Primeras
conclusiones del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de julio
de 2004)*
Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela
Buenas noches, quiero
comenzar saludando vuestra presencia aquí, así como a los que van a escuchar
esta conferencia a través de la red, y agradecer a Carlos Pereira, colega y
comisario del V Premio Manuel Murguía, y por extensión a la Diputación de A
Coruña, cuya invitación me “obligó” a poner negro sobre blanco unas primeras
reflexiones sobre el encuentro internacional de historiadores que hemos celebrado
en Compostela hace cuatro meses.
El comisario puso
acertadamente el título de esta conferencia en plural: “Conclusións do III
Congreso Internacional Historia a Debate”. Cuadra bien con la tradición de
pluralismo y discusión de HaD, ya que la posible “conclusión” poscongresual ni
es “una” ni “única”. Cada uno de los que siguieron el congreso presencial o
digitalmente tendrá con seguridad sus miradas y matices, sus acuerdos y
discrepancias que aportar. Los debates y reflexiones sobre el III Congreso,
incluyendo estas notas a vuela pluma, permanecerán abiertas, como es habitual
en HaD.
Congreso diferente
Vamos a hablar, pues, de los
primeros frutos del III Congreso desde el punto de vista de su coordinador. Insisto
en el carácter provisional de estos apuntes, por dos razones: a) consideramos
más el congreso-acontecimiento que el congreso-actas; b) nos concedemos a
nosotros mismos la libertad de variar, modular o completar estas conclusiones
después de una (re) lectura detallada de las 120 ponencias y de las trascripciones
de las mesas redondas, materiales cuya publicación está prevista este año de 2005,
así como de las reseñas que están publicando los congresistas más dinámicos.
Habrá probablemente unas segundas conclusiones menos “impresionistas”, si bien asimismo
inacabadas y abiertas a nuevas lecturas como parte del proceso de
reconstrucción historiográfica en el que estamos empeñados.
Debemos informar primero,
para quien aún no lo sepa, que cada Año Santo y jubilar celebramos en Santiago de
Compostela, desde el primer Xacobeo de 1993, una especie de peregrinación
mundial de historiadores para debatir y reflexionar sobre el estado de nuestra
disciplina. En esta tercera edición colaboraron 430 entidades de más de treinta
países: se multiplicó por 10 la lista de colaboraciones académicas que tuvimos
en el I Congreso. Participaron en esta
tercera edición unos 150 ponentes de los cinco continentes. Durante 5 días y 3
sesiones simultáneas, se desarrollaron las labores de 13 secciones temáticas y
17 mesas redondas. Un tercio aproximado del congreso, las cuatro conferencias
plenarias y una amplia selección de las ponencias y mesas redondas de mayor
interés público (elemento diferenciador respecto del congreso-actas), fue
transmitido en directo a través de nuestra página Web (www.h-debate.com), desde el Auditorio de la
Facultad de Periodismo de la Universidad de Santiago de Compostela, gracias al
Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA), creado por la Xunta, el CSIC y
las universidades gallegas, que dispone como es sabido uno de los principales
ordenadores europeos para estos servicios de comunicación que combinan
multimedia e Internet. Unos mil
profesores e investigadores de historia siguieron así, en tiempo real, las
diferentes intervenciones en español, inglés y francés[1]. Hasta
donde nosotros sabemos es la primera vez que se transmite en directo a todo el
mundo un congreso de historiadores por Internet. Somos conscientes del salto
cualitativo que esto supone en el uso académico de las nuevas tecnologías de
comunicación, hasta el presente restringido a videoconferencias puntuales. Es un
gran paso adelante para la nueva historiografía digital y global que estamos
construyendo desde el espacio académico latino. Y es un buen ejemplo de la
historia para otras ciencias humanas y sociales, si hacemos caso de lo que nos dicen los
colegas de HaD que están a caballo entre la historia y la filosofía, la
sociología, la politología, el derecho, la antropología, la geografía, la
teoría literaria, etc.
Los congresos de Historia a
Debate son internacionalmente únicos en la temática de metodología histórica,
historiografía, teoría de la historia, historia y sociedad, problemas laborales
y profesionales de los historiadores, historia inmediata[2]... Felizmente
cada cinco años se celebran paralelamente congresos de ámbito asimismo mundial
organizados por el Comité Internacional de Ciencias Históricas (nacido en 1926,
vincula institucionalmente a unos 2.000 o 3000 historiadores, más o menos como
HaD). Si bien responden a un enfoque más tradicional, en el sentido de más empírico
y menos reflexivo, y desde luego más heterogéneo,
reflejo de la atomización en auge de la disciplina, agravada por una estructura
de comisiones nacionales que multiplican las proposiciones de temas
especializados pese a las intenciones homogeneizadoras de las últimas
directivas. Los órganos de dirección del CICH se renuevan cada congreso,
dificultándose objetivamente una orientación de conjunto, global. El factor
diferencial de la red temática Historia a Debate, respecto de esta y otras
iniciativas y organizaciones de historiadores, reside en que su rumbo está
vinculado, desde sus orígenes, a un proyecto de investigación y reconstrucción de
la historiografía actual. Por lo demás, los temas metodológicos,
historiográficos, teóricos, profesionales o de historia inmediata raramente se
abordan en los congresos del CISH-ISCH[3], que
vienen celebrándose un año después de nuestros encuentros en Compostela, de
factura más reciente y con una temática y orientación en todo caso
complementarios.
Las diferencias de este
congreso con los que lo precedieron residen en que hoy sabemos más de la
enredada tesitura de la historiografía internacional. HaD tiene ahora mayor
poder de interpretación y convocatoria académica al disponer de herramientas
más ajustadas, inéditas, organizadas a partir del II Congreso, para articular
globalmente el debate y el consenso de los historiadores:
1)
2) En los anteriores
congresos no existía HaD como “comunidad académica de nuevo tipo”, fue creada
en Internet de 1999 en adelante mediante dos listas de correo electrónico (HaD
y HI), que vinculan diariamente a más de 3.000 colegas, y una página web
trilingüe (español, francés e inglés) que recibió en estos primeros cinco años
más de un millón de visitas de historiadores, profesores y estudiantes de historia.
Cantidad considerable si tenemos en cuenta que los historiadores profesionales
interesados por los debates y las reflexiones sobre el oficio somos una amplia
minoría, si bien cualitativamente decisiva en esta temática. Es difícil hoy que
cualquier colega que tenga alguna inquietud sobre el método, la historiografía
y la teoría de la historia, dentro y fuera del ámbito latino, no esté conectado
con nuestra red historiográfica o no haya mantenido en algún momento relación
con nosotros.
