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Chiapas y la
escritura de la historia |
Hasta el momento, lo que hubo de debate sobre Chiapas fue
polarizado por el texto de Horst Kurnitzky. El dilema : ¿contestar a este
texto y seguir polarizando la discusión en torno a el, o no contestar y dejar
en el aire tantas acusaciones gratuitas y datos falsos? Intento no eligir, así
que lo que sigue no es una respuesta a H.K. (sin embargo, empezaré
rectificando algunas de las informaciones que contiene); me gustaría más
bien retomar algunos temas para reubicar un posible debate.
- El Ezln no tiene ni tuvo nada que ver con el maoismo.
Existieron en Chiapas muchas organizaciones maoistas, como Linea Proletaria,
pero adoptaron estrategias totalmente distintas a la del Ezln y fueron en su
parte principal expulsadas en 1983, justamente cuando se funda el Ezln (se
puede leer, entre otras fuentes posibles, el libro de C. Tello, La rebelión
de las Cañadas, nada favorable al Ezln, pero que deja este punto muy claro).
- El Ezln se caracteriza por un fuerte proceso de
auto-transformación, y desde 1994 subraya que no lucha por la toma del poder
de Estado. Eso es una crítica clara al jacobinismo leninista y sus variantes
ulteriores.
- El Ezln se preocupa por proyectos productivos, organizaciones
de cooperativas, y muy particularmente por construir escuelas y clínicas: son
decenas las que crearon a partir del 94.
- El zapatismo no es comunitarismo. Ahí, empezamos con temas
que merecen un debate. Son igualmente peligrosas o poco fecundas la idealización
de lacomunidad como organización igualitaria y armoniosa, y su caricatura
como realidad opresiva, dominada por el conservadurismo de los ancianos y la
sumisión de los individuos. Las dos visiones, contrarias, comparten el mismo
error : creer que existe una esencia única de LA comunidad (como si LA
democracia fuera siempre la misma cosa desde la Grecia antigua). Las
comunidades indígenas conocieron una larga historia, durante la cual fueron muchas
veces transformadas si no profundamente recreadas (les ahorro el
esquema histórico). De tal forma que, cuando los zapatistas se refieren a la
comunidad, eligen un cierto modelo de comunidad entre muchos posibles. El que
eligen tiene mucho que ver con una experiencia de « neocomunidades » en
ruptura con la tradición comunitaria (Y. Le Bot), que se ha desarrollado
durante la colonización de la Selva Lacandona a partir de los 70 y, es
cierto, con una fuerte influencia de la Iglesia y la ideología de la hermandad espiritual de los cristianos. En ese contexto, el poder de los
ancianos fue limitado y se revitalizó la práctica de las asambleas
comunitarias, como órgano de decisión. Eso tampoco quiere decir que la nueva
forma de comunidad llega a la perfección, pero, por lo menos, tenemos que
matizar un poco. El Ezln valoriza la experiencia de la comunidad pero también
reivindica su renovación, su transformación y su apertura. Es el sentido del
discurso de la comandante Esther en el parlamento : las mujeres zapatistas no
quieren seguir con las costumbres que las someten y por eso están luchando.
- El zapatismo no es etnicismo. No vamos a avanzar si no
reconocemos que puede existir una diferencia muy grande entre plantear un
problema étnico y caer en el etnicismo. El etnicismo, efectivamente, «
solamente reconoce a la comuna como sujeto », y por eso se afirma negando al
otro, los otros, y degenera en locuras xenófobas y enfrentamientos étnicos
(por ahí, llegamos a la fragmentación que promueve el neoliberalismo, al
mismo tiempo que la homogeneización de la llamada globalización, como lo
subraya el vocero del Ezln). Pero la manera en que el Ezln plantea el problema
indígena no tiene nada que ver con esto, porque lo articula: 1) con la afirmación de
una perspectiva nacional y 2) con una preocupación por la humanidad toda. No
hay que ignorar que el Ezln tiene como planteamiento central « la lucha por
la humanidad y contra el neoliberalismo ». ¿Se puede acusar de cerrazón
etnicista a gente que lucha por « la dignidad, esa patria sin nacionalidad »
y que organizó en 1996 el mayor encuentro internacionalista que habíamos
visto desde hace muchos decenios?
