Saludos amigos de Had y mis respetos al profesor
Dargoltz.
Considero que debo aclarar algunos puntos de mi anterior intervención.
Obviamente mi defensa de la nacionalidad, sumada a mi condición de
venezolana, así como la referencia a Chávez, quien se ha caracterizado
por un discurso nacionalista, pueden hacer suponer que comparto lo que él
llama su "proyecto bolivariano". Pero mi nacionalismo, en varios
sentidos, es diferente del de Chávez. He de admitir que en un principio
lo observé con simpatía, como lo hizo un amplio sector de las clases
medias de mi país, sobre todo por su discurso contra la corrupción y el
deterioro moral en los partidos tradicionales. Debo aclarar también
que su triunfo no se debió a su discurso nacionalista. Las
condiciones estuvieron dadas a partir del descontento de todos los
sectores del país ante la profunda crisis económica que vivimos
desde hace más de 10 años. Entonces el fuerte de su discurso fue
la efectiva relación que estableció entre la corrupción y
la crisis económica.
Con relación al nacionalismo de Chávez, debo recordar que debido a un
extendido proceso de mestizaje étnico y cultural, en Venezuela, hasta
ahora, no había sido común encontrarse con abiertas manifestaciones de
racismo. Pero el nacionalismo de Chávez (o más bien, la
agresividad de su discurso) está conduciendo a brotes xenófobos como no
se habían visto en la historia del siglo XX venezolano. Un caso es
el surgimiento de la organización que se hacen llamar Frente de Defensa
Simón Bolívar, el cual opera impunemente en el centro de Caracas y otras
ciudades del país, repartiendo papeles en los que llaman a la población
a investigar el origen de la riqueza de los italianos, españoles y
portugueses que entraron a Venezuela en los últimos 40 años. En
caso de que los investigados resultaren vinculados a los robos
cometidos contra el Estado, sus bienes habrían de ser confiscados. O sea,
de entrada, los extranjeros son culpables. Si no lo son, deben demostrar
su inocencia. Sólo después de muchas denuncias y protestas fue posible
que el gobierno se pronunciara en contra de tales panfletos, pero hasta
ahora no hay ningún detenido.
Justamente porque soy bolivariana y amo profundamente a mi país, no puedo
apoyar el discurso agresivo de Chávez. En un principio, muchos
venezolanos creímos ingenuamente que la decencia empezaría a
caracterizar a las funciones públicas. Pero hasta ahora nada ha
cambiado. Bueno, cambiaron los funcionarios. Los nuevos actores que
han insurgido en la vida política se hacen llamar revolucionarios.
Esto último es lo que marca la diferencia. Chávez se hace retratar
con Fidel y pasea con él por todo el país. Pero, como
reflexionaba un cubano que vive aquí (no es “gusano”, término que
detesto pero que me permite
aclarar): “en Cuba los cambios se operaron en los dos
primeros años”. Hasta ahora, en dos años, el mayor logro de Chávez
es el desmontaje de la institucionalidad de una democracia que funcionaba,
con muchas fallas, pero funcionaba. Ahora no hay nada que se
le oponga a sus deseos. Ciertamente, todavía hay libertad de
expresión. Pero él no escucha a nadie. Un ejemplo es el caso
de la construcción del tendido eléctrico hacia Brasil, el cual ha de
cruzar la Gran Sabana. A este proyecto se oponen decididamente las
comunidades indígenas que residen en la zona, pero su reclamo no es
atendido por el gobierno. De igual
forma se desatiende la voz de los ambientalistas. Chávez
ha llegado a decir que quienes se oponen al tendido son traidores a la
patria. Y los indígenas que se han atrevido a derribar las
torres eléctricas han sido encarcelados.
Este tendido es el resultado de compromisos del gobierno anterior (de la
“despreciada IV República”) con poderosos sectores mineros y
madereros que operan en la frontera selvática entre Venezuela y Brasil.
Como vemos, no cambian las prácticas fundamentales. Estos sectores,
por demás, afectan con su actividad el medio ambiente e incluso han
maltratado a los indígenas. Pero ahora, el tendido mismo está
alterando el endeble equilibrio de una de las zonas más bellas y
vulnerables del
planeta, como es la Gran Sabana, la cual, por demás, se
había preservado por siglos gracias al tratamiento respetuoso de las
comunidades indígenas hacia su hábitat.
Lamentablemente, la mayoría de la población permanece indiferente
a este asunto. A esto último me refería cuando afirmaba en mi
anterior intervención que en mi país “no hay protestas
significativas contra la eliminación de los frenos regulatorios, son muy
escasas las voces que se oyen en defensa de nuestra cultura, de la enseñanza
de nuestra historia o de la selva amazónica”. Pienso entonces que
de alguna manera esto está relacionado con una débil identidad y con una
ausencia de sentido de pertenencia. No todos los nacionalismos son
iguales, ni todos son excluyentes. Yo defiendo una identidad nacional sana
que sea capaz de desarrollar un sentido de pertenencia y de
responsabilidad en el colectivo.
Lamento haberme extendido, pero me pareció prudente hacer esta aclaración.
Luz Varela
Universidad de Los Andes
Mérida, Venezuela
lvarela@cantv.net