Historia Inmediata
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Análisis de la coyuntura actual de la Escuela
Nacional de Antropología e Historia como dependencia del
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Arturo Alonzo, María Chía, Florencia Peña y
Sergio Sánchez “Perfil Académico”
Escuela Nacional de Antropología e Historia
Introducción Ésta es una reflexión en torno a la coyuntura actual por la que atraviesa la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) como dependencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La tesis central que sostenemos y que nos encontramos desarrollando más ampliamente en trabajos paralelos, es que en la Escuela el mobbing, acoso laboral o psicoterror es hoy LA CULTURA de nuestra “organización”. Esta postura se deriva tanto de nuestra experiencia cotidiana en la institución, como de la bibliografía relativa al análisis de grupos y organizaciones y al mobbing mismo (Leynman, 1996; Hirigoyen, 2001; Piñuel, 2001 y 2003, Parés, 2005, entre muchos otros) . Los estudios anteriormente mencionados han señalado que el mobbing es un problema común en una gran cantidad de instituciones como respuesta al individualismo, la competitividad y las exigencias del mundo laboral en las sociedades complejas. Por los profundos daños que genera en la salud y la productividad de los trabajadores, así como por su impacto negativo en la dinámica de las organizaciones, ya se ha promulgado legislación específica en diversos países. La bibliografía internacional sobre la existencia de psicoterror en las organizaciones es hoy abundante, aunque aún escasa para el contexto nacional. Sin embargo, nuestra postura es que en la ENAH no sólo existe mobbing en el contexto laboral, sino que éste es la estructura organizacional hoy, imposibilitando la existencia de una vida institucional que permita el desarrollo de las actividades académicas y el despliegue de la creatividad de los miembros de su comunidad. Esto se explica porque través de la práctica del mobbing, grupos específicos luchan cotidianamente por mantener el control informal de la Escuela, así como fortalecerse. Nuestra contribución tiene como punto de partida un compromiso demostrable como miembros del grupo “Perfil Académico” por lograr una verdadera vida institucional dentro de la ENAH. Consideramos que ésta el la única vía para garantizar democracia y equidad que redunde en investigación de alto nivel, la difusión amplia y prestigiada de la institución y de la disciplina, así como la formación pertinente de los alumnos como antropólogos a través de actividades docente y de investigación en evaluación y actualización permanentes. Por tanto, nuestra postura se inscribe dentro del clima social de lucha por el respeto a la legalidad, la institucionalidad y la construcción de una verdadera democracia que no sólo sea un discurso oportunista o que confunda la observancia de las normas con “votaciones” antirreglamentarias basadas en las atribuciones indebidas de funciones.
Pero, sobre todo, pretendemos rescatar el
compromiso humanista de respeto, reconocimiento y promoción de
las personas y sus capacidades de manera universal y equitativa,
así como de creación en nuestro espacio de trabajo del “clima
organizacional” necesario para que tengamos posibilidades de
desplegar nuestra creatividad en un contexto de apoyo
institucional equitativo que garanticen el desarrollo de
conocimientos y técnicas pedagógicas innovadoras y de
vanguardia, de cara a la sociedad del conocimiento, al avance de
la disciplina, la formación de los alumnos y el diálogo con los
grandes problemas nacionales, tanto tradicionales, como
emergentes.
La bibliografía relativa al mobbing (Leynman, 1996; Hirigoyen, 2001; Piñuel, 2001 y 2003, Parés, 2005, entre muchos otros) reporta que éste es característico de instituciones sin estructura organizativa clara, ni distribución específica de funciones y responsabilidades, objetivos y metas por todos conocidos y procesos de evaluación y seguimiento que garanticen su mejora continua. Los contextos desestructurados propician que se instale en ellos la lucha por el control a partir de la conformación de grupos con poder informal, que frecuentemente utilizan mobbing. Ello va acompañado generalmente de un clima de impunidad, ya sea por falta de la legislación respectiva o por ausencia de estructuras de intervención neutral e informada en los conflictos, con experiencia y capacidad de resolverlos con base en la legalidad existente, así como por la combinación de ambos, como en el caso de ENAH. En este trabajo, avanzamos sobre ejemplos y contextos específicos intentando analizar propositivamente la existencia de mobbing en la Escuela como dependencia del INAH. Impartiendo clases, realizando investigación y labores de extensión en la ENAH, hemos vivido día a día la problemática de las Escuelas del INAH, sus carencias y los retos que enfrentan por su adscripción al sector cultura y no al de educación superior, lo que, lamentablemente, en lugar de ser una de sus más grandes fortalezas, representa en los hechos su principal desventaja. Consideramos que el hecho de que el mobbing sea hoy la cultura de la organización debe y puede revertirse de manera inmediata con dos estrategias puntuales:
1.
