LA ETNOHISTORIA UNA DISCIPLINA COMPROMETIDA
Ricardo Delfín Quezada Domínguez
Como propuesta preparatoria de este análisis, y para comprender el compromiso
contraído por la etnohistórica como disciplina, así como del etnohistoriador
ante la sociedad, señalaremos en forma general algunos elementos y definiciones
de lo que es este nuevo campo del conocimiento de las ciencias sociales en
general, y en las disciplinas antropológicas en particular.
Si bien el uso del término "etnohistoria" es relativamente añejo, es
decir, a principios del siglo XX, no es, sin embargo, hasta 1950 cuando comienza
a emplearse con mayor frecuencia en las ciencias sociales, particularmente en
las antropológicas. Las causas de su aparición fueron múltiples y variadas,
pero es indudable que emergió de la antropología cultural, ya que en su campo
etnológico necesitaba salir del freno impuesto por los estudios y análisis
desde la perspectiva sincrónica, por lo fue precisando la dimensión temporal
para entender los procesos de cambio operados en las sociedades
Las dimensiones históricas de la etnohistoria pueden ser aplicadas de dos
maneras el estudio de puntos del pasado, de momentos históricos, o bien, del
proceso del desarrollo de una sociedad. Entonces, aparición de la etnohistoria
no fue la simple mezcla y unión de la antropología con la historia, sino que
se debió al manejo de una parte de la antropología utilizando fuentes y los
datos del pasado.
Debido al rechazo del enfoque histórico en buena medida por parte de la Escuela
Británica de Antropología Social, algunos antropólogos norteamericanos
comenzaron a utilizar la documentación histórica aún con la rigidez del marco
funcionalista que los caracterizaba, planteando un acercamiento entre la
etnología y la historia. Es así como surge la necesidad de realizar esta
unión a través de una etnología discrónica. Por otro lado, aunque con mayor
lentitud, en el campo de la historia, con la revisión de lo factual (hechos
históricos únicos y significativos) se pasó a la historia casual considerando
ese momento necesario ya no solamente para el estudio de hechos, sino el de las
sociedades y sus estructuras. Es así como surge la historia social y la
económica. A estas dos se les unió la historia de la cultura - practicada
desde tiempo atrás - que al convergir ésta hacia la etnología diacrónica y
al proceso de transculturación consolidó a la etnohistoria en algo más que un
método.
Es por eso que a esa toma de conciencia por parte de los antropólogos y de la
aceptación de los historiadores, se sumó la circunstancia objetiva en los
pueblos, entonces objeto de estudio bajo la perspectiva etnohistórica, del
nacionalismo, del indigenismo y de la necesidad de consolidar su presenta en la
historia de un pasado propio, sobre todo, en los países con las evidencias de
una herencia indígena y en los recién descolonizados .
La historiografía contemporánea se ha renovado en los últimos decenios.
Sería un error afirmar que hoy en día está exenta de polémicas, dudas y
discusiones; todas ellas son signos de vitalidad; sin embargo, no cabe la menor
duda de que la historiografía ha ganado un lugar importante en el conjunto de
las disciplinas sociales. Su uso se ha extendido a diferentes áreas del
conocimiento, pero también el gremio de los historiadores se interesa en
incursionar en el uso de conceptos y métodos que hace no mucho tiempo parecían
herejías. Ahora es más fácil entender y cobrar conciencia plena de lo que
señaló, con razón, uno de los grandes historiadores del siglo XX, Marc Bloch
Todo libro de historia digno de ese nombre debiera incluir un capítulo, o, si
se prefiere, insertar en los puntos cardinales del desarrollo del libro, una
serie de párrafos que se intitularían, poco más o menos "¿Cómo se
puedo saber lo que voy a decir?"[...] El espectáculo de la investigación,
con sus éxitos y fracasos, no es casi nunca aburrido. Lo acabado es lo que
destila pesadez y tedio.
Actualmente son varios los países que practican la etnohistoria, sobre todo los
de Norteamérica, América Latina, Africa y el Sur y Sudeste de Asia. En
América Latina, en particular han sido México (Mesoamérica) y el Perú (Area
Andina) donde más se ha expandido esta disciplina, sobre todo por ser lugares
que cuentan con un rico pasado indígena y por el lugar de desarrollo de
sociedades complejas antes de la invasión europea a estas latitudes.
Es por ello que ese tratamiento histórico que algunos antropólogos sociales
llegaron a aceptar como necesario, seguía siendo rechazado por la mayoría,
argumentando, en primer lugar; que la antropología social y la historia son
antitéticas por naturaleza, y, que los antropólogos sociales a diferencia de
los etnólogos habían de ocuparse de formular generalizaciones acerca de la
estructura de las sociedades derivadas de los estudios comparados de las
sociedades "primitivas", sin referirse a su historia.
Ricardo Delfin Quezada Domínguez
Universidad Autónoma de Yucatán, México
qdomin@tunku.uady.mx