Estimado señor Florencio Dimas,
A despecho de mi juventud y mi insignificancia académica, puesto que
cuento 20 años -nací a las 22 horas del 23F, con con Tejero de por
medio- y me encuentro a punto de finalizar el primer ciclo universitario,
me siento obligado, como todo buen proyecto de historiador, a responder a
su supuesta "teoría del olvido".
Resulta muy sencillo suponer que porque los organismos oficiales no
desempeñan acciones de concienciación, todo español está condenado a
recibir la carga de un pasado que trata por todos los medios de eludir.
Pero usted sabe perfectamente que la estadística es importante para La
Historia, y que cualquier encuesta realizada a las familias que sufrieron
su desgaje a consecuencia de la represión sería válida para confirmar
que sigue habiendo una memoria certera de lo sucedido.
El problema, y en eso debo darle la razón, es que suele pasarse por alto
que aquellos que han participado en la represión, deben ser ajusticiados.
Lo que deseamos para Pinochet debería servir también en nuestro caso.
Pero como ya le he dicho, se trata de una herida que sigue abierta.
Nuestra democracia es todavía joven, y los procesos de reconstrucción
deben ser lentos. Es posible que de aquí a medio siglo se pueda pedir
justicia, pero para entonces ya no quedaría nadie de esa generación que
todavía pervive -me refiero a Fraga y compañía- de políticos de la era
franquista.
No, la gente no olvida. ¿Acaso no estuvo Pujol
encarcelado? ¿Es o no, a despecho de su obvio carácter conservador y/o
moderado, un héroe a su manera, como lo fueron aquellos políticos
encarcelados o fusilados por el régimen? Y como aquellos, cientos de
miles de republicanos, que fueron aplastados bajo la bota de Franco.
Debo, empero, incitarle a la prudencia. En este país
existen todavía numerosos grupos de extrema derecha cuyo sentido de la
realidad sigue anclado en el nacionalismo exacervado de Franco -no olvide
que era la imposición de "una nación" sobre el resto, y los
catalanes estábamos entre el resto-, y cualquier iniciativa de dar a
aquellos que sufrieron el calvario de la represión en sus carnes el
reconocimiento público que se merecen, puede sentar muy mal, y más en un
país cuyo gobierno se comporta más como una dictadura que como una
democracia, puesto que la mayoría absoluta, y para colmo de la derecha,
solamente puede calificarse de eso.
Ciertamente, sus valores serán reivindicados algún día. Félix de Azúa
observa en su "Diccionario de las Artes" que el futuro no
existe, y eso equivale a negar el futuro de la Historia. Pero mientras las
heridas sigan abiertas, el futuro no cerrará sus puertas. Así que, a
expensas de mis pequeñas matizaciones, quiero hacerle saber que comparto
su opinión y que tiene usted todo mi apoyo moral.