2.
El contexto
La ENAH, a pesar de sus sesenta y siete años de existencia, aún carece del estatuto necesario para desempeñarse y recibir recursos en el nivel del resto de las universidades públicas del país. La ENAH-Chihuahua ni siquiera existe legalmente como institución de educación superior independiente, oficialmente es aún la octava carrera de la ENAH-México, lo que la coloca en una situación aún más difícil y desventajosa. Ambos casos hablan de que históricamente el INAH no ha hecho de la formación de antropólogos una de sus preocupaciones prioritarias, sustantivas y fundamentales, por lo que la docencia en estas instituciones no responde ya a los retos contemporáneos de la antropología, del INAH mismo, del contexto nacional de educación superior, ni de las discusiones internacionales sobre la sociedad del conocimiento y el papel de las disciplinas y las universidades en estos nuevos escenarios. Con un Centro INAH en cada estado de la República Mexicana, museos, departamentos especializados y zonas arqueológicas a nivel nacional, los profesores y los alumnos de las escuelas del INAH deberíamos tener condiciones privilegiadas para nuestra formación permanente a través de estancias sabáticas; redes entre cuerpos académicos, debidamente financiadas a partir de convocatorias y concursos inclusivos y abiertos; estancias cortas y de mediana duración; programas de movilidad de alumnos e investigadores; prácticas de campo; servicio social; tutorías; elaboración de tesis; así como contar con profesores de muy alto nivel a través de un plan de estimulación a la incorporación a la docencia de los 850 investigadores del INAH. Pero, para ello, ha faltado por parte de las autoridades del INAH visión y voluntad política para elaborar, discutir, aprobar, financiar y dar seguimiento a proyectos claros, democráticos, inclusivos y bien estructurados, que hagan viable estas acciones de manera programada y bien organizada. Esperamos sinceramente que ello ocurra en el corto plazo.
Nosotros, comprometidos no sólo con observar,
sino también con impulsar posturas éticas y de responsabilidad
social frente a la sociedad mexicana, a pesar del costo personal
que en el contexto que aquí explicamos esto implica, tanto a
través de la producción de conocimientos como del ejercicio de
la docencia responsable, enfrentamos como parte de nuestra vida
cotidiana los importantísimos problemas que en relación con la
docencia de la antropología han invisibilizado y dejado sin
solucionar las distintas autoridades del INAH, situación que ha
coadyuvado activamente al surgimiento de mobbing en la ENAH.
