Entre los diferentes tipos de congresos que los historiadores
tienen por costumbre celebrar no sobresalen por su abundancia
los dedicados a problemas historiográficos y de teoría de la
historia, situación en la que nuestro país, si cabe, destaca
sobre tros. Baste esta razón para que la celebración del
Congreso Internacional de Historia a Debate -celebrado en
Santiago de
Compostela los días 14 al 18 de julio del 2004 y dedicado a
temas teóricos, historiográficos y metodológicos- se
convierta en n evento digno de atención por parte de la
comunidad historiográfica. Es más, si recordamos que éste se
trata del tercer encuentro de estas características
organizado por la comunidad de Historia a Debate (HaD) -tras
los celebrados en 1993 y
1999- hemos de reconocer no sólo la consolidación de una
trayectoria que comenzó hace más de una década, sino la de
un proyecto que se ha convertido en verdadero referente
colectivo. Efectivamente, HaD se ha convertido a lo largo de
esta convulsa década para la disciplina historiográfica en
un verdadero referente colectivo, llegando a constituir una
tendencia
historiográfica que pretende influir en la constitución en
curso del nuevo paradigma historiográfico. Sin duda, este
periplo no ha estado exento de dificultades, de pasos en
falso y ante todo, de mucha experimentación e intercambio
-crítico y constructivo- con historiadores de toda tendencia
y nacionalidad.
Siguiendo a Israel Sanmartín, uno de los
miembros más destacados de esta comunidad, podemos seguir la
trayectoria de HaD tomando como puntos de referencia los
tres congresos celebrados hasta el momento . De esta forma,
la labor desempeñada antes del primer congreso, éste
incluido, tenía como objetivo valorar la situación de la
disciplina tras la debacle del paradigma
dominante hasta ese momento. Este trabajo se tradujo en la
apertura de un foro de discusión para historiadores que entendían la relevancia de la discusión teórica y
metodológica a la hora de encarar esta nueva situación. En
el periodo que media entre este y el segundo congreso, HaD
vino a consolidar la convicción de este grupo de
historiadores de que la superación de la difícil etapa por
la que atravesaba la disciplina pasaba por ahondar en la
reflexión y el diálogo teórico con el objetivo de ir
concretando espacios de encuentro que sirvieran como punto
de partida para una renovación disciplinar. En este marco se
realizaron diferentes proyectos de investigación, destacando
la "Macroencuesta sobre el estado de la historia"
, en la que se dirigían 89 preguntas a más de 30.000
historiadores del todo el mundo, lo que convertía este
proyecto en una experiencia única a nivel internacional. El
segundo congreso vino a poner colofón a este periodo y a
abrir una nueva etapa en la que la comunidad de HaD
adquiriría definitivamente un perfil específico dentro del
campo historiográfico. Son dos las novedades que cabe
desatacar en esta fase. Por un lado, la apuesta de HaD por
las nuevas tecnologías -ya ensayado en la etapa anterior y
durante el segundo congreso- que se tradujo en la creación
de la página web (http://www.h-debate.com)
y las listas de distribución vía correo electrónico, en las
que actualmente participan casi 3.000 historiadores de
diferentes nacionalidades (2.200 en la lista de correo
general y 700 la de Historia Inmediata) constituyendo un
verdadero foro de discusión online que permite una toma
constante del pulso de la disciplina. Esta apuesta por el
trabajo en red no sólo permitió a HaD constituirse como una
comunidad caracterizada por una horizontalidad y
trasversalidad internacional completamente novedosas, sino
que sirvió de base -junto con el segundo congreso y la
macroencuesta sobre el estado de la historia - para a
realización del Manifiesto HaD . Este documento recoge en 18
puntos -organizados en cuatro grandes apartados (metodología, historiografía, teoría y sociedad)- un
consenso mínimo sobre lo que puede constituir un buen punto
de partida n pos de una renovación paradigmática de la
disciplina histórica. El debate y la crítica colectiva a
través de la red no sólo estuvieron presentes en su
elaboración, sino que aún continúan abiertos, con la mirada
puesta en una revisión tras la realización del tercer
congreso. Ambos elementos (historiografía digital y
Manifiesto HaD) habrían confluido haciendo de HaD una
comunidad académica de nuevo cuño capaz de ofrecer una
propuesta diferenciada dentro del panorama de la disciplina,
elementos que permitirían hablar de una nueva tendencia
historiográfica.
