Debates


Biografía e Historia

 
Me ha interesado mucho las cuestiones que plantean, por ello he decidido entrar a esta virtual mesa redonda.

En verdad me interesa la vinculación entre biografía, historia de vida y todo ejercicio narrativizante en sí, es decir más allá de los datos historiográficamente significativos de los cuales el historiador (nosotros supongo) se pueda apropiar. He tenido la suerte de desarrollar algunos talleres de "historias de vidas" con personas "Adulto mayores" (clasificación que no termina de convencerme ), al concluir el taller la última institución para la cual trabajé decidió editar un texto con las historias recopiladas, texto en el cual tuve la misión de redactar una breve presentación en la que esbozo escuetamente algunas consideraciones sobre el asunto. (Se los adjunto a continuación para dar pie a alguna critica y posterior discusión).

Fraternalmente.
Pablo Aravena Núñez.
paranunez@yahoo.es
Taller de Epistemología Social.
I.E.H. Univ. de Valparaíso. (Chile).


P R E S E N T A C I Ó N

Toda narración está determinada invariablemente por ese "otro" al que el narrador se dirige o, dicho más agudamente, por las expectativas que el narrador se hace de su receptor. Y parto aclarando esto no sólo como un primer señalamiento de la clave en que han de ser leídos los textos que siguen, sino porque bajo ella también han de ser comprendidas estas breves líneas.

Éste será un texto restringido, un texto de circulación interna, más bien un texto íntimo ya que narradores y lectores, de una u otra forma, nos conocemos. Por esto el sentido ilustrado del texto se desvanece la difusión como primera utilidad.

Por lo que a mí respecta ésta ha de ser una instancia más para seguir justificándome y explicando el sentido de un ejercicio aparentemente tan sencillo como es el de reunirse a contar la historia de uno, como el titulo del taller lo señalaba, a relatar La Historia de Nuestras Vidas.

Hace ya tiempo que la antropología, la sociología y, más evidentemente el periodismo, recurren a este tipo de historias para construir un corpus sobre el cual aplicar su receta "científica". Sin embargo, en la misma disciplina histórica, el recurso a las historias de vida constituye un acontecimiento reciente y, debo advertirlo, no muy bien mirado por los viejos maestros. Siendo la academia una institución fundamentalmente conservadora, el surgimiento de las historias de vida ha debido estar asociado a sectores progresistas "dentro" de la disciplina, los cuales han querido hacer de éstas un "nuevo" nivel de análisis histórico recordando, de paso, la centralidad del hombre de carne y hueso dentro de todo proceso, los límites de las determinaciones científicas, el valor social de la vida cotidiana y, por último, convertirse ellos -los historiadores- en la voz de los excluidos.

Lejos de extenderme sobre estas cuestiones y de rebatir algunos de los postulados señalados -o descartarlos por ilusorios-, debo advertir que nada de esto nos ha preocupado. Aunque yo mismo me encuentro "dentro" de esa formación historiográfica, el diseño de éste taller estuvo guiado por otras preocupaciones, estuvo guiado por un aproximarse a "lo que nos acontece".

La crisis de sentido debe ser uno de los problemas mas graves que nos aquejan como individuos y como cultura, claro está que el sentido puede ser descartado como opción filosófica, pero también es cierto, aunque la modernidad haya partido matando a Dios, que la estructura de la vida del hombre -y mujer- occidental a seguido siendo, al menos hasta ahora, esencialmente religiosa, a tal extremo que quien extravíe el sentido de su existencia irremediablemente a de caer en la mas árida depresión la muerte en vida. Pero la crisis de sentido no deviene sólo como un estado de alma de nuestro tiempo, sino como efecto de múltiples procesos de modernización que han culminado con la caducación de los espacios de producción de sentido el trabajo, la comunidad, la familia.

Sin sentido no es posible narrativizar la vida, y a la inversa, algo de él se podrá restituir si ayudamos a narrativizarla. Por ello, como señalé más arriba, aunque en historia las historia de vidas sean adoptadas como un nuevo nivel de análisis, aquí se ha optado por un sentido más bien terapéutico mientras el ejercicio autobiográfico asistido persigue recomponer la cadena de sentido, el diálogo sobre las experiencias compartidas busca ritualizar las vidas reforzando un sentido de grupo.

Pese a esta primera guía, otras variables fueron surgiendo en el desarrollo del taller. Teniendo presente que en algunos casos la narración no sería tan espontánea ni fluida creí que ofrecer una estructura vital común -infancia, escolaridad, adolescencia, matrimonio, etc- era lo más apropiado para luego irla rellenando de acontecimientos propios, pero tal estructura no tardó en ser refutada. Esto fundamentalmente por dos motivos a) Porque ese verosímil vida, que es la matriz administrativa para medir toda vida, no respeta las diferencias ni las particularidades; en unos casos la escolaridad no existe o ha comenzado pasada la adolescencia y, en otros, el matrimonio no existe pero hay otros acontecimientos en su lugar, y b) Porque si bien la vida parte con el propio nacimiento y luego sigue con la primera infancia -y todo lo demás, hasta la muerte-, la narración de esa vida no tiene la obligación de seguir el mismo hilo ninguna acción, considerada en sí misma, es un principio más que en una historia que ella misma inaugura, y no necesariamente por esto la narración debiera ser considerada menos verdadera.

Pues bien, luego de terminado, estará por ver si la experiencia de éste taller me ha favorecido más a mí que a las personas con quienes lo compartí. Sin embargo nada hubiera sido posible sin las personas que creyeron en esto, en primer lugar a la agencia CAPREDENA de Valparaíso y a las personas que inscribieron este taller, en especial a Patricia Carrasco, y también a Don Armando Riquelme quien facilito la infraestructura para realizar el taller. A todos mis sinceros reconocimientos.

Valparaíso, Agosto del 2001.