Grupo Manifiesto Historia a Debate
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¿Qué es Historia a Debate? |
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Nos
encontramos en el ámbito de un
viejo coloegio de los jesuitas en el barrio antiguo de esta
maravillosa ciudad gallega de Santiago de Compostela, sede de la
Facultade de Xeografía e Historia de la Universidad local, con el
profesor Carlos Barros, docente de Historia Medieval y, vaya
paradoja, creador, conductor e impulsor de una innovadora red en
Internet, destinada a vincular historiadores, profesionales o no,
estudiantes y personas interesadas en el tema,
de diferentes países, en gallego, castellano, portugués,
inglés y francés: HISTORIA
A DEBATE (HaD). Los
temas al alcance de los historiadores de todo el mundo son
innumerables, y van siendo propuestos tanto por los organizadores
como por los mismos participantes. Día a día se recibe en las
casillas de E-Mail los términos con que los integrantes de la red
van haciendo llegar sus opiniones. La
historia inmediata; la guerra civil española; los problemas
argentinos y latinoamericanos; la enseñanza de la historia; etc.,
son algunos de los muchos temas donde es posible “engancharse” y
hacer llegar una opinión. No importa cuál sea ésta, en la medida
en que sea respetuosa de las divergencias. ¿Cómo
valoriza HaD la Historiografía digital? Las
nuevas tecnologías revolucionan el acceso a las fuentes de la
historia, desbordando las limitaciones del papel, lo que a su vez
posibilita nuevas comunidades globales de historiadores. Internet
es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico,
una forma interactiva de transmitir información instantánea de
manera horizontal a una gran parte del mundo. La generalización de Internet en el mundo universitario y en la sociedad, así como la educación informática de los más jóvenes, impondrán esta nueva historiografía como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre los siglos XX y XXI. ¿Qué
espacio pretende ocupar HaD en este momento? Ser
parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la
historia que se escribe y coadyuvar, de esta forma, a cambiar la
historia humana. Según
evolucione el debate historiográfico y la historia más inmediata,
nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las
variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun
siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para
condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el
conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra
profesión de historiador en el nuevo siglo.
La historiografía
depende de los historiadores y de la historia inmediata. El cambio
de paradigmas que proponemos desde 1993, cabalga sobre los cambios
históricos iniciados en 1989. Si bien, entre diciembre de 1999 (Seattle),
julio de 2001 (Génova) y febrero de 2002 (Porto Alegre), se
observan los inicios de un movimiento sin precedentes contra los
estragos de la globalización, que busca ya alternativas al modelo
de sociedad para el futuro: el
pensamiento único es ahora menos único. No es fácil entrever que nos depara el mañana pero hay razones para la esperanza. Todos debemos colaborar. ¿Qué
es el MANIFIESTO de HaD? Después de ocho años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y últimamente Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes historiográficas, asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1) el continuismo de los años 60-70 (2) el posmodernismo (3) el retorno a la vieja historia, la última "novedad" historiográfica. Estamos
viviendo una transición histórica e historiográfica de resultados
todavía inciertos. HaD como tendencia historiográfica quiere contribuir a la
configuración de un paradigma común y plural de los historiadores
del siglo XXI que asegure para la historia y su escritura una nueva
primavera. A tal fin elaboramos 18 propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas, que presentamos a los historiadores del mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y posterior desarrollo. ¿Quiénes han
participado de la confección del Manifiesto historiográfico? Un conjunto de historiadores de nivel internacional, que forman parte de diversas instituciones: Jérôme Baschet, École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y Universidad de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, México; Boris Berenzon, UNAM, México D. F.; Micheline Cariño, Universidad de Baja California Sur La Paz, México; Francisca Colomer, Instituto de Enseñanza Secundaria de Murcia; Amelia Galetti, Instituto de Enseñanza Superior, Paraná, Argentina; Sergio Guerra, Universidad de La Habana, Cuba; Elpidio Laguna, University of Rutgers, Newark, New Jersey, USA; Germán Navarro y Gonzalo Pasamar, de la Universidad de Zaragoza; Juan Paz y Miño, Pontificia Universidad Católica, Quito, Ecuador; Eugenio Piñero, University of Wisconsin, Eau Claire, USA.; Norma de los Ríos, UNAM, México (D. F.); Reinaldo Rojas, Universidad Pedagógica Libertador, Barquisimento, Venezuela; José Javier Ruiz Ibáñez, Universidad de Murcia; Israel Sanmartín, Instituto Padre Sarmiento, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Santiago de Compostela; Juan Manuel Santana, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; Cristina Segura, Universidad Complutense, Madrid; Miguel Somoza, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid; Guillermo Turner, Dirección de Estudios Históricos, Ins. Nac. de Antropología e Historia, México (D. F.); Luz Varela, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela; Francisco Vázquez, Universidad de Cádiz y José Giraldo Vinci de Moraes, Universidade Estadual Paulista, Sâo Paulo. Hoy, seis meses después de su redacción en setiembre de 2001, contituímos el Grupo Manifiesto 104 historiadores de 17 países.