Estas son a grandes rasgos las etapas que nos propone Israel
Sanmartín para
comprender la evolución de la comunidad de HaD y el proceso
que culmina con
la celebración del III Congreso Internacional de Historia a
Debate, objeto
de nuestra breve reseña. No obstante, hay muchas formas de
llevar a cabo
este comentario: desde una relación de las espectaculares
cifras del
congreso (v.g. la participación de unos 500 historiadores de
más de 30
países) hasta una exhaustiva reseña de las diferentes temáticas propuestas y
las intervenciones de los más de 130 ponentes . Optaremos,
sin embargo por
una exposición alternativa, quizás no demasiado exhaustiva
pero sí útil a la
hora de valorar determinados aspectos, no sólo del Congreso, sino de la
disciplina en su conjunto. Si tal y como hemos intentado
reflejar hasta
aquí, la trayectoria y el perfil de HaD permiten comprender
los tres
congresos como verdaderos termómetros de la salud teórica,
metodológica y
social de la disciplina, puede ser de utilidad comenzar
contrastando lo que
fueron las grandes problemáticas abordadas en los dos primeros en
comparación con las del tercero para, a continuación,
realizar un breve
comentario crítico sobre éstas últimas.
En 1993 la disciplina histórica se enfrentaba a una
situación confusa y
peligrosa. El cuestionamiento al que habían sido sometidos
la Escuela de
Annales y el materialismo histórico -y que en ocasiones
partía de sus
propias filas- vino a coadyuvar en el plano histórico-real
con la caída del
bloque del este y el triunfo del neoliberalismo,
desencadenando procesos
divergentes en ambas propuestas -el 'desmigajamiento' de
Annales y el
colapso del materialismo histórico- que, sin embargo, ulminaban en un mismo
resultado: la crisis del paradigma historiográfico hasta
entonces dominante.
Perdido el referente que había guiado la producción
histórica durante la
mayor parte del siglo XX, no es extraño que en el primer
congreso dominara
la roblemática de la consabida "crisis de la historia" y el
impacto del
posmodernismo. A la altura de 1999 la sensación de crisis en
la comunidad
historiográfica no era tan aguda como seis años antes: la
proliferación de
formas de historiar que acompañó la crisis del paradigma
dominante hacían
presagiar que la somnolencia creativa tras años de
aturdimiento llegaba a su
fin. Pero esta necesaria proliferación de "historias" tenía
un reverso: la
fragmentación teórica con la que se estaba llevando a cabo,
revelándose como
la nueva amenaza que se cernía sobre el proyecto de
renovación de la
disciplina. Se hacía necesario realizar un balance de las
historiografías
del siglo XX y apuntar posibles líneas de actuación en el
nuevo siglo
(destacando, en este punto, la discusión en torno a las
dimensiones
narrativa y científica de la historia, así como la historia
de género, la
historia ecológica o la historiografía digital). Por otro
lado, lejos de
asistir al fin de la historia bajo la égida neoliberal,
fuimos testigos a lo
largo de esos seis años que median entre ambos congresos de
la aparición de
nuevos tipos de insurgencias y movimientos sociales: el
protagonismo de la
acción de los sujetos colectivos demandaba una renovada atención en la
agenda del historiador. Como vemos el segundo congreso
reflejaba un nuevo
panorama en el que la pluralidad aún no integrada- de
enfoques, propuestas
y géneros constituía la nota dominante.
Finalmente, 2004 adquiere unos perfiles específicos. En
primer lugar, los
debates en torno a la crisis de la historia han desaparecido. La
sensación -y no sólo en HaD- es que la escritura de la
historia realza
definitivamente el vuelo. Por otro lado, a fragmentación
parece una
tendencia en declive (si bien, aun podemos decir que en gran
medida domina
la escena historiográfica), en virtud de los esfuerzos de
síntesis, de la
reorganización de problemáticas y de los intentos por
explicitar criterios
comunes de no pocos historiadores. Por último, el proceso de
globalización
como una realidad ya incuestionable impone, en toda su
complejidad, una
respuesta acorde por parte de la disciplina que no puede
responder, en
consecuencia, con una miríada de propuestas fragmentarias.
Apostando por
este enfoque integrador apuntaré los dos vectores que, a mi juicio, podemos
entender articulan los contenidos del congreso, toda vez
que, puesta la
mirada en el proceso de reovación disciplinar que estamos
viviendo, parecen
revelarse como las líneas de acción más innovadoras y
prometedoras en años
venideros.