3) En tercer lugar está la
explicitación colectiva de nuestra propuesta historiográfica a partir del Manifiesto
historiográfico de Historia a Debate, que salió a la luz justamente el 11 de
Septiembre de 2001, con 18 proposiciones para la escritura de la historia en este
siglo, firmado hasta marzo de 2005 por 390 profesores e investigadores de
historia de 34 países. Estamos a la espera de la selección, trascripción y
publicación de las Actas del III Congreso para hacer una revisión y
actualización de este Manifiesto académico global, cuyo texto actual fue
redactado hace ya más de tres años. La disposición de una plataforma
historiográfica común ha contribuido altamente a evitar que el temario de
nuestro último encuentro adoleciese de la super especialización y dispersión habitual en casi todos los
congresos de historia o historiografía que están teniendo lugar en estos tiempos
paradójicos y transitorios.
Diez conclusiones
Hablaremos de aquellos
avances, problemas y enseñanzas más significativos del congreso de julio de
2004, sabiendo como sabemos, por las experiencias anteriores, que los Congresos
Internacionales de HaD son un excelente barómetro para medir la coyuntura
historiográfica internacional en un contexto si cabe más “académico” que los
debates cotidianos en la red -a menudo irreverentes-, en un contexto más
europeo y a la vez más americano, superar en buena media el viejo eurocentrismo,
si bien somos conscientes de la todavía poca representación de otros continentes.
El carácter abierto de
nuestros congresos[5] viene produciendo, en lo
tocante a espontaneidad y representatividad, un resultado que sorprende desde
el mismo momento de hacer las consultas previas sobre la temática congresual,
en esta ocasión a un elevado número de colegas por la existencia de nuestra
comunidad / red internacional, lo que nos lleva directamente a la primera de
nuestras conclusiones.
I.- La rampante
fragmentación de la historia que se escribe. En flagrante contradicción con
la globalización histórica e historiográfica que estamos viviendo, observamos
con cierta inquietud que -desde 1993- no dejó de crecer el número de
especialidades y micro especialidades académicas, temáticas y cronológicas[6], por efecto
–negativo- del fracaso de la “historia total” y la proliferación de las viejas,
nuevas y novísimas “formas” de historia, lo que nos llevó a un gran vacío
historiográfico de comunicación y proposiciones que explica, por otro lado, el
éxito de HaD. La paralela y fulgurante expansión de HaD como red global, y de otras
iniciativas historiográficas de vocación asimismo transversal, es el síntoma y
la consecuencia más clara de los excesos de
La globalización y la
fragmentación van tan juntas en esta transición historiográfica e histórica
que, estando HaD en el primero de los casos, no dejó de extrañarnos[7] el
número de suscritos de nuestra red temática - comprendidos algunos firmantes
del Manifiesto- que demandaron en el proceso preparatorio del III Congreso, la
“inclusión” de “ su” tema, interés o especialidad en el programa[8], que
respondió finalmente como es habitual en HaD -más aún en esta fase de maduración
como tendencia-, a una temática global, general y transversal. La óptima respuesta obtenida[9] desde
diversos países, continentes y especialidades, tocante a la globalidad, novedad
y calidad de las contribuciones, la participación física y el seguimiento por
videoconferencia, contribuyeron a una generalizada percepción de éxito[10],
incluso superior al que tuvimos en el I Congreso de 1993, beneficiado por ser
el primero, la falta de precedentes[11], y
la presencia -en aquel momento más viable- de “grandes figuras”[12] de Annales
y Past and Present[13]. Vistas las
dificultades, el hecho de haber conseguido en 2004 en Compostela una respuesta tan global e innovadora, a contrapelo de la
inercia académica individualista, abre un camino de esperanza en el proceso emprendido,
individual y colectivamente, de recomposición paradigmática desde un ámbito académico latino.
El buen resultado del III
Congreso alcanza toda su estatura si tomamos en consideración las crecientes dificultades
que suele tener un historiador profesional, aunque lo desee, para participar como
ponente en los congresos internacionales de HaD. Desde el I Congreso se
excluyen las ponencias puramente empíricas, independientemente de su calidad,
teniendo que versar las propuestas sobre el método, la historia de la historia,
la teoría, el oficio... Desde el II Congreso añadimos otra condición: no
repetir temas y enfoques ya tratados en los anteriores congresos de HaD, con el
fin de recoger las verdaderas novedades de congreso a congreso. Finalmente, desde
el III Congreso, junto con lo anterior, nos autoexigimos trascender definitivamente
las puras especializaciones históricas o historiográficas, interviniendo claro
está desde éstas en las temáticas y enfoques generales que nos son propias. Al imponernos de
este modo una dinámica permanente de renovación, reclamada por la inacabada transición
historiográfica que estamos a vivir, sólo algunos colegas están condiciones de seguirnos,
lo comprendemos. De ahí que, no por esperada, fuese menor la (otra) sorpresa de
encontrarnos en Compostela con tantos historiadores jóvenes, y menos jóvenes, dispuestos
a retomar la innovación historiográfica desde una óptica global, a seguir
tirando del carro renovador tres décadas después de la hoy sólo aparentemente
agotada “revolución historiográfica del siglo XX”.
En HaD la inmensa mayoría somos
historiadores que hacemos trabajo empírico, frecuentamos una o varias líneas de
investigación, pertenecemos a áreas académicas cronológicas o temáticas
(Historia Medieval, en mi caso, según ya se dijo en la presentación), participamos
en los típicos seminarios y congresos especializados..., pero convergemos y nos
relacionamos para estudiar y debatir asuntos actuales de metodología,
historiografía, teoría, relación historia / sociedad, historia inmediata y
otros relativos al oficio de historiador y la escritura de
II.- La segunda reflexión se
refiere por lo tanto, a los avances en la reconstrucción de la alternativa
historiográfica, que analizaremos más concretamente en los otros puntos, y
posteriormente cuando revisitemos, después de las actas, el
Manifiesto-plataforma de 2001. Decir de entrada que, con diferencia respecto de
las ediciones anteriores, el temario del congreso tuvo como guía un programa
global más acabado de investigación e intervención historiográficas (no es otra
la clave del “éxito”). De modo que las aportaciones recibidas sirven directa
y/o indirectamente, desde el acuerdo o la discrepancia[15], a nuestra
intención de reconstrucción paradigmática. Directamente, contribuyen a ello aquellas
ponencias que respondieron en una medida muy apreciable –para ser la primera
vez- a nuestra “convocatoria específica” destinada a desarrollar las 18
proposiciones historiográficas del Manifiesto de HaD e investigar la propia
experiencia de HaD entre 1993 y 2004 como comunidad académica, red temática y
movimiento historiográfico. Indirectamente, no aportan menos el resto de textos
e intervenciones orales en los diferentes apartados de un programa consecuencia
de una estrategia orientada a recoger novedades para avanzar en la
reconstrucción plural del consenso historiográfico en el siglo XXI.
