|
Querido Juan, quiero hacerte una pregunta:
¿cómo concibes tu una mayor participación
del ciudadano en medio de un gobierno que activa esta participación
como un mandato o en el mejor de los casos como una graciosa
concesión?
Tu señalas lo siguiente: “Nos están regresando a la dinàmica
deliberativa de la democracia, cuando con el chavismo hemos
recuperado para el ciudadano el espacio pùblico y ahora, se
quiere restringir de nuevo las decisiones a los acuerdos y pactos
surgidos entre las corporaciones” ¿Cómo puedes conciliar
esa afirmación con las evidencias que a continuación te
presento?
1.
Los sucesos en el INAVI. Esta situación afectó a una
familia de amigos, por lo cual conocí muy de cerca el caso.
Es un conjunto residencial construido, hace unos diez años por el
Instituto Nacional de la Vivienda, para familias con necesidades.
No hay regalo pero si hay subsidio. Son viviendas con una
clasificación que admite cierta situación de precariedad, pero
que podía superarse en base a los cuidados y aportes de sus
propios habitantes. Por ejemplo, los estacionamientos del
conjunto sólo contaban con un puesto de automóvil por tres
viviendas. Y se les destinó, sin construir, un pequeño
terreno para el juego de los niños pequeños. Los vecinos
tienen pocos recursos pero aún así lograron cercar el terreno
para seguridad de sus niños, y planificaban, a mediano plazo,
colocar instalaciones de recreo. Mientras, era ideal para
que los pequeños corrieran y montaran sus bicicletas.
Hay una cancha deportiva, pero la usan los niños más
grandes y los adolescentes, y está relativamente retirada y
separada por una vía de automóviles que puede resultar
peligrosa para que la crucen los pequeños. Es de notar que
casi todas los conjuntos de viviendas de interés social
construidos en Mérida, superaron hace décadas su inicial
situación de precariedad y su actual y superior clasificación
evidencia de que han mejorado su calidad de vida. No se habían
presentado obstáculos para que estas residencias pudieran
mejorar. Hasta ahora. El año antepasado la
maquinaria del INAVI, llegó sin aviso previo, y desalojó a los
niños de su terreno de juego (que insito, es muy pequeño).
Habían decidido construir otro edificio de apartamentos en ese
terreno. Los vecinos se organizaron, como lo habían hecho
para cercar sus edificios (algo fundamental en Venezuela, por
razones de seguridad), también se habían unido para acondicionar
los jardines, reformar los piso, etc. En vista de esta
nueva situación, se reunieron con los funcionarios del INAVI y
les explicaron que los servicios (luz, agua, transporte público)
apenas alcanzaban para cubrir con un mínimo de decencia las
necesidades de quienes ya vivían allí. Dado que la situación
económica de muchos había mejorado algo con los años, más
familias tenían automóviles y ya empezaba a ser complicado el
guardar los autos en las noches. Además les hicieron ver,
que no era regular ni legal el cambiar el uso dado a ese terreno,
uso que constaba en los planos registrados en el municipio.
Finalmente apelaron a la situación de los niños y a lo
inconveniente e injusto de que se les arrebatara su único lugar
de recreo. Cuando los funcionarios se abrieron a los
planteamientos de los vecinos y empezaban a buscar otro
terreno para construir el edificio, hizo su magna intervención un
alto dirigente del MVR o del PCV (no lo se bien, sólo se que era
importantísimo dirigente del PC en los años de mi militancia en
la JC, … años ha). Bueno, según su discurso, los
vecinos resultaron ser “ unos burgueses corruptos que no tienen
solidaridad con sus semejantes” que actuaban manipulados por las
cúpulas podridas de AD, y que dado que había tanta gente
necesitada de vivienda, y si ellos habían aceptado vivir
inicialmente en situación de precariedad no podían estar
aspirando a mejorar su estatus, pues en estos tiempos
revolucionarios eso era un obstáculo para que el resto del pueblo
bolivariano tuviera vivienda, etc, etc. No
importó la normativa municipal, ni las necesidades psicosociales
de los pequeños, ni el rechazo de la comunidad a deteriorar su ya
limitada, calidad de vida, expresada abiertamente por los vecinos
(en prensa, cartas, juzgados, etc). Todo el asunto
estaba en que no se podía permitir que la gente decidiera
por encima o en contra de las sabias decisiones ya tomadas por
quienes tienen la verdad. Era un problema de confrontación
por el poder. En este caso ¿quien tiene el poder?
Digo que lo tiene el pueblo, pero YO mando. Que no quede
duda. ... ¿Puedo estimular así la participación?.
Pudiera ser, pero sólo la de los que opinan como yo.
2.
El talante autoritario del presidente. Las cosas se hacen
por su voluntad. Basta oír un solo programa de “Aló
Presidente”, para percibir su idea de que el sol sale porque él
lo dispone. Pareciera gobernar sólo, los ministros que lo
acompañan en el programa y le ríen sus chistes aparentemente están
allí para cumplir las ideas y disposiciones que a lo largo de su
discurso le van aflorando. Aún recuerdo que cuando la
Asamblea Constituyente se negó en principio a cambiar el nombre
de nuestro país, Chávez dio un regaño presidencial por cámara,
en vivo y directo. Por supuesto, a última hora, la Asamblea
introdujo el cambio de nombre. Ahora somos República Bolivariana
de Venezuela.
