Debates
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Historia y postmodernidad |
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El cuestionamiento a la modernidad no es nuevo, desde finales del siglo XIX ya Nietzsche con "la muerte de Dios" había iniciado este debate que se presenta durante todo el siglo XX, y que es ahora alimentado por la lógica reflexión de un comienzo de siglo y milenio, que hasta ha dado pie a firmes creencias en el fin de la propia vida sobre la tierra. Lo que ocurre a igual que con otros grandes cambios del pensamiento, es que estos han llegado tarde a América Latina. Es ahora cuando el tema se hace moda, demostrando que nuestra dependencia no es sólo económica es cultural, y nuestros intelectuales son en parte los culpables. No sólo llegó tarde el debate postmoderno a América Latina sino que a igual que con el liberalismo y el socialismo lo asumimos como una verdad cierta, lo adoptamos sin haberlo asimilado, sin cuestionamiento o simplemente por ignorancia o comodidad lo negamos.
En conclusión, nuestra posición es que
pretenden decretar el fin de la modernidad, dar por hecho la
entrada a otra era, puede convertirse (y a nuestro modo de
ver ya está ocurriendo) en el discurso legitimador del
triunfo del capitalismo y su inevitable existencia, puesto
que aun la racionalidad capitalista, - a pesar de los
cambios - es la dominante: hasta las redes informáticas que
hacen posible la realidad virtual es producto de un proceso
de producción, comercialización y consumo capitalista y la
sociedad dividida en productores o no, en poseedores o no
de estas tecnologías es la misma de la sociedad capitalista.
No pretendemos caer en posturas radicales como las de
Frederic James quien define a la postmodernidad como "una
cultura estadounidense" "expresión de una nueva ola de
dominación militar y económica..."(11), ya hemos hecho
referencia a algunas posturas iniciales de la postmodernidad
de cuestionamiento a las deformaciones de la modernidad con
las cuales difícilmente se puede estar en desacuerdo.
Otro argumento en contra de esta traslación
automática del debate postmoderno es que esta tiene un
origen ubicado geográficamente en Europa y ha sido allí
fundamentalmente donde se ha desarrollado y el
cuestionamiento a la modernidad, la crisis de la misma se
refiere particularmente a la realidad de los países
desarrollados, "maduramente modernos". Ante la tentación de
adoptar la postmodernidad en América Latina debemos
preguntarnos si el requisito mínimo para tal cosa no es la
existencia, maduración y agotamiento de la modernidad, es
decir, ¿ha sido plenamente Moderna la América Latina?. ¿Ha
logrado la región el desarrollo pleno de las fuerzas de
producción capitalista; trabajo, capital, para poder así
hablar del fin del capitalismo?, ¿Han sido modernamente
maduros las estructuras políticas y sociales para poder
entrar al fin de la política, de la ciudad, del Estado,
etc.?, en definitiva ¿Podemos ser postmodernos sin haber
alcanzado plenamente la modernidad?. En algunos de nuestros
países aun coexisten importantes manifestaciones del
Feudalismo. ¿Es posible saltarse la aun añorada modernidad
para estos países y llegar a la postmodernidad?. Muchos
responderán que Sí, y además dirán que es lo deseable.
Nuestra repregunta es y será: ¿entraremos a la
postmodernidad igual que a la modernidad?, es decir, atados
a la dependencia, por que al final ambos proyectos, ambas
épocas no son nuestras, sino realidades y cosmovisiones
ajenas.
¿Qué dicen los posmodernos sobre el fin de la
pobreza?, ¿hay posibilidades de una pospobreza,
posdependencia, en fin una posamérica Latina que niegue su
existente y la considere un atrofio del desarrollo?. Tal
como lo señala Peter Druker (1997) la era post esta negada
para los países subdesarrollados:
"Las fuerzas que está creando la sociedad poscapitalista tiene su origen en el mundo desarrollado. Son el producto y el resultado de su desarrollo. Las soluciones de los retos de las sociedades poscapitalista no se van a encontrar en el tercer mundo (...). Los problemas de la sociedad poscapitalista y el estado poscapitalista sólo se puede atacar donde se originaron y fue en el mundo desarrollado"(p.12).
(1) Al final pudiéramos caer en el mismo
juego de quienes en defensa del supuesto triunfo
capitalista y de la panacea globalizadora subestiman lla
existencia de la latinoamericaneidad no sólo como un
proyecto de asociación económico sino la de una existencia y
consciencia política, cultural y moral, que se enfrente a
los desvanes de la pretendida homogeneización bajo los
parámetros que imponen las naciones poderosas. Sí nadie
cuestiona la existencia de lo Europeo, como una realidad
histórica que hoy a pesar de las dificultades camina
hacía su total integración económica, siendo este continente
el más heterogéneo desde el punto de vista físico y cultural
(diferentes idiomas, etnias) que ha sido escenario de los
más cruentos enfrentamientos militares, igualmente es
imposible negar la existencia y conciencia de la identidad
latinoamericana. "Otros grupos de países se encuentran
relacionados por su historia y por su raza, por su lengua y
por su religión o por pactos políticos o económicos, pero no
es frecuente que coincidan todos estos vínculos, y lo es aun
menos que, como en el caso de América Latina los rasgos
comunes sean más fuertes que la voluntad del individualismo
y aún que las disidencias" (Martínez J. L. 1979. p 113)
Los parámetros con los que históricamente
hemos sido juzgados son los parámetros tecnicistas de las
sociedades occidentales, de esta manera la conclusión ayer y
hoy es que somos inferiores. Nuestra supuesta inferioridad
científica tecnológica se debe a que esta racionalidad no
nos pertenece, competir bajo estos parámetros siempre nos
hará inferiores. La creatividad cultural artística del
latino americano reconocida mundialmente es demostración de
nuestras capacidades, la "raza cósmica" o lo que hacía
referencia Vasconcelos, nuestra poderosa imaginación, se
enfrenta cada día a esta cosmovisión planetaria
neopositivista, que al tiempo que pregona el fin de los
grandes relatos, pretende crear "un orden mundial"
demostración de la falsedad de la globalización y el
neoliberalismo que profesan un "libre mercado", el "orden
natural" tal como propuso Adam Smith.
Hemos sido enfáticos en la peligrosidad de
asumir en América Latina la discusión postmoderna en el
sentido de convertir a este en un discurso legitimador del
status quo capitalista y además por representar una
continuidad de la dependencia cultural que no nos permite
vernos y comprendernos a nosotros mismos, con nuestros ojos.
Pero así tan tajante en esta posición, debemos al mismo
tiempo reconocer que la otra cara de la discusión
postmoderna, la que clama por la libertad de pensamiento,
por cuestionar el racionalismo lógico- lineal se parece
mucho a América Latina. Parafraseando a Alejo Carpentier
quien considera que por la espontaneidad la libertad y
tendencia contradictoria el arte latinoamericano siempre ha
sido Barroco, mucho antes de que esta corriente llegara a
nosotros. Igualmente pudiéramos decir que América Latina ha
sido siempre posmoderna, mucho antes de que Nictzche
asesinara a Dios, mucho antes de la escuela de Frankfurt,
quizás es la América Latina el espacio ideal para la nueva
era, tal como lo señalo el intelectual mexicano Leopoldo Zea:
"...Los pueblos bajo subdesarrollo son los mejor preparados para el futuro en que la humanidad haya de volver a la vida natural, ya sin la violencia que hicieran los hombres y pueblos que encarnaron la modernidad".
PEDRO RODRIGUEZ ROJAS
Universidad Simon Rodriguez
Barquisimeto
VENEZUELA
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