Es menester dejar de pensar los conceptos como herramientas al
servicio de un determinado paradigma historiográfico y creer que
como tales son incapaces de funcionar para contextos sociales
diferentes a aquellos en los que han sido producidos. Vale
citar, para dar cuenta de este punto, algunas reflexiones sobre
el tema recurrente en la historiografía actual de si se puede
hablar de ESTADO o de MERCADO en las denominadas "sociedades
antiguas". Ante este problema es común el argumento de que tales
conceptos no son plausibles de ser aplicados ya que se
corresponden con patrones de análisis de la modernidad y no son
útiles como elementos analíticos para estos períodos. Nada más
falso. En caso de utilizar cualquiera de estos dos términos con
una definición rigurosa ( v.g. ESTADO como institución con
monopolio de la coerción legítima sobre un territorio, etc.) es
factible proceder a contrastarlos con los conocimientos de las
sociedades en cuestión y ver si es o no posible su aplicación.
Es válido aclarar que para llevar a cabo tal labor es necesario
que se parta de un consenso acerca del significado de cada uno
de estos conceptos, puesto que no será igual la interpretación
del ESTADO desde una perspectiva weberiana o desde una marxista,
pero lo esencial es la uniformidad de criterios al realizar el
análisis.
Asimismo, este tema está muy vinculado con los anteriores
debates que se habían dado en torno a la cuestión del lenguaje y
del modo en que estaban redactados los mails que aquí se
publicaban. Hacer hincapié en la cuestión de que hay ciertos
conceptos que sólo son aplicables a determinadas realidades
sociales, no es otra cosa que defender el discurso de que el
lenguaje tiene un sentido inherente y que, por ende, puede ser
más o menos revolucionario escribir respetando o no las reglas
ortográficas. El problema, a mi entender, no radica en absoluto
allí, sino en el hecho de que el lenguaje es la herramienta que
nos permite comunicarnos de forma eficiente entre los seres
humanos y al no respetarla lo único que se logra es dificultar
esta comunicación. De lo anterior se sigue que la utilización de
conceptos fundamentales en lo que hace a la práctica del
análisis social debe estar acompañada por una clara definición
de las características que tales conceptos conllevan, pero jamás
se debe negar su aplicación a realidades diversas porque el
resultado que ello acarrea es fomentar un relativismo cultural
cuyos frutos en la investigación son altamente cuestionables.
Pablo Pryluka
Estudiante de Historia
Universidad de Buenos Aires
Buenos Aires, Argentina