El desarrollo de las elecciones 2001 al Parlamento del País
Vasco se ha convertido en un espejo de la realidad histórica y política
de la España Contemporánea. Cabe analizar en primer término si los políticos
que nos representan están a la altura de los cargos que ostentan,
decididamente no. Quiero sintetizar mi mas profundo malestar por las
actitudes manifestadas por nuestros políticos. Comparar la situación del
País Vasco y un partido democrático (PNV) con el genocidio realizado por
los nazis o por Milosevic en los Balcanes en el penúltimo miting de las
elecciones por nuestro presidente Don José Maria Aznar es un flaco favor
a la construcción y conservación de una democracia. Personalmente quiero
expresar mi más absoluto rechazo contra la organización terrorista ETA
cuyo único objetivo es el asesinato. Equiparar a partidos democráticos
con terroristas con intereses puramente partidistas si es utilizar los
muertos del terrorismo para llegar al poder. El debate no está entorno a
Nacionalismos (sea español, vasco, catalán...) pues son identidades
conformadas entorno a unos intereses comunes. El verdadero debate está
entorno a los VALORES DEMOCRÁTICOS. La Constitución de 1975 que ahora se
nos presenta como un texto sagrado y casi como dogma de fe era sólo el
punto de partida para establecer una sociedad democrática construida
sobre unos valores fundamentales. La realidad es que más de un 90% de la
población vasca está en contra de ETA y la mayoría de los ciudadanos
españoles también. Si nuestros representantes no son capaces de dialogar
entre ellos [pues son escogidos para ello] y anteponen cualquier interés
político a la vida humana, de nada sirve llenarse la boca de palabras
como Constitución, Libertad y Vida pues en el fondo ellos mismos no
aceptan los profundos valores que yacen en el concepto democrático.
Albert Biayna Gea