Debates
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Otras propuestas |
Asociacionismo historiográfico
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[Nota: respuesta sobre el tema del asociacionismo y el corporativismo de los
historiadores de Carlos
Barros en la
entrevista
publicada en la 8 ª edición, julio de
2005, revista digital Cantareira de la Universidade Federal Fluminense, Rio
de Janeiro]
6) Ainda sobre o ponto manifesto na questão anterior, o senhor acha que uma
possível solução para estas gerações de futuros historiadores passaria pela
regulamentação do ofício de historiador pelo Estado? O que o senhor acha da
idéia de se criar um Conselho de Historiadores, aos moldes dos conselhos de
medicina, onde o ofício de historiador fosse regulado por regras elaboradas
pelos próprios profissionais da área onde, por exemplo, fosse estipulado uma
quantidade mínima de horas de aula, debatidas as questões salariais, éticas
e etc?
En nuestro segundo macrocongreso de 1999 una colega planteó, justamente, la
creación en España de un “colegio oficial de historiadores investigadores”.
La iniciativa no tuvo eco, tal vez porque no se le ve utilidad o porque
otras asociaciones cumplen ya, o intentan cumplir, esa función. Es el caso
de los sindicatos o las asociaciones de profesores de las diferentes áreas
universitarias de conocimiento histórico. En la universidad española los
profesores estamos, desde la transición, mayoritariamente encuadrados en los
“sindicatos de clase” (Comisiones Obreras, Unión General de los
Trabajadores, etc.), lo que resulta en principio útil para reivindicar y
negociar colectivamente cuestiones salariares y laborales junto con el resto
del profesorado universitario. También tienen su sentido las sociedades o
asociaciones de historiadores medievalistas, modernistas, contemporaneístas,
de la educación, etc., si bien pueden inclinarse hacia el gremialismo,
incluso a cierto “imperialismo” (presente, desde hace un tiempo, en el área
de Historia Contemporánea) que puede enfrentar a los historiadores entre sí,
en un momento por lo demás complicado para la historia y las humanidades.
Este peligro corporativo que siempre amenaza al asociacionismo profesional
puede quitar fuerza a esa idea de un colegio de historiadores que propones,
aunque todo dependería de la orientación que se le diese. En Bolivia existe,
por ejemplo, un Colegio de Historiadores conectado con la Universidad, con
el que HaD tiene buenas relaciones precisamente por sus posiciones
abiertas... En Brasil tenéis ya, por otro lado, la Associação Nacional de
Història, con una importante implantación regional, fruto de cuatro décadas
de actividad, la participación de profesores de las diferentes áreas y
especialidades y una doble orientación de organización de simposios
(nacionales y regionales) e interlocución reivindicativa con el Gobierno en
temas de historia, educación y universidad. No es poca cosa. Si acaso el
futuro de la ANPUH dependerá de su capacidad por resolver el problema común
a las historiografías nacionales en la era global: desinterés por las
relaciones exteriores, escaso y subsidiario uso de la red de redes. Está en
el mismo caso la American Historical Association, pese sus virtudes
federativas e integradoras hacia el interior de los USA. En Europa la
situación es si cabe peor -o mejor según se mire-, el asociacionismo de los
historiadores, y en general de los académicos, suele estar organizado por
áreas especialidades cronológicas o temáticas, como ya dije.
Como se puede suponer, nos oponemos a que sea el Estado quien regule
unilateralmente las reglas laborales y profesionales de nuestro oficio, y
menos si lo hace en contubernio con las “oligarquías” de raíz corporativa
y/o política que existen en todas las disciplinas académicas y actividades
profesionales. Disciplinas y actividades que precisan para su buen
funcionamiento contrapesos democráticos, hacia adentro y hacia fuera,
fluidas relaciones horizontales y transversales, lo cual hoy es posible,
además de necesario, con Internet, no sobra repetirlo.
En el origen de HaD se valoró, ciertamente, la idea de crear una asociación
de colegas interesados por la historiografía y temáticas afines,
afortunadamente no hemos ido por ahí. Optamos tempranamente por un nuevo
tipo de asociacionismo académico a través de Internet que permite que más de
6.000 historiadores, investigadores, profesores y estudiantes de historia,
estemos en contacto diario, dentro u fuera de cada historiografía nacional,
para debatir sin jerarquías institucionales ni (auto) censuras previas sobre
el oficio, con el fin de favorecer, en la universidad y en la sociedad, la
mejor escritura de la historia para el siglo XXI.
Asociacionismo digital que no implica, en nuestro caso, la renuncia a
importantes actividades presenciales como nuestros macrocongresos en
Compostela de cada cinco o seis años. En el caso de nuevas sociedades de
historiadores aconsejamos, en conclusión, valerse preferentemente de
Internet en combinación con otras formas de intercambios más convencionales
(y más caras). Si queremos ir preparando nuestra disciplina para el futuro
que viene, ¿no debemos ir transformando y democratizando las formas de
organización profesional?
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[Nota: respuesta de Carlos Barros sobre el tema de la interdisciplinaridad y
el Manfiesto de HaD en la publicada
digitalmente en la 8 ª edición de julio de 2005 en la Revista Cantareira de
la Universidade Federal Fluminense, Rio de Janeiro]
3) A interdisciplinaridade é uma realidade nos estudos históricos
recentes,no entanto, há ainda alguma reticência da parte de alguns
historiadores
quanto ao diálogo da história com certas disciplinas, por exemplo,
aliteratura; por outro lado, o Manifesto propõe ainda o intercâmbio com as
ciências da natureza, além de disciplinas emergentes que tratam das
novastecnologias. Esta proposta interdisciplinar com áreas tão diferentes
não
implicaria em uma maior fragmentação, ou mesmo pulverização, dos
estudoshistóricos neste novo século?
Así es, tenemos sobre ello una prolongada buena y mala experiencia. La
interdisciplinaridad promovida eficazmente en el siglo XX por Annales y
otras corrientes historiográficas, produjo mucha renovación pero también fue
el comienzo de la desmesurada fragmentación disciplinar que ahora padecemos.
Por eso en el punto IV del Manifiesto optamos por una “nueva
interdisciplinaridad” dirigida hacia el interior de la historia con el
objeto de comunicar “el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra
disciplina en las últimas décadas”, estableciendo para ello múltiples
“puentes” entre las diferentes especialidades históricas por medio de una
“historia mixta” y otras metodologías de lo global.
Tal vez tengamos que insistir más en la radical novedad de esta parte
fundamental de nuestra plataforma historiográfica: sin INTRAdisciplinaridad
no habrá buena INTERdisciplinaridad con las viejas y nuevas ciencias
sociales, con las humanidades, con las “ciencias duras”. Si no
reconstruimos la unidad perdida de nuestra disciplina (en parte por su
propio crecimiento) la cooperación con otras disciplinas nos seguirá
debilitando y fragmentando más y más, condenándonos a una posición
subalterna entre las ciencias humanas y sociales, y a una situación inerme
frente a los poderes políticos, mediáticos e editoriales.
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