III.- Una parte importante
de esta reconstrucción alternativa son los adelantos conseguidos en la
definición y práctica variada de una nueva historia global. Cada vez se
habla más, y se empieza a practicar, desde lugares y posiciones diversas pero convergentes[16], una
“nueva historia global”. Urgido por la globalización, el concepto de “historia
total” del materialismo histórico, asumido por Annales y otras
corrientes renovadoras en los años 60 y 70, sigue vigente justamente porque
está sin hacer, a causa de sus fracasos en los ámbitos metodológico,
historiográfico y epistemológico, y de sus incapacidades para evitar, o cuando menos
frenar, la intensa fragmentación disciplinar habida en las décadas finales del
siglo XX[17]. La vieja “historia
total” es hoy una asignatura pendiente para cualquiera que pretenda individual
o colectivamente renovar la historia que se escribe. En el congreso de julio de
2004 hicimos el esfuerzo de recoger las nuevas iniciativas que tratan de
investigar, y ofrecer al público lector, enfoques globales de los hechos
pasados en lugar de fragmentos de historia especializada. Son tres las vías
historiográficas -complementarias- que recientemente
vienen reclamando la denominación de “nueva historia global”[18] :
A) La historia mixta como
historia global, entendida como desarrollo del punto V del Manifiesto de
HaD “contra la fragmentación” de
B) La historia mundial
como historia global. Lejanamente germinada en la Norteamérica de los años
70, aparcada durante años, fue resucitada y desarrollada como propuesta de
investigación entre los historiadores del ámbito angloamericano durante los
años 90 al calor de
C) La tercera variante de
estas historias globales emergentes está siendo, evidentemente, la historia
digital como historia global. Ha nacido una nueva sociabilidad académica
aplicada a la historia por efecto directo y transversal de la globalización de
las comunicaciones sobre las viejas comunidades de historiadores. El ejemplo de
Historia a Debate 1999-2005 es, a este respecto, hasta ahora único en la
historiografía internacional. Nuestra perspectiva en los próximos años es
llevar este revolucionario y consolidado ámbito mundial de relación académica
de la historiografía a la historia, de la reflexión a lo empírico, animando
“grupos internacionales de investigación en red” alrededor de enfoques de
investigación histórica e historiográfica que nos permitan seguir avanzando en
la definición, y puesta en práctica, de una escritura de la historia adecuada al
siglo de la globalización, sin abandonar
en ningún momento el debate y el consenso sobre el método y la teoría como
orientación fundamental de nuestra acción historiográfica[22].
IV.- La cuarta conclusión
que sacaríamos es la consolidación de lo que venimos llamando Historia
Inmediata: en su origen, un espacio historiográfico de debate sobre hechos
actuales, con una significativa intervención latinoamericana, nacido en nuestra
red digital en enero de 2000.
La condición sine qua non para entrar en esta segunda
fase de la HI de HaD es la consolidación
de HI como espacio de discusión en HaD, por lo que supone de cambio de chip, tarea
nada sencilla que nos ocupó durante cinco años por lo “encendido” de algunas polémicas
que casi nos hicieron fracasar[24]. Uno
de los últimos temas propuestos a discusión fue, por ejemplo, la conferencia de
José María Aznar en Georgetown donde relacionó
Tenemos en HaD por costumbre
plantear el problema epistemológico de forma inquisitiva: ¿Es posible una
Historia Inmediata? ¿Es posible tratar con un mínimo de rigor histórico
acontecimientos actuales? El historiador venezolano José Luis Monzant nos emplazaba
pública y personalmente en el Auditorio de la Facultad de Periodismo de la USC a
sustituir desde ya en HaD la interrogación por un enunciado positivo.
Estaríamos de acuerdo, desde luego, en lo tocante al ámbito de debate digital conseguido
–hecho de opiniones más o menos basadas en la historia, pero siempre
académicamente significativas por el perfil académico y profesional de la gran mayoría
de sus protagonistas- a través de mensajes cortos, lo que no es poca cosa, pero
si hablamos de investigaciones históricas más profundas sobre hechos actuales deberíamos
reconocer que estamos colectivamente en los comienzos, incluso valorando el paso
que acabamos de dar en el III Congreso. El 26% de del programa de julio pasado se
refiere a cuestiones de actualidad por vez primera en nuestros congresos; la
novedad es todavía mayor si comparamos
con los típicos congresos especializados, incluidos muchos congresos de historia presente o actual.
Ciertamente el 74% restante del Congreso se corresponde con ponencias y mesas
redondas sobre metodología, historiografía y teoría de interés más general, donde
participan colegas de historia antigua, medieval, moderna, contemporánea,
colonial, independencia, etc. No es mala proporción, el historiador de oficio
ha de seguir desde luego concentrando sus esfuerzos en el pasado–pasado, si no fuese
así caeríamos como HaD en la hiper especialización que tanto criticamos, y poco
podríamos añadir además a la comprensión histórica de lo actual, a la
interpretación de las relaciones pasado–presente y pasado–futuro.
Lo más destacado de las
jornadas de julio para los medios de comunicación social fue el Congreso– Acontecimiento
(que en HaD solemos diferenciar del Congreso-Actas): las secciones o mesas
dedicadas al 11S y el 11M, a la
globalización y
Considero, en resumen, que estamos en el camino de demostrar palmariamente
(los neorankeanos y posmodernos que no quieren ser “convencidos” jamás serán
“convencidos”, claro está) que se pueden estudiar los hechos más recientes con
el mismo grado de rigor, honestidad y pluralidad que los hechos del pasado
remoto, contribuyendo a desmentir así el mito positivista[25] que
“asegura” que es preciso que pasen 50 años para que podamos analizar con
“imparcialidad” un hecho histórico. Tenemos en España, por desgracia, un claro
ejemplo en contrario con la guerra civil que aconteció hace más de cincuenta
años, y con otros hechos aún más lejanos de la historia de España –o de la
historia de las nacionalidades y regiones- todavía fuertemente polémicos. En cambio, hay
acontecimientos próximos que no suscitan por su naturaleza semejante
polarización o pluralidad de enfoques e interpretaciones, entre los
historiadores y en la opinión pública, una cosa viene con la otra como sabemos.