- El zapatismo no es posmodernismo (Yvon Le Bot no escribió
esto; otros, sí, lo hicieron). Calificar al zapatismo como revolución
posmoderna es una fórmula periodística, o por lo menos muy superficial. Es
igualmente errÓneo denunciar al zapatismo como etnicismo y comunitarismo que considerarlo
como posmodernismo, arraigándose en una concepción tradicional de la
modernidad, sin ver que esta no cumplió sus promesas, obligándonos a una
seria crítica (véanse Adorno y Horkheimer). La reflexión fundamental a la
cual nos invita el zapatismo es justamente la necesidad de plantear una doble
crítica, la de las ilusiones de la modernidad (incluso las certezas del
marxismo ortodoxo) y al mismo tiempo la de las desilusiones de la posmodenidad
(rechazo de la noción de totalidad, fragmentación e individualismo extremo).
El zapatismo nos invita a repensar viejas oposiciones como
individual/colectivo, particular/universal, y busca la manera de superarlas,
articulando nociones consideradas incompatibles por la modernidad. Por eso, el
zapatismo también propone una articulación de los tiempos históricos que
tiene que ver con el romanticismo revolucionario (en la definición de Michael
Löwy : no volver al pasado, sino dar una vuelta por el pasado, para
proyectarse en un futuro diferente). Por eso el zapatismo no es posmoderno,
pero tampoco reproduce los dogmas de la modernidad y tampoco se encierra en la
idealización de un pasado premoderno.
Si eso les parece de algún interés, me permito reproducir aquí
parte de un artículo mío, publicado en la revista Chiapas, 10, 2000. Espero
que me disculparan por ese procedimiento, pero no sabría decir lo mismo con
otras palabras :
Los textos zapatistas confirman la necesidad de superar falsas
alternativas (lo que no significa negar la pertinencia de dualidades como la
de lo individual y lo colectivo, sino considerar que lo más fecundo consiste
en articularlas). Mucho se podría decir de la oposición comunidad/individuo.
Pero apenas es necesario recordar la importancia de la noción de lo
colectivo, que el zapatismo retoma de la organización de las comunidades indígenas.
En palabras del Subcomandante Marcos, éstas «empiezan a organizarse para
sobrevivir de la única forma que podían sobrevivir, es decir, juntos, en
colectivo. La única forma en que esta gente podía asegurarse seguir adelante
era juntándose con el otro. Por eso, la palabra junto, la palabra nosotros,
la palabra unidos, la palabra colectivo, marcan la palabra de los compañeros.
Es una parte fundamental, diría yo, la columna vertebral del discurso
zapatista». La importancia de lo colectivo, aquí de ninguna manera
relacionado con una supuesta esencia indígena o identidad maya sino con
condiciones concretas de vida, no implica tampoco reproducir el mito
idealizante de una comunidad homogénea y sin jerarquía, viviendo en la armonía
y el consenso permanente. Pero, sí, es una experiencia capaz de llamar la
atención de quienes cuestionan los excesos del individualismo occidental y
sus consecuencias a veces patéticas.
En los textos zapatistas, la insistencia en los valores de la
comunidad y lo colectivo no borran la preocupación por los individuos. La
forma narrativa, frecuentemente adoptada por el Subcomandante Marcos, le
permite dar vida a personajes singulares (aunque a la vez ejemplares), como el
Viejo Antonio o los niños Olivio y Toñita. Sobre todo, insiste en que la
resistencia se construye con decisiones individuales : «en cualquier parte
del mundo, en cualquier tiempo, un hombre o una mujer cualquiera se rebela y
termina por romper con la ropa que el conformismo le ha tejido y que el
cinismo le ha coloreado de gris. Un hombre o una mujer cualquiera, de
cualquier color y en una lengua cualquiera, dice y se dice !Ya basta! (...) un
hombre o una mujer cualquiera se empeña en resistir al poder y en construir
un camino propio que no implique perder la dignidad y la esperanza. Un hombre
o una mujer cualquiera decide vivir y luchar su parte de historia». La
resistencia ya no viene presentada como una lucha de las masas, conforme a la
vieja retórica que construía las acciones colectivas sacrificando a los
individuos. Todo ahora empieza con los seres individuales, a la vez singulares
y comunes, quienes resistiendo rompen con la uniformidad dominante para buscar una vía propia y otra
manera de vivir y transformarse.
De igual forma, el zapatismo sugiere dejar atrás la oposición
entre las luchas globales y las particulares. La globalización - o sea la
expansión de las reglas de la mercancía y la ganancia a casi todos los
rincones del planeta y a cada vez más aspectos de la vida humana - produce
efectos parecidos en el mundo entero. Se trata de una lógica tanto más
global cuanto es dotada de una dinámica expansiva. Es conducida por fuerzas
mundiales cada vez más integradas: es el reino del «gran poder mundial», de
la «megapolítica». Todos los acontecimientos particulares de nuesto tiempo
son expresiones de un enfrentamiento global; lo que se da en las tantas arenas
donde luchan el pueblo es «la gran pelea de fin del siglo XX: el Mercado
contra la Historia». Finalmente, hombres y mujeres de los cinco continentes
pueden encontrarse y compartir sus experiencias en contra de un mismo enemigo;
la humanidad toda puede reunirse en su lucha común contra el neoliberalismo.
