Immediate History
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Chiapas and the writting of history |
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Commentaries to some of the affirmations of Jérome Blaschet on the neozapatismo In fact, the problem of the neozapatista caudillo is its permanent good adaptation to l'ordre du jour, his -- as Blaschet says -- "car-transformation" or, with other words, its oportunismo. 6 years ago, in the interview that granted to Carlos Fazio for the magazine Breach to him, "Marks" rejected the democracy for the Indian towns because, according to him, they have other forms of decision (authoritarian domination and influence of a cacique), however, nowadays, is declared in favor of the democracy because the international community therefore requests it. Its motto is to sail with the wind that runs, as all the caciques and caudillos do it when they want to maintain the power. The named official mail of the neozapatistas, Fernando Yáñez, has been pronounced until nowadays against any democratic selection. (Notimex, 13-4-2001) the contemptuous and racist attitude towards the farmers begins with calling them Indian, term that gathers the vision of the conquerors to unify the very diverse groups of the rural population. There is no doubt that the EZLN was founded by a group of ex--maoistas. To thus it affirmed same " the Marks it "in his interview with Carlos Fazio and to thus it shows the cap it of the caudillo who uses until today. In addition, this can be read in the very instructive book of Bernard Lagranche and Maite Rico, "the great impostura", that the defending monks of the neozapatismo reject, although, which says these journalists, he has been confirmed by people who lived in the years setentas and ochentas between those groups. All the calls productive and social projects that attribute the neozapatismo are in fact European and North American projects of ONGs. On this the revolutionary "tourists and fans of the third-world folclor live". The disappointed ones of the left after 1989, the advisers, writers and intellectuals who support to the neozapatismo are part of the new European and Latin American right, by the use of fascistoides concepts such as "collective identities" and by its desires of return to the tribal ethnic origin. To return to the apparent tribal or ethnic origins always has been a facist attitude. Years ago, in the newspaper the Day, And Him Bot yes denominated to the neozapatismo like a movement posmoderno that corresponds perfectly with its folclorismo and "Chinese stories" of Marks. Only the ignorantes do not see the continuous references to the infantile Literature of the authoritarian and facist China of Mao. In order to explain better my point of view on all these subjects, annexed a chapter of my last book, "return to the destiny" (Independent Colibrí-University Metropolitana-X, Mexico 2001), in which I show how all the religious and etnicistas movements -- of which the neozapatismo comprises by its character political-monk --, as well as the tribalización and corporation of the transnational companies are two faces of the same medal. The world moves course to a new economic and cultural totalitarianism, this time supported by megacompa6nías, the ethnic and religious Populism and movements. It is not a miracle that the World Bank already is supporting to the " indigenas movements " in Latin America. Horst Kurnitzky
Translation made in http//babel.altavista.com In original language,
Comentarios a algunas de las afirmaciones de Jérome Blaschet sobre el neozapatismo En realidad, el problema del caudillo neozapatista es su permanente buena adaptación al l'ordre du jour, su -- como dice Blaschet -- "auto-transformación" o bien, con otras palabras, su oportunismo. Hace 6 años, en la entrevista que le concedió a Carlos Fazio para la revista Brecha, "Marcos" rechazó la democracia para los pueblos indios porque, según él, ellos tienen otras formas de decisión (caciquismo autoritario), en cambio, hoy en día, se declara a favor de la democracia porque la comunidad internacional así lo pide. Su lema es navegar con el viento que corre, como todos los caciques y caudillos lo hacen cuando quieren mantener el poder. El nombrado correo oficial de los neozapatistas, Fernando Yáñez, se ha pronunciado hasta hoy en día contra cualquier elección democrática. (Notimex, 13-4-2001) La actitud despectiva y racista hacia los campesinos comienza con llamarlos indios, término que recoge la visión de los conquistadores para unificar a los muy diversos grupos de la población rural. No hay duda de que el EZLN fue fundado por un grupo de ex-maoistas. Así lo afirmó el mismo "Marcos" en su entrevista con Carlos Fazio y así lo muestra la gorra del caudillo que usa hasta hoy . Además, esto se puede leer en el muy instructivo libro de Bernard Lagranche y Maite Rico, "La gran impostura", que los religiosos defensores del neozapatismo rechazan, a pesar de que, lo que dicen estos periodistas, ha sido confirmado por gente que vivió en los años setentas y ochentas entre esos grupos. Todos los llamados proyectos productivos y sociales que se atribuye el neozapatismo son en realidad proyectos de ONGs europeas y norteamericanas. De esto viven los turistas "revolucionarios" y los fans del folclor tercermundista. Los decepcionados de la izquierda después de 1989, los asesores, escritores e intelectuales que apoyan al neozapatismo son parte de la nueva derecha europea y latinoamericana, por el uso de conceptos fascistoides tales como "identidades colectivas" y por sus deseos de retorno al origen étnico tribal. Volver a los aparentes orígenes tribales o étnicos siempre ha sido una actitud fascista. Hace años, en el periódico La Jornada, Y. Le Bot sí denominó al neozapatismo como un movimiento posmoderno que se corresponde perfectamente con su folclorismo y con los "cuentos chinos" de Marcos. Sólo los ignorantes no ven las continuas referencias a la literatura infantil de la China autoritaria y fascista de Mao. Para explicar mejor mi punto de vista sobre todos estos asuntos, anexo un capítulo de mi último libro, "Retorno al destino" (Colibrí-Universidad Autónoma Metropolitana-X, México 2001), en el cual muestro cómo todos los movimientos religiosos y etnicistas -- de los cuales el neozapatismo forma parte por su carácter político-religioso --, así como la tribalización y corporación de las empresas trasnacionales son dos caras de la misma medalla. El mundo se mueve rumbo a un nuevo totalitarismo económico y cultural, esta vez apoyado por las megacompañías, el populismo y los movimientos étnicos y religiosos. No es un milagro que el Banco Mundial ya esté apoyando a los "movimientos indigenas" en America Latina. Horst Kurnitzky ETNICISMO