Somos
partidarios de ampliar el concepto de fuente a la documentación no
estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico,
a las “no-fuentes”: silencios, errores y lagunas que se han de
valorar procurando la objetividad en la pluralidad de las fuentes. La
historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e
interpretaciones, que nos ayudan además a construir/descubrir las
fuentes, incorporando las aportadas por la historia de las mujeres,
la historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global
y otras novedades, así como la nueva historiografía que está
naciendo en Internet. Una
nueva erudición que, reconociendo que el necesario trabajo empírico
no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades
de historiadores, que nos permita vencer el "giro
positivista" y conservador a que nos ha conducido la crisis de
las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que
amenaza devolver nuestra disciplina al siglo XIX.
Urge
un nuevo paradigma que recobre el prestigio académico y social de
la innovación en métodos
y temas, en preguntas y en respuestas, en la originalidad de las
investigaciones. Una historiografía que mire hacia adelante y que
devuelva al oficio el entusiasmo por la renovación y por los
compromisos historiográficos. Brotarán
nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia
cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando
mediante el mestizaje y la convergencia de métodos y géneros;
llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta
microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y
culturales, sociales y políticas de una sociedad en profunda
transformación. La historiografía del siglo XXI precisa de
enfoques innovadores si no quiere convertirse, como la mujer de Lot,
en estatua de sal.
La
nueva historiografía debe acrecentar una interdisciplinariedad
equilibrada: hacia adentro de la comunidad de historiadores,
reforzando la unidad disciplinar y científica de la historia
profesional; y hacia afuera, extendiendo las alianzas más acá y más
allá de las ciencias sociales clásicas. Es
menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que
se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas. La
historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques con la
literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia,
sobre todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de
la naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las
disciplinas que tratan de las nuevas tecnologías y de su impacto
transformador en la sociedad, la cultura, la política y la
comunicación. Aprendiendo
de experiencias pasadas, tres son los caminos que hay que eludir,
para que la interdisciplinariedad enriquezca a la historia: 1)
perseguir una imposible "ciencia social unificada"
alrededor de cualquiera otra disciplina, sin menoscabo del máximo
desarrollo interdisciplinar tanto individual como colectivo; 2)
hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica
de la "crisis de la historia", que nosotros entendemos
como cambio de paradigmas; 3)
diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos
proponen hoy en día los narrativistas extremos, en relación con la
literatura. ¿Cuáles
serían las iniciativas recomendables para el tiempo que viene?
El
fracaso de la "historia total" de los años 60 y 70 abrió
la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y
escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que
pareció detenerse en los años 90 y resulta cada vez más anacrónica
en el mundo que viene, basado en la interrelación y la comunicación
global. Nuestra
alternativa es avanzar hacia nuevas formas de globalidad que hagan
converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros
y niveles de análisis. Para hacer posible una historia a secas, integral, hay que experimentar iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida, y no como "horizonte utópico": · líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades; · incorporación a la historia general, de los paradigmas especializados más innovadores; · combinar enfoques cualitativos y cuantitativos; · articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos como mentalidad y civilización, sociedad, red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos; · indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global; · servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando investigación y divulgación; · impulsar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras disciplinas. ¿Cuál
debe ser la actitud del historiador
frente a la herencia recibida?
Nos oponemos a quienes quieren hacer tabla rasa de la historia y de la historiografía del siglo XX. El reciente retorno del modo de hacer la historia en el siglo XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, reconociendo que dicho "gran retorno" evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas tendencias protagonizaron. El
imprescindible balance, -crítico y autocrítico-, de las
vanguardias historiográficas, no anula su actualidad como
tradiciones necesarias para la construcción del nuevo paradigma,
porque simbolizan el "espíritu de escuela" y la
militancia historiográfica, así como el ejemplo de una historia
profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos
primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico,
social y político, con unos medios de comunicación muy superiores
a los existentes en los años 60 y 70 del pasado siglo. ¿Supondrá
la próxima transición demográfica la consolidación de un cambio
avanzado de paradigmas? Podemos
encontrarnos con historiadores e historiadoras mayores que siguen
siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del
oficio y de su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad
es, a este respecto, capital. Nunca
fue tan crucial explicar la historia con enfoques avanzados -también
por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta
los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por
la educación que reciben aquí y ahora nuestros alumnos. Es
esencial pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y
las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas,
las conclusiones y las consecuencias de una investigación histórica. Somos
contrarios a una "división del trabajo" según la cual la
historia provee los datos y otras disciplinas reflexionan sobre
ellos. Los historiadores tienen que asumir su responsabilidad
intelectual tratando de completar el ciclo de los estudios históricos,
desde el trabajo de archivo hasta la valoración y reivindicación
de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y
en la política. Es
necesario elevar la creatividad de las investigaciones, subrayar el
lugar de la historia en el sistema científico y cultural, fomentar
nuevas y buenas vocaciones historiográficas. Nuestra
meta es que el historiador que reflexione intelectualmente, haga
trabajo empírico, y que el que investiga con datos concretos piense
con profundidad sobre lo que hace, obviando así la disyuntiva de
una práctica (positivista) sin teoría o de una teoría
(especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de teoría y práctica
hará factible una mayor coherencia de los historiadores, individual
y colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que
se hace, empíricamente.
