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Historia de la Guerra Civil Española |
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Respuesta al comentario 82 sobre Historia de la
guerra civil española de Rafael Múgica de 24 de febrero.
Alberto Reig Tapia MAS “GUERRITA” Al “mero
curioso del tema que pasaba por aquí” (el señor don Rafael Múgica),
le ha molestado la exigencia de mayor contundencia de D. Juan
Quiles Ruíz para con nuestro más ilustre polígrafo (escribidor)
actual (sr. Moa) desaparecidos ya Fernando Vizcaíno Casas y Angel
Palomino. Nunca será suficiente vive Dios.Ya sólo cabe esperar
(el Cielo no lo consienta) que Dios Nuestro Señor haga comparecer
ante su divina presencia al señor Jaime Campmany (ilustre decano
de la AIPER: Asociación de Ilustres Propagandistas Españoles
Recalcitrantes y el más gracioso de todos ellos con diferencia).
Habría que añadir también que un infarto, provocado por la
nunca desfalleciente lucha sin descanso ni cuartel que libran
contra la aviesa internacional liberal-masónica-rojo-separatista
o, en su defecto, autoenvenenamiento (mordisco involuntario de la
propia lengua), se llevara también al seno de Abraham a otros
ilustres polígrafos como Federico Jiménez Losantos y su discípulo
más distinguido, José María Marco, que acaba de descubrirnos
las maldades y perversiones de la Institución Libre de Enseñanza
(cáspita), para que D. Pío Moa, pudiera (¡por fin!) despejado
el escalafón, erigirse en el supremo gurú de tan vetusta cofradía.
Pues con su pan se lo coman tan ilustres conmilitones de
“guerritas” pretendidamente “historiográficas” que
tienen, con permiso del jubilado don Ricardo de la Cierva,
“definitivamente” perdidas. 1.
El señor Múgica dice con retintín que el “catedrático Reig
Tapia” miente al afirmar que Moa no ha pisado un archivo y que
critico de oído. Respecto
al retintín diré, citando a nuestro ilustre último Premio Nobel
de Literatura que: “Todos los hombres somos parvos y minúsculos
si nos comparamos con don Crescente el de la Esclavitud, que llegó
a dirigir una orquesta de grillos, pero si miramos alrededor
encontramos a veces mucho consuelo. Un santo varón pensaba de sí
mismo: si me observo, siento una gran compasión de mi
insignificancia, pero si miro a mi alrededor y me comparo, casi me
admiro”. Pues eso, ilustre “ateneísta”. ¡Dios mío,
estamos rodeados! Respecto
a eso tan feo de decir o manifestar lo contrario de lo que se
sabe, cree o piensa, etc., o “criticar de oído”, he de decir
que se cree el ladrón que todos son de su condición. El que
miente, manipula y critica de oído, desvergonzadamente he de
decir unciéndole al carro de D. Pío, es el mentado “ateneísta”.
Es él el que no se ha asomado ni por asomo (perdón por el fácil
juego de palabras) a mi artículo (“Ideología e Historia.
Quosque tandem, Pío Moa?”, Sistema,
177. Madrid. Noviembre, 2003, pp. 103-119). Es bien fácil de
comprobar lo que digo con un simple cotejo de mi texto con su
notita de indignada protesta. ¡Cuán mienten estos
“malditos”, pero mal rayo me parta, si en concluyendo esta
carta, no pagan caros sus gorgoritos! 2.
