Estimad@s contertuli@s y lister@s, la cuestión vasca europea
nos ha llevado a la indígena americana y ésta al asunto de las
responsabilidades históricas que merece a mi entender
tratamiento de por sí. Comienzo por despejar el planteamiento
que me parece extraviado. No se trata en ningún caso de que l@s
hij@s y descendientes más remot@s puedan considerarse
responsables de genocidios cometidos por sus ancestros, como
fuera ciertamente el caso de la invasión europea de Abya Yala o
América. Un principio sano del constitucionalismo es el de la
negación categórica de cualquier tipo de sucesión en la
resposabilidad criminal, lo que no estaría mal que aplicásemos
también a nuestrios juicios históricos. No creo que importe por
lo tanto que l@s descendientes de quienes cometieron genocidio
estén hoy por América o por Europa. En términos individuales,
tod@s somos inocentes de aquello. Pero esto no liquida el asunto.
La responsabilidad puede ser otra y ésta además actual.
No sólo hay sucesión individual y familiar, sino también
cultural y política. Ahí entramos nosotr@s, l@s europe@s, y en
primera línea, l@s de España y Portugal, l@s de unas entidades
políticas que no existen más arriba del siglo XIX, pero que
como tales fueron sucesoras en lo político y en lo cultural de
unas Monarquías y de una Iglesia promotoras del genocidio. Unos
Estados heredan responsabilidades y así también, como sus
ciudadan@s, lo hacen unas gentes, nosotr@s. Sentado el principio,
la respuesta no está dada, sino que surgen las preguntas.
Primero pregunta, ¿responsabilidades con quienes? No
desde luego con los hermanos y cómplices, como diría el poeta,
con quienes pasaron a improvisar Estados por América excluyendo
a la humanidad indígena, sino con ésta preciamente, con quienes
fuera víctimas del colonialismo europero y lo serán ahora del
criollismo americano.
Segunda pregunta, ¿responsabilidad, cómo? Aquí entra
lo del perdón. Pero una cosa es pedirlo y otra merecerlo, pues
por medio anda todavía la inconsecuencia. ¿Qué
sentido tiene manifestación alguna sin secuela ninguna? Un daño
como el de aquel genocidio no puede desde luego repararse, pero
esto no quiere decir que no quepa hacer nada, sobre todo porque
existen pueblos que descienden de los invadidos y masacrados. No
tod@s somos mestiz@s. Por América hay entre treinta y cuarenta
millones de indígenas, de gentes con este sentidos de la
identidad porque conservan lenguas y culturas anteriores a la
invasión europea. Son ell@s con respecto a quienes ha de
plantearse la responsabilidad de España y Portugal por el
colonialismo pretérito, de los Estados americanos por el
presente y de la Iglesia católica por ambos, pero
¿cómo?
Hay medios. Hoy por ejemplo, desde 1989, existe un convenio de la
Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas
que, dadas sus limitaciones, no levanta entre ellos precisamente
entusiasmo, pero que se está convirtiendo en un primer paso para
el reconocimiento comprometido de la responsabilidad pendiente.
Como guía para una ayuda exterior que comience por respetar y
dar voz a los pueblos indígenas dejando de considerarles como
apéndices de los Estados en cuyas fronteras se encuentran, tiene
sentido la adopción de dicho convenio por parte europea. Y así
lo han hecho algunos Estados proponiendo además que la misma
Unión Europea se comprometa. España y Portugal se niegan. La
Iglesia católica ni se lo plantea. Y no es otra la actitud que
muestran ante el proyecto pendiente en Naciones Unidas de una
declaración de derechos de los pueblos indígenas ante el que
éstos están manifestando satisfacción y apoyo. España y
Portugal cierran filas con los Estados americanos que se
resisten. Pretenden incluso que otra cosa, una política
independiente de sus herederos coloniales por América, sería
una forma de neocolonialismo. Se contentan con contribuir
mezquinamente a un fondo de desarrollo indígena que no cuenta
con otra interlocución que la de los mismos Estados, en el plan
así todavía caritativo que ahora se dice solidario.
He ahí toda una política que para España se definió y
organizó en tiempos del gobierno socialista cobrando sobre todo
cuerpo con la inconsciente celebración del 92. No creo que esté
de más recordarlo porque representa exactamente lo contrario de
lo que estoy argumentando. La cuestión es de conciencia en su
doble sentido de reparar como darse cuenta y reparación como
hacer justicia. El perdón no está fuera de lugar, pero por sí
solo es una broma sangrante. Salvo mejor opinión. Saludos a
tod@s.
Bartolomé Clavero
Facultad de Derecho
Universidad de Sevilla
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