El papel de la ENAH como dependencia del INAH a la que no se cierra, pero tampoco se visibiliza y apoya, ha generado un clima interno de conformismo pesimista y total desesperanza. Además, en el contexto interno es innegable la constatación cotidiana de que se reciben “premios” más por afiliaciones políticas que por méritos académicos, lo que atenta frontalmente contra la productividad, la creatividad y la vida académica y sindical. De acuerdo a nuestros indicadores de desempeño (Peña, 2003:112-121), la ENAH ha estado estancada ya por varios años, lo que también ha contribuido a generar una inercia poco institucional en la medida en que su dinámica no se centra en la generación de nuevos conocimiento y la puesta en marcha de prácticas pedagógicas innovadoras, ni tampoco en la elaboración y en la posterior observancia de las normas correlativas, sino en un clima de discusión crónica de procesos administrativos poco relevantes por la inexistencia de normas y procedimientos. Además, esta inercia hace que las pocas normas que sí existen se violen impunemente o que “se vote” su aplicación o no de manera continua, según convenga a los intereses del momento de los distintos grupos. Esto centra la “energía colectiva” en disputas cotidianas, basadas en mobbing, y no en las discusiones contemporáneas de la disciplina, la formación propia, las estrategias docentes y las mejores acciones para la formación de las futuras generaciones de antropólogos. El mobbing interno ha ocurrido también por la
histórica indiferencia del INAH con respecto a la dinámica y al
futuro de la Escuela, ello a pesar de ser estatutariamente una
de sus dependencias y de que la formación de las futuras
generaciones de antropólogos es muy importante. En momentos
coyunturales específicos esto se ha agravado cuando las
autoridades centrales han favorecido de diversas maneras los
intereses políticos del grupo interno que lucha por el poder
informal dentro de la institución, lo que ha fracturado
seriamente su institucionalidad y dejado de lado sus objetivos
académicos más elementales. Esto favoreció en el pasado
reciente a este grupo de profesores y hoy se encuentra
intentando el control total de la ENAH. Desgraciadamente, muchas
son las evidencias de que este grupo ve a la Escuela como un
espacio de apropiación propia de espacios, cargos y recursos
diversos, lo que la paraliza académicamente y crea un clima
interno de conflicto y beligerancia continuos, en el que el
mobbing está siempre presente como una de sus prácticas de
control más importantes. Lamentablemente, este clima interno ha
impactado a la institución de manera muy negativa y hoy se
refleja claramente en nuestros indicadores de desempeño (Peña,
2003:112-121). Esta política incluye el control de todas las instancias colegiadas internas por los mismos profesores de tiempo completo que, a través del uso continuo de acoso laboral (Hirigoyen, 2002) se imponen descalificando, gritando, insultando, calumniando, difamando y “denunciando” delirantemente a sus críticos, incluso inventando mentiras flagrantes comprobables, para poder duplicar representaciones y cargos como autoridades reglamentarias internas en jefaturas de carrera, la dirección de la revista Cuicuilco, etc., y, a la vez, como representantes “de las bases” en el Consejo Académico, el Consejo Técnico, una “Comisión de Centro de Trabajo” excluyente, que se autoapropia el trámite de ingreso de nuevo personal académico, becas, años sabáticos, comisiones, cambios de adscripción, “descargas”, etc. Crean también impunemente instancias de decisión antirreglamentarias, como son las tomadas en reuniones de jefe de carrera, imponiendo después a la colectividad criterios decididos en ese espacio no contemplado como resolutivo en nuestra normativa vigente. Este fue el caso al impedir el ingreso temporal y condicionado de pasantes a los posgrados en el 2004, decisión que incluso contraviene los criterios establecidos en la “violación de ciclos” por la Secretaría de Educación Pública, lo que en este contexto resultó en violación de los derechos humanos de dichos pasantes. Además, se impuso este criterio incluso a los posgrados que en su auto-evaluación habían reportado como uno de sus debilidades más importantes la baja matrícula, sin ley, acuerdo SEP o argumento que se hiciera valer. Sin embargo, este grupo interno, amalgamado ahora con las autoridades de la ENAH, obtiene, a cambio, que éstas apoyen sus intereses particulares por encima de los de la institución, como fue la permanencia del Doctorado en Antropología en la convocatoria de ingreso 2004. Esto se llevó a cabo a pesar de que dos veces consecutivas el 9 y el 26 de julio del 