Y CORPORATIVISMO
Tendencias
actuales de la organización social. La posesión de una cultura o religión, es decir, la posesión de valores supuestamente más elevados, hace creer a las etnias y comunidades religiosas que tienen el derecho a defenderse contra la tendencia a la uniformización de la cultura que últimamente se expande a nivel mundial. El derecho a defenderse no sólo de Coca Cola y McWorld, sino de toda la civilización occidental. La resistencia de las comunidades étnicas a quedar asimiladas a las aspiraciones totalitaristas del poder mundial del capital moviliza las más antiguas estructuras sociales. La comunidad aparece como un castillo fortificado. ¿Es este conflicto entre globalización y comunitarismo étnico una guerra de fe o son más bien económicas sus motivaciones? ¿Es una lucha por la competencia de valores o por su realización? Las
etnias, como grupos de guerreros defensores de la fe, exigen un territorio
propio donde puedan cultivar su religión, sus mitos y cultos; y donde una
constitución les permita establecer sus propias formas de economía social. La
pureza étnica, unida a una religión pura o no adulterada, se entiende como
forma de resistencia contra la sociedad consumista que mundialmente detenta el
poder. Hoy en día se piensa que el retorno al comunitarismo, el regreso a la
comunidad, es una alternativa o escape. Se cree que ahí donde todos se conocen,
el mundo está todavía en orden. Pero a esto mismo responden también las
comunidades de consumistas que se reconocen en el logotipo de las mercancías y
en un estilo común de vida: aerobics, comida congelada, horno de microondas,
telenovelas entre semana, obligado viernes social, Discovery
Channel, domingos destinados a los deportes... Hasta hace
algunas décadas, la nación fue la creación social que le dio identidad al
pueblo, muchas veces multiétnico, que vivía en un territorio demarcado o invadía
otros terrenos. Esta identidad fue definida por un mito, una historia y unas
costumbres que diferenciaron a la nación de sus vecinos. No pocas veces un
enemigo exterior sirvió para forjar la idea de nación por sus hazañas bélicas,
como fueron los casos de Gran Bretaña y Francia. A veces la guerra misma formó
el fundamento de la identidad nacional. Alemán era el guerrero, según la opinión
pública del Segundo Reich. Como destaca
el historiador Benedict Anderson[i],
el conjunto de invenciones que configuran la nación tiene la función de darle
identidad política a un grupo social. Con guerras grabadas en la memoria, un
mito de origen; con la historia elaborada más como un producto de la imaginación
que de la propia experiencia; con la delimitación de un territorio pletórico
de maravillas naturales; con el folklore, las costumbres y una lengua propia, se
forma la nación que les permite a los individuos orientarse e identificarse con
algo mayor. En
la Europa de los siglos 19 y 20, las naciones fueron creaciones sociales,
productos de guerras o revoluciones, y también de la resistencia frente a
alguna ocupación. Así ocurrió con las naciones europeas que surgieron de las
guerras anti-napoleónicas o con naciones que brotaron en los Balcanes como
resultado de las batallas contra el Imperio otomano. En esos y otros casos, el
enemigo externo sirvió para constituir la nación. Otras veces fue únicamente
el mito de una guerra histórica el que proporcionó los elementos de la
identidad nacional. La
invención de la nación tuvo la función de darle una posibilidad de
identificación a grupos sociales diversos. Ese conjunto de invenciones (mito,
religión, historia, terruño, costumbres y lengua) con el cual se formó una
nación, se conservó en el recuerdo gracias a las recurrentes y ritualizadas
ceremonias de culto: el culto a los grandes hechos históricos, a los héroes de
la patria, a los himnos y cantos populares.[ii] El
Imperio francés se impuso a través de la lengua. Quien quisiera formar parte
de él debía parler français y para
cuidar la pureza de la lengua, hace poco, en Francia, se prohibió el uso de
anglicismos en la vida pública-política. La lengua mantiene juntas a las
comunidades y naciones y unifica a los heterogéneos grupos sociales. La lengua
siempre ha sido uno de los elementos más importantes de la cohesión social.
Cuando esa cohesión está amenazada, la lengua de una tribu o comunidad, que se
perdió por migraciones y mezclas de culturas y pueblos, se quiere revivir. La búsqueda
de los orígenes o la vuelta a la raíces son los sueños infantiles de grupos
impotentes para crear nuevas formas de enfrentar la realidad social. La invención
de una lengua hermética, exclusiva para la comunicación de los miembros de un
clan o una banda, que marginan a quienes no pertenecen a ellas, o el newspeak
de las sociedades totalitarias, también transportan el deseo de cohesión. Por
medio de la lengua se creó la cultura uniforme de la Grande
Nation del Imperio francés, desde Flandes hasta el Congo; mientras la ley
hizo a todos sus habitantes ciudadanos – citoyens
-- del mismo Estado de derecho. Pero
la nación inventada no sólo fue la forma social inventada para distinguirse de
otras naciones, fue, al mismo tiempo, un vehículo para distinguirse de las
anteriores comunidades étnicas y religiosas. Fue un hito en el tránsito de la
comunidad a la sociedad con el fin de hacer de la nación algo obsoleto, en cuyo
lugar aparecería la sociedad mundial de citoyens
universels, es decir, de cosmopolitas, de representantes universales de la
humanidad. Esta fue la ambivalencia de la Revolución francesa: por una parte
consolidó la idea de nación y, por otro lado, heredó, con sus Derechos
del hombre y el ciudadano, el universalismo,
la idea de la sociedad organizada bajo leyes y la idea del individuo autónomo
y libre viviendo bajo un orden democrático. De ahí la estricta separación
entre la iglesia y el Estado y el rechazo a cualquier privilegio regional. El
haber detenido a pedradas los relojes, en los días más turbulentos de la
Revolución francesa, quizá sea un mito que en la conciencia de los
revolucionarios significó el inicio de una nueva etapa de la historia por haber
cortado con todo el tiempo anterior. Pero este movimiento tampoco podía
renunciar al mito de origen construido con elementos de la historia occidental.