V.- Nuestra quinta
conclusión habla de la creciente aceptación en el ámbito académico internacional
del liderazgo latino que HaD representa, después de una década, en los
debates y propuestas sobre cuestiones actuales de metodología, historiografía,
teoría de la historia, relación historia–sociedad, etc. En la tercera edición
de nuestro congreso hubo un incremento cuantitativo y cualitativo[26] del
número de ponentes de habla no hispana, especialmente llegados de otros países
europeos, y en menor medida de otros continentes, salvo el caso de América del
Norte y América del Sur. La traducción simultánea español–inglés–francés nos ha
permitido organizar debates comunes de mucho interés, igual o mejor que en los anteriores
congresos, cuestión esta del multilingüismo menos fácil de resolver en las
listas digitales[27].
Una clara demostración del
presente “poder de convocatoria” de nuestra iniciativa historiográfica,
española y latina, en la América anglosajona, más allá de nuestras habituales relaciones
con académicos hispanos de las universidades norteamericanas, es la recepción
que está teniendo allí –y por extensión en el ámbito académico anglófono vía EE. UU.- la
edición en inglés de una selección de ponencias del II Congreso de 1999, por
parte de
La globalización
historiográfica está favoreciendo dos novedades interrelacionadas, minoritarias
pero preñadas de futuro: 1) una historiografía norteamericana abierta y plural
dispuesta a cierto bilateralismo en sus relaciones internacionales, con todo el
valor que esto tiene hoy en día visto el lugar prominente de los Estados Unidos
en la historia inmediata; 2) la ruptura de la tradicional dependencia de las
historiografías españolas y latinas -digamos de sus sectores más dinámicos y creativos-
respecto de las historiografías de aquellos países que se suponen teórica, política
y económicamente más “potentes”. En la historiografía española la novedad
siempre estuvo relacionada con lo que venía de “fuera”, a veces con razón
(auténticas innovaciones), otras sin ella (esnobismo académico), cuando no las
dos cosas a
VI.- El III Congreso
Internacional de HaD viene a confirmar, pues, el dinamismo y la autonomía de
la historiografía española en la última década. No lo decimos solo por
Historia a Debate, foro y movimiento historiográfico nacido en 1993, surgieron después
otras dos importantes iniciativas españolas sobre la escritura de la historia
que apuntan en la misma dirección, cuyos representantes más cualificados fueron
invitados, lógicamente, al macro congreso de julio en Compostela[32]. Nos
referimos a los promotores y practicantes –desde 1996, sobre todo- de la “idea
histórica de España”, y a los promotores y practicantes –desde 2000- de la “recuperación
de la memoria histórica”. En resumen, tres proyectos historiográficos tan
distintos como complementarios en contenidos, intereses, medios de comunicación
y dimensiones. Desde esta sana diversidad,
antitética en algunos aspectos, las tres iniciativas en marcha comparten elementos
muy nuevos en el panorama historiográfico español, incluso internacional: a)
desbordan la dimensión de un mero equipo o grupo de investigación o
historiográfico, constituyendo corrientes historiográficas en las cuales
participan, en diversa medida, historiadores e historiadoras de áreas y
especialidades asimismo diferentes, conformando objetivamente auténticas
“tendencias historiográficas actuales” (con peculiaridades en el caso de la RMH
en cuanto a participación de agentes sociales); b) responden a acciones
académicas españolas –o latinas de origen español- con perfiles propios, auto
centradas, no miméticas, aunque conectadas con tendencias larvadas –organizada
en el caso de HaD- en el panorama historiográfico mundial; c) configuran tres
formas diferentes de recuperación y actualización de la vieja pero vigente
aspiración al compromiso ético, social y político de los historiadores con su tiempo (precisaremos esto
más adelante), a través de una investigación participativa que está posibilitando
saltar de una memoria pasiva, objeto lejano de estudio, a una memoria activa,
actual, coadyuvando a acreditar así la utilidad cultural, social y política de
la investigación histórica e historiográfica.
VII.- En el III Congreso se hizo
bien visible, por consiguiente, algo que ya había asomado en el II Congreso,
para desconcierto de algunos: el retorno del compromiso historiográfico,
si bien con nuevos modos, lo que tal vez no estaba claro en 1999. Cuando se
habla, para bien o para mal, de “compromiso” se tiene en mente el concepto y la
experiencia militantes vividos en los años 60 y 70. El caso es que la historia
y la historiografía cambiaron enormemente en estos últimos 30 o 40 años,
habiendo abandonado la gran mayoría de los historiadores de aquella generación las
“absorbentes” militancias historiográficas y políticas (con la historia, cambiaron
las formas de hacer política). Es por ello que el compromiso de los
historiadores resurge hoy con rasgos nuevos que conviene identificar:
A) El nuevo compromiso del
historiador tiende a realizarse desde la profesión -incluso entre los
historiadores más politizados- sea con las instituciones, sea con la sociedad
civil, o en ambas direcciones. La separación esquizofrénica –por irreal e
inútil- entre prácticas historiográficas e inquietudes extra académicas, que
siguió a la crisis en los nuevos historiadores, está siendo reemplazada[33] por
nuevas formas de hacer historia que muestran palmariamente la compatibilidad
(diversa) entre el rigor profesional y la utilidad pública de la historia investigada
y enseñada.
B) El compromiso que se
impone hoy entre los historiadores más avanzados deviene democrático,
pluralista, tolerante con el “otro” historiográfico, más interesado en “convencer”
que en “vencer”, en contraste con el compromiso a menudo sectario heredado de las
tendencias historiográficas y políticas del pasado siglo “de los extremos”. Es
de la mayor importancia para el presente y el futuro de la historia como
disciplina empeñada en la reconstrucción de sus paradigmas compartidos, que se acepte
de forma natural el debate y el consenso,
la legítima multiplicidad de enfoques historiográficos e ideológicos, sin renuncia
a la propia posición, individual o colectiva, por regla general desvinculada de
la disciplina “blindada” con tendencia historiográfica u opción política. Hablamos
desde nuestra propia experiencia como red temática “especializada” en el debate
y en la reflexión historiográfica. Más de 6.000 historiadores conectados con
nosotros diariamente, a través de la web y de nuestras listas, evidencian la
posibilidad de normalizar aquí y ahora el respeto mutuo entre los
interlocutores de los debates historiográficos más comprometidos, incluso
ideológicos, sin menoscabo de los consensos productivos.
