Historia Inmediata
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Crisis en Argentina |
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Estimado Carlos: Me ha parecido una síntesis clara la que has vertido en tu mail sobre la situación de Venezuela. Las opiniones de quienes intervinieron, de manera inmediata, en el relato y la interpretación de los hechos aciagos ocurridos en el país hermano, facilitaron la tarea de quienes -no solo por ser latinoamericanos-, nos sentimos más que preocupados por esos sucesos. Un somero análisis de lo ocurrido nos lleva inmediatamente a observar como, dichas situaciones se repiten y se repetirán, con facetas diversas, en todos nuestros países.
Frente a los intentos de buscar caminos para
superar la actual crisis argentina, tenemos este panorama
internacional cuando menos preocupante, por no decir terrible,
que debe obligarnos (¿y por qué no a cualquier observador
preocupado?)a una seria reflexión.
Estamos sufriendo una guerra absolutamente
globalizada contra la democracia y la participación, que se
lucha en distintos escenarios; entre nosotros, y en las
vanguardias del ejército de la destrucción, contamos la presencia
constante y destructiva de los propulsores comunicacionales de la
antipolítica, cuyas recetas son funcionales a los "ukase"
dictados por el FMI y los organismos financieros
internacionales.
En ese sentido, deben alertarnos los perversos conceptos que pueden esconderse detrás del "que se vayan todos" a veces utilizado en forma bienintencionada, pero muy peligroso cuando comprobamos con que vehemencia se adhieren a esta consigna los muchos voceros a que hacíamos referencia antes, y el papel que han cumplido en la actual crisis venezolana esas mismas consignas. Y si nos acercamos a la situación europea, cuyo ejemplo tal vez paradigmático es la Francia obligada a elegir entre la derecha y la ultraderecha, veremos el peso indudable que los comunicadores tienen en la
repetición de consignas antipolíticas...
BREVE REFLEXIÓN SOBRE LA POLITICA ARGENTINA
La Alianza de 1999 nació de un acuerdo,
demandado por grandes sectores de la sociedad como forma de
generar una alternativa que pusiera fin a la hegemonía del
menemismo, que funcionara como tal dentro y fuera del gobierno.
Una herramienta en la que se confió para producir una transformación que encausara los desvíos en la política argentina, pero que falló traicionada por los personalismos, la corrupción y la falta de coraje, traicionando en consecuencia la fe de los ciudadanos. Pero una verdadera alianza sigue siendo la herramienta única y fundamental para cambiar los esquemas socioeconómicos que nos rigen. Demanda mucho más que un acuerdo electoral o una asociación para una gestión, ya que creo debe apuntar a una resignificación de los modos de hacer política, recuperando ámbitos genuinos de participación e intermediación entre sociedad y gobierno La consolidación democrática exige ampliar y profundizar sus bases con el aporte de las fuerzas progresistas, produciendo señales inequívocas que ayuden a reconstruir la confianza perdida en la política. Necesitamos trabajar y presionar, siempre dentro del marco pacífico de la democracia, para que aquellas señales se produzcan, con la participación activa de los sectores más intransigentes en cuanto a principios e ideales, tratando de concordar en grandes objetivos, más allá de circunstanciales e inevitables discrepancias.
Las diferencias ideológicas existentes entre los
partidos políticos tradicionales se han diluido, más allá de
cuestiones de apariencia. La captación del electorado para
alcanzar niveles de poder en la administración del Estado,
aparece ante la sociedad, como el principal cuando no único
objetivo de los grupos dirigentes. Hoy los partidos han
desaparecido o quedaron reducidos a pura maquinaria retórica,
dedicados casi exclusivamente a resolver disputas personales o de
pequeños grupos, más propensos a acceder y aferrarse
incondicionalmente a ubicaciones o cargos rentados, que a
defender principios, ideas y propuestas.
Desde esas posiciones no es posible plantear desafíos "en serio" sino simples adecuaciones, en los escenarios creados por los sectores dominantes, y por consiguiente, funcionales al verdadero poder.
Esto no puede producir en la sociedad más que
desorientación, confusión y rechazo, atentando contra la
imprescindible participación y dejando la actividad política
en manos de unos pocos.
