Habiendo dado una conferencia directamente inspirada por el
debate que nos traemos, circulo un telegrama o resumen, con mi
agradecimiento renovado para quienes nos ofrecen la comunicación
de este invento y mis saludos siempore cordiales a tod@s. He aquí
la exposición en dicha forma telegráfica para no abusar de
espacio:
De un acontecimiento histórico concreto al trato historiográfico
y de aquí a unas cuestiones.
1. ACONTECIMIENTO HISTÓRICO: a partir de 1609, en el
Seiscientos, el siglo XVII, expulsión casi completa por la
Monarquía dicha entonces católica, la española, de la población
morisca, la de procedencia islámica que generalmente mantenía
costumbres y lengua aún siendo ya cristiana.
* Limpieza étnica de entre un 5 y un 8 % de la población
peninsular, entre trescientos mil y medio millón de personas, así
diseminadas, las menos, por Francia e Italia y, las más, por el
mediterráneo musulmán, desde Estambul hasta el Magreb, hasta
Marruecos pasándose por Argelia y, sobre todo, Túnez.
* Expulsión total salvo un trío de personas mayores en los
"pueblos de moros" para transmitir las artes de la
agricultura a repobladores cristianos, y salvo también no sé
sabe cuantos niños para que no perdiesen el cristianismo.
* Con los bienes muebles que pudieran transportar personalmente,
expoliándose todo el grueso, como las tierras, para indemnización
a los señores de los lugares por la pérdida de vasallos. Y con
fuertes penas para todos los vecinos donde se descubriera
ocultación y destrucción de bienes.
2. TRATAMIENTO HISTORIOGRÁFICO: el asunto de la presencia
musulmana y luego morisca no por sí mismo, sino por su
significación y alcance para una historia española. Piedra de
toque fue el gran debate del exilio entre Américo Castro y
Claudio Sánchez Albornoz sobre la esencia histórica de España.
* A. Castro, "España en su historia: Cristianos, moros y
judíos" (1948), luego "La realidad histórica de España"
(1954). La clave es la tríada o trinidad, no de dioses, sino de
cristianos, moros y judíos como elementos formativos del carácter
español.
* C. Sánchez Albornoz, "España un enigma histórico"
(1956). El enigma es certeza: de la España latina y cristiana,
prejudía y premora, resultando éstos, el hebreo y el islámico,
unos factores de envilecimiento y degradación de la nación española.
Expulsión entonces providencial.
* Fuerte contraste de posiciones contrapuestas, pero algo en común
que ahora importa más: lo español como espacio y medida de una
historia con supeditación e incluso desprecio del resto. Los
mismos elementos judío y morisco, si interesan tras las
expulsiones, es por el grado en que mantienen características y
usos españoles, con la lengua (mayor atención consiguiente a
los sefardíes, judíos hispanos, puesto que la tuvieron y en
parte mantienen).
* Resultado de doble expulsión, la del pasado y, lo que es peor,
la del presente, doble a su vez también ésta, en la
representación historiográfica o también social y en la
realidad respecto a la población afectada que guarda memoria.
Síndrome de extrañeza y extrañamiento no sólo español. Otro
ejemplo significado de por entonces: Fernand Braudel, "El
Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe
II" (1949-1966), con atención creciente a la cuestión
morisca por su importancia histórica no sólo en efecto española
y por asimilación anacrónica con el fiasco rotundo de la
Argelia francesa.
* Tercio de F. Braudel: "No se trata de saber si España lo
hizo bien o mal [si tiene razón Sánchez Albornoz o Castro],...
sino de saber por qué lo hizo... Porque el morisco permaneció
absolutamente inasimilable". ¿Imputación a la víctima?
Más bien, en su visión, a nadie: choque que entiende inevitable
entre religiones o, como las conceptúa, civilizaciones. Choque
imputable entonces a la época.
* ¿Imputable entonces a todos? ¿Todas las religiones eran tan
intransigentes y así incompatibles? ¿Lo eran incluso
todos los cristianismos? ¿Y no constituyen los mismos moriscos,
cristianos de costumbres islámicas, prueba de otra cosa, de que
las grandes religiones no lo son todo o que no son tan cerradas
por mucho que alguna, como la católica, lo intentase? ¿Hubo
algo por entonces equiparable a aquella expulsión en áreas
musulmanas, alguna cosa siquiera parecida por el imperio otomano?
* F. Braudel mira a Turquía como "mundo mediterráneo",
pero con atención desigual y desvaída que no dota de entidad a
la presencia musulmana. La época es para él "de Felipe
II" y la medida del tiempo la era cristiana. Yo mismo he
empezado hablando de Seiscientos y siglo XVII.