C)
En sus versiones más adelantadas estas nuevas formas de entender el compromiso
historiográfico tienden a ser solidarias según el signo de los tiempos. Los que no queremos -ni
debemos, por cuestión de rigor- ejercer
el oficio de historiador al margen de la
realidad histórica vivida, tenemos que asumir la globalización o la universalización
de los grandes valores de la paz y de la justicia, de la igualdad y de la democracia,
escribiendo una “historia con valores” (punto XVI del Manifiesto de HaD). Desde
una aportación principalmente profesional y académica, la universidad está colaborando
en España (voluntariado, Prestige, guerra de Irak, etc.), y en otros lugares
del mundo, con las grandes causas humanitarias. La aportación específica de
HaD, como se pudo ver con el último congreso y habitualmente en la red,
consiste en operar cuando las circunstancias lo exigen como una suerte de
“historiadores sin fronteras”, lo que no tiene demasiados precedentes, priorizando
la solidaridad con colegas historiadores que puedan sufrir persecución en
cualquier parte del mundo en el ejercicio de su profesión: lo que venimos
llamando y practicando desde hace años como Academia Solidaria.
En las
Actas del III Congreso que saldrán a la luz
este año de 2005 encontraremos más elementos, respecto de los anteriores
congresos de HaD, sobre estas nuevas maneras de llevar a cabo el compromiso
historiográfico[34]. Ello no quiere decir que
hayan desaparecido las formas tradicionales de compromiso, ubicadas a ambos
lados del espectro historiográfico y político: es menester que se manifiesten como
parte esencial del debate y su credibilidad. Uno de los logros inéditos de
HaD está en que investigar y dar a conocer “como realmente son” las comunidades
de historiadores y sus tendencias más o menos larvadas o organizadas, yendo más allá de los discursos
historiográficos auto justificativos.
VIII.- En los cinco días de
julio que compartimos en Compostela se evidenció un progreso -insuficiente en mi
opinión pero significativo- en la inaplazable tarea de ampliar la comunidad académica
de historiadores a la investigación y la enseñanza de la historia no
universitaria. Una de las señas de identidad de HaD en Internet es la
participación minoritaria pero viva de historiadores no vinculados a
instituciones superiores de enseñanza y de investigación. Contribución extra universitaria
menos hacedera en congresos y otros formatos académicos de tipo convencional, por
mucho que HaD no lo sea tanto. La clara insuficiencia de esta incorporación
activa, que diferenciamos de la simple asistencia, nos impulsa a elevar a
conclusión pos-congresual el objetivo urgente de extender el concepto de historiador más allá
del profesorado universitario, acercando consecuentemente la historiografía
oficial a la historiografía real. Puesto que una parte nada despreciable de la
investigación histórica –por no hablar de la enseñanza y de la divulgación- se
hace ya fuera de las plantillas docentes de las universidades y de los escasos
centros de investigación[35]. Frecuentemente
estos historiadores no profesionales – en el sentido de que se ganan la vida fuera
de la historia académica- tienen una cualificada formación universitaria e
historiográfica, y un fuerte carácter vocacional y comprometido[36], algo
de lo que estamos hoy necesitados.
Historia a Debate no es el
único ejemplo de apertura, compartimos con otros grupos, redes y movimientos
historiográficos esta nueva experiencia de abrirnos comunitariamente a
historiadores no generalistas, profesores de enseñanza media, estudiantes
avanzados y otros interesados en
IX.- La penúltima enseñanza
que inferimos de nuestro último encuentro es la voluntad demostrada, por
tercera vez en lo tocante a congresos, de no hacer tabla rasa de lo que
fueron las vanguardias del siglo XX, ni de cualquier otra tradición
historiográfica que haya aportado algo a la definición – siempre en
construcción, aunque algunos no lo sepan- del oficio de historiador desde los
remotos tiempos de Leopold von Ranke. De ahí que la conferencia inaugural del
III Congreso fuese encomendada a Etienne Bloch, juez retirado, historiógrafo no
profesional, hijo del cofundador de Annales y gran conocedor y albacea de su obra. En la recepción oficial
de la Universidad de Santiago de Compostela en el Pazo de Fonseca, cuna de
nuestra universidad hace quinientos años, nos pusimos en pie para cantar la
Marsellesa un 14 de julio, cuando los franceses celebran la toma de la
Bastilla, en homenaje a Marc Bloch, ejemplo imperecedero de historiador innovador
y asimismo comprometido (políticamente) con su tiempo, justamente en el sesenta
aniversario de su fusilamiento por los nazis en Lyon. Otras dos conferencias
plenarias fueron impartidas por André Gunder Frank y Ciro Flamarión Cardoso,
inolvidables representantes latinos –el primero por adopción- de ese
materialismo histórico que tanto nos motivó y aportó en los años 60 y 70,
referente historiográfico inexcusable para afrontar, crítica y autocráticamente,
los retos del presente y del futuro de la historia, para lo cual precisamos de colegas
representativos de aquella generación que sigan interesados todavía hoy por los
cambios y el porvenir. Es arduo, ya lo dijimos[37], encontrar personalidades de las corrientes historiográficas
de la época dorada que hayan sobrevivido, y estén disponibles parar otras renovaciones
y otros compromisos resistiendo la natural tendencia a “vivir de las rentas” de
lo mucho que se hizo antes y después de 1968.
Una de esas excepciones es
André Gunder Frank, historiador y teórico, sociólogo y politólogo, profesor
emérito de universidades de varios países, que nos demostró en Compostela con
su propuesta de ReOrient (1998) tanto la necesidad de reorientar la
escritura de la historia y de las ciencias sociales, como el papel determinante
que va a jugar Oriente en la historia del siglo XXI, en un brillante ejercicio
de historia inmediata y prospectiva, historia e historiografía mundiales, de
orden bien diverso a su aporte antológico
a la teoría de la dependencia en los combativos años 70. Evolución ejemplar que
justifica su relevante participación en el III Congreso de HaD, incluidos en aquellos
debates en los que su salud le permitió intervenir. Nada más ilustrativo, pues,
de la fuerza colectiva de las tendencias que hicieron posible en el siglo
pasado estas “grandes figuras”, está por ver si en el siglo que acabamos de
entrar seremos capaces de repetir la experiencia (“desde abajo”, no hay otro
modo): HaD hace lo posible.
