, permiten que los sujetos cobren conciencia de su carácter de agentes históricos, y del valor testimonial de las fuentes que producen.
Si los desafíos anteriores se sortean con éxito, las posibilidades del conocimiento de nuestro presente que tendrán los historiadores del futuro resultarán cualitativa y cuantitativamente diferentes, a las que existen actualmente para el estudio del pasado.
4. La crítica heurística de la
fuentes electrónicas
En
4.1. La autenticidad de los documentos informáticos
Para llevar a cabo la crítica heurística en sentido tradicional, el investigador estudia la historia de la propia fuente, desde que fue creada hasta que llega a sus manos. Indaga también sobre las características del soporte del documento, la estructura formal que presenta, el perfil del discurso y del léxico que emplea, y la coherencia entre los datos que aporta y la información contextual disponible. En el caso específico de los documentos electrónicos, la labor heurística no resulta menos exigente si se la compara con la de las fuentes clásicas. Ello se debe a que –como se indicó anteriormente- los registros digitales se caracterizan por ser dinámicos, es decir, se pueden reproducir y modificar tantas veces como el usuario lo desee. La capacidad de generar copias idénticas de un mismo documento (que resultan indiscernibles con respecto al original), y la posibilidad de modificar la configuración y los contenidos de la fuente (sin que nadie se percate de tal situación) plantea dos problemas inéditos, que no se pueden enfrentar con las herramientas de la heurística tradicional.
Para superar tales desafíos, es menester implementar diferentes clases de controles durante el proceso de creación de los propios documentos y en las instancias en que resultan modificados por sus autores. De este modo, la garantía de fiabilidad estaría dada por pautas de autenticación que se aplican en el momento mismo de la creación de la fuente, y que se repiten en cada una de sus transformaciones posteriores. En el ámbito de una institución pública o privada que produce regularmente documentación de valor histórico, existen tres procedimientos que reducen los márgenes de riesgo con respecto a la falsificación y la manipulación de contenidos:
(i) La adopción de un sistema informático uniforme que emita los documentos institucionales, en sentido estricto. Mediante esta medida, si en la generación de un expediente, una carta, un informe, etc., se emplea un sistema distinto, es posible comprobar fácilmente que se trata de una pieza apócrifa.
(ii) La utilización de herramientas que impidan la modificación de los documentos que ya se han generado. De este modo, las fuentes se conservan inalterables y el historiador tiene la plena garantía que no han sido objeto de transformaciones ni autorizadas ni registradas.
(iii) El empleo de programas y dispositivos de control en las fases de elaboración, memorización y emisión de los documentos. Con este procedimiento, se asegura la integridad del documento elaborado electrónicamente.
Si el historiador desea obtener la plena certeza de que un documento digital no ha sido objeto de ninguna clase de manipulación posterior a su creación,[4] existen recursos tecnológicos que acuden en su auxilio, y que se aplican a buena parte de las fuentes informáticas:
(i) La firma electrónica. Los documentos tradicionales poseen firmas, rúbricas, signos y sellos que permiten validarlos. Algo análogo acontece con las fuentes digitales. Mediante el análisis de la firma electrónica, se pueden superar las incertidumbres con respecto a la autoría de un documento.
(ii) La marca de agua. Este procedimiento se utiliza para comprobar la autenticidad del papel de un documento manuscrito o impreso, y de este modo evitar las falsificaciones. La marca de agua consiste en una imagen que se forma por diferencia de espesores en un hoja de papel. En el ámbito informático, este procedimiento clásico se adapta de modo tal que actualmente existen programas que incorporan una imagen asociada a un documento. Si existen dudas sobre la autenticidad, el investigador puede hacer visible la marca de agua, recurriendo al programa adecuado.
(iii) La utilización de dispositivos de auditoría informática. Se trata de un registro cronológico de las actividades del sistema específico que produce los documentos. El acceso a tales registros permite reconstruir las operaciones de creación y modificación de los documentos. Como recurso, resulta efectivo siempre y cuando se disponga de acceso al sistema informático que genera las fuentes. Por lo tanto, su aplicación presenta serias limitaciones, sobre todo para investigadores del futuro.
Los procedimientos que garantizan la autenticidad documental, se aplican a la más variada gama de contenidos y de formatos. En materia de fuentes sonoras, existen sistemas digitales que insertan marcas de agua en las grabaciones de voz, para corroborar la autoría de una grabación. Esta marca de agua no afecta en lo más mínimo la calidad en la reproducción del sonido de la voz de una figura determinada, al tiempo que verifica si su registro ha sido objeto de alguna manipulación o alteración. Se trata de una técnica que procede del campo de la biometría, una disciplina dedicada al estudio del reconocimiento de los seres humanos a partir de ciertos parámetros biológicos o conductuales. Debe destacarse, asimismo, que las técnicas de la marca de agua digital se han perfeccionado hasta tal punto que en la actualidad también se aplican a fuentes iconográficas y audiovisuales. Tanto en documentos que utilizan la imagen fija como la imagen en movimiento, es posible introducir una señal, no perceptible al ojo humano, que autentica el registro. Este procedimiento se aplica, generalmente, incorporando la marca del agua en el propio IP de la cámara fotográfica o filmadora. En cualquier caso, la técnica corrobora la autoría del registro, pero no la autenticidad de sus contenidos.
