Debates
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Innovación y compromiso |
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[Nota: respuesta de Carlos Barros sobre el tema
del paradigma digital y el compromiso historiográfico en la
entrevista en portugués publicada digitalmente en la 8 ª
edición de julio de 2005 en la Revista Cantareira de la
Universidade Federal Fluminense, Rio de Janeiro]
9) A utilização da Internet e outras mídias como forma de acesso inovadora à produção historiográfica, em toda sua diversidade, e às diferentes fontes de construção do conhecimento histórico desde o início da educação escolar seria uma maneira de formar um público novo, ou até de aproximar um possível público já existente, para uma produção científico-intelectual que tende a ser mais voltada para a academia? Até que ponto e de que forma a utilização de novas mídias pode aproximar a academia da sociedade como um todo?
El nuevo paradigma digital de las comunicaciones
está permitiendo dejar atrás el academicismo en el que recayó la
generación del 68 a partir de los años 80. Academicismo
historiográfico de raíces tradicionales, aunque se diga
posmoderno, responsable del conservadurismo historiográfico de
no pocos de nuestros jóvenes estudiantes y licenciados de
historia. Los efectos nocivos de esta vuelta al academicismo, es
decir el individualismo y la disociación de lo social, se
retroalimentan, por lo que han de superarse al tiempo. De nada
vale, pues, el uso individual o en pequeños grupos de las nuevas
tecnologías de la comunicación “hacia fuera” si no somos capaces
de incidir en nuestra disciplina “hacia dentro” para sacar de su
minoridad o marginalidad el manejo de los actuales medios.
Volver a conectar con la sociedad y las instituciones está
permitiendo ya la revitalización de sectores importantes de la
historia académica, aquí y allá, cuyo contacto con el “exterior”
es bilateral, están predispuestos a aprender, no sólo a enseñar,
rebasando así se componente elitista que siempre ha tenido la
universidad, hoy especialmente peligroso para unas ciencias
humanas y sociales que no pueden avanzar sin el cordón
umbilical con la sociedad.
Dicho de otro modo, con ser importante, la
conexión digital no es suficiente, incluso es claramente
insuficiente, para restablecer unas relaciones fluidas del
oficio de historiador con la sociedad “como um todo”, toda vez
que el desigual desarrollo de Internet implica un nuevo tipo de
separación entre la academia y la sociedad. Internet nació en
las universidades que tienen, y siempre tendrán, mejores
condiciones de acceso que el resto de la sociedad. Brecha
digital y social que se agrava, como es sabido, en los países de
América, África y Asia, donde amplios sectores de la población
no tienen todavía cubiertas sus necesidades económico-sociales y
derechos humanos más perentorios. Por este, y otros motivos,
estamos obligados a combinar los nuevos y los viejos modos de
comunicación social a fin de restaurar el vínculo natural entre
historiografía, sociedad y política. En realidad, el nuevo
paradigma (consenso) que HaD propone y practica en cuanto a
sociabilidad historiográfica reside en la mezcla de lo digital
con lo convencional (viajes de intercambio, presentaciones,
congresos cada cinco o seis años), siempre dentro de lo que es
nuestra dedicación prioritaria a la autorreflexión, la
investigación y la discusión sobre el método, la historiografía
y la teoría: dirigimos nuestro esfuerzo al interior de la
disciplina con el objeto de proyectar “extramuros” una
escritura, una divulgación y enseñanza de la historia más
adecuadas en sus enfoques y compromisos colectivos a las
necesidades presentes.
La innovación (tecnológica) y el compromiso
(interior y exterior) han de marchar juntos si queremos de
verdad una nueva historiografía para una nueva sociedad de la
información que incorpore los últimos sujetos históricos. Es un
craso error pensar simplemente que lo digital es el “futuro” y
el compromiso de la universidad con la sociedad civil es el
“pasado”, porque los más recientes agentes académicos y sociales
están retomando, en la práctica y en la teoría, utilizando
intensivamente la red, la vieja idea contemporánea del
compromiso intelectual (nacida en Francia en 1898 con el
J’acusse de Emile Zola) con nuevos modos y contenidos,
basados en la diversidad, la pluralidad y los grandes “valores
universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y
democracia” (punto XVI de nuestro Manifiesto historiográfico)
que la globalización está, paradójicamente, promoviendo como
nunca en la historia.
Historia a Debate es, en este sentido, un
laboratorio de experimentación que ha dado ya buenos resultados
conectando creativamente universidad con sociedad, historia con
actualidad, preparando a la comunidad internacional de
historiadores para la historia, el mundo y la universidad que
vienen, demostrando por la vía de los hechos, en suma, que “otra
historia es posible”.
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