Estamos orgullosos en suma de
la herencia recibida, pero hay que reconocer que vivimos en otro tiempo, en
otra tesitura historiográfica. Necesitamos una “nueva nueva historia” que, sin
dejar de asumir (auto) críticamente las incapacidades pasadas y los retos
presentes, reivindique lo que tenía de justo y necesario la “revolución
historiográfica del siglo XX”. Por tal motivo intentamos en nuestro pasado congreso
recuperar y actualizar prácticas, debates y reflexiones sobre historia total, formaciones
sociales y transiciones, estado y sociedad civil, “grandes hombres” y sujetos
colectivos en la historia, “grandes historiadores” y tendencias colectivas,
compromisos historiográficos y fines de
X.- Termino con una
reflexión dirigida a los que participaron en el evento de 2004, presencial o
digitalmente, y también a los que estáis siguiendo este resumen provisional, visualizando
el vídeo del Congreso o leyendo las Actas: ¿qué interés tienen nuestros
trabajos académico - congresuales de cara a la sociedad? Cuestión
pertinente ahora que se está ampliando enormemente la nómina de los interesados
por la historia, en España y en otros países. He dicho en una emisora de radio,
que me pidió un adelanto de lo que íbamos a departir en esta conferencia, que
una cosa son los “veraneantes” de la historia y otra los que nos quedamos “con
ella” todo el año. A lo peor fui un poco
ligero, pero hay algo de verdad en lo dicho, es preciso distinguir. Para
nuestra disciplina, teóricamente con pocas salidas profesionales, es bueno que
desde los gobiernos y otras instituciones, políticos, aficionados más o menos
serios y otros profesionales, se interesen, hablen y escriban sobre la historia,
que no es ni debe ser el monopolio de nadie, tampoco de los historiadores. Es positivo
asimismo que determinados medios de comunicación social[39] se interesen
por publicar cosas de historia[40]. Es bueno
que las grandes editoriales, y algunas pequeñas, tengan gran afán por las
biografías de los “grandes personajes” de la historia, novelas históricas y otras
demandas del mercado más o menos reales. Toda esta reciente atención pública
sobre la historia[41], no
exenta de pluralidad, estímulo y novedad sirve, desde luego, como pasó en otros
períodos históricos, para formar mejor a la ciudadanía –otra cuestión es el
debate de los contenidos- y generar vocaciones de historiadores[42], pero
también hay que denunciar sus efectos perversos al “obligar” al historiador a
trabajar “por encargo”, condicionando -a veces sin disimulo- no solamente los
temas históricos a escribir, también los enfoques historiográficos, cuando no
las interpretaciones históricas[43].
La pasada crisis de las
nuevas historias, y subsiguiente aceleración fragmentadora, llevó a la historia
a una situación de debilidad que hizo factible que determinados “poderes
externos” ejerzan una influencia sobre una parte sustancial de la historia
académica que no conocíamos desde el siglo XIX[44].
Debatir y consensuar entre historiadores el perfil de nuestro oficio es vital en
la actual coyuntura para restaurar nuestra autonomía, nuestra capacidad para
decidir libre y colectivamente el qué, el cómo y el porqué de nuestra
aportación desde la historia a la historia que vivimos, para desenvolver motu
propio aquellas iniciativas académicas que más convengan a la historia que
vivimos y escribimos.
No fue eso lo que pasó en el
“debate de las humanidades” que siguió a la victoria del Partido Popular en las
elecciones de 1996, que dio lugar a cientos de artículos de prensa, también de
historiadores, juzgando la intención gubernamental de incrementar la presencia
de la historia, la filosofía y las lenguas clásicas, en la enseñanza media. Iniciativa
política institucional, no académica, que tuvo como resultados más palpables el
lograr atraer a importantes historiadores -marxistas, annalistes y
neopositivistas-, editoriales y medios de difusión, a la tarea de recuperar la “idea histórica de
España” y sus “grandes figuras”, sin conseguir tan claramente algo tan fundamental
como potenciar la enseñanza y menos aún la investigación (plural) de la
historia en España.
Esta por ver que este remozado
interés público por la historia se vaya mantener y con qué formas y contenido después
del cambio de gobierno del 14 de marzo de 2004[45]. En
cualquier caso, los historiadores conscientes no debemos “esperar a Godot” sino
utilizar las libertades de cátedra, investigación y expresión para decidir
libremente y promocionar públicamente la
historia que queremos hacer según entendamos nuestra responsabilidad científica
y cultural, social y política, en los diferentes ámbitos territoriales y
sociales. El III Congreso de HaD va a ayudar, sin duda, a que la escritura
académica de la historia sirva mejor al conjunto de la sociedad, que financia en última instancia con sus impuestos
la historia enseñada e investigada. Sobre una base común deontológica los
enfoques historiográficos han de ser plurales y heterogéneos, también en su relación
política, institucional y social, pero decir esto no llega: lo justo y
necesario en este momento es aplicar una “discriminación positiva” a favor de
la relación entre historia académica y sociedad civil, hoy manifiestamente
desequilibrada a favor de las instituciones políticas, mediáticas y
editoriales, lo que se traduce historiográficamente en un abandono de los
sujetos colectivos a favor das “grandes figuras” con la distorsión subsiguiente
para una historia académica que se precie de rigurosa y para una historia
vivida que se pretenda democrática y fundada en valores sociales.
Respondiendo a la pregunta con
que iniciábamos esta conclusión final sobre HaD III, resumir que lo que
nosotros historiadores comprometidos podemos ofrecer, reflexionando y actuando
colectivamente, “hacia afuera” de la academia, es el rigor y la honestidad en
el tratamiento de los datos de una vieja profesión con una renovada vocación de
servicio social y (re) asunción de los grandes valores del mundo actual, en el
cuadro de la autonomía que le es propia a la universidad -institución aún más
vieja que el Estado (moderno)- respecto de los diferentes poderes, a fin de que
la historia, sus practicantes y sus actores, disfrute en este nuevo siglo de
una nueva primavera. Gracias mil.
* Versión revisada, ampliada y traducida del gallego de la conferencia
dictada a las 20 horas del 17 de noviembre de 2004 en la Biblioteca de
[1] El CESGA y el SERVIMAV de la USC están preparando la colocación permanente en nuestra página web de la parte del congreso grabada en video y trasmitida en directo.
[2] Escribimos “historia inmediata” en el sentido más riguroso: toda investigación e interpretación que trate desde un ángulo histórico o historiográfico relevantes hechos o procesos coetáneos al propio historiador.