4.2. El análisis de contenido de los productos digitales[5]
Para finalizar esta
exposición, se ofrecen algunas referencias muy generales, a las características
que asume el estudio de una fuente cuando su soporte es informático, en la
medida en que el investigador que trabaja con textos digitalizados, puede aplicar
herramientas que ofrecen ciertos programas y que presentan un algo grado de
automatización. Entre dichas herramientas, se destacan tres:
(i) La codificación, que consiste en segmentar el texto en unidades básicas –palabras, expresiones, frases etc.- y luego cuantificar sus repeticiones dentro del propio documento.
(ii) La categorización, que permiten organizar las unidades de análisis a partir de algunas categorías básicas, y ordenarlas, posteriormente, de acuerdo a diferentes grados de jerarquía, desde las más específicas a las más generales.
(iii) La comparación, que posibilita la detección y cuantificación de los términos y de las frases que se repiten, o el descubrimiento de asociaciones estadísticas entre vocablos.
Estos procedimientos se aplican no sólo a
unidades léxicas o frásicas de un texto, sino a segmentos de una imagen, o de
una grabación sonora o audiovisual. Asimismo, las técnicas del análisis
estadístico clásico se utilizan con la mayor eficacia, si las fuentes se
organizan como bases de dates cuantitativas o como planillas electrónicas. Por
el contrario, si tales insumos –ya sean verbales, icónicos o numéricos- se
almacenasen en un soporte tradicional, las operaciones anteriormente descriptas
se podrían aplicar con un elevado costo para el investigador o el equipo que
las implementa, ya sea por el tiempo que requieren y por el número de
colaboradores que demandan.
4. Bibliografía
En esta última sección,
se presenta un listado de algunas obras referenciales, para que el lector profundice en los temas
tratados en la presente ponencia.
BURGESS, R. W.
(Ed.), Computing and Qualitative
Analysis.
CORNELL UNIVERSITY
LIBRARY. Digital preservation management:
implementing short-term strategies for long-term problems, 2003. [http://www.library.cornell.edu/iris/tutorial/dpm/]
DEY, Ian, Qualitative data analysis: a user-friendly
guide for social scientists.
DOLLAR, Charles M. Authentic Electronic Records: Strategies for
Long-Term Access.
DURANTI, Luciana
(Ed.) The Long-term Preservation of
Authentic Electronic Records: Findings of the InterPARES Project. 2002. [http://www.interpares.org/book/index.cfm]
DURANTI, Luciana. Diplomatics: New Uses for An Old Science.
GRUPO DE TRABAJO DE DOCUMENTOS ELECTRÓNICOS. La gestión de los documentos electrónicos: recomendaciones y buenas prácticas para las universidades. 2007
[http:// www.uclm.es/organos/s_general/crue/pdf/ponencias/2.pdf]
GUERCIO, María. Archivistica informatica: i documenti in ambiente digitale. Roma: Carocci, 2002.
LABODÍA, José
Antonio. Marcas de agua digitales.
A vueltas con la protección de nuestros derechos. [www.acta.es/articulos_mf17043.pdf]
LEE, Raymond M.
(Ed.), Information Technology for the
Social Scientist. Londres: UCL, 1995.
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SERRA, Jordi. La firma electrónica y el archivo digital. 2004. [http://eprints.rdis.org/archive/00002602/01/CATCERT_2004.pdf].
TOWNSEND, Sean; CHAPEL, Cressida; STRUIJVÉ, Oscar. Digitising History. A Guide to Create Digital Resources from Historical
Documents. 1999. [http://hds.essex.ac.uk/g2gp/digitising_history/index.asp]
[1] Para un análisis detallado de este tema, véase CORNELL UNIVERSITY LIBRARY. Digital preservation management: implementing short-term strategies for long-term problems, 2003. [http://www.library.cornell.edu/iris/tutorial/dpm/]
[2] http://archive.org
[3] Véase GRUPO DE TRABAJO DE DOCUMENTOS ELECTRÓNICOS. La gestión de los documentos electrónicos: recomendaciones y buenas prácticas para las universidades. 2007 [http:// www.uclm.es/organos/s_general/crue/pdf/ponencias/2.pdf]
[4] Véase SERRA, Jordi. La firma electrónica y el archivo digital. 2004. [http://eprints.rdis.org/archive/00002602/01/CATCERT_2004.pdf].
[5] Véase DEY, Ian, Qualitative data
analysis: a user-friendly guide for social scientists.