Debates
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Historia y postmodernidad |
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Queridos Colegas de HAD:
Frente a los recientes procesos mundiales léase Nuevo
León México, La Matanza, Argentina, Santiago, España, nos
permitimos además de expresar nuestra total solidaridad desde
México hacer una reflexiones para pensar juntos.
Hoy “las geopolíticas del conocimiento en en este
caso en nuestra Hispanoamérica. son una consecuencia y un
producto, de la geopolítica del conocimiento, esto es, del
conocimiento geopolítico fabricado e impuesto por la
“modernidad”, en su autodefinición como modernidad. En este sentido,
hipanomaérica se fue fabricando como algo desplazado de la
modernidad, un desplazamiento que asumieron los intelectuales
y estadistas y se esforzaron por llegar a ser “modernos” como si la
“modernidad” fuera un punto de llegada y no la justificación
de la colonialidad del poder.
¿Cómo conceptualizamos, pues, la geopolítica del
conocimiento? Pensemos en cualquier historia, de la filosofía,
por ejemplo. Esa historia va de Grecia a Europa, pasando por
el norte del Mediterráneo. De tal manera que todo el resto del
planeta queda fuera de la historia de la filosofía. Así, en
América Latina hay una larga tradición en la cual una de las
preguntas es, “existe una filosofía en América Latina?”.
Pregunta semejante se han hecho los filósofos africanos, sobre
todo a partir de la descolonización de África, después de la
Segunda Guerra Mundial. Así, en la misma vena, se dice que “la
filosofía oriental” es más “práctica” que la occidental. Esto es, no
se sabe muy bien, por un lado, qué diablos es filosofía fuera de esa
historia con una geografía precisa (de Grecia a Francia) y, por otro
lado, la filosofía funcionó, hasta hace poco, como el punto de
llegada de la modernización del conocimiento. Imaginemos otras
historias, la de las ciencias humanas (Foucault) o de las
ciencias sociales (Wallerstein). Algo semejante ocurre. La
arqueología de las ciencias humanas de Foucault se hunde en
las raíces de esa geopolítica que enmarca la historia de la
filosofía. Wallerstein, en cambio, introdujo un nuevo elemento.
Reconoció que las ciencias sociales, como las conocemos hoy,
se fundaron en Europa, se construyeron en las lenguas modernas
de conocimiento y de colonización, y se ocuparon
fundamentalmente de países Europeos, porque el resto del mundo (con
excepción de la antropología al servicio del colonialismo) no valía
la pena de ser estudiado. El “orientalismo”, recordemos, es
producto de los estudios filológicos más que sociales. entre
la ética y el pensamiento crítico, entre la geopolítica del
conocimiento y la re-articulación de la diferencia imperial y
colonial.
Dr. Boris Berenzon Gorn
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Nacional Autónoma de México
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