Debates
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Historiografía y Globalización |
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Incorporo algunos elementos al debate que hasta ahora
se ha dado entre dos. Soy de la opinión que el actual orden mundial
tiene tres factores de poder que se comparten la hegemonía: los países
del G-7, los organismos multilaterales como el FMI, BM, OMC, y las
grandes compañías multinacionales. Hay datos, que no los tengo en
forma exacta a la mano, que indican que más del 50% del movimiento de
capitales en el mundo actual se realiza al interior de estas compañías
transnacionales. En mi país, Venezuela, las multinacionales vienen
interviniendo en nuestra política interna desde hace más de un
siglo. En 1902-1903 compañías como la New York and Bermúdez Company
(que explotaba asfalto) y otra que aquí se conoció como la del
"Cable Francés" financiaron un levantamiento contra el
gobierno de Cipriano Castro que se llamó irónicamente "Revolución
Libertadora". Más reciente, en los años 70, la "Owens
Illinois", multinacional del vidrio, pagaba miles de dólares a
los parlamentarios del partido de gobierno (el socialdemócrata AD)
para que le otorgaran el monopolio de la fabricación del vidrio en el
V Plan de La Nación. Ciertamente creo que las multinacionales y los
organismos multilaterales representan la nueva cara de la globalización,
más allá de los tradicionales países imperialistas. Aunque en el
actual contexto de guerra, las grandes potencias militares como los
Estados Unidos asumen la voz cantante de las relaciones
internacionales, aunque eso no quiere decir que el poder de los
organismos mencionados no siga manifestándose, sólo que pasa
desapercibido. Otro detalle del mundo actual es la ridícula
caricatura en que ha quedado la ONU, la cual no tiene ingerencia
alguna en la preservación de la paz en el mundo, papel para el que
fue creada luego de la segunda guerra. Para mayor desparpajo, le dan
el Nóbel a la ONU y a Kofi Annan, premiándoles su prosternación
ante el militarismo de los Estados Unidos y de la OTAN. Si el señor
Saavedra tiene el real interés de conocer datos sobre la intervención
política de las multinacionales, por lo menos en América Latina, en
los próximos días me comprometo a enviar argumentos sólidos en esa
dirección. Hay una denuncia que han hecho en Colombia, en la cual
sindicalistas acusan a la Coca Cola de haber mandado a asesinar con
los paramilitares a varios dirigentes del sindicato de la empresa. Yo
personalmente me he enfrentado a compañías petroleras que han
intentado explotar petróleo en la Sierra de Perijá, Estado Zulia,
limítrofe con Colombia, parque nacional y zona indígena habitada por
las etnias Barí y Yukpa. Estas compañías, entre ellas la argentina
Tecpetrol, financió a funcionarios del gobierno regional de ese
entonces (1996-97) y a dirigentes políticos de AD y Copei (socialdemócratas
y socialcristianos) para que nos acusaran de ser colaboradores de la
guerrilla colombiana a los profesores universitarios, abogados e
intelectuales que asistíamos política y jurídicamente a los indígenas
Barí y Yukpa en su lucha por evitar la entrada de las compañías.
Finalmente logramos que las comVolviendo al tema de la globalización
y de los movimientos antiglobalizadores, pienso que los
cuestionamientos hacia la democracia occidental no implican en modo
alguno que se defienda algún tipo de sistema político no democrático.
En mi caso, pienso que la democracia venezolana es mucho más
democracia que el régimen cubano, por ejemplo. Pero eso no significa
que me sienta contento con lo que hoy existe en Venezuela. Las
democracias occidentales están sustentadas en principios que no
comparto, como la delegación de poder, el carácter profesional de
los representantes populares, la existencia de organismos partidistas
que sustituyen la real voluntad del soberano. Me pronuncio por una
democracia de autogestión, a riesgo que el señor Saavedra que llame
anarquista. En todo caso, a mucha honra, que me llamen anarquista,
aunque no lo soy. Estoy más cercano al marxismo, pero al de Carlos
Marx, no al marxismo de los soviéticos, chinos y cubanos. La
democracia actual tiene considerables imperfecciones, y la más
resaltante es que no permite la participación política de quienes no
tienen bienes de fortuna. Por lo menos aquí en Venezuela, y supongo
que es igual en todas partes, yo no puedo postularme a ningún cargo
de representación popular sin tener militancia en los principales
partidos y tener además un considerable apoyo económico que
garantice el financiamiento de la campaña electoral. De esa forma, la
democracia sigue estando controlada por los empresarios, nacionales y
extranjeros. Hoy en Venezuela hay varios partidos que reciben apoyos y
casi seguro finanzas desde el exterior, sobre todo de los Estados
Unidos. Recordemos en Nicaragua de 1990 la candidatura de Violeta
Chamorro y la UNO, que venció con el dinero que le dió la CIA. Una
democracia así no representará nunca los verdaderos intereses de las
grandes mayorías, que no tienen mayores bienes de fortuna. Por ello
me identifico con un tipo de democracia más protagónica, más
directa, donde existan mecanismos de control de las finanzas de los
partidos y candidatos, donde se garantice igualdad de oportunidades
para todos los participantes en los procesos electorales, donde se
instauren mecanismos revocatorios del mandato. Por supuesto eso no
basta, pero será un adelanto. Un elemento clave en una verdadera
democracia es el control que las comunidades populares deben asumir
sobre los medios de comunicación, para evitar que pequeñas minorías
dueñas del gran capital puedan manipular a su antojo a la opinión pública,
como lo hacen en todos los países, por lo menos en los de América
Latina. Yo como padre de familia, en la democracia actual, no puedo
evitar que mis hijas reciban a través de la televisión y el cable,
mensajes de violencia y pornografía. Los actuales comics son más
nocivos que cualquier película de violencia para adultos. Pero no hay
leyes que permitan que las comunidades, los padres y madres de
familia, podamos opinar mayoritariamente para que se controle la
difusión de esos mensajes, que en muchos casos llegan a incitar el
consumo de drogas y el homosexualismoSobre los movimientos
antiglobalización, no tengo mayor información sobre ellos, pero
percibo que tienen aún una débil organización y su capacidad de
intervenir políticamente es limitada. Mientras dichos movimientos no
puedan actuar decisivamente para modificar conductas políticas de los
Estados y del resto de poderes de la globalización, no podrán
considerarse como alternativa real. Esa actuación pudiera ejercerse
ya sea por medios electorales, o por el mismo medio usado hasta ahora,
las movilizaciones masivas, las cuales tendrían que aumentar su número.
Recordemos que los regímenes de Europa oriental cayeron gracias a
gigantescas movilizaciones pacíficas de su población. Esa
perspectiva para los antiglobalización es el camino que conduce a una
nueva época de cambios políticos. Por el momento, sólo como utopía,
como sueño, que tanto molesta a algunos, pero en definitiva son las
utopías las que pueden permitir una salida favorable para la
continuidad de la especie humana sobre la tierra.
Roberto López Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela cruzcarrillo2001@yahoo.com
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