Frente al doble proceso de uniformación económica y de fra
mentación política y social que promueve el neoliberalismo, la estrategia de
resistencia tiene que optar por una lógica opuesta. Tiene que empezar
reconociendo diferencias y particularidades (y sólo luego intentar
federarlas). Las bolsas de resistencia son «de todos los tamaños, de
diferentes colores, de las formas más variadas. Su única semejanza es su
resistirse al «nuevo orden mundial» y al crimen contra la humanidad que
conlleva la guerra neoliberal... Hay tantos modelos como resistencias y como
mundos hay en el mundo. Así que dibuje el modelo que más le guste. En esto
de las bolsas, como en las resistencias, la diversidad es riqueza». La
homogeneización está del lado del neoliberalismo y las diferencias del lado
de la humanidad en resistencia. Por eso, tienen una importancia tan notable en el estilo del Subcomandante Marcos las amplias y a
veces interminables enumeraciones. No bastaría hablar de la lucha de «los
indígenas», sin recordar que es la de las etnias «mazahua, amuzgo,
tlapaneco, najuatlaca, cora, huichol, yaqui, mayo, tarahumara, mixteco,
zapoteco, maya, chontal, seri, triquis, kumiai, cucapá, paipai, cochimí,
kiliwa, tequistlateco, pame,
chichimeca, otomí, mazateco, matlatzinco, ocuilteco, popoloca,
ixtateco, chocho-popoloca, cuicateco, chatino, chinanteco, huave, pápago,
pima, tepehuano, guarijio, huasteco, chuj, jacalteco, mixe, zoque, totonaco,
kikapú, purépecha, o’odham, tzotil, tzeltal, tojolabal, chol, mam».
Tampoco bastaría llamar a la humanidad a enfrentarse al neoliberalismo, sin
recordar la diversidad de los que luchan, «mujeres, niños, ancianos, jóvenes,
indígenas, ecologistas, homosexuales, lesbianas, seropositivos,
trabajadores...»; de hecho, son todos los « eliminables, los « expandables
», es decir, los negros, los amarillos, los chicanos, los latinos, los indígenas, las mujeres, los jóvenes,
los presos, los migrantes, los jodidos, los homosexuales, las lesbianas, los
marginados, los ancianos y, muy especialmente, los rebeldes».
No se trata de fundir las luchas particulares en un movimiento
global y único. A pesar del carácter fuertemente integrado de su componente
militar, el movimiento zapatista propone cada vez menos un modelo organizativo
homogeneizante. Cualquiera que sea el peso de las viejas costumbres, busca
desprenderse de las definiciones cerradas y unívocas de antes: «El zapatismo
no es una nueva ideología política o un refrito de viejas ideologías. El
zapatismo no es, no existe... No hay recetas, líneas, estrategias, tácticas,
leyes,reglamentos o consignas universales». Esta desconfianza hacia las lógicas
institucionales, verticalizantes y uniformizantes, también parece ilustrada
por el cuento Siempre y Nunca contra A veces. Su moraleja indica que los de
abajo se caracterizan por las singularidades del «a veces», cuando los
dearriba, «los grandes imperios dominantes», imponen su dominación con las
leyes universales y las lógicas globales del «nunca» y el «siempre».
A los grupos e individuos reunidos en el Encuentro
Intercontinental contra elneoliberalismo y por la humanidad, el Ezln no
propuso crear una enésima Internacional sino conformar una red de voces en
resistencia. Se trata deprovocar «un eco que se convierte en muchas voces, en
una red de voces que, frente a la sordera del poder, opte por hablarse ella
misma sabiéndose una ymuchas, conociéndose igual en su aspiración a
escuchar y hacerse escuchar, reconociéndose diferente en las tonalidades y
niveles de las voces que laforman... Sigue la bolsa espejo de voces, el mundo
en el que los sonidos puedan ser escuchados separados, reconociendo su especificidad, el
mundo en el que los sonidos puedan incluirse en un sólo gran sonido... Sigue
el mundo con muchos mundos que el mundo necesita». De lo que se trata es
exactamente eso : la paradoja de muchos sonidos separados en un sólo gran sonido,
el reto de muchas diferencias que se unen sin olvidarse de sus diferencias.