En este proceso, también el Clasicismo y el Renacimiento fueron estilizados
como tradición de lo nuevo. La libertad individual, los derechos humanos, la
utopía de una sociedad democrática mundial que comprendiera todos los colores,
etnias y religiones y su relación con la idea de un individuo autónomo – únicamente
sometido a leyes legítimas, válidas para todos sin distinción -fue el mandato
de la Revolución francesa. Liberté,
Egalité, Fraternité. El caso alemán
fue otra cosa. Ahí una población - que casi desapareció durante la Guerra de
Treinta Años en el siglo 17 - se inventó todos los requisitos de una nación
étnica. El mito germánico de los Nibelungos,
quienes terminan en un baño de sangre - como lo repitió varias veces el Reich
alemán -, y la etnia germánica inventada no sólo funcionaron como objetos de
identificación del pueblo étnico, sino también como medios para fomentar un
concepto racista que, posteriormente, conectado con la Kulturnation,
dio lugar a las barbaridades nazis del siglo 20. Aunque las
guerras no garantizan la cohesión de un pueblo étnico, sí fomentan el espíritu
de solidaridad y, sobre todo, la formación y transmisión de mitos que
facilitan la identificación de la propia etnia; aún cuando la etnia no haya
sido el producto de una guerra. La identidad étnica es lo que se busca. Ella no
es condición ni punto de origen, siempre es el resultado de conflictos, de
adoctrinación represiva, de movimientos religiosos y, sobre todo, es un
producto del miedo. Todas las etnias son una invención que, al tomar posesión
de la gente a través de los mitos, el folklore y las actividades económicas,
les ofrecen a sus miembros un techo protector. La comunidad étnica necesita
disfrutar de guía, apoyo y protección. Ahí donde el pueblo étnico se
cohesiona por medio de la magia mítica, la etnia misma es el mito que crea la
identificación. La identidad
fue inculcada por los colonos de las metrópolis a sus nuevos súbditos. En África,
las pretendidas identidades colectivas - objetos de la investigación etnológica
- fueron creadas por los misioneros y funcionarios de la administración
colonial en el siglo 19. Las grandes civilizaciones africanas desmembradas antes
de la llegada de los portugueses y el impacto posterior de la cacería de
esclavos habían provocado, siglos atrás, la huida de muchos pueblos a las
regiones más apartadas del interior de África donde con los restos de sus
antiguas culturas configuraron nuevas tribus. Después los científicos verían
en estas formas sociales los fundamentos primitivos de toda la humanidad y les
adjudicarían una historia que en realidad sería una más de las invenciones míticas
del mundo occidental. En colaboración con la administración, los colonos
europeos organizaron a las tribus junto con sus territorios y les atribuyeron
sus tradiciones.[iii]
Algo parecido
ocurrió en el siglo 16 en América Latina, donde la prohibición de los cultos
paganos del sacrificio, es decir, la destrucción del centro cultural de las
comunidades indígenas, sumada a las guerras de conquista y a la disminución de
la población indígena en más de un 80%, a causa de la proliferación de
epidemias, liquidaron las culturas prehispánicas. También aquí los
funcionarios reales y los religiosos rehicieron los pueblos, dotaron a los
sobrevivientes de sustitutos y alimentaron entre los indígenas una identidad
completamente nueva. [iv] Como
lo ha puesto en evidencia el historiador Richard Trexler, los bailes y la
indumentaria de los indios fueron inicialmente confeccionados por los frailes
misioneros a la usanza de los campesinos españoles, ya que el cristianismo
prohibió las contorsiones corporales que expresaban erotismo y reprobó la
exhibición de la mayor parte del cuerpo. Como lo muestra Justino Fernández,
los jesuitas hicieron que los indígenas, empleados como guerreros en la
cristianización del norte de México, ejecutaran, en las pausas de la guerra,
bailes ideados por ellos. Los indios debían moverse rítmicamente en círculo
con cintas llenas de conchas amarradas a las piernas.[v]
Estas danzas de concheros se presentan hoy a los turistas y son promovidas por
supuestos etnólogos que afirman ser bailes propios de la cultura prehispánica,
cuando, en realidad, las culturas indígenas han sido un producto artificial
inventado por los peninsulares y criollos para equipar a los sometidos de una
nueva identidad con el imperio español. Hoy en día, algunos pueblos indígenas
incorporan productos del mercado mundial en sus rituales cristianos y se da el
caso de que en algunos bautizos, en los Altos de Chiapas, en lugar de agua
bendita se emplee Coca Cola. Los
frailes que llegaron con los conquistadores acomodaron las lenguas indígenas a
la estructura gramatical del latín[vi]
e hicieron o supervisaron la elaboración de los documentos donde se relatan los
usos y costumbres prehispánicos. En la gramática de una lengua se representan
tanto las relaciones sociales con la sociedad como con la naturaleza. El mito,
la religión y los cultos reproductivos se reflejan en la gramática de una
lengua. Esto quiere decir que la gramática no solamente es un espejo de las
formas culturales de la reproducción física y espiritual de una sociedad, sino
que la gramática también es parte de todas las relaciones de reproducción. Si
las formas reproductivas de la población indígena se prohibieron, borraron y
destruyeron y la sociedad indígena se acomodó a las formas reproductivas del
occidente cristiano, la relación de la gramática con el culto, la producción
económica, la organización política, etcétera, también se borró. La nueva
gramática fue la del mundo cristiano y ya no tuvo nada que ver con las
creencias y cultos de sacrificio del mundo indígena de la época precolonial.