* Amago ligerísimo de giro en algún momento posterior (1977, prólogo
a "Moriscos y cristianos" de Louis Cardaillac):
religiones, civilizaciones... o culturas, término éste menos
global y mucho menos cerrado, más dúctil, múltiple e
intercomunicable. En todo caso y en el significativo de Braudel:
encierro en la propia cultura muy poco consciente pese a las
mismas pretensiones en contrario. La clausura se apuntala con la
misma categoría de las civilizaciones, que nunca abandonó.
Por aquellos años de AC, SA, FB,... por los cincuenta y los
sesenta, para encontrar otra posición en la historiografía
europea, una más sensible, hay que ir a sectores menos
profesionalmente historiográficos, así a la "Historia del
antisemitismo" de Leon Poliakov, cuyo segundo volumen,
"De Mahoma a los marranos" (1961), no deja de ocuparse
de los moriscos.
3. UNAS CUESTIONES. ¿Qué historiografía y cómo?, pero también,
¿qué derecho y cómo? Existen, ante la historia, ambas
cuestiones, no sólo ¿por qué se hizo?", sino también,
pese a Braudel y a tantos, "si se hizo bien o mal", y
no exactamente en el caso por España. Veamos.
* Una historia entre culturas mejor que entre civilizaciones,
historia de reconocimiento y comunicación interculturales, lo
cual resulta imposible para una historiografía que comienza por
retroproyectar, como naciones, Estados (España, Francia,... o
también Turquía), y más en general, como civilizaciones, unas
religiones así además cerradas sobre sí mismas y abocadas
entonces al choque, al famoso clash of civilizations. Tal
historia, la intercultural, no puede ser producto de una persona,
ni de Braudel siquiera, porque no cabe que lo sea de una cultura,
ni de Felipe II ni de la era cristiana. Nadie ni ninguna tiene
las claves, sino el diálogo y la colaboración en pie de
igualdad entre culturas, tampoco exactamente entre Estados ni
tampoco entre civilizaciones que se entienden superiores.
* Un derecho por razón entonces de historia. ¿Cabe? Síntoma:
cuando los cristianos hispanos expulsan a otros hispanos, a judíos
y moriscos, entendían estar ultimando una re-conquista, actuando
con este derecho, tras más tiempo del que ha transcurrido desde
entonces, desde las expulsiones, a hoy. Háganse los cálculos
entre la presencia musulmana desde el siglo VIII, la expulsión
en el XVII y la actualidad en el XXI. Mas no es ahora cuestión
proponible la de una contra-re-conquista o re-re-conquista. Hoy,
la guerra no es procedimiento jurídico, o no debiera, y los
descendientes de conquistadores también tienen sus derechos.
Pero ¿no puede plantearse resarcimiento o reparación comenzándose
por el derecho al retorno? En la caza del emigrante por el
Mediterráneo puede que se estén cometiendo re-expulsiones,
rechazos de descendientes de aquellos otros expulsados.
* ¿Hay todavía algún derecho para la parte agraviada? ¿Los crímenes
de lesa humanidad, como lo fuera aquel, prescriben? ¿Existen aún
unos sujetos? La responsabilidad ni fue entonces ni sería hoy
individual, por lo que tanto da que Felipe II o Felipe III, quien
rubricó la expulsión, lleven tiempo bien muertos. ¿Existen los
sujetos colectivos, el culpable beneficiado y el inocente
damnificado? Unos agentes del crimen: Monarquía e Iglesia católicas,
la primera hoy, por sucesión, el Reino de España. Unas víctimas:
comunidades humanas que aún existen y guardan memoria (Miquel de
Epalza desde 1973, "Los moriscos andaluces en Túnez").
¿Crédito también en forma política y económica para unos
Estados por representación de unas comunidades? Esto último es
dudoso, pero cabe igualmente plantearse si se ofrecen garantías.
* Enseñanzas de la historia frente a la segunda expulsión, la
del presente, la que ahora importa: también la historiografía
sirve para hacer justicia y no sólo para pedir perdón, toda una
broma lo segundo si no va acompañado por lo primero o no se
dirige ni conduce a ello, a la justicia, cosa más importante
desde luego que ninguna ciencia. Pese a la propia pretensión de
asepsia y neutralidad como profesión científica, la
historiografía puede encerrar hoy más valor para el derecho que
para otra cosa ninguna.
Bartolomé Clavero
Facultad de Derecho
Universidad de Sevilla
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