[3] Así y todo, el actual presidente del CISH-ISCH (www.cish.org), Jürgen Kocka, miembro del Comité Científico del I y del II Congreso Internacional Historia a Debate (1993, 1999), continúa de manera meritoria los esfuerzos de actualización emprendidos por su predecesor, François Bédarida, incluyendo “grandes temas” de interés actual (sin llegar a lo que nosotros llamamos Historia Inmediata).
[4] A lo largo de la pasada década fuimos elaborando una base de datos con las direcciones postales y electrónicas de decenas de miles de colegas, que viene funcionando al estilo de una vasta lista de distribución (con la posibilidad de borrarse en cualquier momento) con varios mensajes al año para difundir nuestras grandes iniciativas y dar a conocer HaD.
[5] A partir del II Congreso la presentación de ponencias está abierta a cualquier historiador, con independencia de su estatus académico o nacionalidad (los colegas latinoamericanos raramente disfrutan de esta posibilidad en congresos de España, Europa y Estados Unidos, que no versen sobre América Latina), en igualdad de condiciones por lo tanto con los restantes relatores, siempre y cuando la propuesta se adapte a nuestro temario, lógicamente.
[6] La cuestión no es tanto de fragmentación académica como de fragmentación mental: se puede y se debe “estar” por cuestiones académicas y/o vocacionales en una especialidad historiográfica pensando y trabajando globalmente, combinando y compartiendo investigaciones y reflexiones.
[7] La toma de conciencia de la trascendencia de esta dificultad historiográfica determinó el contenido de mi conferencia plenaria: Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia (en imprenta en las Actas del III Congreso).
[8] La razón académica –promoción curricular- que se suele aducir para explicar la agudización de la tendencia (tradicional y posmoderna) al individualismo historiográfico, después de la caída de las “grandes escuelas” del siglo XX que nos aglutinaban, nos parece aun así insuficiente, cuando más si hablamos de una comunidad académica tan socializada como HaD: el problema de fondo es metodológico, historiográfico y sobre todo epistemológico.
[9] La elevada cantidad de ponentes inscritos nos permitió una elección coherente con la pertinencia temática y el acostumbrado buen nivel de nuestros congresos.
[10] Confirmando ampliamente nuestra impresión, un
año antes del congreso, de que íbamos a poder realizar “el congreso más
importante” (véase
[11] Con el paso de los años todavía se fue concentrando todavía más en HaD el interés nacional e internacional por la historiografía, a causa de la pequeñez y discontinuidad de otras tentativas paralelas y de lo supone nuestra mejor baza: la centralización de todos nuestros esfuerzos y actividades en la tarea de la reconstrucción paradigmática de la historia como disciplina académica.
[12] Once años después la mayor parte de las figuras representativas de las pasadas vanguardias ya no están entre nosotros, tienen problemas para viajar y participar en grandes eventos o, en el peor de los casos, perdieron con los años el aliciente por el presente y el futuro de la innovación, salvo excepciones como los conferenciantes plenarios del III Congreso o Eric J. Hobsbawm (1917) encarnación viva de lo mejor de la historiografía marxista del siglo XX.
[13] Hobsbawm ha criticado justamente en noviembre
de 2004, en la clausura de un congreso británico sobre la historiografía
marxista, a la escuela de Annales por haber renunciado (sus herederos
institucionales) a la “reconstrucción de la razón” historiográfica e histórica,
en una suerte de Manifiesto individual por la renovación de la historia (publicado
en “Mensajes Listas” 4/1/05), que tantas semejanzas tiene con nuestro
Manifiesto colectivo de 2001: ojalá encuentre seguidores activos de su posición
reconstructora en la historiografía
británica, repartidos hoy como en tantos sitios entre los partidarios la
posmodernidad, los retornos y el simple continuismo.
[14] Tenemos ya nueve volúmenes publicados de actas de congresos sobre investigaciones y reflexiones historiográficas, pronto serán doce; según los esquemas positivistas resucitados que tanto combatimos, estaría ya todo dicho, demostrar congreso a congreso que no es así forma parte de la tercera revolución historiográfica que HaD quiere implementar conscientemente.
[15] Lo decimos así para ser pedagógicos, en realidad para nosotros no existe la diferencia cartesiana entre el acuerdo y el desacuerdo, nutrimos el consenso del debate y del disenso, y ponemos a debate los sucesivos consensos.
[16] Siguiendo con la nota anterior, nos interesan tanto las ideas “propias” como aquellas ideas “ajenas”, susceptibles de aportar algo al nuevo consenso o paradigma que pretendemos, pese a las acostumbradas deficiencias teóricas derivadas de su dimensión especializada.
[17] Conviene recordar que “la historia total como horizonte utópico” sirvió finalmente de coartada para justificar el fraccionamiento de las nuevas historias, estructural en su origen y posmoderno en su desarrollo y cobertura teórica.
[18] El problema no es tanto de palabras como de contenidos, nosotros reemplazamos usualmente “total” por “global” por la finitud, realismo y actualidad del segundo término, cuyos diversos usos historiográficos se dilucidan sin dificultad de acuerdo con el contexto, lo mismo que cualquier entrada de cualquier diccionario.
[19] La propuesta deriva asimismo de mi experiencia personal, véase “Historia social y mentalidades: nuevas perspectivas”, Medievalisme: noves perspectives, Lleida, 2003, pp. 81-108.
[20] El 12 de enero de 2000 abrimos un debate “Historia mundial / historia global” que se puede consultar en la web, casi no tuvo seguimiento, esperamos que el III Congreso lo reanime.
[21] Lo mismo sucede con la historia inmediata, con la recuperación de la memoria histórica o –retrocediendo más en el tiempo historiográfico- con la historia oral, la historia de las mujeres o la historia ecológica: encerradas y aisladas en sus especializaciones empíricas y academicistas, están perdiendo poco a poco sus potencialidades innovadoras, su compromiso con el futuro.
[22] Ante todo HaD es un proyecto metodológico, historiográfico y epistemológico, donde lo empírico está y estará subordinado a la reflexión, lo que limita por un lado nuestro diálogo con los historiadores neorankeanos que ni “valoran” ni “aceptan” la importancia creciente de la historiografía y la teoría para el presente y el futuro de nuestro oficio, y por el otro con los historiadores posmodernos que en nombre de la reflexión más abstracta (antimarxista, antiannaliste y sobre todo pro literaria) niegan un futuro no fragmentario, científico y social a la historia profesional y académica.