Lo que conocemos de la cultura prehispánica, mas allá de los monumentos, ha
sido a través de la voz de los españoles. Después de la quema de la mayor
parte de los códices indígenas, ellos mismos dirigieron la elaboración de
otros nuevos. Un ejemplo de las dudosas interpretaciones y de las dificultades
de comunicación entre los pobladores e invasores lo dejó Hernán Cortés en
sus Cartas de relación cuando afirma
que el nombre Yucatán - con el cual se designó a la península caribeña -
quiere decir "no entiendo".[vii]
Debido
a la prohibición de todos los cultos religiosos indígenas y del asesinato o
sumisión de los antiguos sacerdotes o brujos, nada de lo que era realmente
sustancial en el mundo prehispánico pudo conservarse. Con la liquidación del
centro sacrificial desapareció la cohesión espiritual y material de la cultura
entera - como ha ocurrido en todas aquellas culturas cuyos sus mitos y ritos de
identificación étnica han sido extirpados. Nuevos
mitos y ritos se inventan siempre que la solución racional de las tensiones
sociales no es posible o deseada. En México, la producción de mitos fantásticos
se remonta a la primera fase de la colonización. Los frailes que llegaron con
los conquistadores identificaron América con el paraíso y Bartolomé de las
Casas a los indios con el pueblo elegido. Llenos de esperanzas, estos religiosos
imaginaron haberse encontrado con un pueblo puro y limpio, donde incluso sus
pumas eran pacíficos. En realidad, había una cadena de revueltas y
sublevaciones y de gente que huía aterrada a lugares apartados, pero los
cronistas tenían prohibido relatar cosas que pudieran significar que existía
oposición a ellos.[viii]
En su lugar fueron puestos los mitos del paraíso terrenal. Cuando
los movimientos indígenas reclaman la reivindicación de sus culturas, reclaman
la reivindicación de algo que fue impuesto por sus opresores coloniales, sobre
todo por los funcionarios del imperio español y la iglesia católica de la
primera etapa misionera que predicó el comunitarismo y humanismo cristiano, que
más tarde sería alterado con el catolicismo de la Contrarreforma y la
administración moderna. Si
al finalizar el siglo 16, más del 80% de la población indígena había muerto
a causa de la viruela, el tifo, el sarampión y otras enfermedades, esto quiere
decir que, para ese momento, las generaciones que habían conocido el mundo
prehispánico y habían presenciado la conquista habían desaparecido. Las crónicas
que recogen la cultura prehispánica de los testimonios orales trasmitidos de
una a otra generación son dudosas. De la criminología sabemos cómo se
distorsionan los testimonios orales que pasan de boca en boca. Usualmente la
historia oral recoge los testimonios como si fueran la realidad misma y no se
pregunta acerca de los cambios que introducen los testigos para responder a sus
intenciones, intereses, formas culturales y experiencias sociales. Los
conquistadores y sus acompañantes viajeros sirvientes de Dios, al sustituir los
lugares de culto indígena por iglesias católicas, y los sacrificios humanos
por el sacrificio simbólico de Jesucristo en la misa, borraron la posibilidad
de que la vida indígena se pudiera articular bajo los valores que antiguamente
le daban sentido. A pesar de ello, el nacionalismo mexicano – en forma similar
a los nacionalismos europeos del siglo 19 - improvisó su invención con algunos
restos de los mitos prehispánicos y, sobre todo, fue el continuador de los
mitos que crearon los criollos con la intención de apropiarse de los recursos
humanos y naturales americanos. De lo indígena el nacionalismo ha exaltado
elementos periféricos como son la preparación de alimentos, las formas
festivas, los utensilios de cocina, las flores u adornos, pero se ha cuidado de
no hablar de los cultos al sacrificio o de las prácticas sexuales reprobadas
por la moral cristiana. Finalmente, el nacionalismo mexicano ha avalado el
autoritarismo occidental y las formas católicas de convivencia. Vale
la pena insistir en que, con la liquidación de los cultos prehispánicos de
sacrificio, se rompió la cohesión espiritual y se acabó con la economía
social de las comunidades indígenas y que, junto con sus cultos de sacrificio,
desapareció toda su cultura, porque los casos de prácticas sacrificiales de
humanos o animales que se siguieron llevando a cabo a escondidas después de
Conquista, así como los ídolos descubiertos detrás de los altares, demuestran
que estas manifestaciones y objetos de culto estaban desterrados y habían
perdido su lugar cultural central. Sincretismo
es la palabra mágica con la cual el nacionalismo mexicano ha tratado de definir
la esencia de la cultura nacional. Cuando se afirma que la cultura es sincrética,
lo sustancial se pierde en un eclecticismo estéril que oculta los conflictos.[ix]
El llamado mestizaje americano sólo ocurrió como mezcla física - como lo
prueba la existencia del mestizo - pero no como mezcla de culturas, porque la
subordinación de los indios bajo la custodia cristiana y colonial fue
intolerante, forzosa y violenta. Sólo puede haber sincretismo donde dos o más
culturas intercambian en igualdad de circunstancias; pero no ahí donde una
parte es obligada por otra a tributar y obedecer. Las
etnias son construcciones que adopta la gente para hacerse de un techo
protector. En América, como en el resto del mundo, la identidad étnica se ha
buscado una y otra vez, sobre todo en períodos de crisis y amenaza externa. Al
igual que las religiones, las etnias tampoco pueden renunciar a los mitos,
cultos y ceremonias realizadas en función de la cohesión social de la
comunidad. Este es un complejo que siempre debe estar presente y que se tiene
que afirmar y reconfirmar porque la comunidad étnica no es el resultado de un
desarrollo genuino, esto es, de experiencias reales. Ahí donde se cohesiona la
comunidad por medio de la magia del mito, la etnia ya es el mito que posibilita
la identificación. La
palabra griega ethnos originalmente
se refirió a clanes o pueblos extraños; gentiles que no habían participado en
el propio culto. Actualmente, los movimientos étnicos vuelven a eso. Toman la
palabra y subrayan así su divergencia. Etnikos
fueron los paganos, individuos o pueblos que no participaron en el culto romano.