No pueden ni deben ignorarse las nuevas formas
aparecidas a partir del mes de diciembre de 2001, las asambleas,
formas de la participación que, para lograr entidad plena,
deberán darse, en este marco, un proyecto político que les
otorgue mayor trascendencia y no las aísle de la gente, intención no
explicitada del "establishment".
Sólo un cambio que deje de lado los proyectos
personales para dar lugar a un proceso de construcción
colectiva, permitirá la obtención de logros determinados,
llevando al ciudadano a reconsiderar y revalorar la actividad
política. Y una autocrítica sobre las actitudes del pasado resulta
imprescindible.
Este modelo perverso y agotado a pesar de las
ficciones y falacias con las que sus conspicuos representantes
-foráneos e internos- nos acosan para domesticarnos, no pudo
ofrecer, ni aún en su mejor momento, la menor alternativa de un
mejor futuro.
Y lo que es peor todavía: destruyó los cimientos culturales y la estructura social construida por generaciones que quisieron una Argentina deseable para vivir, basada en la dignidad que otorgan la libertad, la justicia, la educación y el trabajo.
De allí el desafío que nos presenta la hora.
Solo quienes reflexionen con mente abierta podrán darle vida al
país asesinado por los Menem, Cavallo y De La Rúa, su larga
lista de secuaces y los incautos que creyeron equivocadamente
que el camino pasaba por continuar con la perversión del
menemaje... o que mirando para otro lado se defendían las
instituciones... cayendo en la volteada, por cierto no solo los
pecadores sino también los justos.
¿CONCLUSIÓN?
Todos los días vivimos situaciones que
demuestran la incapacidad de nuestras clases dirigentes.
Muchas veces corrompidas por las multinacionales y/o por los traficantes de narcóticos y armas, con un Estado e instituciones políticas y judiciales extremadamente debilitados y sin mayores posibilidades (ni interés) de ofrecer respuestas adecuadas al atraso y al empobrecimiento creciente, estamos atados a decisiones que se toman en el exterior. Creo debe ser aspiración de todo individuo bienintencionado, intentar superar esto y hacer su aporte para la construcción de una sociedad en la que la política vuelva a constituirse en herramienta legítima para la articulación de voluntades, para recrear una nación en libertad, igualdad, solidaridad y justicia social, cuyos éxitos y fracasos se midan por su resultado sobre la calidad de vida de la población y no por indicadores que tranquilicen o agiten al mundo financiero.
Y la política es la herramienta para lograr ese
Estado presente, autónomo y activo; que promueva la justicia;
evite los abusos, distorsiones y fantasías de quienes propugnan
la acción anárquica del mercado sin regulaciones; que concrete
decisiones que alejen la pobreza y lleven al bienestar; que
busque senderos pacíficos de convivencia, para
dar un sentido a la vida, despejando las miserias que agobian el
presente y las incertidumbres que ensombrecen el futuro de los
argentinos.
Cualquiera sea nuestra profesión o el ámbito en
el que desarrollemos nuestras actividades, defendamos, en este
momento crucial una vida en paz y libertad, más humana y -
valga la redundancia -, para toda la humanidad.
También Europa está incluída en este proceso,
ya que su papel de relativa independencia no la excluye como
objetivo en el proceso de "globalización perversa"
que vivimos. (Y digo "perversa" porque el tema globalización
tiene para mi otras características y matices que deben ser
analizados en extensión)
Será cuestión de tiempo, porque se pueden
entrever ya hoy algunas "confusiones" que permiten
suponer que las contradicciones históricas que separan Europa
de los EEUU en muchos temas, deben encontrar una resolución más
o menos cercana en el tiempo.
Hoy pienso que los "campos de batalla" somos los países del Tercer Mundo y Medio Oriente, pero sería prudente observar, con los elementos que nos facilita la historia de los últimos 50 años, de que manera esas contradicciones se van acelerando y adquieren una entidad mayor cada día.
Sin más, espero que esta síntesis personal y
seguramente algo confusa de la situación sirva para algo, al
menos para generar debate y reflexión. Con términos y
conceptos similares estamos tratando con otras personas
provenientes de ámbitos diversos, de promover la discusión y la
comprensión de estas horas tan preocupantes.
Un cordial abrazo,
Luis O. Cortese
"HISTORIAS DE LA CIUDAD"
Buenos Aires, Argentina
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