Debates


Historia y objetividad

 
Durante la Edad Media se creía en la Revelación, o Verdad Revelada,  la cual partía de la fe y  de la seguridad rotunda en que todos los seres humanos teníamos la idea innata de Dios.   Esto es, dado que no había (ni podía haber), duda alguna de la existencia de Dios, se suponía que Él dotaba a la Humanidad entera con la idea de su existencia, “aún cuando tal idea no nos hubiese sido enseñada nunca”.   Así, era creencia firme la de que todos los niños  llegaban a este mundo con la idea de Dios en sus mentes, o sea, nacían con “la verdad revelada”. La idea de la Revelación, por supuesto, no fue sometida a consulta popular, y de haberlo sido, ¡Ay de aquél que osara votar en su contra!.  Con tal sistema de ideas impuesto autoritariamente por sobre toda la sociedad, era imposible el desarrollo de relaciones dialógicas y tolerantes.  Prevalecía la fuerza dogmática frente a la razón, y estaban justificadas las persecuciones religiosas-políticas y las torturas inquisitoriales. No importaba el sufrimiento de quienes se atrevieran a pensar de forma diferente.  Por supuesto, en un ambiente así, se hacía imposible el desarrollo de la ciencia, la cual requiere necesariamente de la inquietud que provocan  la duda y del cuestionamiento. Ya la verdad había sido,  graciosa y gozosamente, “revelada”. ¿a qué fin buscar más?

 Sólo después de adentrarnos bien  en la era moderna, la ilustración (tan despreciada ahora por los posmodernos) hizo posible generalizar la concepción de la tolerancia  y la idea de que era posible vivir mejor con el auxilio de la ciencia, instrumento irrevocable de nuevas, cambiantes y, cada vez más endebles, verdades.  Esto significó una revolución en el pensamiento, tanto en Europa como en nuestra América. Ya en este nuevo milenio, sea que consideremos o no a la historia como a una ciencia o que la concibamos como la más importante proyección de las humanidades, es suma, pero sumamente difícil (y peligrosos) hablar de verdades históricas absolutas. Si te asumes científico, con sólo recordar la crisis que ha provocado la teoría cuántica en la física, (y de forma proyectiva, en todas la ciencias), tienes que retroceder ante cualquier asomo de verdades  históricas irrefutables e inamovibles.  Por otro lado tenemos la importancia que ha cobrado la presencia de la subjetividad,  en toda aproximación históricosocial. 

Da la impresión de que el asunto se nos enreda cada vez más a quienes nos preguntamos por los vuelos de la historia.  ¡Sería tan cómodo tener todas las respuestas a la mano!  Pero la verdad  en la historia,  termina convertida, en el mejor de los casos, en un hermoso  e inasible horizonte. Y en  los peores casos, cuando se asume rotundamente,  llega a impulsar guerras, persecuciones y miserias, triste legado que hemos recibido del stalinismo, del fascismo, del nacionalsocialismo germano, del destino manifiesto norteamericano, del populismo y militarismo latinoamericano, del talibanismo en Afganistán y ... paremos de contar.   Sólo esperemos a que el actual bolivarianismo venezolano no intente imponernos de la misma lamentable forma, su verdad histórica “revolucionaria”

 La historia ha de enseñarnos algo, aunque lo nieguen los posmodernos y hasta Sting.  De hecho, nos muestra que no existen verdades absolutas ni reveladas, pero que no deja de ser divertido, ¿y por que no?,  hasta fructífero, el buscar, unas cuantas, parcelitas transversales de “verdades”.

Luz Varela
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela
lvarela@cantv.net