El informe de la RAH ha puesto de manifiesto el gran interés
que han tenido, tienen y tendrán los políticos en la forma de
investigar, escribir y enseñar la historia. Pero ha puesto de
manifiesto otra evidencia. Y es el enorme interés e inquietud de
muchos historiadores en hacer política. Está bien que se
escriba una historia de España, de Cataluña, de Galicia, de
Murcia, pero contando principalmente con historiadores, y siempre
que respondan a las máximas del oficio: rigurosidad,
independencia, control metodológico y claridad. También es
necesario que haya un diálogo entre historiadores y políticos
en algunas cuestiones, pero cada uno restringiéndose en sus
funciones.
Es inevitable, y para algunos una necesidad vital, que
determinados historiadores tengan una afiliación política. Y
también es inevitable que viertan sus sensibilidades políticas
en las investigaciones y en sus clases. Sin embargo, deben de
tratar de mantener la rigurosidad en sus trabajos y compensar con
racionalidad y conocimientos sus propias ideas políticas. Con
esto no quiero decir que el historiador tenga que abandonar su
compromiso con la sociedad, sino que tiene que ser un compromiso
responsable y restringiéndose a lo que realmente tiene que
hacer: investigar, enseñar o escribir historia.
Israel Sanmartín
isanmartin@cesga.es