Estimado Dr. Barros y amigos de
HaD
Comparto las impresiones del Dr. Bezerra de Menezes (HAD Colón 13)
respecto a las actitudes sentimentales que ciertos historiadores (p.e.
Pierina VIllamizar, HAD Colón 12) demuestran sobre este tema. Desde
mi punto de vista, y creo que el de muchos, el trabajo del
historiador se fundamenta en la interpretación (lo más objetiva
posible) de unos hechos claramente objetivos y finitos, sucedidos y
terminados en el pasado (remoto o inmediato), y por lo tanto que ya
no volverán a repetirse. Tal vez esos hechos no son como hubiéramos
querido que fueran, o como debieron ser (según nuestra mentalidad
actual), pero así es la historia.
El problema por lo tanto no está en la historia en sí (hechos) sino
en su interpretación. Pues, como bien vale recordar, los discursos
históricos que sobre este tema del
descubrimiento/conquista/dominio/destrucción de América, surgen tal
como lo afirma Manuel Burga para el Perú desde el mismo momento en
que los cronistas, especialmente el Inca Garcilaso de La Vega y el
Padre Bartolomé de las Casas, empezaron a escribir/describir lo que
ocurrió.
¿Podremos, alguna vez, llegar a un acuerdo en nuestras
interpretaciones sobre lo que sucedió? Y más aún, ¿alguna vez
llegaremos a conocer, objetivamente, tal y como fue lo que sucedió
entonces? Sinceramente creo que no. Pero no puedo dejar de expresar
mi protesta cuando encontramos opiniones fundamentadas únicamente en
un sentimiento de revancha.
Efectivamente, tal actitud no sólo se demuestra en unos adjetivos
calificativos (positivos o negativos) utilizados para explicar (yo
diría denunciar) este hecho; para mí, el conflicto se hunde en un
plano más profundo: el de los anhelos y deseos de una persona, de un
grupo, de una sociedad.
¿Qué hubiera pasado si Colón no pisaba estas tierras del Nuevo
Mundo; por el contrario, se quedaba en su casa? ¿Realmente creemos
que nunca hubieran llegado a las costas del Caribe los españoles,
los ingleses, los portugueses o los holandeses? Y siguiendo con esta
lógica ucrónica, ¿los Incas hubieran llegado hasta las mismas costas
de Colombia o Venezuela o por el contrario se hubieran partido en
dos grandes imperios (quiteño y cuzqueño)?
Creo que el discurso nacionalista es incoherente con la actitud del
historiador. Su apasionamiento y su ceguera lleva a odiar el pasado
(porque ser como fue); a imponer su lectura, su visión del mismo
(ajena a lo objetivo); se erige como única verdad que llevará a un
paraíso terrenal desconocido (e imposible). En pocas palabras, es un
mesianismo mal entendido y dirigido.
Víctor Velezmoro Montes
Facultad de Ciencias y Humanidades
UNIVERSIDAD DE PIURA - Perú