Son las motosierras, las cabezas cortadas para
jugar al fútbol, los cuerpos recortados para ahorrar trabajo,
los machetazos para no gastar balas. Son las niñas violadas, los
niños masacrados, las casas incendiadas, los 4 millones de
hectáreas usurpadas, los 3 millones de campesinos echados como
perros. Son Mapiripán, Chengue, Mejor Esquina, Barcelona, El
Aro, La Negra, el Alto Naya, Honduras, Pueblo Bello, Las Tangas,
Buenos Aires, El Salado, La Granja, La Chinita. Son la Unión
Patriótica, Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo, Jaime Garzón, es
Mario, es Elsa. Son 15.000 asesinatos, 1.800 masacres, cientos
de fosas ocultas, 3.000 desaparecidos.
Son crímenes de lesa humanidad, o crímenes que niegan el ser
humano en cada uno de nosotros. Por eso, asistir a la marcha del
6 de marzo es un acto puro de moralidad, una expresión colectiva
y simbólica de nuestra dignidad como seres humanos.
La misma dignidad que se expresó en la marcha del 4 de febrero,
cuando unos 8 millones de colombianos en 140 países salimos a
protestar contra los asesinatos, los collares-bomba, las
pipetas, las minas, los secuestros, las cadenas y las bombas de
las Farc. Son crímenes de lesa humanidad, que por eso merecen el
repudio de la humanidad.
No se trata de comparar. Y no es lícito comparar. Un crimen
nunca puede justificar otro crimen, porque entonces ninguno
sería un crimen —y habríamos renunciado a ser humanos—. Así que,
desde el punto de vista moral, los mismos 8 millones de
colombianos que marchamos en febrero tenemos el deber de hacerlo
en marzo.
Pero no hay que ser un genio para saber que a la marcha del 6 de
marzo no asistirán 8 millones de colombianos, y tal vez ni
siquiera un millón de colombianos. Es porque esos eventos
multitudinarios no son —como deberían ser y como a la gente le
dicen que son— actos morales puros, sino que además son actos
mediáticos y actos políticos.
Los medios son el único lugar donde las multitudes se crean, se
organizan y se expresan, y por tanto la marcha de febrero no
habría sido sin la supercampaña de los medios en contra de las
Farc. Pues resulta que en los medios decisivos no hay la misma
claridad ni hay el mismo entusiasmo en condenar los horrores de
las 'autodefensas' (y es elocuente que así las llamen).
¿O es que de veras cree usted que los canales privados, las
radiocadenas y el periódico de Bogotá van a dedicar iguales
horas extras y otra página diaria a organizar otra megamarcha
contra los 'paras'?
Lo cual me trae a la marcha como un acto político, como
expresión de acuerdo o desacuerdo con una cierta manera de
concebir y gestionar los intereses públicos. Y aquí nos
encontramos con una asimetría inocultable: en tanto la política
de mano dura en contra de las Farc tiene el apoyo de tirios y
troyanos, la política de mano blanda respecto de los 'paras' es
el asunto más controvertido de este megagobierno.
Los hechos son tozudos. Llevamos ya 6 años de un Presidente
dedicado con sus ministros y sus consejeros a buscar un camino
legal para indultar a los señores de Ralito y sus miles de
'muchachos'. Hay una Ley de 'Verdad, Justicia y Reparación',
pero es la verdad que le convenga contar a cada ex comandante,
la justicia en cárceles que no lo son tanto y la reparación en
fincas para ser entregadas a grandes palmicultores.
Los hechos son tozudos, pero las percepciones son todavía más
tozudas. La gente —la mitad de la gente, dicen las encuestas—
piensa que las autodefensas se justifican y uno de cada tres
colombianos piensa que ellas deben perseguir a las guerrillas.
Es lo que oigo decir en las tertulias: que a la marcha de marzo
no hay que sumarse porque los 'paras' no son tan malos, porque
son un mal necesario, porque pagaron sus penas, porque se
acabaron, porque la Farc invitan o a las Farc les conviene,
porque atacar a los 'paras' es atacar al Ejército y es atacar al
presidente Uribe.
Todo lo cual en mi opinión confirma que el nuestro es un país
bastante confundido.
HERNANDO GÓMEZ BUENDÍA
Unica
Colombia
[Nota: Por favor, desarrollar las siglas de las instituciones a
las que están vinculados, a fin de que puedan ser mejor
identificadas por colegas de otras universidades y países]