Podemos atravesar largo pasillos con cientos de estanterías
de tratados de Deontología, ética profesional y otras ciencias sobre el
arte de decir la Verdad, pero al final vamos a lo mismo: cada uno cuenta según
lo ve. Con "la Historia" pasa con "Dios": que cada
uno lo describe según lo ve (o lo intuye). Otros, incluso postulan
diferentes modos de certificar su inexistencia.
Llega a ser una obsesión para algunos estar flagelándose las meninges
tratando de encorsetar, etiquetar, reglar y meter en un escueto formulario,
su concepto de la "Objetividad de la Historia", lo que equivale a
buscar la cuadratura del círculo.
Un conocido "historiador" español, hagiógrafo de cabecera del
"caudillo", autor de plúmbeas Historia "totales" de
España, y de historias "definitivas", de las Brigadas
Internacionales, de la II República y de todo lo que se mueva en torno a la
defensa de la Memoria de la "lucecita del Pardo" (vulgo: Generalísimo
y/o Centinela de Occidente), este afanado ex-Ministro de Cultura español,
digo, comienza todas obras concediéndose el "label" de
objetividad que por Ordenanza le corresponde (las Ordenanzas franquistas, se
entiende). Pero con todo, don Ricardo de la Cierva es un historiador
honrado. Mucho más que muchos de la nómina "democrática". Don
Ricardo es franquista. Va por la vida de franquista. Se confiesa franquista
y en su mesilla de noche venera (¡digo yo!) una reproducción del brazo
incorrupto de Santa Teresa, emulando a su Héroe.
...Pero don Ricardo no consigue engañar a nadie, por que se le ve venir
desde lejos. Él es así: o lo tomas o lo dejas, pero nunca te defrauda.
Los peligrosos (¡peligrosísimos!) son los que, con las bendiciones
homologadas por publicaciones académicamente "correctas",
editadas con cargo a las instituciones públicas o semí-públicas
(fundaciones bancarias, p.e.), filtran a sus incondionales sus peculiares
versiones "democráticas" y "objetivas" de los hechos,
acuñándolas como verdades cotejadas o esperando que la asignación de
certificados de "objetividad" le sea concedida por el Club de los
Suyos.
Soy de la creencia de que la ideología del historiador imprime
inevitablemente un sello personal a su percepción de los hechos y así los
transmite. Pero eso no es algo negativo, siempre que honradamente, sepa
mostrar a la luz de la comprensión de los demás su posicionamiento ideológico
respecto a su concepción global de las cosas.
Así, sus alumnos, sus lectores, sabrán ponderar sus enseñanzas
y podrán controvertirlas con otras versiones de otros enseñantes o
autores.
Como no creo en la "Historia revelada", aplicaremos aquello de que
"...todo es del color del cristal con que se mira", por ello no
debería el historiador mortificarse tratando de maquillar sus enseñanzas
con una independencia que no existe.
Para aprender Historia es un elemento necesario "adivinar" la
ideología del profesor. Y para enseñar, no engañar al alumno con una
pretendida Objetividad. Eso queda para los ángeles ...o para don Ricardo.
Saludos.
FLOREN Dimas.
Centro de Documentación de la Guerra Civil. LORCA (Murcia)
centrodedocumentacion@hotmail.com