Desearía que en el próximo año 2001 no hubiera necesidad
de hablar del enfrentamiento entre Israel y Palestina. Como historiadora y
desde España, las cosas se ven un poco diferentes que en el lugar del
conflicto. La historia inmediata necesita de una reflexión que ahora no es
posible hacer porque lo que se cuenta, ante todo, son los muertos y el dolor
de los pueblos es inconmensurable. Sólo una postura de verdadera pacificación
entre los que dirigen de una forma u otro, la lucha podría llevar a un
entendimiento que se ve difícil y complejo. Nadie tiene la verdad
absoluta ni la razón absoluta. Ambas partes deben ceder pero el problema es
hasta dónde y cuándo. La violencia sólo genera más violencia. La
justicia, la equidad, el entendimiento, las creencias respetadas, son
elementos necesarios en esta situación a la que no se ve salida si no
existe voluntad auténtica de entendimiento.