Debates


Colonización y perdón de España

 
 
España, su deuda y su perdón

Intervención de David Pavón Cuéllar
(Universidad de París 8)

Seré contundente y provocador:

1. No hay que discutir si Europa contrajo cierta deuda con sus antiguas colonias. Esta deuda existe. Nadie tiene derecho a ponerla en tela de juicio. Quien lo haga, no debería merecer ninguna atención de nuestra parte. Ni siquiera merece que lo refuten la Historia y los historiadores, la Universidad y los universitarios. Ya no está entre nosotros. Su caso ya no pertenece a nuestro fuero. Tendría que ser condenado por la Justicia, tal como lo son aquí en Francia quienes cuestionan el holocausto judío.

2. Si confiamos en la Real Academia Española de la Lengua, una deuda es una “obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero”. España, lo mismo que las demás potencias coloniales europeas, tiene pues una obligación de pagar, satisfacer o reintegrar algo a centenares de millones de personas que habitan fuera de su territorio. Esta obligación existe. Por ahora, puedo constatar que España no la cumple. También puedo prever que no la cumplirá en el futuro. Mi ocupación es constatar y prever, pero no reclamar. Esta ocupación mezquina, que desprecio profundamente, prefiero dejársela a los protagonistas de la historia.

3. La historia lleva prisa, no se detiene y todo lo trastorna. Entre Varsovia y Palestina transcurrieron menos de cincuenta años. Tal vez mañana sean las antiguas colonias las que se permitan contraer una deuda con las potencias europeas. Quizás mañana se esté precipitando ya sobre nosotros. Hay indicios que parecen confirmar nuestros peores temores en este sentido. Me temo que los acreedores llegarán, tarde o temprano, con máscaras tan aberrantes como las del islamismo radical. Desconoceremos entonces la razón última de su lucha, una razón que ellos mismos desconocen a menudo. No podremos sino deplorar su “barbarie”, la de quienes debían tarde o temprano acabar con este nuevo Imperio Romano.

4. Ya no hay nada que se interponga entre el Imperio y la Barbarie, entre el primero y el tercer mundo. Si fuera profeta, pronosticaría un enfrentamiento inevitable. Sin embargo, no soy profeta. Debo equivocarme... ¡Qué alivio! Podré seguir durmiendo tranquilo aquí en Europa, lejos de los países cuya explotación permite mi bienestar.

5. En lugar de pagar la deuda contraída con sus antiguas colonias, Europa no deja de incrementarla mediante unos intercambios comerciales poco equitativos, por no decir injustos y desequilibrados, a los que no es oportuno referirse aquí.

6. No puedo sino sonreír ante quien pretende que la España que tiene la deuda ya no existe. Si esa persona moral española ya no existe, si no hay una cierta continuidad en el tiempo de la identidad nacional de España, pido entonces que se invente un nuevo término para denominarla y evitar así confusiones. De paso, invito a todos los españoles a renunciar a un inmenso patrimonio cultural que habría pertenecido a esa España que ya no existe, me refiero a los libros de Cervantes, a las pinturas de Velázquez, a la música de Soler y a todo lo demás -entre lo que incluyo un Escorial construido con mi oro y con mi plata, pero al que debí pagar, por entrar, el doble de lo que pagan los europeos. Si España se adjudica lo que no pudo construir sino gracias a la explotación de sus colonias, pienso entonces que debe asumir la responsabilidad de la deuda contraída mediante dicha explotación.

7. Si la persona moral española tiene una deuda con sus antiguas colonias, esto no quiere decir que los españoles, como personas físicas, deban asumir todos y cada uno de ellos esta deuda. La gran mayoría de aquellos a los que llamamos españoles también fueron explotados como nosotros. No se les puede reclamar ahora una compensación por aquello de lo que no sacaron ningún provecho. He debido vivir en Galicia para comprenderlo. Y he debido vivir en México para comprender que nuestros criollos han explotado y siguen explotando tanto como los peninsulares.

8. La persona moral de España tiene mala memoria. Si ya está olvidando su guerra civil, ¿cómo pedirle que recuerde sus cuentas pendientes con Asia, África y América Latina? ¿Cómo pedirle que nos pague lo que nos debe? ¡Si ni siquiera nos quiere pedir perdón!

 

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