La aceleración histórica de la última década ha reemplazado el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre los "fines de la historia". Asumiendo
que la historia no tiene metas pre-establecidas y que en 1989 dio
comienzo un profundo viraje histórico, cabe preguntarse también
desde la historia académica: ·
adónde nos
lleva éste ·
quién lo
conduce ·
en favor de
qué intereses ·
cuáles son
las alternativas El futuro está abierto. Es responsabilidad de los historiadores ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, para los hombres y mujeres de todas las razas y naciones. Las comunidades de historiadores han de contribuir a construir una "nueva Ilustración" que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del progreso que demanda la sociedad. ¿En
qué marco reivindican Uds. el papel de la historia y los
historiadores? El primer compromiso de los historiadores debería ser reivindicar la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias. Han de combatir las concepciones provincianas y neoliberales que pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado, pasado con futuro. Los efectos más notorios de las políticas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Los historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que quieren ser serlo, cooperando en la búsqueda de soluciones que pasan por la revalorización del oficio y sus condiciones de trabajo y vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la universidad y la investigación. Queremos
alentar la solidaridad de numerosos historiadores, en diversos
lugares del mundo, con causas como la defensa de los valores
universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y
democracia, actitudes indispensables para contrarrestar otros
compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos,
mediáticos y editoriales. Es un contrapeso vital para evitar una
virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto
de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra
actividad docente e investigadora. Una
disciplina sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta
a presiones extra-académicas, con frecuencia negativas para su
desarrollo.
El
compromiso que promovemos es diverso, crítico y con anhelos de
futuro. El
historiador ha de combatir los mitos que manipulan la historia y
fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género,
etnia. Es necesario resistir, desde el conocimiento del pasado, los
futuros indeseables. Cooperando y rivalizando con otros científicos
sociales y humanistas en la construcción de mundos históricamente
mejores, como profesionales de la historia, pero también como
ciudadanos.
El
objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está
evidentemente en el pasado, pero estamos en el presente, y estos
presentes están preñados de futuros. El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido y de su fluir permanente. Contemplamos
varios niveles en la relación del historiador con la inmediatez
histórica: compromiso social y político, tema de investigación,
historiografía de intervención o criterio metodológico general
para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de la
escuela de Annales formularon eso de "comprender
el pasado por el presente, comprender el presente por el
pasado". Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro. La caída de las filosofías finalistas de la historia (sean socialistas, sean capitalistas) ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condena a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire. ¿Cómo
podemos integrarnos a la red de HISTORIA A DEBATE, o al menos
enterarnos más profundamente de los debates que en ella se llevan a
cabo? Quien
desee vincularse con nosotros, puede hacerlo por correo al apartado
de correos nº 26, 15702 – Santiago de Compostela, España; a los
teléfonos 981-55-21-52 o fax 981-81-48-97, a través del E-Mail h-debate@cesga.es, o de la página web www.h-debate.com. El
que quiera leer detenidamente el Manifiesto, opinar sobre el mismo,
criticar, sugerir cuestiones relativas a su contenido, difusión y
desarrollo, o bien suscribirse al mismo, puede hacerlo en las
direcciones digitales arriba indicadas. Solo pedimos una correcta
identificación de los historiadores que se vinculen a la red:
nombre y apellido, localidad y país, profesión y/o institución.
Nuestras
listas de correo electrónico relacionan diariamente a 1500 colegas
de más de cincuenta países. Los historiadores de la República
Argentina constituyen el segundo grupo nacional de los académicos
que participan en nuestras actividades, después de los
historiadores españoles. Pese a lo difícil de la vida en vuestro
país, en ningún momento han faltado a la cita cotidiana de HaD los
historiadores argentinos. Desde
las universidades de Europa, América del Norte y de otros países
latinoamericanos, apoyamos la causa de las universidades y del
pueblo argentino como podemos: la última vez desarrollando una
campaña académica mundial a favor de Raúl Dargoltz de Santiago
del Estero enjuiciado –y absuelto- por escribir un libro
de historia sobre el “Santiagueñazo” de 1993. Por
imperativos de la historia inmediata, HaD se ha convertido últimamente
en una especie de ONG de solidaridad académica. Con la ayuda de
todos, porque HaD somos todos, evolucionamos al ritmo del nuevo
siglo nacido, como nuestro Manifiesto historiográfico, el 11 de
setiembre de 2001.
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