Superando la alternativa de los rasgos particulares y las
realidades homogéneas, y oponiéndose a la lógica de globalización/fragmentación
del neoliberalismo, los textos zapatistas insisten en reconocer a la vez
semejanzas y diferencias. Insisten en promover una unidad en la
diversidad, en convocar a múltiples diferencias capaces de juntarse. Además
del lema «un mundo dondequepan muchos mundos», este planteamiento resuena en
la proclamación de la Mayor Ana María: «todos somos iguales porque somos
diferentes». El paradójico «porque» busca romper con la idea según la
cual la igualdad y launidad humana tienen que ser definidas a pesar de las
diferencias entre los individuos, clases, razas y sexos. Al contrario, habla
de una igualdad soñada yuna unidad construida a partir de las diferencias,
con base en su pleno reconocimiento. En esta articulación de las diferencias y los
puntos comunes,de las lógicas generales y las realidades particulares,
podemos encontrar unade las propuestas más fuertes del zapatismo.
Esto también se puede formular de manera ternaria, recordando
la capacidad delzapatismo por proponer una articulación equilibrada de lo
local, lo nacional y lo intercontinental. El movimiento está enraizado en el
contexto específico de Chiapas y fuertemente vinculado con las etnias indígenas
de este sureño estado de la República mexicana. Pero, el Ezln siempre se esforzó por no dejarsearrinconar en una problemática exclusivamente local o
étnica; siempre reivindicó una solución a nivel nacional, incluyendo en sus
demandas derechos yautonomía para todos los indígenas del país, democracia
y justicia para todoslos mexicanos. Sin embargo, a pesar de un patriotismo
orgullosamente proclamado, el marco nacional no crea fronteras absolutas ni
encierra elhorizonte zapatista : sólo una red intercontinental de resistencia
puede enfrentar un enemigo ahora planetario, y el Encuentro de 1996 convocado
por elEzln puede considerarse el acontecimiento internacionalista másimportante
delos últimos decenios.
Sin negar que puedan haber ocurrido choques o priorizaciones
indebidas en el manejo táctico o estratégico de estas tres perspectivas,
podemos considerar que el movimiento zapatista logró en lo esencial una
articulación notable de ellas. Sobre todo, cabe subrayar que cada uno de los niveles aquí
mencionados encuentra su pertinencia por estar relacionado con los demás. Una
lucha exclusiva por la identidad y la autonomía indígena fácilmente caería
en los riesgos del etnicismo y las idealizaciones que a menudo proporciona.
Aceptarlas fronteras de México como horizonte político podría conducir a
discursos fuertemente nacionalistas y, de todas maneras, difícilmente daría
al Ezln una capacidad de convocatoria intercontinental. En fin, limitarse a la
solaperspectiva universal volvería a negar las particularidades locales, étnicas
y nacionales que dan base firme al movimiento. En el zapatismo, lo local,
lonacional y lo «intergaláctico» no pueden oponerse ni separarse, y tienen
alcontrario que ser pensados en relación entre sí. La lógica que da
coherencia aesta elaboración es precisamente la de una articulación de
escalas diferentes. El zapatismo busca provocar y propagar «el eco de lo
propio pequeño, lo local y particular, reverberando en el eco de lo propio
grande, lo intercontinental y galáctico».
Dicha articulación de escalas es un terreno fértil para que
crezca un nuevo universalismo, distinto del que heredamos de la Ilustración.
Este último tiene que enfrentarse a dos críticas principales : la de
construirse en base a un hombre abstracto, negando la diversidad de los seres
reales; y la sospecha deque «todos los valores universales son de hecho
valores particulares universalizados». De esto nace la pregunta que el
zapatismo nos ayuda a plantear: ¿es posible un universalismo que integre la
crítica del universalismoen cuanto universalización de valores particulares?