En la Biblia, a los gobernantes judíos se les denominaba ethnarchos
y todavía, en el siglo 17, los líderes de naciones extrañas se llamaron etnagogos.
La razón por la cual los herederos cristianos del imperio romano caracterizaron
a todos los paganos como ethnikos se entiende por sí sola: ellos fueron el
grupo que justificó el destino de su misión. El
llamado “culto de cargo” de los melanesios puede ilustrar cómo toda cultura
étnica es el resultado de la creación de un complejo de cultos, rituales y
mitos impuestos por fuerzas externas mayores o por los managers o ministros
religiosos de las propias etnias. El “culto de cargo” es un culto
milenarista que une la técnica moderna con una antigua esperanza de salvación.
Este culto apenas comenzó a desarrollarse en los años 30 del siglo 20 en las
regiones más pobres de Melanesia, donde barcos de carga y aviones anglosajones
proveyeron a los aborígenes con alimentos. Los voceros del “culto de
cargo”, religiosos de la misma comunidad, predicaron el próximo paraíso y
motivaron a sus seguidores a construir objetos de culto en forma de barcos y
aviones que, como nuevos ídolos, ocuparon el centro de sus ceremonias rituales.
Cada vez que llegaban las cargas con provisiones, estos nuevos objetos de culto,
al confirmar, aparentemente, sus atributos mágicos, cumplían su función. Los
misioneros cristianos que han inspirado movimientos de masas también han
borrado los últimos restos de la propia cultura reproductiva. De este modo, la
llamada identidad se ha podido conectar con movimientos de salvación. Cuando no
ha sido así, las sectas, los grupos de terapia o los curanderos se han
encargado, con su bricolaje dispuesto como nueva religión ecléctica, de
prometer, por todos lados, seguridad y protección contra el caos de la economía
mundial y la sociedad contemporánea. Una
cultura étnica es siempre totalitaria. Su comunidad no reconoce derechos
humanos sociales ni individuales. Su unidad como ente es el cuerpo de la etnia
misma. Los hombres no alcanzan a convertirse en individuos autónomos y
conscientes porque sólo existen en función de ella, como parte de un rebaño.
Con el terror que imponen su culto y folklore, la cultura étnica somete a todos
sus miembros a las costumbres supuestamente tradicionales e impide cualquier
manifestación que indique autonomía personal. Justamente la palabra etnia
quiere decir eso, costumbre, y tiene sus raíces en los cultos tribales de
reproducción. Por ello, el complejo étnico está en desacuerdo con cualquier
forma de universalismo, donde los individuos particulares reconocen a cualquier
otro como un representante de su misma humanidad.[x] En
el mundo actual, los movimientos étnicos son los verdaderos seguidores de los
movimientos racistas y totalitaristas de la primera mitad de este siglo. Su
racismo aparece transformado en la ideología de la cultura étnica o tal vez en
un simple y difuso concepto de cultura. La
socióloga Susanne Karstedt[xi]
ha investigado el fenómeno de la violencia social en 39 países. De estos 39,
unos son colectivistas, o sea, naciones étnicas y naciones religiosas, y otros
son individualistas, es decir, sociedades industrializadas más o menos democráticas.
El principal resultado de su trabajo es que las sociedades colectivistas son
mucho más violentas y sangrientas que las sociedades individualistas; quizá
con la excepción del pueblo norteamericano, en donde, por razones religiosas y
por su culto al armamento (es conocida la cantidad de gente que anda armada),
siempre ha habido más violencia que en otras sociedades industrializadas. El
universalismo que han profesado las sociedades industrializadas ha garantizado
relativamente mejor los derechos humanos, y sus formas políticas democráticas
le han dado mayor espacio a las minorías, aún cuando la concentración del
poder económico en el mercado neoliberal corrompa a la democracia, destruya el
equilibrio social y excluya cada vez a más y más gente. Cuando
el elemento racista parece haberse transformado en una cultura étnica o más
bien en un concepto difuso de cultura, la etnia siempre denota su exigencia
totalitaria. Ella fuerza a los habitantes de su territorio a respetar la religión
y las costumbres de la comunidad como formas únicas de convivencia.
“Autodeterminación de los pueblos” es la frase con la cual las etnias
pelean por su poder e influencia. En realidad, pelean por implantar formas
regresivas que recurren a fórmulas de comunidad que supuestamente han crecido a
lo largo de la historia, o a proteger la prolongación de formas autoritarias
que en muchos pueblos nunca han dejado de estar presentes, como son la represión
de las mujeres, los abusos sexuales o el trabajo esclavo. Ahí donde las
sociedades democráticas se descomponen, emergen las etnias. Las estructuras
tipo clan, el abuso de los caciques y la familia como asociación económica de
violencia son las bases de la organización de las etnias que parecen estar
hechas a la medida de las relaciones socialdarwinistas que prevalecen
actualmente en la sociedad; donde siempre las mafias y las bandas dan la nota.
