Estimados amigos de HaD:
Parece que una opinión dicha de pasada acerca del papa Pacelli (Pio
XII) ha alborotado a algunos sectores eclesiales y aledaños, como
pudimos ver por la reacción de una distinguida catedrática de la
Universidad de Cuyo (Argentina) y ahora -como expresión "tardía"-
la del sacerdote diocesano J. Maria Crespo de Madrid (España). Sólo
dije en aquella oportunidad que Pio XII era "filonazi"*.
(Aclaro ahora: No amante, sino apenas simpatizante del nazismo.)
Dije... no dije...
No dije, por ejemplo, que era fundador del partido nazi, o activo
afiliado en Roma de ese partido alemán, o asíduo concurrente a
Bertchesgaden... Nada de eso. Apenas señalé su "gusto"
similar al de tantos prelados y figuras políticas de esa época por la
función que suponían [y algunos aún suponen] justificaba
al nazismo, y que era el antibolcheviquismo -común denominador que los
unificaba-. (Como dijo Jorge Luis Borges: No los une el amor sino el
espanto.)
No puedo negar la existencia de una institución: la Iglesia Católica,
mutante siempre (pasando de una especie a otra en una evolución
que algunos llaman milagrosa) y adaptada "a las circunstancias".
Pero con intereses propios, como tiene toda organización, lo
cual no impide sino que incita a que haga alianzas expresas o tácitas
en determinadas situaciones.
Todo conocimiento social es histórico, en el sentido de la necesaria
explicación de la génesis del pensamiento y de la acción y de las
características de una personalidad, creo que es bueno que iniciemos un
análisis más extenso y en dosis o cuotas, para no saturar el tiempo de
los amigos de HaD. (Y aquí hay ideas para los biografistas...)
Desde el fondo de la historia...
¿Pueden imaginar la alarma creciente que tenía la institución
desde el último tercio el siglo XIX, cuando el avance de la organización
sindical y los partidos socialdemócratas/socialistas llevó al papa León
XIII a escribir [y publicar, claro] la encíclica "De Rerum Novarum",
como aproximación actualizada a la "cuestión social"?
Desde la Comuna de Paris no se veían semejantes problemas y grandes
amenazas. Se suponía que los fusilamientos del Muro de los Federados en
el Cementerio del Pere Lachaisse habían aventado por largas décadas
esos "peligros". Vean: la Asociación Internacional se había
trasladado a Nueva York y diluido. Pero
-siempre aparece un pero-: surgía la Segunda Internacional, que a espíritus
supranacionales o cosmopolitas
-como eran los más altos dignatarios eclesiásticos- les parecía poco
menos que apocalíptico.
Pero no era función política de la Iglesia atemorizar con el galope
furioso de los Cuatro Jinetes...: Eso, para las beatas de sacristía
estaba bien y era suficiente. Pero para los empresarios presionados por
los sindicatos y la legislación social impulsada por los socialdemócratas/socialistas,
era necesario un aporte más sólido y consistente y más práctico
(alejado del terrorismo represivo directo [nunca excluido] y de las
vulgares amenazas morales con los círculos del Infierno del Dante o con
los ejemplos de encíclicas de las cuales más adelante hablaremos).
Conexiones / relaciones...
Pero, ¿qué tiene esto que ver con el filonazismo de Pio XII? La búsqueda
de formas teóricas y prácticas de impedir el avance de esa
"peligrosa" socialdemocracia/socialismo y de las
"perversas" organizaciones sindicales imbuidas del espíritu
de la denominada "lucha de clases", mediante concesiones muy
limitadas y organizando contrasindicatos de carácter y obediencia
patronales (amarillos fueron llamados...) no resultaron eficaces. Mal
que le pesara a La Tour du Pin, a León Carmel y a otros empresarios y
políticos aristócratas, la doctrina social de la Iglesia, montada
sobre concepciones medievales y corporativistas, según la versión de
León XIII, no fue suficiente ni impidió nada. Y saltando etapas
(aunque volveremos pronto al tema) podemos decir que después de la
Revolución Rusa (dos: una tras otra) y el triunfo y consolidación de
los bolcheviques, la situación estaba muy tensa...
Si en un país de la importancia de Alemania -derrotada la República de
Weimar- aparecía un político de la extrema derecha, que se alzaba
-mediante una coalición política- con el poder y prometía una acción
antibolchevique, no era visto con malos ojos. Y si ese régimen centraba
su acción en la destrucción del bolcheviquismo, tanto mejor:
despertaba grandes simpatías. Muchas prominentes figuras miraban con
agrado ese costado del nazismo. ¿Qué puede tener de extraño que
dentro de las idas y venidas de la institución, ese aspecto del nazismo
despertara simpatías (filo*)? Sobre todo si un objetivo común
los metía en el mismo bando (muy heterogéneo y variopinto).
Si mi distinguido "contrincante" medita un momento, haciendo
abstracción de su pertenencia a la institución eclesial, y a medida
que avacemos en el intercambio, advertirá que mi afirmación tiene
sustento en los antecedentes, y cuando prosiga con el análisis veremos
hasta dónde y en qué medida. Pero deseo decirle, con todo el respeto
que merece, que a partir de una afirmación mía que era apenas "descriptiva"
ha lanzado un interesante tema a debate: Sea, debatamos, ya que estamos
en HaD. Sin personalizar, sin recurrir a criterios de verdad por la
autoridad. Desacralicemos e introduzcamos una cuota de realidad fáctica,
tan necesaria.
Criterio de verdad
Aceptemos el criterio de verdad de Aristóteles, que ambos debemos
conocer: yo, porque lo pongo sobre el tapete y mi distinguido
contrincante porque sin duda en su formación lo ha estudiado.
El humor y la risa
Sólo me resta, por hoy, una observación. El humor es bueno y la
risa es sana. A veces puede sonar como 'fuera de lugar', pero no,
siempre es bueno. Y ese espíritu del humor ayudará a mantener el
intercambio (o debate) dentro de un clima intelectual apropiado. De
todos modos, me sorprendió gratamente la risa del distinguido prelado:
y deseo formularle una pregunta que no necesariamente debe tener
respuesta inmediata: ¿De qué ríe? (No caeré en el conocido dicho que
dice que el que rie último....) Porque se está metiendo -según nos
relató Umberto Eco en su libro "El nombre de la rosa"-
en un problema teológico: el de la pertinencia de la risa... Debo
decirle que mi estilo es partidario de la risa... del humor, de la santa
ironía**. Deseo encontrar otros debatientes imbuidos de esa
amable condición. Debatamos y riamos... Alejémonos del sentido trágico
unamuniano y sobre todo de las bestialidades de Millán de Astray...)
Esta declaración de intenciones es el comienzo de una serie de envíos,
que espero contribuyan a la claridad de la cuestión en debate.
Un cordial saludo de JJD.
* Filo- o -filo, la. (Del griego filos)
elem. compos. que significa «amigo, amante de»: FILOsoviético, anglóFILO.
[Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Tomo I,
vigésima primera edición, Madrid, 1992.]
** «Oh, ironía, santa ironía, deja que me incline ante ti.»
(P. Y. Proudhon.)
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Lic. Jorge A. Jaroslavsky Dickmann
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