Afirma mi ilustre ateneísta que Pío Moa ha pasado larguííísimasss
horas en el Ateneo de Madrid y la Fundación Pablo Iglesias”. (¡Que
poco se le han pegado a fe mía!). En lo que respecta al exitoso
“libro” de don Pío que glosaba en mi artículito, ni una
miajita. Yo
me limitaba humildemente a confesar abiertamente que, ante las
referencias de la crítica especializada a “las obras”
precedentes de nuestro ilustre polígrafo, me había abstenido por
elemental profilaxis mental a ni siquiera hojearlas brevemente
dada la inevitable escasez de tiempo de que disponemos los
“catedráticos” frente al sin duda abundante de que disponen
algunos “ateneístas” de relumbrón, pero, añadía, que había
incurrido en “un perverso ejercicio de masoquismo intelectual”
un tanto impropio porque un amigo –“es un decir”, añadía
yo con retintín- me había regalado los mitos guerreros de don Pío,
y que, como aquí “el catedrático” tenía que conferenciar
sobre el mismo tema en la Complutense, se dijo: “Vamos a ver qué
pasa”..., por probar, nada se pierde..., salvo el tiempo, claro,
ya que según Plinio el joven no hay libro tan malo del que no se
pueda extraer algún provecho. Efectivamente así es. ¿Qué cuál
es el provecho obtenido se preguntaran los lectores más escépticos?,
pues ya saben: la experiencia es la madre de la ciencia. ¡Una y
no más como Santo Tomás! Es decir, del único libro de don Pío
del que hablo -y doy fe de que será del último que lo haga- en
el artículo es: “Los mitos de la Guerra Civil” a lo largo de
cuyas voluminosas páginas no se acompaña el aparato crítico
inexcusable en una pretendida obra historiográfica. “Ni una”
sola cita de las escasísimas notas con que trata de apoyar sus
apolillados argumentos tiene la menor relevancia historiográfica.
¿Desde cuándo pueden ser tomadas en la menor consideración
citas indirectas o fuentes secundarias para una pretendida
“reinterpretación” de supuestos temas controvertidos? Digo lo
de “apolillados” porque don Pío no agrega nada nuevo a la
mejor propaganda franquista de sus corifeos más destacados a lo
Joaquín Arrarás de hace 60 años. Si al menos fuera capaz de añadir
algún nuevo insulto a la inteligencia dentro de la abundante y
tediosa hagiografía de entonces, la cosa podría tener su morbo.
Su libro es un libro completamente inútil e irrelevante.
Repito y reitero, pues, que no hay “ni una” sola referencia de
fuentes archivísticas novedosas o de primera mano. Moa no añade
absolutamente nada al conocimiento historiográfico. En tan
voluminoso libelo no se acompaña ni siquiera el obligado capítulo
de fuentes y bibliografía pertinentes. Por tanto me reafirmo en
todos sus puntos y comas en lo ya dicho. Inevitablemente he de
preguntarme, dada la prestigiosa institución cultural de la que
se reclama mi interpelante, si es que ahora admiten socios en el
Ateneo que, o bien no saben leer o son analfabetos funcionales, es
decir, leen pero no entienden y, como no se enteran,
escriben fruslerías. Insista, por favor. 3.
“Decididamente uno espera algo más que una falsedad tan pueril
como ésa”... Jopé, don Rafael. No, si la culpa la tengo yo:
“Quién con infantes pernocta excrementado alborea”. Siento
“amigo” decepcionarle pero es a mí a quien tras su brillantísimo
y contundente “quod erat demostrandum” anterior, ya no me
quedan fuerzas para contestar a otra de las habituales andanadas
infantiloides provenientes de tan distinguido miembro de la
ilustre escuela “historietográfica” más arriba mencionada. 4.
Insiste con inconsciente audacia y torpe actitud (como el que se
agita en un pantano de heces movedizas) en “la larga lista de
improperios, adobada con alguna que otra mentira señalada”,
exigencias de “censura” e “impotencia intelectual” para, a
continuación, decir que al señor Moradiellos “le dieron dialécticamente
para el pelo y se retiró, por usar otro símil coloquial, con el
rabo entre las piernas”. Por la boca muere el pez. Le traiciona
el subconsciente a nuestro brillante ateneísta. Improperios,
mentiras, censuras, impotencias intelectuales”... ¡Oh-lá-lá!
Como se ha visto fehacientemente, las suyas, y nada más que las
suyas. Pura impotencia intelectual. La huera retórica habitual.
Mera frustración y resentimiento de quien quiere pero no puede.
“La diferencia entre querer ser y creer que ya se es, es la que
va de lo trágico a lo cómico”, dijo sabiamente Ortega. El señor
Moradiellos sencillamente comprendió la inutilidad absoluta de
tratar de llevar a la lógica de la razón, y convencer sobre la
base de la carga de la prueba y la evidencia empírica, como
profesional de la historia que es, a meros pseudofilófos
virtuales ociosos, demasiado ocupados en la metafísica de su
propio ombligo como para hallar tiempo en hacer auténtica
investigación histórica. 5. Remite
este nuevo corifeo al señor Quiles a la revista virtual “El
Catobeplas” como si esta fuera fuente de toda luz y verdad
historiográfica. Señor, señor... ¿Así que la tal revista ha
“consagrado” a don Pío como el potencialmente merecido próximo
premio Nacional de Historia, de ensayo, de literatura o de la crítica?