2003 el Consejo Académico del Posgrado acordó readscribir las líneas de investigación de este programa a los otros posgrados, con base a afinidades académicas, para ir transitando desde el ingreso 2004 a un modelo educativo homogéneo basado en cinco programas especializados con los niveles de maestría y doctorado. La coalición entre las autoridades actuales y el grupo de profesores que practica el mobbing es tal que recientemente “votaron democráticamente” a favor de la decisión del director de ausentarse de las reuniones de la “Comisión de Centro de Trabajo” y enviar en su lugar al secretario académico que tiene licencia en su plaza de base como investigador para formar ser parte del personal de estructura contraviniendo así lo dispuesto por el artículo 13 del Reglamento de Admisión, Evaluación, Promoción, Concursos y Exámenes de Oposición del INAH (INAH, 1996) y a pesar de que la observancia de este artículo había sido una solicitud explícita y legítima de un programa de licenciatura, entregada por escrito. Si el director es el primero que promueve la violación a nuestros reglamentos internos en un clima de total impunidad, pocas son las esperanzas de que la Escuela logre por sí misma una vida institucional. Con subterfugios diversos y argumentaciones fuera de norma, este grupo de profesores se ha apropiado de la “Comisión de Centro de Trabajo”, lesionando los derechos irrenunciables del conjunto de profesores de tiempo completo, que hoy ya sumamos 101. Por lo menos un miembro de este grupo ha sido “representante” de su programa de licenciatura por más de catorce años en esta instancia colegiada. Además, “el abuso y la costumbre” es que participen también como representantes de los profesores de tiempo completo investigadores en funciones de autoridades y reconocidos por nuestros propios estatutos internos como personal de confianza, claramente definidos como tales en el artículo 12 del Reglamento General Académico de la ENAH (Peña y Zapata, 2003:14) que la letra dice:
Artículo 12.- Son órganos de autoridad en la
Escuela (subrayado nuestro):
I.- El Director.
II.- El Secretario Académico, los Subdirectores,
los Jefes de División, Jefes de Carrera y
Posgrado, Jefes de Área Académica y Jefes de
Departamento necesarios que figuren en el
Presupuesto (subrayado nuestro).
III:- Los titulares y auxiliares directos de cada
uno de los órganos que se mencionan en las
fracciones anteriores serán de confianza
(subrayado nuestro).
El control de las instancias colegiadas le
permite a este grupo manejar discrecionalmente los derechos
laborales reglamentarios de los profesores de la ENAH,
favoreciendo o poniendo obstáculos a sus amigos o a sus
enemigos, respectivamente. Por ejemplo, seguramente debido a
“deslealtades críticas” el profesor que ha sido representante de
su programa por catorce años se oponía abiertamente al cambio de
adscripción de uno de nuestros excompañeros, ello a
pesar de que otra parte legítimamente reglamentaria de la
“Comisión de Centro de Trabajo”, según el artículo 13 del
RAEPCEO, le había autorizado por escrito y de manera unánime ya
dicho cambio: los profesores de tiempo completo que formaban el
programa de licenciatura de adscripción de este compañero.
No obstante, en un intento de manipulación
francamente irrespetuosa a la inteligencia colectiva, a pesar de
esta clara atribución indebida de funciones, utilizó el caso
para realizar mobbing en contra de la autoridad en turno,
cuestionando en los pasillos que hubiera firmado el cambio del
investigador con el aval de su Academia, pero SIN LA
AUTORIZACIÓN DE LA “COMISIÓN DE CENTRO DE TRABAJO”, que por
RAEPCEO somos todos los investigadores sindicalizados, no sólo
la instancia administrativa operativa supuestamente convocada
sólo para dar seguimiento y agilizar los procesos. Lo más grave
es que todo esto ocurrió a pesar de que el investigador
inconforme se ostentaba en ese momento también como nuestro
delgado sindical.
La coyuntura actual
A pesar de este clima interno de afán de control total de todos los recursos y los espacios, que incluye claras represalias a la disidencia generalmente basadas en mobbing, coaliciones antidemocráticas con las autoridades de la Escuela y otras acciones que la literatura especializada tipifica también como “acoso laboral” (Irigoyen, 2002), algunos sectores de la ENAH han manifestado sus desacuerdos con estas prácticas y con el equipo de dirección interno por su violación sistemática a la legalidad interna y al ejercicio de la arbitrariedad, así como por su incapacidad de seguir impulsando la vida académica, dando continuidad a los proyectos estratégicos para la Escuela que ya se encontraban en marcha.
