Debates


Innovación y compromiso


Estimado Sr. López:

En primer término tengo que reiterar que la cuestión de las deudas históricas, a cargo de los españoles, de los alemanes o de cualquier otro pueblo, no son materia de este debate que, originalmente, versaba sobre la cuestión de la Innovación y el Compromiso, no sobre ese asunto, no obstante y ya que insiste en él, sea pues.

Primeramente, le felicito por su sarcasmo, aunque me parece que poco viene a cuento en un debate que pretende ser serio, aunque, si ese es el tono, sea. En segundo, le felicito más aún por su extraordinaria capacidad de extrapolación. Podrá usted disentir en mucho de mis opiniones, y me congratulo de que así sea porque es precisamente el disenso el que enriquece el debate, empero, no podrá negarse que la diferencia entre un proceso de conquista y colonización derivado de un descubrimiento geográfico en el que, desafortunadamente, se cometieron abusos y atropellos que, sin duda, lastimaron de una u otra forma a los más débiles de los involucrados, tiene poco que ver con el exterminio premeditado y sistematizado de un grupo racial, extermino cuyo fundamento, por lo demás, no fue no fue sino el odio injustificado. Es decir, las manzanas con las manzanas y las peras con las peras, de lo contrario no llegamos a nada concreto y vamos a terminar por decir que la conquista de España por los musulmanes o de Rumania por los turcos (y es un tema al que me he referido ya en otra oportunidad) fue un genocidio y que, de pronto, todos nos tenemos que sentar a hacer cuentas unos con otros a ver cuánto nos debemos, y me voy, sin ánimo de burla, al absurdo, y me pongo a pensar ¿Cómo haríamos en el México de hoy, para clasificar, primero, quiénes son descendientes puros de los aztecas, para que ellos, entonces, paguen la deuda histórica que tienen con todos los pueblos que, en su momento, les estuvieron sometidos y de los que extrajeron, no sólo tributo, sino prisioneros para sacrificios? ¿Cómo determinaremos quiénes son puramente descendientes de esos pueblos sometidos, para que puedan cobrar la deuda? ¿Cómo decidir quiénes, entre los franceses, son sólo descendientes de los galos, de modo que puedan acudir a los descendientes de los romanos o, cuando menos, de Julio César, a cobrar lo que les corresponde?

Hay que mencionar, también, que esas deudas que usted califica de históricas, que Alemania ha tenido con Israel son, en realidad, deudas jurídicas, derivadas de situaciones muy específicas de Derecho Internacional Público que dan validez jurídica al asunto, procesos de Derecho Internacional Público que, por lo demás, tienen implicaciones excepcionales de Derecho Penal y que no vienen a cuento en este momento.

Por otra parte, me imagino que la diferencia entre liberarse del rencor histórico y social y olvidarse de la historia es clara para cualquiera ¿O me equivoco? Pongamos por caso que un encomendero cualquiera, Don Juan Bautista de la Peña, por inventar cualquier nombre, haya sido un auténtico salvaje y haya hecho trabajar a sus encomendados en condiciones deplorables hasta la muerte. Nadie está proponiendo que el relato de los atropellos y crueldades de Don Juan Bautista de la Peña sea eliminado de los anales de la historia, lo que sí estoy proponiendo es que la historia no se enseñe con la finalidad de alimentar en los mexicanos (venezolanos, colombianos, guatemaltecos, etc.) un rencor inútil en contra del llevado y traído Don Juan y su descendencia que lleve a los supuestos descendientes de las víctimas a colocarse en el papel de sentir lástima por ellos mismos y esperar que la solución a sus problemas venga del tataratataranieto de Don Juan. Y a usted le puede sonar a guasa el ejemplo pero, toda proporción guardada, eso es lo que hacemos cuando estudiamos la historia con esa perspectiva. Y volviendo a su ejemplo de los judíos, nadie está proponiendo que se dejen de hacer películas sobre el holocausto (algunas de ellas de excelente calidad cinematográfica, por cierto), nadie propone que se dejen de escribir libros sobre el particular, pero si la historia en Israel se enseña (cosa que ignoro) para infundir en los jóvenes el odio hacia todos los alemanes (y los ingleses, y los españoles, y los franceses, porque hay que reconcer que si un pueblo ha sufrido en el mundo ese ha sido el judío), entonces sí propongo un cambio de visión. Si la historia en Israel se enseña para que los jóvenes israelitas atribuyan todas sus desgracias a la historia y se alimenten indefinidamente de ese rencor que ata y que no permite avanzar, entonces sí propondría un cambio de miras.

