Debates
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Innovación y compromiso |
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Hola a tod@s
Los acontecimientos de las últimas semanas han despertado
en mí muchos sentimientos y emociones, y también algunas
preguntas sobre la clase de mundo que estamos legando
a nuestr@s
hij@s.
Pero el dolor y la ira, muy humanos y muy lícitos, son el papel y
la tinta con que se escriben los panfletos. Y sobre todo -ya lo
están demostrando otros en Irak y en muchos más lugares- no
son las herramientas más adecuadas para construir un futuro
mejor.
Quizás much@s
aún piensen que la
principal función de la ONU ha sido y es ésa, hacer un mundo más
humano. Pero se engañan. Nació como producto y, al mismo tiempo,
como instrumento regulador de un nuevo orden internacional que se
venía pergeñando desde finales del siglo XIX. Su gestación
provocó conflictos finalmente ventilados en la Gran Guerra, y mal
solucionados con la fundación de la Sociedad de Naciones. La
particularidad de la ONU reside en la irrupción de otros agentes
en los conflictos internacionales: los estados socialistas y el
Tercer Mundo. Las características del Consejo de Seguridad y de
las Naciones Unidas en general así lo reflejan.
La ONU está tocada de muerte porque ese orden se ha
transformado tanto que ya es otro. El Imperio se ha fraguado sobre
la derrota del bloque soviético y el fracaso final de los
procesos de descolonización. Aunque tampoco coincide exactamente
con el Occidente tradicional, con el centro capitalista. La
Globalización, el proceso de construcción del Imperio, ha
mundializado el capital y el entramado de intereses de los grupos
dominantes.
El Imperio lo domina todo, los hechos y su interpretación.
Sus vasallos y esbirros reinventan la realidad y el lenguaje. El
saqueo y la expropiación más descarados ahora se denominan reconstrucción.
El derrocamiento de un tirano (antes armado hasta los dientes)
para situar otro (capitalista corrupto antes que dirigente político),
a costa del genocidio del pueblo irakí con dos guerras y un
embargo devastadores, es ahora una liberación.
El Imperio actúa en todo el planeta en nombre de la
democracia y las libertades, siendo su mejor propagandista. Pero
se construye quebrando los derechos humanos individuales y
colectivos a escala global, destruyendo la democracia y, sobre
todo, la vida. Sabemos cómo lo hace en África, Asia y América
Latina, con la extorsión y la violencia. Y también hemos
comprobado cómo miente y manipula a la ciudadanía en América
del Norte y Europa. Si no consigue engañarla, simplemente la
ignora.
Por ello, el Imperio está provocando el nacimiento de un
oponente a su medida: la ciudadanía global. Nada tiene que ver
con la opinión pública, comprometida mayoritariamente con
el proceso de globalización y principal instrumento del Imperio
en su permanente reinvención de la realidad.
Se trata de grupos centrados en la resolución de problemas
más o menos locales. Pero saben que están provocados por las dinámicas
globales, y construyen progresivamente su consciencia y sus
acciones comunes a través de la Red. Las ollas colectivas como
estrategia contra el hambre planificada, los presupuestos
participativos de Porto Alegre o los movimientos eco-pacifistas
–por citar ejemplos muy conocidos- están desarrollando, cada
uno a su manera, estrategias de auténtica participación democrática
en las decisiones políticas. Y vienen demostrándolo, desde hace
ya algunos años, con las movilizaciones y actos paralelos a las
cumbres del FMI o de la Unión Europea.
La guerra contra Irak ha ampliado extraordinariamente la
base social de esta ciudadanía global, al menos en los regímenes
representativos. La distancia entre las sociedades y
los estados ha evidenciado las enormes limitaciones democráticas
de la representación. Ésta no ha impedido a muchos gobiernos y cámaras
de representantes subvertir el significado político y ético de
los votos: la delegación del poder soberano del pueblo.
La ciudadanía global parece estar abriendo un frente de
algún modo en suspenso desde 1917, pero esta vez a escala
planetaria: el de la participación política en pie de igualdad
de todas las personas, la Democracia. Ya hay suficiente
experiencia y tecnología para hacerlo, y -justamente- es el tema
preferido de los criminales de estos tiempos. Veamos hasta dónde
están dispuestos a llegar.
El papel de las comunidades historiográficas en este
indudable proceso de cambio histórico dependerá también de su
ambición, al menos en tres asuntos: el análisis del
presente, la interdisciplinariedad y los métodos. Son tres hitos
subrayados en el Manifiesto de HaD y tratados en diversos debates
abiertos en la actualidad.
En mi opinión deben ser asumidos conjunta e
inseparablemente, porque están muy vinculados entre sí. Y deben
ser afrontados, también simultaneamente, en nuestros dos ámbitos
de actuación profesional: la investigación y la enseñanza. Esos
son los compromisos que reclama la necesaria innovación
historiográfica. El acercamiento al presente, a la Historia, así definido, dibuja una frontera precisa. Pero no entre el compromiso y un imposible e inexistente no-compromiso. Sino entre quienes rechazan el mundo que algunos están modelando a su exclusiva medida, y quienes no lo hacen. ¿Dónde está toda esa caterva de tele-historiadores que tanta exégesis hizo de la caída del Muro de Berlín hace ya más de diez años? Su actual silencio también es compromiso.
Domingo Marrero Urbín
Profesor de Enseñanza Secundaria
Las Palmas de Gran Canaria
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