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¿Para qué la historia? ¿Para quién o quienes la historia? ¿Cómo escribir la historia?, pero una de las fundamentales, así visto por mí es: ¿qué tendencia historiográfica emplear para explicar la vida del hombre en el planeta? Al analizar la historia de la Historia, me ha parecido que el enfoque del historiador para dar una explicación según él “objetiva”, de los eventos históricos ha sido su mismo momento histórico, ya que se ve influido necesariamente por su condición momentánea dentro de la sociedad en que vive. Sin embargo, creo que ahora es difícil “definirme” como seguidor de tal o cual escuela histórica, pero también he analizado posibilidades, porque, como escribí arriba, el historiador tiene influencia por su condición momentánea dentro de la sociedad en la cual vive y convive cotidianamente. En el mundo de posibilidades historiográficas con las que me he enfrentado no he querido descartar alguna, sin embargo existe una que llama poderosamente mi atención, porque encierra el comportamiento de esta sociedad global, la critica, problematiza y la desenmascara, por supuesto me refiero al materialismo histórico. Citaré a Ortega y Gasset, que hace un comentario determinante en la cuestión de las obras históricas y sus autores: “Y es que la historia parece no haber adquirido aún figura completa de ciencia. Desde el siglo XVIII se han hecho no pocos ensayos geniales para elevar su condición. Pero no los han hecho los historiadores mismos, los hombres del oficio. Fue Voltaire o Montesquieu o Turgot, fue Winckelmann o Heder, fue Schelling o Hegel, Comte o Taine, Marx o Dilthey. Los historiadores profesionales se han limitado casi siempre a teñir vagamente su obra con las incitaciones que de esos filósofos les llegaban,...”[1] Creo que el filósofo tenía razón ya que el historiador debe explicar tanto procesos como hechos históricos concatenados, unirlos para estar al nivel de globalización actual. La cuestión económica en la época “moderna” de nuestro supuesto “progreso”—idea positivista, que predomina aún en el siglo XXI, sin duda—es y seguirá siendo condicionante de las demás actividades humanas, ejemplo de ello es el gran nivel predatorio, desgastante y excluyente de la producción y el consumo actual: “La defensa del interés nacional se ha sustituido por la integración de los mercados mundiales, y la meta de la justicia ha cedido su lugar a la eficiencia en la producción. El Estado abandona su participación directa en el proceso de producción de mercancías y en la reproducción de la fuerza de trabajo. Al promover la desregularización del conjunto de las relaciones sociales, pierde su carácter tutelar y somete su función como distribuidor de la riqueza nacional a las leyes del libre mercado transnacional. La otrora función social del Estado se privatiza y mercantiliza. El Estado no sólo abandona dicha función y entrega a la iniciativa privada (eufemísticamente llamada “sociedad civil”), si no que, además, transfiere sus recursos a manos privadas a través de la extensión de impuestos y la entrega directa de recursos públicos. Los derechos sociales a los que todo ser humano debería tener acceso —trabajo, educación, salud, vivienda y alimentación— dejan de serlo al convertirse en mercancías por las que hay que pagar.”[2] Entonces la obra de Marx, explica el proceso con los hechos más indicados de una manera clara sobre el antecedente, surgimiento, consolidación y plenitud del sistema económico prevaleciente hasta nuestros días: el capitalismo. Pero vaya a los historiadores o los que buscamos serlo, el materialismo histórico* en mí opinión sigue siendo una manera de entender las desigualdades entre los hombres, pero no se, en realidad si el marxismo siga siendo una opción para tener un mundo mejor, porque pienso que ante la gran diversidad cultural que existe, los dos sistemas enemigos: el comunismo y el capitalismo (ahora llamado neoliberalismo), nunca tomaron y han tomado en cuenta lo más importante para funcionar: lo humano. Ahora no sólo el mundo occidental, sino todo el mundo, el mundo global; se observa que en países desarrollados con una producción enorme de bienes materiales a nivel mundial, sus habitantes sufren depresiones que los orillan a males como la obesidad, al suicidio, a la violencia extrema o a las drogas, entre otros, como manifestaciones por sentirse vacíos, buscando ya sea ascenso social o llenar sus vidas con “algo”, ya que sienten y están convencidos «de que todo carece de sentido y en que “es el cinismo lo que se ha convertido en el síntoma más característico de la civilización actual”.»[3] Héctor Herrera [1] Ortega y Gasset, José, En el centenario de Hegel. en Kant, Hegel, Dilthey., Revista de Occidente, Madrid, 1972, pp. 72 y 73. [2] Mariña F., Abelardo, Max Ortega, et al, (coordinadores), Globalización, reforma neoliberal del Estado y movimientos sociales, México, Editorial Itaca, 2003, p. 12. * Como se observa lo pongo con minúsculas, porque lo he tomado como una manera de explicar hechos históricos con el enfoque económico, pero nunca como determinante para toda la historia en general. [3] Gilly, Adolfo, et al, Discusión sobre la historia, México, Taurus, 1995, p. 67
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