No es un milagro que en tiempos de crisis estos grupos puedan usurparse el poder
sin problemas. En
la guerra de Bosnia, donde aparentemente había un conflicto entre comunidades
étnicas y religiosas, la economía del robo y la corrupción sin límites
fueron los elementos que empujaron a todas las partes al conflicto. Los
impuestos por derecho de paso, los asaltos, saqueos y violación de mujeres, así
como el sistema de alquiler de equipo bélico pesado entre los partidos,
caracterizó el desarrollo de la guerra. La acumulación por parte de los
caudillos y sus familias de bienes conseguidos por medio del robo fue el
beneficio.[xii] Detrás
de los actuales movimientos étnicos se encuentran siempre intereses económicos
o geopolíticos. Los pueblos de la orilla sur de la Confederación Rusa, cuyos
bailes tribales y folklore mostró la televisión en tiempos de la URSS a los
trabajadores soviéticos, se han transformado en etnias que quieren evadirse de
la hegemonía autoritaria neozarista para disfrutar de sus riquezas naturales
con la ayuda de empresas multinacionales. Aquí, como en otras regiones del
mundo, al desaparecer la organización de masas, las estructuras de clanes y
familias han retornado. En
Afganistán, los talibanes se han mantenido como siempre, como clanes de
musulmanes. Al tiempo que eran equipados con maquinaria de guerra por los
Estados Unidos de América para separarse de la hegemonía soviética, se
convertían en caballeros de armas y padrinos mafiosos que hacían sus negocios.
Dispusieron y disponen de la mano de obra gratuita de sus guerreros religiosos,
cultivan enormes campos de amapola y construyen talleres para la elaboración y
refinación del producto, el cual se traslada por las rutas de la droga del
siglo 20 hasta llegar a sus consumidores. El poder de los talibanes se debe a
sus armas y a su falta de escrúpulos. Además, dominan al pueblo con promesas
ilusas y con un sistema penal que está adherido a la cabeza de la gente y que
es el islamismo fundamentalista. Con
la charía islámica, los grupos
fundamentalistas exigen el retorno a formas penales medievales que no
corresponden a la sociedad actual y tampoco al mismo Islam, que ya había
superado las barbaridades de sus épocas de origen. La lapidación es una pura
venganza bárbara, al igual que todos los actos penales que desmembran el cuerpo
de los delincuentes. Estas "costumbres" niegan al Islam liberal y
muestran que sus defensores están interesados en mantener su poder usando el
terror y las invenciones. El
caso de los talibanes afganos es el de un régimen tribal dirigido por padrinos
que ordenan la mutilación física de su gente amparados en una ley bestial. En
el mercado informal, esos mismos caudillos se conocen como los narcotraficantes
más poderosos de la región. Hace poco, una mujer afgana, madre de siete hijos,
fue conducida al centro de un estadio deportivo acusada de haber asesinado a su
marido después de una riña. Ahí, ante la presencia de 4,000 curiosos, un
soldado talibán le disparó con un rifle Kaláshnikov tres tiros en la cabeza.
Regularmente a este estadio acude la agente a presenciar cómo se aplica la
justicia islámica. Ahí han sido ejecutados varones asesinos y se le han
cortado las manos a innumerables ladrones. Esta vez fue diferente porque se trató
de la primera mujer, una de tantas mujeres a quienes se les ha prohibido
trabajar, estudiar y asitir a los hospitales. Ellas carecen de todos los
derechos[xiii],
se les ha impedido el ejercicio de su individualidad, se les ha encarcelado en
sus propias casas como objeto y se les ha obligado a transitar en los lugares públicos
encerradas en sus propias jaulas. Cuando
se exige la autonomía de una cultura étnica, cuando a una comunidad se la
aisla del resto del mundo, es porque sus líderes revolucionarios o caudillos,
sus caciques, machos autoritarios o ministros religiosos, quieren tener las
manos libres para satisfacer impunemente sus intereses económicos y deseos de
poder. Una y otra vez, con el transcurrir del tiempo, la historia descubre las
intenciones que han guiado la supuesta entrega de los líderes al pueblo; pero
una y otra vez los pueblos, en su desesperación, olvidan las malas experiencias
y vuelven a buscar y promover a nuevos líderes que les prometen la salvación
porque, en última instancia, la gente guarda la esperanza de su salvación en
la etnia, en la medida en que, como sujetos, se han diluido en ella. A
veces la religión étnica aparece vestida con un traje moderno, como partido
político o como grupos que han tomado las armas para defender la libertad de la
cultura de una región. Hoy en día pareciera como si la lucha a favor de la
autonomía étnica o religiosa formara parte de la estrategia de las empresas
del mercado informal: el movimiento étnico como razón social; sus guerras como
parte de sus actividades económicas; la economía cubierta por un nuevo ropaje.[xiv]
En donde todas las actividades económicas están determinadas por las mafias,
las etnias constituyen su fundamento natural. Las culturas
étnicas son productos casuales, no responden a un plan previo, sino a hechos
sociales ocurridos por razones específicas, en situaciones históricas
particulares. Su establecimiento temporal resulta contrastante con la ficción
que propagan de corresponder a lejanas y eternas tradiciones. Sin embargo, toda
tradición fue alguna vez inventada. En
nuestros días, el más inhumano etnicismo lo encontramos en las guerras que
acaecen en el territorio de la ex-Yugoslavia y en África meridional. Los
movimientos que reclaman la autonomía de una región, en general practican los
mismos métodos de exclusión frente a la gente que no quiere someterse a su
supuesta cultura étnica; practican el mismo totalitarismo del que dicen ser víctimas.
La limpieza étnica se corresponde con su fundamentalismo religioso. Las
consecuencias de su afán de dominación son matanzas salvajes como las
ocurridas en Bosnia, el Kosovo y Ruanda. A
menudo, las ideologías étnicas - como en el caso de Serbia - aparecen como
ideologías sincréticas: una mezcla del mito de origen del pueblo y una religión.