3.
El retroceso en el proceso de descentralización. Durante
los años ochenta se desarrolló en Venezuela un fecundo proceso
de descentralización de las funciones del Estado, evidenciado en
la numerosas publicaciones de la COPRE. Gracias a este
proceso, entre otras cosas, podemos actualmente elegir a los
gobernadores de los estados y, tanto los ministerios como
otros entes estatales empezaban a alcanzar cierto grado de autonomía
ante lo que, algunos historiadores regionales habían calificado
como “tiranía de Caracas hacia las regiones”. En
estos momentos, en plena revolución “participativa”, es
conocido por todos los que tienen o han tenido algún amigo o
conocido en el gobierno, que Chávez pretende intervenir en
prácticamente todas las decisiones de todos los ministerios, aún
en los Estados más remotos. De allí proviene, en parte, la
dificultad para el ejercicio de las funciones publicas, y por
tanto aumenta la ineficacia y el fracaso manifiesto en casi todas
las esferas de la actividad gubernamental. Esto, obviando que el
gobierno adeuda a las regiones el ejercicio del año fiscal 2001 y
del 2002. Sin entrar en detalles he de aclarar que este
dinero existía como parte del presupuesto aprobado en base a
fondos reales, sin contar con que el aumento en el precio del petróleo
proporcionaría al gobierno, además, ingentes ingresos
extraordinarios. Bien, todo este dinero ha
desaparecido. Tanto el proveniente del ingreso
ordinario como el del extraordinario. Después de esto, las
regiones se han quedado “con los ojos claros y sin vista”.
Por supuesto, esta es una de las muchas causas por las cuales se
pretende juzgar al Presidente. Creo recordar de los tiempos
en que cursé mi maestría en Ciencia Política, que a mayor
descentralización, mayor posibilidad de participación democrática,
y viceversa. Pero, ahora, en estos tiempos de democracia
revolucionaria se insiste en que la cosa es al revés.
¡!!
4.
La redacción por parte del Ejecutivo y, consecuentemente,
la inmediata aprobación, de una serie de leyes sin ninguna
participación ni discusión parlamentaria. Me refiero a las
cuestionadas leyes habilitantes. Fue tan radical la posición
del gobierno en este caso, negándose a discutirlas, pese a la
oposición de amplios sectores de la sociedad, que terminó
provocando las protestas de diciembre del 2001, dándose inicio así,
a la actual crisis de gobernabilidad.
5.
Ante la desaparición de los partidos se han construidos sólidos
espacios en la sociedad civil, justamente en los sectores de la
oposición. Quiero decir que el chavismo no es el que los ha
propiciado, sino que pese él, o, por luchar contra él, se ha
incentivado la formación de organizaciones ciudadanas, como
no existían antes. En Venezuela, los politólogos y unos
cuantos historiadores, están de acuerdo en que empieza a formarse
un sentido de ciudadanía que no existía, o por lo menos no se
manifestaba consecuentemente. Aparentemente, carecía
el venezolano, en su mayoría, de este sentido de ciudadanía,
siendo más bien indiferente a su entorno social. Ahora,
desde hace casi dos años, y según sus posibilidades, este nuevo
ciudadano no cesa de manifestarse, marchando, opinando,
escribiendo, gritando o golpeando sus cacerolas. Considero
que esto es lo mejor que nos ha legado esta revolución, un amplio
sentido de ciudadanía que tardó casi dos siglos en florecer.
Para terminar quiero citar a la historiadora y politóloga
venezolana, Dra. Graciela de García Pelayo, estudiosa del
personalismo político, quien afirma: “Nunca había habido aquí
una conciencia tan grande como la que hay ahora, con respecto al
papel que a cada ciudadano le toca cumplir. Yo creo que hemos
llegado a donde debíamos haber estado en 1812 o 1811: que la
sociedad fuese un conjunto de individuos autónomos, libres,
responsables y garantes de su propio orden. La cosa pública nos
interesa a todos. ¿Qué más podemos querer que no sea el bien
común para todos, ser más felices en este valle de lágrimas?”
(El Nacional, 12 de mayo de 2002).
Dudo que después de esto, pueda haber un retroceso
en la conciencia política de los venezolanos. Y esta
conciencia no se está formando precisamente en apoyo a la
“revolución”, sino en contra de ella.
Juan, creo que no debes preocuparte porque volvamos
a la democracia puramente deliberativa, dejando a ún lado la
participativa. A mi, en particular, más me preocupa otra cosa: la
posiblidad de una escaramuza armada. Bueno, me causa terror y
angustia, pero debo usar la palabara temida, mas me preocupa una
"guerra".
Luz Varela
Universidad de los Andes
lvarela@cantv.net
|