Para un historiador, situar los hechos en un lugar y en un
tiempo, o sea, contextualizarlo, es una acción ineludible, ya
que si no la Historia se convierte en un cúmulo de vanalidades
abstractas. Por otro lado, a veces es necesario contemplar pequeñas
magnitudes con el fin de proceder a su estudio de forma más
precisa. Además, debemos tener en cuenta que a la hora de
establecer magnitudes temporales limitadas, nos apoyamos en
hechos importantes para un grupo étnico, pero su consideración
está subjetivada, precisamente por ese mismo grupo y su devenir
histórico y cultural.
Por tanto, la periodización de la Historia es “ineludible”,
“necesaria” y sobre todo, “subjetiva”.
Si acudimos al diccionario de Autoridades (RAE), veremos dos
acepciones principales para “contemporáneo”: a) Que existe
al mismo tiempo que otra persona o cosa. b) De la época
actual
La segunda acepción podría confundirnos, porque si contemporáneo
es lo mismo que actual, ¿qué significado tendría hablar de
Historia Contemporánea y de Historia Actual?. La
terminología puede ocultar la trampa de querer hacernos creer
que sólo es posible hacer Historia con los hechos que superen
los cincuenta años, y que los más recientes sólo se pueden
someter a una investigación sociológica pero no histórica y
que, por tanto, es necesario establecer esa diferenciación que,
subjetiva como indicábamos antes, tendrá hitos diferentes según
la residencia del historiador.
La experiencia se revuelve y muestra multitud de ejemplos en los
que se está haciendo Historia e investigando hechos muy
recientes; a veces con la misma metodología y otras, con métodos
totalmente revolucionarios y novedosos.
No pretendía extenderme tanto, pero a veces, las cosas son tan
obvias que nos pasan desapercibidas y es necesario recordarlas
para volver a tenerlas en cuenta.
Un fraternal abrazo para todos.