Lic. Aitor Pérez Blázquez
Estoy totalmente de acuerdo con usted. Yo no hubiese visto
Troya si mis hijas de 10 y 12 años no me hubiesen
insistidoen que las llevara al cine a ver la película. Como usted dice, se
la pasaron preguntando y ante mi admiración conocían a
varios de los personajes. Así que no sólo en España. En
México el sistema educativo nacional pasa por una severa
crisis. Los personajes de la Iliada y La Odisea son luego
desconocidos hasta para los chicos y chicas de Bachillerato
que tienen que leer las versiones sintéticas de los libros
de texto obligatorio. Pero la generación de hace unos años
experimentan lo que en México también se ha denominado el
fenómeno Harry Potter y es que a partir de los libros del
mago los niños se han aficionado cada vez más a la lectura. En
México el fenómeno de la carencia de
lectura era alarmante a principios de la década de los 90,
cuando los jóvenes no leían más que lo mínimo necesario
cuando no mucho menos. Los especialistas en aquellos años
recomendaban a los padres regresar a la vieja costumbre de
contar cuentos a los hijos en sus camas y algunas escuelas
emprendieron programas como el de llamar a los abuelos a
contar cuentos a los niños en las aulas.
Efectivamente,
por lo menos mi generación se interesó en la historia por
grandes cantidades de películas sobre la II Guerra Mundial
o las superproducciones que con todas sus críticas nos
aficionaron a pensar el Imperio Romano. No todas son muy
malas, algunas ejercieron especial influencia como 1900 de
Bernardo Bertolucci o la Batalla de Argel. En lo personal
pienso que el Cine es sumamente benéfico pues recrea
atmósferas que nos permite acercarnos a la reflexión del
pasado. Fundamental para la enseñanza de la historia y la
motivación necesaria para su estudio.
Un saludo
Mtro. Arturo
Luis Alonzo Padilla
ESCUELA NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA
México