Bien. ¿Qué es lo que hallamos en tan “apetitosas” paginas
virtuales?, pues hallamos, dada la libertad absoluta existente de
“publicación” y sin límite de espacio que tan audazmente
practica la mentada revista (“qué error, qué inmenso
error”), el sumidero intelectualoide de pretendidos autores que
no disponen de otro lugar donde colocarnos sus irrelevantes
“ladrillos”, tan inacabables como hueros, reproduciendo largos
textos de sus “enemigos” como si por ellos mismos pudiera
deducirse cosa distinta que la solvencia de quienes pretenden
descalificar y la irrelevancia de su inútil glosa. ¿Pero es que
se creen que a estas alturas del curso nos chupamos el dedo?
Denuncian escandalizados la permanente tergiversación de todos
los historiadores profesionales de prestigio acreditado y
reconocida obra historiográfica. Frente a tales tipos se
encuentran “ellos” los nuevos cruzados de La Verdad. Los
historiadores se hallarían en su totalidad atrincherados en su
“cerrazón ideológica” no produciendo otra cosa que “basura
historiográfica” (en su estupidez mental no se dan cuenta que
son términos excluyentes). Su lista de insolventes no excluye a
nadie (Paul Preston, Edward Malefakis, Julio Aróstegui, Javier
Tusell, Santos Juliá, Enrique Moradiellos, Gabriel Cardona...,
etc., etc). Y, ¿quiénes son estos nuevos reputados historiadores
que sagazmente denuncian a toda -sí, toda- la historiografía
contemporaneísta española..., pues unos prestigiosos “filósofos”...,
sí, han leído ustedes bien (lo de prestigiosos -confieso- va con
retintín), tan consagrados como Sanchez Martínez y Rodríguez
Pardo(¿!), es decir los avispados investigadores Dupont &
Dupont de Tintín. Eso sí, apelando de vez en cuando para sus
escarceos dialécticos a la autoridad filosófica de don Gustavo
Bueno, autoridad que ni se me ocurre discutir un solo momento y
cuya obra sobre “el cierre categorial”, según los expertos,
(no me refiero claro está a los Dupont-Dupont) es una de las
pocas aportaciones españolas relevantes a la Filosofía
moderna... Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la solvencia
profesional de los mentados “filósofos” y la de Pío Moa?
Nada, claro. Estos destacados “pensadores” son unos auténticos
aprendices de la sofística más pedestre. Mucha ontología,
gnoseología, heurística, teoreticismo, ortogramas y nematologías
varias y variopintas (de nuevo, perdón) con la vana pretensión
de desmontar la ausencia total de base empírica inherentes al
historiador y que, en realidad, no logran encubrir con su jerga
ridícula, o mejor dicho con su fatua jerigonza, sus extravagantes
pretensiones “teóricas”. Y
6. Atención amiguetes... el ateneísta desenmascarado se dispone
a rematar su brillante faena: la “tergiversación, el insulto,
el intento de censura y hasta la burda mentira es lo único que
hay y que, en efecto” hace que... “Pío Moa resulte
imparable”, y venga a limpiarnos la contaminación ideológica
que produce sin descanso el rojerío. Y, además, nos ha salido
“poeta” pues, nos describe como “un viento que limpia una
atmósfera enrarecida...”, la obra ciclópea de nuestro insigne
polígrafo, verdadero nuevo gladiator (jubilado Don Ricardo) de
rojetes recalcitrantes... Qué
más se puede añadir sino rendirse sin condiciones, es decir,
hacer mutis por el foro como Moradiellos y el resto de la corte
gremial -¡hombres sabios!- obviamente. Eso sí, yo no puedo
unirme a ellos sin antes aclamar: ¡Torero!, ¡torero!, ¡torero! Alberto
Reig Tapia
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