Debates
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Fines de la historia |
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A Pedro Rodríguez Rojas:
El conocimiento histórico es el repertorio de las
posibilidades humanas. Eso dijo Arnold Toynbee, que no solo
escribió las bobadas sobre las leyes del desenvolvimiento
histórico, sino también un folleto muy interesante titulado Why
Study History? (TheThe Use and Value of History), hay traducción
castellana en Emecé publicada en 1966. Si la entendemos en esa
forma, con la modestia que nos corresponde, debemos utilizarla
para comprender lo que ha pasado y cómo llegamos a la situación
actual. No podemos arrancar el estudio del proceso histórico
pensando en buenos y en malos. No hay buenos ni malos, lo bueno
y lo malo cambia con las sociedades. Hay hombres y mujeres,
seres humanos con ciertas características y ciertas
posibilidades. Tanto la idea de progreso, como las etapas de
desarrollo de todas las sociedades, fue una creación del
Iluminismo Positivismo. Nos hicieron creer que eso era
ciencia, ahora sabemos que no era más que ideología. Esa
sucesión en sociedades salvajes, bárbaras y civilizadas, o en
estados teológicos, metafísicos y científicos no es más que la
justificación de los países que estaban en las etapas más
avanzadas del capitalismo, para justificar “científicamente” su
derecho a conquistar el resto del mundo para conseguir sus
materias primas, sus mercados, sus posibilidades de inversión,
en fin para la prosperidad de sus negocios. Nunca leí un
documento emanado de los grupos dominantes de Gran Bretaña,
Francia, Bélgica u otros de los países que se repartieron el
mundo en el siglo XIX, diciendo que iban a conquistar, ellos
siempre iban a civilizar, a llevar la ciencia, en otras palabras
a “ayudar”. Pero así surgió el desarrollo y la miseria de
algunas regiones del mundo. Esto no es porque fueran malos, ni
tampoco significa que los conquistados fueran buenos,
simplemente eran seres humanos en sociedades diferentes.
De todas las formas de organización social que
conocemos en el pasado, hay solo una para la cual la expansión
es esencial, hace a la esencia de la misma, es el capitalismo.
No por casualidad la palabra más utilizada por los gobernantes
actuales es “crecimiento” y los periódicos le dedican toneladas
de papel e ingentes cantidades de tinta.
Las sociedades expansivas del pasado tenían
límites muy claros. Si el Imperio Romano tuvo tanto éxito que
tuvo émulos hasta en el siglo XX, fue porque en el mundo
occidental llegó más lejos que cualquier otro, pero nosotros
sabemos que esa expansión finalmente le costó su vida. En el
capitalismo es diferente, cuando más se expanden más fuertes son
los capitalistas. La burguesía es la gente que descubrió que el
poder económico podía ser un fin en sí mismo porque con eso
compraba el poder político, social y de cualquier tipo. Pero
todas esas ideologías que tanto beneficiaron a Europa
Occidental, nosotros solemos pensar que nos perjudicaron. Todo
el siglo XIX hasta 1923 fue positivista. La Gran Guerra fue la
que llevó a ciertos individuos, también europeos, a pensar que
algo andaba mal si tanto progreso, tanta ciencia, tanta
civilización, tanta razón desembocaron en una matanza tan
absurda como esa. El primero que recuerdo que dijo algo parecido
fue Tristán Tzara, pero el primer libro que conozco que estaba
enfilado a combatir el positivismo europeo fue Le pensée sauvage
de Claude Levy Strauus, también hay traducción castellana en FCE.
Luego, las maravillas de la Revolución Industrial resultó que
fue realizada sobre la miseria y el exterminio de la mayor parte
de la población británica, según nos mostró Edwar Palmer
Thompson en The Making of the English Working Class, también hay
una triste traducción castellana hecha en Cataluña. No solo a
los países conquistados llevaron miseria y explotación. Vean que
ni el propio Marx pudo sustraerse de su época y también aplaudía
la invasión francesa de México y la de la India por los
británicos. El también fue un positivista y no es casualidad que
haya descalificado a sus antecesores resaltando que su
socialismo era “científico”. Esos otros buenos muchachos eran
“utópicos”. Qué buena broma ¿No? La antropología no es la
ciencia de los hombres primitivos. Si pusiéramos en juego
nuestros valores, muchos llegarían a la conclusión de que no hay
hombres más primitivos que los actuales. Lo que han existido han
sido diferentes culturas, diversas formas de organizar la
sociedad humana, diversas maneras de lograr el sustento
material, diversas formas de buscar consuelos espirituales. Si
el conocimiento histórico nos puede dar algo es exactamente eso,
amplitud para intentar explicarnos todo lo humanos, fuera de la
cultura que fuera y no descalificar a nadie porque sus
propósitos a nosotros nos puedan parecer nefastos.
Dirigida a Pedro, porque fue lo último que leí,
no es solo para él, salvo de los primitivos,
sino para muchas otras cosas que se han
escrito en los últimos meses. Ya es hora de que los
historiadores dejemos de “pelearnos a cachetadas con las
estatuas”, glosando la magnífica imagen de Benedetto Croce.
No puedo nombrarlos a todos ni contestarles uno por uno
porque la actual organización universitaria parece pensada
para no dejarnos debatir, pensar, cambiar ideas y todo eso
que es la esencia del trabajo intelectual
Un grn saludo a don Carlos en Santiago y a Pedro
en Venezuela aunque lo escrito no haya sido solo para ellos
Jaime Collazo Odriozola. Doctor en Estudios
Latinoamericanos. Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM),
Toluca, México.
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