Por un lado, uno de estos grandes vectores tomaba a la
propia comunidad
historiográfica como objeto de análisis. Destacó en este
punto la sección
temática dedicada a la "reconstrucción del paradigma
historiográfico" donde
un número notable de historiadores discutieron en torno a la
propia
experiencia de HaD, así como a diferentes proyectos
desarrollados a partir
de su propuesta historiográfica (Manifiesto HaD) a todos los
niveles
(teoría, metodología, enseñanza, relación con la sociedad). ejos de una
suerte de narcisismo autocomplaciente, la pertinencia de
estos análisis
reside en la necesidad de llevar a la práctica una de las
apuestas decisivas
y distintivas de HaD. La importancia que desde esta
comunidad siempre se le
ha concedido a la sociología y a la historia de la ciencia,
ha dotado de un
perfil específico su interpretación de la dinámica de la isciplina,
abogando por determinadas tesis epistémicas, sin duda,
novedosas. Entre
estas, cabe destacar la permanente reivindicación de que el
nuevo paradigma
historiográfico debe partir de una concepción de la ciencia
en la que se
contemple el factor de la subjetividad. En un plano
epistemológico -y
siguiendo en este punto a T.S. Kuhn- esta tesis viene a
reivindicar l papel
de las comunidades historiográficas, cuyo diálogo crítico
constituye la base
del consenso que da carta de naturaleza al paradigma en ese
momento vigente.
Desde esta perspectiva 'kuhniana', HaD defiende que la
disciplina atraviesa
una etapa de revolución científica que apuntaría hacia la
constitución de un
nuevo paradigma dominante, en virtud de nuevos consensos
comunitarios. Por
tanto, se entiende el interés por fomentar la discusión y el
análisis de
esos agentes que son las comunidades científicas (procesos
de constitución,
organización, desarrollos, puentes con otras comunidades,
etc.). Esta
consecuente labor, adquiere un doble valor cuando se toma
como objeto de
análisis la subjetividad de la que uno forma parte, lo que
constituye no
sólo una forma de ponderar las características y el
potencial del que se
dispone, sino una verdadera apuesta ética que, en el caso de
la ciencia,
siempre adquiere la forma de un ejercicio de reflexivilidad.
Un segundo vector que, a nuestro juicio, articuló el
congreso apunta a la
relación de la disciplina con su objeto de análisis. Destacaron en este
punto las discusiones en torno al proceso de globalización
(en sus múltiples
facetas) y la respuesta que, en consecuencia, cabe requerir
de la disciplina
histórica. El interés de esta línea de discusión es doble.
Por un lado,
refleja que en la comunidad historiográfica cobra auge -si
no dominancia- la
convicción de que, lejos de asistir al fin de la historia,
hemos entrado en
una nueva etapa sujeta a complejas dinámicas con múltiples
ramificaciones
(mundialización, paradigma del terrorismo, déficit-expansión
de la
democracia, etc.) que requieren, por parte de la comunidad
historiográfica,
la elaboración de nuevas herramientas de análisis que
permitan
interrelacionar estos nuevos fenómenos que estamos viviendo,
desde un
enfoque histórico. Por otro lado, la presencia de esta línea
de debate nos
informaría que cada vez más historiadores comparten la
sensación de que la
disciplina cuenta con una excelente baza -y, por tanto, se
encuentra en
disposición- para superar el proceso de fragmentación
desencadenado tras el
fracaso del proyecto de la 'historia total' representado por Annales y el
materialismo histórico. No es extraño, por tanto, que el
término 'historia
global' haya salido a la palestra invocando una nueva
concepción de la
producción histórica alejada de la 'historia total' y
'universal' (v.g.
historiografía digital, no eurocéntrica, horizontal y
transversal, etc.)
pero que no renuncia, por ello, a construir objetos
investigación
integrados, mixtos, complejos; en definitiva, globales.
Como hemos señalado, creemos que ambos vectores no sólo
permiten organizar
los contenidos del III Congreso Internacional de Historia a
Debate, sino que
constituyen el punto de partida de un novedoso plan de
trabajo para los
próximos años; lo que nos informaría que la disciplina, tras
una década
confusa, apunta a hacia una verdadera renovación que quizás
culmine con la
constitución de un nuevo paradigma historiográfico, capaz de
dar respuesta a
la demanda social de n saber histórico comprometido con su
tiempo.