Varios buenos ejemplos ilustran la importancia y el interés de la novela histórica:
la buena novela histórica. Tomemos por ejemplo "Memorias de
Adriano" de M. Yourcernar que se publicó incluso con un |cuaderno de
apuntes| como apéndice en donde se consignaban las referencias y las fuentes.
Otro caso es la reciente Fiesta del Chivo de M. Vargas Llosa.
La novela histórica no hace daño a la disciplina si el lector distingue que
está frente a un relato de ficción con trazos y datos históricos. Le servirá
más bien de motivación para buscar la (s) versión (es)de los historiadores.
El acto comucacional de la novela es de carácter ficcional y la historia
pretende por el contrario arañar la realidad de la manera más objetiva
posible, admitiendo que ahora ya discutimos con fuerza (o lo admitimos) el
hecho de que las nuestras son percepciones del pasado que dependen de nuestro
contexto, perspectivas de análisis, etc. y que la verdad alcanzada sólo será
una parte pero no toda la verdad.