Estimado Teodoro:
Aunque sigo los debates, nunca he intervenido. Hoy me decido
porque tu última intervención (nº 26) me ha incitado. Así que
te agradezco, como a todos, por enriquecerme.
Creo que la historia ni debe explicar, ni justificar. La historia
como problema, afortunadamente que se ha dejado atrás y hoy nos
centramos en la comprensión e interpretación del pasado. O sea,
la relación causa-efecto, al menos para mí, no es el objetivo
de mi actividad como historiador. ¿Tienen justificación o
explicación todas las atrocidades que se han cometido? Para mí,
no. Las recuerdo, las contextualizo y las interpreto a la luz de
un marco teórico que, además, es cambiante.
Efectivamente la historia se fundamenta en el recuerdo. Sin
memoria, no hay historia. Pero yo no me siento culpable de los
hechos de otras personas que vivieron hace cinco siglos. Como
nunca he entendido, en el caso de que hubieran existido, el hecho
de que por culpa de Adán y Eva, todos los mortales tengamos que
pagar por comerse una manzana. ¿Cuántas veces hemos pagado la
condena? ¿Eternamente me tengo que lamentar de las atrocidades
que se han cometido en todos los lugares en nombre de la ley, de
la autoridad, de la religión o de qué sé yo?
El historiador no es un juez que condena o aprueba un pasado que
ya fue juzgado o silenciado en su momento. ¿Para qué sirve que
condene tantas injusticias que se han cometido a lo largo de la
historia? ¿Quién soy yo para sentenciar?
En cuanto a pedir perdón, estoy contigo en que es un montaje. Yo
no pido perdón por algo que no me responsabilizo; porque aún en
el caso de que yo hubiese existido en aquellos momentos a los que
aludes, lo normal es que hubiese pertenecido al grupo de los
marginados o dominados; o sea, el grupo de quienes ni pinchan ni
cortan. Estaría bueno que me sintiera culpable por los delitos
cometidos por los mangantes y los déspotas.
Por último, ni justifico ni explico las atrocidades, ya lo he
dicho. Por eso mismo, ni explico ni justifico las barbaries ni
las matanzas (no se trata de defensa propia) vengan de donde
vengan y las haga quien las haga. En el caso de la ETA, por más
argumentos que encuentre para interpretar sus asesinatos en el
marco de un Estado de derecho, no los puedo justificar.
Es un problema complejo que pretenden solucionarlo con la fuerza
que da el tener un arma a su disposición. Es fácil asesinar. Si
estamos en contra de las injusticias del pasado ¿por qué no de
las del presente? ¿Acaso no es una violencia la imposición de
criterios por la fuerza de las armas o el aniquilamento de
quienes discrepan? ¿Todos los vascos tienen que pensar como los
pertenecientes a ETA?
Por lo demás, me solidarizo con tus preocupaciones sociales.
Saludos.
Miguel.
Miguel Beas
mbeas@ugr.es
Universidad de Granada