Historia Inmediata
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Intifada Palestina |
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Me gustaría, primero, aclarar dos imprecisiones.
La primera es sobre la afirmación de Fabián Glagovsky: "El
pueblo palestino no existía antes de la anexión israelí de los
territorios en 1967".
En efecto la conciencia sobre un pueblo
palestino como tal no existía, pero no esperemos leer
conceptos occidentales en otras culturas. La Palestina
(o Falistin) es un área que pertenecía a la Gran Siria (hoy
Líbano, Siria, Israel y Jordania), y que sus habitantes más
que pertenecer a elle como pueblo, pertenecían a una
comunidad islámica, la comunidad islámica.
Recordemos que la idea de un pueblo como
tal, árabe o turco, no se inserta en Medio Oriente
hasta la participación de las potencias europeas. Es
decir, hasta que los europeos introducen el término de
estado-nación. Antes de ello, antes del nacionalismo turco o
el nacionalismo árabe en Egipto, no existía una idea
de pueblo que no fuese la Umma o comunidad islámica.
Argumentar la inexistencia de un pueblo
palestino como tal antes de que Occidente lo exigiera
a los habitantes de la Palestina, y esperar que ello
sea un fundamento para la existencia del Estado de Israel,
es un error. Es ocupar el lenguaje para apoyar una
posición política, sin atender a las particularidades
del fenómeno estudiado.
La segunda imprecisión es el derecho de
poseer una nación propiamente judía que argumenta
Motzy Rozen, cito: "el reconocimiento a nuestro propio
derecho a la existencia como nación libre y soberana".
Sin duda creo en la necesidad de un estado que atienda las
necesidades judías. Mi propia experiencia, alejada
totalmente de catástrofes como el holocausto o los
progroms, o una verdadera discriminación, me lo indican.
El Estado mexicano, como es lógico, es un estado que está
conformado para las necesidades católicas. Las
vacaciones, los días libres, la comida, el idioma,
todo está determinado por las raíces católicas de la nación.
El judío tiene tradiciones ajenas, diferentes en la
mayoría de los casos. El judío necesita vacaciones en
Pesaj, días libres en Yom Kippur y no en el día de la
virgen. El judío descansa en Shabbat, no en domingo.
Eso lo entiendo porque lo vivo. Porque he vivido por años en
un mundo católico y hay veces que las vacaciones
escolares o laborales no concuerdan con las
necesidades de mi propia comunidad. Lo vivo porque soy
judío, porque tengo familiares en Israel y veo que tienen un
estado que intenta responder a las necesidades
particulares de una raza, una religión, una cultura.
Sin embargo, ese derecho no surge de la
aceptación de la ONU. La ONU no es el ser que da razón
de un derecho nacional o no. Es una organización que
pretende fomentar la paz y el derecho a la vida;
organización que por cierto ha demostrado ser, a mi parecer,
ineficiente. ¿Acaso sus resoluciones frente a la
invasión a Irak fueron las acertadas? ¿Acaso su
resolución frente al llamado problema judío preservó la paz
y la convivencia internacional? ¿Acaso fomentó la
tolerancia en Afganistán en lugar de pretender que los modos
de vida árabes se sujetaran a las reglas occidentales y los
paradigmas surgidos en Europa?
Las resoluciones de la ONU son
resoluciones políticas, y su reconocimiento al derecho judío
de una nación no fue excepcional. El surgimiento del estado
israelí fue un movimiento político y respondió a la
vergüenza y culpa internacional por el silencio y la
inactividad europea frente al holocausto. Respondió también
a necesidades inglesas y más tarde, americanas. La fundación
del Estado de Israel es algo mucho más complejo que la
simple resolución de la ONU: esta no fue más que la
oficialización de un proceso más largo y complicado que como
hasta ahora, en este debate, ha sido expuesto.
Creo que como historiadores es
importante reflexionar la historia inmediata, la historia en
tanto producto de la realidad humana en una dimensión
espacial y temporal. Creo que es importante observar los
cambios, analizarlos y discutirlos. Y creo también que será
imposible no tener una postura, una posición.
Pero no estamos aquí para defender el
estado en el que vivimos, para responder a asuntos
personales o familiares. Yo mismo creo en la necesidad de un
estado judío, pero no creo en la usurpación. No creo que un
estado deba fundamentar su existencia en un éxodo que lleva
más de mil quinientos años (70 d.C.) sin importar lo que en
ese milenio pasó. No creo que debamos cerrarnos a una tierra
prometida y defender faltos de crítica lo que sin duda es
una ocupación.
Deberíamos entonces pedir que los
americanos se salieran de Norte América y se fueran a otro
lado, dejando el territorio a una nueva nación indígena.
Deberíamos pedir que los ingleses salieran de Inglaterra y
dejaran en la isla sólo a los celtas, o que Alemania
recupere la exención que tuvo la Germania.
Me parece que pedir eso es negar la
historia, negar una parte del pasado humano. La historia
judía en la Palestina, en lo que fue Judea, se cerró en el
éxododel año 70 d. C. por Tito y Vespasiano. Los judíos de
entonces varían mucho de los de ahora, y seguro los judíos
que provienen de Europa son más europeos que otra cosa;
igual los que provenimos de Siria, o los del Yemen.
No es esta una discusión de orden
nacionalista, sino un debate sobre como enfrentar esta
historia inmediata. Y propongo que más que lanzarnos a
justificar el estado israelí, o bien, querer emancipar los
territorios ocupados de la Palestina, nos planteamos un
problema a investigar, y discutamos sobre cómo desarrollarlo
desde nuestra disciplina.
Soy
judío, y se de la simpatía con un estado israelí. Pero esto
no debe cegarnos, no debe disfrazar los hechos y encerrarnos
en una postura nacionalista. El nacionalismo israelí también
es un producto nuevo, tan nuevo como el pueblo palestino. El
pueblo judío se separó hace mucho, y si ahora existe como
una utopía es por que reaccionó a un fenómeno de la magnitud
del holocausto nazi. Pero eso no da el derecho, a nadie, a
robar una nación y ponerle marca propia.
Espero esta reflexión contribuya un poco
a la dirección del debate, y nos centremos más en la
historia que en una lucha partidista. No se trata de medir
la magnitud de las armas, o el derecho divino que tiene cada
pueblo, quién es más viejo o si los árabes llegaron primero
a ahí que los judíos (Sabemos que no. Sabemos que el primer
muslim árabe llegado a Jerusalem fue, además de Muhammed
según la tradición, el califa Omar en el s. VII); se trata,
más bien, de reflexionar sobre el problema actual y cómo la
historia puede echar luz sobre este.
Cordialmente,
Oscar Aguirre
FF y L, UNAM
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