La batalla del Kosovo, perdida contra el Imperio otomano en 1389, donde el príncipe
Lazar fue capturado y después asesinado por los turcos, unida a la liturgia del
Viernes Santo de la religión ortodoxa cristiana, fueron los dos ingredientes
principales para conformar la ideología etnicista de los serbios. A
esto hay que añadir la ideología de la pureza, en la cual la etnia pura no es
más que otra expresión para la raza pura, una construcción que quita los
frenos culturales y promueve la disposición al genocidio. Una vez que el tabú
de matar se ha roto, ya no hay posibilidades de restablecerlo. Lo que antes
estaba prohibido, ahora se ejecuta con placer. Inconfundible se queda el reflejo
de los fuegos del sacrificio. Un
sacrificio tiene que reiterarse ad
infinitum. Esta repetición es el producto de una compulsión que al mismo
tiempo busca liberarse del sacrificio. En términos de psicología personal
hablamos de neurosis e histeria; frente a la sociedad estamos confrontados con
la invención de una formación étnica que recurre a un supuesto origen: una
invención. La seguridad que proporciona la vida tribal – culto, mito,
folklore - es la seguridad pagada con la sumisión absoluta; es la supuesta
felicidad alcanzada con la pertenencia a una comunidad que promete la eterna
armonía del paraíso. Con
la limpieza étnica, o al menos con la ejecución terrorista de su cultura étnica
o religiosa, los movimientos étnicos se oponen, consciente o inconscientemente,
a la exclusión de más y más seres humanos de la sociedad productiva y del mínimo
de participación en el consumo. Pero con sus métodos nada más representan el
otro lado de la medalla: una práctica de la exclusión que es tan destructiva
como la que se desarrolla a través de la reproducción ilimitada del capital.
Hay que añadir que los grupos étnicos y religiosos participan cada vez más en
nuevas formas empresariales de acumulación de capital. Esto no sólo se refiere
a los grupos étnicos mencionados, sino también a los grupos religiosos como
las miles de sectas que funcionan en forma de empresa.[xv]
Aquí lo emocional, la búsqueda de identidad y de protección se mezclan con la
economía empresarial. Si
ponemos atención en ese otro lado de la medalla, podemos ver cómo la etnización
mundial continúa, casi sin rupturas, en la etnización de las grandes empresas
y la propaganda de sus productos. La “corporate identity” es el lema para
integrar a los empleados de las grandes empresas a su comunidad de hombres y
mujeres selectos y para hechizar a los consumidores con sus mercancías. Las
empresas dedicadas al “design philosophy” ya ofrecen planes para movilizar
la “corporate identity” de los consumidores de los productos de las
empresas. Esto es más que un logro. “Corporate identity” es el símbolo y
la razón de toda una relación de vida que está definida a través de las
mercancías y de un “life style”. Los consumidores aceptan la “corporate
identity” y compran todos los productos de la empresa sin crítica. Esto también
puede ser para alcanzar un supuesto buen fin, como lo demuestra el enorme número
de organizaciones de amor al prójimo o de organizaciones de socorro o,
simplemente, para pertenecer a algo, recibido entre los amigos de la comunidad
étnica de la mercancía “x-y”. Esta tendencia se nota, especialmente, en la
llamada cultura de la juventud, en donde la formación de bandas y tribus forma
parte de la organización social. Pero también en muchos otros ámbitos que,
como resultado de la descomposición y desintegración sociales, han sido
captados por comunidades creadoras de identidad. Lo
mismo ocurre al interior de las empresas. Ya hay cátedras dedicadas a elevar
“la cultura” de las empresas donde se enseña el know
how del desenvolvimiento de una “corporate identity” y donde cada año
se organiza un Chase Corporate Challenge, es decir, un curso a favor de la
“corporate identity” durante el cual colaboradores de empresas,
administraciones e institutos de finanzas ponen de manifiesto su cultura
empresarial. El curso se lleva a cabo en Frankfurt sobre el Meno, en Londres y
en 16 ciudades norteamericanas y es organizado por el Chase
Manhattan Bank con el fin del fortalecer la cohesión interempresarial. Los
miembros de cada empresa aparecen en ropa uniformada para presentar su
“corporate identity”. Con respecto al clima inhóspito, por la cada vez más
creciente lucha por la competencia en muchas empresas, el curso promueve nuevas
aspiraciones a favor de la empresa, dicen sus organizadores. El curso amalgama a
los colaboradores en un grupo parecido a un clan y les transmite el anhelado
calor y seguridad. El deseo de las empresas de contar con una cultura
corresponde al ethos de las comunidades étnicas y religiosas. Todos juntos están
en la carrera de retorno al medioevo, época en la cual la comunidad ofrecía
protección frente a la muerte y el diablo. Al igual que la comunidad étnica
para sus miembros, las empresas también reclaman su propia cultura. Para eso
son las fiestas de las empresas donde se otorgan premios y se cantan himnos
parecidos a los de las fiestas tribales - por lo menos en Japón. Así como la
autoritaria y antidemocrática etnia sustituyó a la nación, la nueva
estructura empresarial se caracteriza por su jerarquía militar. Ella renuncia a
cualquier proceso democrático de toma de decisiones. En la medida en que el
campo de batalla neoliberal es su marco de acción, la estructura militar de la
empresa se corresponde con su forma de organización. Lo
que hoy por moda se llama globalización es la globalización de una nueva
etnia. Sólo se reconocen como miembros de la aldea global los que hablan
International Colloquial English. La lengua mundial del comercio y de los
congresos es un idioma derivado del inglés anglo-americano con elementos folklóricos
y de la propaganda comercial a partir del cual una comunidad étnica se
reconoce. Todos se visten con uniformes de trabajo de ejecutivos, se alojan en
hoteles idénticamente equipados y se comunican, si se puede llamar así, con la
ayuda de una mutilada lengua simbólica. Globalización es solamente otra
palabra para la estandarización de todas las relaciones sociales, una
uniformización del ethos de la
cultura global de los jóvenes y managers donde la comunidad étnica de la
“global village” es familiar. Por
último, cabe añadir, que la descomposición de la sociedad civil también
causa la descomposición de la democracia y no se detiene antes de destruir a
los individuos. Este efecto se logra con el ilimitado poder económico y la
desenfrenada etnización del mundo. Ahí donde la autoconciencia se cambia en
conciencia de marcas y los seres humanos se convierten en seres adaptados a
relaciones económicas, ahí donde la individualidad no se puede realizar, el
sujeto ensaya integrarse a algo más grande, identificarse con algo más
poderoso: la corporación étnica. [i]
Benedict Anderson: Imagined
Communities, Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, London
1983, y Anthony D. Smith: National
Identity, London 1991. [ii]
Ibid. [iii]
Carola Lentz: Die Konstruktion von
Ethnizität. Eine politische Geschichte Nord-West Ghanas 1870-1990, Köln
1998. Véase también Andre
Gunder Frank, La acumulación mundial
1492-1789, Siglo XXI, Madrid, 1985, pp. 16, 117-122. [iv]
La reconstitución étnica a la que se refiere Marcello Carmagnani en El
regreso de los dioses, Fondo de Cultura Económica, México, 1988, p.