Esta manera de gestionar ha significado un serio
retroceso académico y ha parado proyectos vitales para el
desarrollo integral de la institución, como es seguir
promoviendo el avance y la automatización de su Centro de
Información y Documentación “Guillermo Bonfil Batalla”; la
aprobación en el Consejo Técnico de las normas ya elaboradas con
presupuesto expreso otorgado por la SEP a través del PIFI 2.0 en
el 2002; la reestructuración curricular de las licenciaturas,
también financiada con recursos del PIFI 2.0 y avanzada en un
90% en diciembre del 2003; la construcción, el seguimiento y la
puesta en marcha de las acciones para el mejoramiento de los
indicadores de desempeñó de licenciaturas y posgrados y el
ingreso de todos sus posgrados al Padrón Nacional de Posgrados
(PNP) en el 2006, entre otros. Sin embargo, las coaliciones de
la dirección con el grupo que lucha por el control informal de
la Escuela, le garantizan que el mobbing no se dirija en su
contra, sino a sus críticos.
Quizá ha sido la ENAH el lugar del INAH en donde
especialmente se ha resentido la política de clientelas que
priorizan sus intereses personales y sus conveniencias políticas
por encima de la academia para auto-garantizarse trato especial;
el control del proceso de admisión de nuevo personal de tiempo
completo; la permanencia de programas académicos que ellos
puedan manejar y desde allí obtener “apoyos” internos a cambio
de incorporar determinados profesores de manera selectiva y
discrecional a líneas de investigación las convocatorias
democráticas y abiertas son impensables para ellos,
contrataciones para sus allegados, la admisión de sus alumnos
incondicionales, a veces incluso fuera de requisitos de
convocatoria, etc.; garantizar el voto “democrático” para ellos
a puestos y cargos simultáneos hasta triplicados; obtener
prebendas diversas y recursos y espacios distribuidos
internamente de manera profundamente in-equitativa donde los
miembros de este grupo son siempre los beneficiados; muchas
veces incluso boicoteando abiertamente a otros profesores o la
consolidación de otros programas que pudieran hacerles
competencia académica. ¿Porqué es posible todo esto en una
dependencia del INAH? ¿Qué papel le toca jugar a éste?
Como consecuencia de estas formas tan poco
institucionales de actuar, sólo tres de los ocho posgrados de la
ENAH ingresaron en el 2004 al Programa Integral de
Fortalecimiento del Posgrado Nacional 2.0 (PIFOP 2.0). Aún así,
la solicitud de ingreso 2005 fue otra vez realizada bajo la
coordinación de la misma jefatura del posgrado, pieza clave en
el pasado y en el presente de estas maneras de proceder y
nombrada antirreglamentariamente, no por sus méritos académicos,
sino por sus lealtades claras al grupo que promueve activamente
todas estas acciones. No ha importado que hace menos de un año
priorizara lograr la permanencia del Doctorado en Antropología
sobre la conclusión exitosa del PIFOP 2.0 en beneficio de todos
los posgrados, y que boicoteara el ingreso de programas al PIFOP
al “peinar” la documentación que envió para su evaluación al
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Este escenario, que ha
ido construyendo la certidumbre de que vamos quedando rezagados
frente al contexto nacional e internacional de educación pública
superior, no parece importar porque, otra vez, la prioridad es
favorecer al grupo político del que el propio director actual de
la ENAH forma parte.
El INAH requiere urgentemente del fortalecimiento
de la vinculación, la docencia y la investigación en sus
escuelas. En el pasado, las autoridades del INAH no defendieron
dicho fortalecimiento frente a los grandes retos de las
universidades públicas hoy, no mostraron interés por apoyar con
recursos extraordinarios la elaboración del Programa Integral de
Fortalecimiento Institucional en el 2002 y el 2003 como
sí lo hicieron prácticamente la totalidad de directores y
rectores de instituciones públicas del país y tampoco
acudieron a defenderlo ante las Comisiones Dictaminadoras de
Pares (hay que destacar que, a pesar de ello, con esfuerzos
propios, la comunidad de la misma Escuela ganó estos apoyos).
Esperemos que este escenario cambie y que las autoridades
centrales se comprometan de manera inmediata con el futuro de
sus Escuelas.
