No he leído la novela de amor de Chernyshevski. Sí, hace unos
treinta años, el manual leninista, del mismo título. Ciertamente, en
"el mundo libre" es improcedente trazar cualquier "política
historiográfica" a pesar que la investigación y la enseñanza de la
historia de las sociedades es casi siempre una cuestión política. En
tal caso, este apartado de Historia a Debate parece que remite a la
pertinencia del amplio temario que atrae a los historiadores en
relación con el tiempo de sus sociedades, hoy día aprehendido,
también, en el término "globalización". La pregunta ¿Qué Hacer?,
aplicada a la historiagrafía, es, por lo tanto, reflejo de época.
Después de dos décadas o más del auge académico, taquillero y
periódistico de la "historia cultural", los cambios en la economía y
la política mundiales de los últimos dos años alertan ya a algunos
historiadores. Empieza a revisarse la agenda de lo que es pertinente
al nuevo contexto de crisis y depresión capitalista claramente
identificado a partir de octubre 2008. Quizás la historia para
tertulias va a girar hacia la historia para los círculos políticos,
de las organizaciones sociales y para el periodismo crítico. Ello no
implica que el temario pertinente sea la historia económica, social
o política.
Más bien, plantea un desafío a los historiadores; un reto que no
logramos "resolver académicamente" en los años setenta. Consiste en
recuperar la noción de síntesis histórica en perspectiva del
retroceso histórico de los tiempos del neoliberalismo y del cambio
que reclaman los nuevos movimientos y luchas sociales;
transformaciones que, hoy como ayer abarcan -aunque no
necesariamente integran- vastos campos y demandas de justicia
social. La urgencia de una historia "global" y de síntesis con
énfasis en el cambio -retrocesos y avances- en las relaciones
sociales goza hoy del privilegio de la diversidad discursiva e
ideológica; del avance en el abordaje de las sensibilidades y
subjetividades de los sujetos sociales en tanto rasgos que acompañan
la convergencia! de las culturas en torno a la economía global
capitalista en crisis. Quizás ello atenúe el peso de las acaloradas
e infructuosos disquisiciones de los años 60 y 70 sobre "las
determinaciones en última instancia" del cambio histórico y la
viabilidad de las utopías. En fin, ¿Qué hacer en la época actual de
crisis,con las inteligencias y voluntades que animan el examen de la
historia? Probablemente cada historiador responda, indague y asuma
esa pregunta condicionado por el pasado inmediato y por sus
compromisos presente con otros sujetos sociales que muy pronto van a
verse intrincados en nuevos escenarios de lucha social.
Carlos A. Abarca V.
UNA-Hertredia. Costa Rica. Jubilado