En el fondo, no se trata, como usted dice, de ignorar la historia, se trata de saber qué hacer con ella. Todo conocimiento puede obrar en nuestro perjuicio o en nuestro beneficio, todo está en el uso que le demos y ese es el quid del asunto ¿Cómo debemos enseñar la historia para que sea un motor de progreso y no un lastre? Si tenemos valoraciones que aportar, aportémoslas, pero no viciemos la historia. Por lo demás, tenemos que aceptar que los sucesos del pasado no se pueden cambiar, aún si hoy el Rey Juan Carlos pidiera formalmente disculpas a todos los pueblos americanos por los abusos de que fueron víctimas, no nos veríamos beneficiados en nada (aunque sería un acto de buena voluntad, tal vez) porque eso, ni cambiaría los acontecimientos ni nos ayudaría a superar los aspectos ideológicos que tanto nos retrasan, y esto no lo digo yo, que no soy ninguna personalidad en cuestiones históricas, lo han dicho quienes saben mucho más que yo, y comparto su opinión.

En cuanto a la cuestión de los niños que son obligados a ejercer la prostitución... de nueva cuenta me maravillo ante su capacidad de sacar las cosas de contexto. Un niño en la posición que usted refiere, naturalmente no es el responsable de su propia desgracia porque, precisamente, es un niño, una persona indefensa desde todos los puntos de vista al que no puede responsabilizarse de la mayor parte de las cosas que le pasan, para eso se supone que los niños tienen padres y se supone que ellos se hacen cargo de sus criaturas aunque, lamentablemente, ese no es muchas veces el caso. Ahora bien, por una parte, la prostitución infantil es un delito y los responsables deben ser castigados, por la otra, si bien ese niño no es responsable de su desgracia, sí será responsable cuando crezca, cuando sea un adulto (como los pueblos, que también maduran o deberían madurar), en el mejor de los casos, salga de esa situación, de superarla o, al menos, de hacer un esfuerzo por superarla. Si la persona decide quedarse toda su vida compadeciéndose y esperando lástimas de todo el mundo, es su elección y su responsabilidad, puede culpar a alguien por lo que le pasó, pero no puede culpar a nadie por no haber hecho ningún esfuerzo por salir adelante. Si, por el contrario, toma las riendas de su vida, enfrenta lo que le pasó y se decide a que eso tenga el menor impacto posible en su futuro, entonces se está haciendo responsable de su vida. Claro está que, para ello, necesitará ayuda, necesitará psicólogos y especialistas en educación infantil que puedan detectar su problema y le ayuden a superarlo y ese es, precisa y exactamente, el papel que deben jugar, por analogía, los historiadores que se dedican a la educación respecto de los jóvenes a su cargo, un buen educador en historia, además de narrar la historia con la mayor objetividad posible (llamándole, si es el caso, bruto al que fue un bruto y santo al que fue un santo) debe buscar la forma de que la historia opere en beneficio de sus educandos, no en su perjuicio, y creo que ya quedó demostrado que la perspectiva del rencor histórico no nos ha llevado a nada, de modo que probablemente sea momento de reconocer que los latinoamericanos somos un pueblo mestizo y que debemos estar orgullosos de ello por las maravillas de esa cultura mestiza.

Naturalmente, va usted a disculpar que no acepte el "reto" de enviar un comunicado a Israel pero me parece que he dejado claro que donde falta análisis serio no es en mi opinión. Por otra parte, si la escribiera, es evidente que la selección de copiados sería bastante cuidadosa. Por último, no hablo Hebreo y le vería poco caso a hacerles llegar un comunicado en Castellano y, en cualquier caso, seguramente que para los judíos sería de enorme valor sentimental recibir, no mi carta, sino una de usted manifestando su solidaridad con sus padecimientos históricos, es clarísimo que eso aliviaría todas sus penas, así que ¿Por qué no les escribe usted y, si quiere, me envía una copia? 

Saludos,

Ma. del Carmen Ordóñez López
Ordóñez y Asociados, S.C.
México