Creemos también que es obligación del INAH
vigilar que el equipo que se nombre para dirigir la vida
académica de la ENAH tenga los perfiles y las trayectorias
laborales y de probidad necesarios para el buen desempeño de sus
funciones. No nos referimos al actual director, porque aunque
las autoridades centrales lo apoyaron abiertamente durante la
campaña electoral, lo sostuvieron como Director de Antropología
Física hasta diciembre del 2003, a pesar de que la convocatoria
pública emitida por el Consejo Técnico exigía que renunciaran a
sus puestos dentro del INAH los candidatos que los tuvieran al
momento de inscribir sus candidaturas lo que no fue
objetado por su grupo, siempre tan activo y atento para
“denunciar” la paja en el ojo ajeno, incluso y muy
frecuentemente la “paja” impunemente inventada y
“disciplinaron” a diversos sectores en el sentido de su voto:
ganó la elección. Nos referimos a los funcionarios medios, que
carecen de los perfiles académicos adecuados, de trayectorias de
probidad y de los requisitos reglamentarios correspondientes,
pero que fueron nombrados por sus nexos con el grupo que
practica y promueve el mobbing como estrategia de control
informal y que permanecen en sus puestos a pesar de no haber
podido brindar las más mínimas condiciones para la investigación
y la docencia cotidianas, mucho menos para el desarrollo y la
consolidación de la institución.
Como consecuencia, los pocos apoyos extra-INAH y los proyectos que habían logrado financiamiento a través de los programas estratégicos que la Subsecretaría de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública (SES) promueve para la educación pública superior a nivel nacional, fueron desestimados, perdiendo la ENAH importantes recursos y un capital simbólico muy importante frente a la sociedad y el contexto de la educación superior pública. En una época de rendición de cuentas ¿Quién debe cuantificar y sancionar el impacto de que la ENAH haya perdido el ingreso de más del 60% de sus programas de posgrado al PIFOP, estando en condiciones de que ingresara el 100% sólo porque se impusieron los intereses particulares de los miembros internos de un grupo en particular y priorizaron que se abriera en el 2004 una nueva generación en el Doctorado en Antropología que sólo responde a sus intereses y, guste o no, contraviene las decisiones colegiadas? ¿Quién debe cuantificar y sancionar el retroceso que significó que el PIFI 3.1 haya sido mal elaborado, uniloateralmente sólo por las autoridades, a destiempo, sin planeación participativa y que también por ello se perdieran recursos para la institución? ¿Porqué los funcionarios responsables de este grave daño a la institución siguen firmes en sus puestos? ¿Qué papel debe jugar el INAH frente a la ENAH en frente a los objetivos institucionales de una de sus dependencias? Relaciones ENAH - INAH
En el pasado, en concertacesión con autoridades
del INAH y al margen de las autoridades y de la comunidad de la
ENAH, miembros del grupo que practica el mobbing han negociado
recursos de investigación para sí, consiguiendo presupuestos
diez veces más altos que los promedio y contratos de ayudantes
de investigación que no se otorgan a otros académicos. La
posibilidad de negociación discrecional de estos recursos ha
contribuido también muy activamente a la práctica del mobbing
como cultura organizacional de la ENAH. En los presupuestos para
la organización de eventos académicos la in equidad en la ENAH
ha sido también posible, los recursos se han dado en el pasado a
grupos internos específicos en las oficinas centrales del INAH,
en ausencia de concursos abiertos y criterios claros.
Por tanto, para que en la Escuela exista vida
institucional, es importante también que las nuevas autoridades
del INAH revisen sus relaciones con la ENAH como su dependencia,
actuando con equidad y respetando los mecanismos colectivos en
la asignación de recursos. De no cambiarse esta política interna
en un escenario nacional de grandes exigencias para las
instituciones de educación superior, la ENAH compite con enormes
desventajas y, como ya hemos señalado, se encuentra ya muy
rezagada en sus indicadores de desempeño. El uso discrecional de
los recursos no promueve la elaboración de proyectos bien
estructurados, sino la incondicionalidad política, lo cual
fomenta el mobbing interno al fortalecer a los grupos que lo
practican lo que atenta contra la vida institucional de la
Escuela. Por tanto, solicitamos a las autoridades el INAH
actuales que destierren estas prácticas de manera inmediata.