Frente al proceso de uniformación espacial y deslocalización que induce la
mundialización mercantil,u na lucha como la del zapatismo reivindica una
singularidad de las experiencias y una autonomía de los lugares. Así se podría
entender la demanda de autonomía,e s decir como una preocupación por
restituir a los seres humanos y sus acciones su localización, su relación
necesaria con el lugar que les da vida y sentido.Lo difícil consiste en
mantener tal exigencia de particularización sin hacer el juego a las pasiones
identitarias y los celos de nacionalismos enloquecidos. Pero es justamente ahí
donde se revela de gran ayuda el esfuerzo zapatista porarticular reivindicación
local y étnica, lucha nacional y preocupación universal por la humanidad
toda. El criterio de diferenciación es bien claro :las pasiones identitarias
se vuelven peligrosas porque aíslan lo local, lo particular o lo étnico, haciendo de ellos valores últimos y fines en sí mismos, mientras que en una
propuesta como la zapatista son por cierto valores asumidosy reivindicados,
pero a la vez integrados en una perspectiva más amplia que los supera y
transforma su significación. Lejos de eliminarse mutuamente, lo local,lo
nacional y lo universal se reconocen como igualmente pertinentes y finalmente
sólo encuentran su legitimidad en la medida en que se articulan entre sí. En
esto encontramos la base de una nueva forma de universalismo, lejos del hombre
abstracto definido por la Ilustración tanto como de la pacotilla del
internacionalismo de la Mercancía. Se trata de llegar a la universalidad, basándose
en el reconocimiento de la especificidad de los lugares, la diversidad de los
seres humanos y la autonomía de sus experiencias . En la frase de bienvenida
de la Mayor Ana María, que no sobrarepetir, se encuentra el principio
fundamental de este universalismo renovado: «todos somos iguales porque somos
diferentes».Hoy, se hace cada día más clara la necesidad de ubicar el
combate en dosfrentes a la vez : no sólo en contra de las rigideces heredadas
del marxismo dogmático, el sociologismo sustancialista y un estructuralismo
que piensa lahistoria como un proceso sin sujeto, sino también en contra del
individualismo metodológico, la fragmentación posmoderna y la permeabilidad
a los valores del capitalismo liberal. Se hace ahora necesario escapar tanto
de las fortalezas delas cuadradas certezas de ayer como de los pantanos de las
informes descomposiciones de hoy. Por eso, los textos del Ezln invitan a
combinar escalas múltiples (de lo local hasta lo intergaláctico), a
articular lo individual y lo colectivo, a pensar a la vez diferencias y
unidad. Convocan alencuentro unitario e igualitario de las diferencias, a la
multiplicación de las experiencias y las autonomías en el seno de una red de
voces y de luchas. Ayudan a fortalecer un universalismo renovado, a partir del
reconocimiento de las diferencias entre los seres humanos y las
especificidades de los lugares particulares en donde viven, y no de su negación.
Los textos zapatistas sugieren que no se resolverá el problema
sacrificando lo local en aras de lo universal, y las particularidades en
nombre de la totalidad. Pero tampoco encontraremos una salida eligiendo lo
individual y olvidándonos de lo general, enfocándonos a las variaciones y
negando las regularidades. En el mundo actual, creer que las realidades
humanas sólo son producto de las configuraciones locales e interpersonales y
que urge concentrar toda la atención en los actores individuales y sus
particularidades nos alejaría de la conciencia de la escala de los problemas
que involucran a la humanidad. Renunciar a conceptos como Neoliberalismo o
Mercancía, en nombre de un puritanismo nominalista, resultaría una trampa
destinada a enmascarar las evidencias más masivas. Pero, al mismo tiempo, hay
que reconocer la complejidad de esos conceptos, la diversidad y las
contradicciones de las realidades que encubren, y finalmente el hecho de que
su lógica globalizadora de ninguna manera produce una homogeneización de las
condiciones humanas y tampoco justifica el modelo de una lucha uniformada,
centralizada y negadora de las diferencias.
En la percepción del pasado, esto nos lleva a rechazar tanto
una historia monolítica concebida a manera de un drama ineluctable y
determinado por fuerzas suprahumanas, como una visión individualizante
atomizada hasta el olvido de las coacciones sociales y las tendencias pesadas
de la evolución histórica. Nos induce a reivindicar una historia a la vez
global y plural, capaz de explicar la coherencia de las estructuras y las
transformaciones sociales y de restituir la diversidad de las experiencias
humanas. Una historia global y sin embargo plural, porque a pesar de concebir
el mundo social como una totalidad, reconoce la existencia de esferas
diversificadas, de evoluciones desfasadas, de contradicciones y fallas que
fracturan esta totalidad. Una historia plural y sin embargo global, porque
aunque rechaza la visión homogeneizada de una época pensada como unidad de
estilo o zeitgeist, y la percepción de la evolución como una línea recta y
única, no por eso deja de perseguir una inteligibilidad de la historia
humana, en su conjunto y su coherencia. Dicha historia no puede sacrificar al
individuo ni tampoco entregar en sus manos el comando de la nave : tiene que
evitar los escollos no sólo del « optimismo fatalista » legado por las
supuestas leyes del materialismo histórico, de la resignación desencantada
de la posmodernidad, sino también las suaves ilusiones del individualismo.
Respetuosamente,
Jérôme Baschet
Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales
Universidad Autónoma de Chiapas
jbaschet@montebello.unach.mx