Debates


Historia y fuentes


Estimados (as) amigos (as) de la Lista: 

Recuerdo que la primera vez que leí el célebre trabajo de Allan Holmberg sobre los indios sirionó (Cif. Nómadas del Arco Largo) me impactó la forma testimonial que el autor relató la vida de ese curioso pueblo indígena que protagonizó una larga e histórica jornada de marcha desde su hábitat originario (en territorio Chiriguano, al extremo sur del país) hasta la región del Eviato (Próximo a la capital del departamento del Beni, Trinidad), donde actualmente están asentados y en pleno desarrollo. El testimonio de Holmberg data de 1945. 

Más tarde tuve la oportunidad de trabajar extensamente analizando los materiales recogidos por el tristemente célebre Instituto Lingüístico de Verano (del que formaron parte militante los lingüistas de la Universidad de Oklahoma), desde 1955 hasta el año de su expulsión por decreto presidencial en 1985. La ‘virtud’ del ILV es que microfilmó con detalle inusual, cada una de sus experiencias de educación bilingüe en las comunidades de tierras altas y bajas en las que trabajó. Al final publiqué un Catálogo de Materiales del ILV en Bolivia, sobre la base de las microfichas que dejó la misión fundamentalista antes de retirarse del país. 

A la luz del tiempo, en uno y otro caso, lo que veo no son relaciones lingüísticas no etnológicas, sino más bien fuentes primarias en el sentido histórico de la acepción. Me explico. El trabajo de Holmberg tuvo un valor enográfico, expresado en primer término en su tesis doctoral, pero devino en fuente primaria para la historia, cuando ese valor “etnológico” prescribió y formó parte de la historia de ese pueblo. En el segundo caso, en los miles de testimonios que recogió el ILV, a manera de ejercicio, se pedía a la población indígena (bilingüe, por cierto, alfabetizada en lengua materna/castellano) que recogiera los principales mitos de origen y la vida social que desarrollaban. Más allá del mero valor lingüístico, subyace otra forma de ‘memoria histórica’.  

A partir de esos ejemplos, deseo comentar sobre la situación de los pueblos indígenas en lo que refiere a su memoria histórica. El caso boliviano –que se caracteriza por su población mayoritaria de origen indígena—es sencillamente paradigmático, pues al margen de las estadísticas oficiales (vg. Hacia 1950, estos pueblos todavía aparecían registrados como ‘selvícolas’), NO existe documentación propia generada al interior de los mismos. Esto se explica (generalmente) porque se trata de poblaciones ágrafas y que por ello no desarrollan sus propias fuentes en forma escrita, como testimonio de su desarrollo social, económico y cultural. Estos elementos fundamentales se generan de forma oral y se expresan en costumbres, tradiciones y hábitos culturales, y de esa forma se incorporan al ‘imaginario’ colectivo. Las formas de expresión sin duda pasan desde la ‘historia oral’ propiamente dicho, hasta las manifestaciones festivas, rituales, culturales, económicas y sociales, que se transmiten de generación en generación, por vías propias de la endoculturación y endoeducación, asociadas generalmente a tiempo y espacio sagrado-ritual. Esto explica la necesidad de recoger datos in situ, con una visión de amplio alcance, tanto en el tiempo como en el espacio. 

Por supuesto que existe pueblos y comunidades indígenas que se han ido incorporando a formas estatales, a partir de la acción del Estado, sobre todo por la vía de la educación (véase por ejemplo, el papel de los ‘núcleos’ escolares del 52 adelante, o formas integracionistas al mercado).  

Pocas experiencias tuvimos en Bolivia. Entre 1982 y 1996 el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF, repositorio oficial del Estado en materia etnológica) ejecutó un Programa de Antropología de Urgencia que tenía el objetivo primordial de levantar registros etnológicos de pueblos indígenas. En 1996, como consecuencia del cambio estructural operado en Bolivia, el Programa fue cesado y desde entonces no se han vuelto a levantar registros de esta naturaleza. Como resultado tenemos los Archivos Etnológicos, con materiales originales (sin editar) en video, casetes (registros magnetofónicos), fotografía (en todas sus variables) y descripciones etnográficas.  

Ergo, el MUSEF, volvió a dedicarse a labores de difusión que los cumple con propiedad en su magnífico edificio donde pretende mostrar las características de 36 culturas originarias. 

Al margen de la acción oficial del Estado (vg. Es decir a lo hecho por el MUSEF), tenemos el valioso trabajo de la organización no gubernamental Ayuda para el Campesino del Oriente Boliviano (APCOB) dirigida por Jurgen Riester, un alemán enamorado de Bolivia, que ha recogido de forma sistemática el mayor acervo de fuentes primarias etnológicas de los pueblos de la región oriental del país. Lo interesante en este caso es que Riester ha publicado numerosas obras en la que plasma de forma escrita la base de la memoria originaria. En esos ‘libros’ es destacable ver que los llamados ‘informantes’ aparecen como coautores. En menor medida han trabajado en ese sentido el Centro de Investigación y Documentación del Beni (Ciddebeni), que trabaja en Trinidad, Beni; y el Centro de Estudios de los Pueblos Andinos (CEPAS), que trabaja en Oruro.  

Hoy existe un grupo cada vez mayor de instituciones que se ocupan de la temática indígena, aspecto que ha descollado a raíz del proceso político que vive el país, a partir de la Presidencia de Evo Morales Ayma. Sin embargo, no se han vuelto a realizar trabajos de recolección –in situ—de la memoria indígena originaria. 

Entonces, volviendo al tema, podemos mencionar que ante esta característica estructural (que seguramente se da en otros países de mayoría indígena), solo tenemos visiones oficiales de su decurso, y por añadidura algunos ejemplos aislados de materiales ‘primarios’ proporcionados por ajenos. El trabajo historiográfico sobre esas sociedades se verá notablemente limitada en sus propósitos, pues el análisis nos proporcionará una imagen sesgada, en función del carácter de las fuentes. Dicho de otro modo, no será posible un contraste, al carecer de otra fuente alternativa. 

Luis Oporto Ordóñez
Biblioteca y Archivo Histórico del Congreso Nacional
Bolivia


 

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