Debates
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Historia y ética |
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El reconocimiento de las propias
limitaciones, subjetividades y, en fin, de nuestra pluralidad
política cuando investigamos y enseñamos historia no supone la
muerte de una ética común, de una "deontología"
profesional. Al contrario, la hace más necesaria.
La inexistencia de la Verdad histórica
absoluta no le resta un ápice de legitimidad a nuestras
verdades "relativas". Al contrario, las hace posibles
y, en definitiva, las realza como objetos producidos por una
incesante actividad negociadora entre seres humanos. No es nueva
la pugna entre las visiones (y las prácticas) teocéntrica y
humanista de la historia. Ahora mismo se está viviendo
intensamente en las calles de miles de ciudades de nuestra, aún
hermosa, Aldea Global.
La norma ética común no sólo es posible,
sino que es imprescindible para orientar esa negociación
permanente de las verdades históricas. Sabemos que tampoco es
algo nuevo: desde los orígenes de la Humanidad venimos
definiendo y delimitando principios éticos
"universales", y ha resultado generalmente ventajoso.
De hecho, valores como la veracidad, la
honestidad intelectual, la integridad personal o el afecto por
el otro han concitado un amplio acuerdo en este foro. Pero el
esfuerzo desplegado para definirlos y ordenarlos sería
totalmente estéril si no los practicásemos.
El respeto por una ética común, construida
desde nuestra extraordinaria diversidad, depende esencialmente
de cómo practicamos nuestro oficio: de nuestros método.
Expuesto de otro modo, una práctica "ética"
(ajustada a la norma) de la investigación y enseñanza de la
historia no puede ser el resultado de un acto volitivo, en cada
caso y en cada ocasión. Debe producirse en y por el desarrollo
sistemático de determinados procedimientos, comunes a
tendencias historiográficas, temas, metodologías,
fuentes...muy distintas.
¿Con cuánta ética profesional actuamos
cuando, por ejemplo, pretendemos enseñar historia del mundo
contemporáneo a un grupo de jóvenes (miembros plenos de la
Sociedad de la Información) con un libro de texto, el dictado
de apuntes y la lección magistral? Cuando hemos pensado y
escrito (si lo hicimos) "ese currículo" para ese
curso y esos grupos, ¿qué procedimientos de actuación hemos
omitido?
¿Con cuánta ética profesional actuamos si
en nuestro análisis ignoramos las tesis adversas de
"otros" sobre el asunto que estamos investigando? ¿Qué
procedimientos no hemos desarrollado para ser tan poco
objetivos, honestos, veraces y amables con "esos
otros"?
Nuestras prácticas de enseñanza y de
investigación sufren mayoritariamente ese problema. Son muy
poco éticas, a pesar de nuestra indiscutible honestidad
personal. ¿Por qué? Gracias a nuestra inconsciencia (en
ocasiones transformada en repulsión) sobre todo lo relativo a
"los métodos". Pero es muy coherente, insisto, con
los intereses hegemónicos de nuestro presente, que necesitan
convertir sus mentiras en verdades absolutas y su ética expúrea
en Historia Universal.
Un cordial y triste saludo a tod@s
Domingo Marrero Urbín
Profesor de Enseñanza Secundaria.
Las Palmas de Gran Canaria.
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