[23] El término “historia inmediata” se presta menos a la ambigüedad que el tradicional de “historia del tiempo presente”, equivalente en la práctica a una historia del siglo XX, si bien se ha usado alguna vez asimismo como sinónimo de una historia que quiere y no puede –por deficiencias que tienen que ver con la epistemología y el compromiso- abordar histórica e historiográficamente el presente.
[24] La falta de tolerancia y de respeto al interlocutor en los debates de actualidad, amparada en un sedicente anonimato o semianonimato, es un problema constante en Internet, otros foros de historia tuvieron que cerrar por este motivo o renunciar a la polémica restringiendo sus listas a los típicos canales difusión de información académica, asimismo útiles y necesarios (véase el tablón de anuncios de nuestra web).
[25] El mito de la “neutralidad” del historiador, teórico “notario” ante unas fuentes teóricamente “inocentes”, fue en un principio –hace más de 100 años- positivo en la lucha contra la historia-ficción, pero hace ya mucho que obstaculiza la adaptación de nuestra disciplina a la evolución histórica, historiográfica, científica, y arriesga con hacernos retroceder a la marginalidad “erudita”.
[26] La menor presencia del número de “grandes figuras” que estamos detectando de congreso a congreso (véase la nota 12), se vio compensada en 2004 no sólo cualitativamente, también hubo una mayor y mejor participación de historiadores jóvenes y representativos de historiografías hoy emergentes, lo que resulta vital para el futuro de HaD y sus propuestas.
[27] Con el tiempo el obstáculo lingüístico desaparecerá también en Internet, las posibilidades actuales para la traducción automática son superiores a las que existían que hace cinco años, compárese si no los traductores automáticos de Google y Altavista.
[28] Los editores fuimos el profesor Lawrence J. McCrank y yo mismo, pero es justo reconocer que el mérito principal de su publicación ha correspondido al editor norteamericano (hispanista y medievalista, además especialista en bibliografía e información histórica digitales), de la propia editorial y de los informantes del libro profesores Georg G. Iggers (Universidad de Búfalo), Ronald W. Davis (Universidad de Michigan), David E. Thornton (Universidad de Bilkent, Turquía), a todos ellos nuestro agradecimiento público en nombre de los autores y del conjunto de HaD.
[29] Para encontrar formas de intercambio igual sirve de poco el “modelo” de las vanguardias del siglo XX: historiografías tan avanzadas como la francesa de Annales o la inglesa de Past and Present, enseñaban más que aprendían de las consideradas “periferias”, que incluían por aquel entonces las historiografías latinas y americanas, incluidos los Estados Unidos, lo que creó malos hábitos (“colonialistas” y “autocolonizados”) entre los emisores y los receptores de aquel momento.
[30] Otra evidencia más de los efectos positivos, democráticos e igualadores, de la globalización de las comunicaciones, en el ámbito de las relaciones académicas internacionales, que tan bien conocemos, véase “Historia a Debate, tendencia historiográfica latina y global”, Aula-Historia Social, Valencia, nº 13, primavera 2004, pp. 84-90.
[31] Se ve mejor la excepcionalidad de la experiencia de HaD, si la comparamos –fuera del ámbito académico- con el intercambio desigual y unilateral existente entre El País, la Republica, Le Monde y otros periódicos europeos con The New York Times: los primeros están publicando semanalmente un suplemento con una selección de artículos del prestigioso NYT que, por supuesto, para nada corresponde dando a conocer en los Estados Unidos, las noticias y opiniones de la prensa europea.
[32] Véase la nota 16.
[33] Los buenos historiadores saben, con Bloch, que el profesional de la historia, queramos o no, se parece más a su tiempo que a sus padres, verdad historiográfica si cabe más cierta hoy que nunca por la impregnación “inmediatista” de la nueva sociedad del conocimiento.
[34] En consonancia con las exigencias de la nueva
sociedad y el dinamismo de un oficio centenario siempre
fiel a su tiempo (incluso cuando no se reconocía).
[35] Es una efecto de la falta de plazas, situación que se va a aliviar en la próxima década con la jubilación del profesorado perteneciente a la generación baby boom: fenómeno señalado (ver punto XII del Manifiesto de HaD) pero afectará poco a los actuales historiadores no universitarios, gran parte de la misma generación.
[36] Seguro que no podemos decir lo mismo del espíritu renovador en los métodos y en los enfoques, aunque tampoco andamos muy sobrados de eso ahora en las universidades.
[37] Véase la nota 12
[38] Eficaz en el sentido de implicar más a la academia historiográfica; completa en el sentido de abarcar toda la historia, no solamente el siglo XX.
[39] Los media tradicionales pasaron de una función crítica como cuarto estado en los años del Watergate a su inclusión en los años 90 en el poder establecido, aunque no todos los medios escritos, radiofónicos y televisivos sufrieron la misma evolución, naturalmente.
[40] Sobre todo si están enfocados a su gusto historiográfico y/o ideológico, el dirigismo de los medios más influyentes está cambiando –para mal y para bien, según se mire- el contenido de lo que Gramsci bautizó como “intelectuales orgánicos”.
[41] Auge relacionado entre nosotros por el retorno pendular de la historia de España, dos décadas después de que florecerán las historias de las nacionalidades y regiones, quedando para un futuro (inexorable) la historia mundial.
[42] Formaciones y vocaciones con cierta tendencia al conservadurismo historiográfico que debemos matizar y combatir con la voz y la escritura por el bien de la historia.
[43] No lo fue el caso de la Xunta de Galicia que financió nuestros Congresos de Historia a Debate en los Xacobeos 1993, 1999 y 2004, sin condicionamiento alguno en cuanto a temas, enfoques, invitados, etc., como hemos puesto de relieve públicamente en varias ocasiones.
[44] Esta influencia política, mediática y editorial sobre determinada historiografía vino a reemplazar la influencia de otras ciencias y movimientos sociales característicos del siglo XX, reflejando un nuevo presentismo institucionalista, que ha de tener otras lecturas compensatorias desde la sociedad civil y la globalización alternativa, por el bien de la historia y de la academia.
[45] El nuevo
gobierno del PSOE no parece tener el
mismo interés que el anterior por la historia de España (con la salvedad relativa del IV Centenario del Quijote), y no ha desarrollado hasta ahora iniciativa institucional
alguna a favor de una “historia plural de España”, lo que en principio se correspondería con su proyecto político de
resolución del conflicto vasco, reformas de los Estatutos y de la Constitución;
al contrario de lo que sucede con las propuestas para la recuperación de
la memoria histórica de la guerra civil
y del franquismo, que están recibiendo un apoyo loable –también por la falta de dirigismo-
del primer gobierno de Zapatero.