13, no sólo es „compatible con el contexto colonial“ sino que surge de
las estructuras coloniales ya consolidadas. [v]
Trexler, Richard, “We think, they act: Clerical Readings of Missionary
Theatre in the 16th Century
Mexico”, en Church and Community
1200-1600, Roma 1987; Fernandez, Justino, Mendoza, Vicente T., Luna,
Antonio Rodriguez: Danzas de los
Concheros en San Miguel de Allende, San Miguel de Allende 1940, Repr.
Colegio de Mexico, Mexico o.J. [vi]
El cronista español Gerónimo de Mendieta escribió, a fines del siglo XVI,
que la inteligencia y el uso de la lengua mexicana se habían perdido y el
común hablar se iba corrompiendo más cada día. „Porque los españoles
comunmente la hablamos como los negros y otros extranjeros bozales hablan la
nuestra. Y de nuestro modo de hablar toman los mesmos indios, y olvidan el
que usaron sus padres y abuelos y antepasados... Y así podemos decir, que
de lenguas y costumbres y personas de diversas naciones, se ha hecho en esta
tierra una mixtura ó quimera...“ En Historia
eclesiástica indiana, Porrúa, México, 1980, pp. 552-553. [vii]
Hernán Cortés: Cartas de Relación,
México 1985. [viii]
Véase. Juan Friede: “La
censura española del siglo XVI y los libros de historia de América”, en Revista
de Historia de América, México, 1959, n. 47, pp. 45-94. [ix]
Originalmente la palabra sincretismo se refirió a la unión de las tribus
cretenses para rechazar los ataques hostiles de extranjeros. [x]
Durante el auge de la ideología racista del nazismo en Europa, Ashley
Montagu propuso la sustitución del concepto de raza local por etnia. Un
canje fatal. Vid. Ashley Montagu:
Man's Most Dangerous Myth: The
Fallacy of Race, New York 1942. [xi]
Susanne Karstedt: “Individualismus und Gewalt: Extreme Modernisierung oder
Re-Traditionalisierung der Gesellschaft? Ein interkultureller Vergleich”,
ponencia en el coloquio Gewaltkriminalität
zwischen Mythos und Realität, octubre 1998, Universidad Bielefeld. [xii]
Xavier Bougarel, “Zur Ökonomie des Bosnienkonflikts: zwischen Raub und
Produktion”, en: François Jean und Jean-Christophe Rufin (Ed.), Ökonomie
der Bürgerkriegen, Hamburger Edition, Hamburg 1999. [xiii]
El País, 18
de noviembre de 1999, p. 48. [xiv]
Alain Labrousse, “Territoriale Netzwerke: das Drogengeschäft”, en: François
Jean und Jean-Christophe Rufin (Ed.), Ökonomie
der Bürgerkriege, Hamburger Edition, Hamburg 1999. [xv]
Un hecho ilustrativo acerca de la relación entre los movimientos étnicos o
religiosos de liberación, el mesianismo y la economía empresarial
capitalista es el pretendido “suicidio colectivo” de una secta en
Kanungu, Uganda, el 17 de marzo de 2000. “Los líderes de la secta del
'Movimiento de Restauración de los Diez Mandamientos de Dios' que cometió
un suicidio colectivo en Uganda habían sido investigados por explotación
de menores. Se trata de Joseph Kibwetere, un antiguo activista de la oposición,
y varios curas y monjas católicos excomulgados. Las autoridades locales de
Kanungu investigaron en 1998 a esta secta, a la que acabaron cerrando una
escuela infantil que gestionaba. 'Los niños sólo reciben un plato de puré,
duermen sobre el suelo desnudo sin mantas ni colchones, parecen desnutridos
y son sometidos a trabajo infantil sin el conocimiento de sus padres', decía
una carta del administrador local del distrito. La escuela tenía 300 niños.
La secta estaba registrada como una ONG desde 1997, aunque funcionaba desde
principios de los noventa. Antes del suicidio, los líderes de la secta habían
pedido a sus 235 miembros registrados que vendieran sus propiedades y se
prepararan para ir al cielo.” (El
País, 20 de marzo de 2000, p.2.) Así funciona la empresa religiosa.
Los miembros tienen que aportar todo su patrimonio a la organización y
trabajar gratuitamente para ella. Cuando la secta aparece en el tiro al
blanco de la vigilancia del Estado, los líderes se liberan de los testigos
mandándolos al otro mundo. Esta aparente medievalización de la economía
opera mas allá, extingue a los productores de su riqueza en un acto apocalíptico
de autodestrucción. En los Estados Unidos de Norteamérica la furiosa
defensa de la libertad de cualquier comunidad religiosa forma parte de la
incondicional defensa de la economía neoliberal de mercado.
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