El INAH hasta ahora otorga a la ENAH no sólo recursos muy bajos para la investigación, sino que los otorga a destiempo, los proyectos de investigación, incluidos los de los cuerpos académicos, cuyos recursos fueron proporcionados por la SES-SEP en el ejercicio 2003, fueron financiados hasta el mes de noviembre de ese año, en el 2005 hoy septiembre- ni siquiera sabemos si nuestros proyectos obtendrán recursos; el equipo de cómputo a ser adquirido con presupuesto 2003 de la SEP, vía el financiamiento a los cuerpos académicos, un año y ocho meses y medio después aún no ha sido entregado. Es decir, los profesores-investigadores deben prestarle al INAH, sin réditos, para realizar la investigación que el Instituto debería pagar puntualmente y trabajan en condiciones muy desventajosas con respecto a otras universidades públicas. Ello es lamentable y socava el proceso de investigación y docencia, coadyuvando al rezago académico frente a los promedios nacionales, lo que ya es manifiesto y preocupante. Casi ninguna otra institución de educación superior del país tiene estas condiciones desventajosas para la investigación y la docencia, la consolidación de la Escuela sólo será posible si esta situación se resuelve de manera inmediata. El INAH debe revisar también el pago injusto a nuestros profesores de asignatura, que imparten el 80 % del total de horas clase, y no seguir permitiendo la contratación discrecional al margen de los reglamentos de la ENAH. De seguir permitiendo que los miembros del grupo que practica el mobbing sean pasantes eternos que dan pésimas clases sin que nadie los moleste, mientras que otros profesores críticos simplemente no son recontratados, sin explicación alguna, la planta de profesores de asignatura nos será la óptima para la formación de los alumnos. Consideramos que las Coordinación Nacionals de Recursos Humanos y de Asuntos Jurídicos del INAH no deben seguir siendo indiferente a esta problemática.
Propuestas de solución
Por lo anterior, como grupo conformado desde la ENAH, esperamos que las distintas instancias involucradas en esta problemática jueguen el papel que les corresponde para la creación de una verdadera vida institucional que garantice su consolidación académica: las autoridades del INAH deben abrir el diálogo con todos los sectores de la Escuela para la elaboración democrática del Programa Integral de Desarrollo al que ya hemos hecho referencia, es a ellas a quienes corresponde garantizar que sus Escuelas no se rezaguen con respecto al contexto de la educación pública superior a nivel nacional. La ENAH también se financia con el dinero del pueblo y es obligación colectiva lograr que cumpla con los objetivos sociales que le fueron asignados. Asimismo, con base en la literatura correspondiente, señalamos que ya ha sido ampliamente constatado que mientras la cultura de la organización permanezca basada en mobbing, la Escuela no tienen posibilidad alguna de desarrollo. Por tanto, urgimos a que se cree la Defensoría de Asuntos Universitarios, que ya también mencionamos, para que coadyuve a que la ENAH transite hacia una verdadera vida institucional que permita su desarrollo y consolidación académica. Proponemos también que en el seno del sindicato se acuerden líneas claras para separar los espacios de injerencia de las autoridades de la vida sindical. De no hacerlo, se corre el peligro de que tanto interviniendo directamente como a través de autoridades internas leales que participan en la vida sindical y que multiplican sus puestos de autoridad con cargos en nuestras instancias colegidas como representantes de los trabajadores sindicalizados, sigan controlando la ENAH en beneficio propio. A través de mecanismos diversos, principalmente sustituyendo las discusiones abiertas con la recolección de firmas, los grupos que practican el mobbing han logrado eliminar de la Escuela toda vida sindical, lo que es absolutamente contrario al fortalecimiento de cualquier organización democrática.
Por último, llamamos a recuperar una vida
participativa y a que defendamos colectivamente los espacios
sindicales, logrando que la Comisión de Centro de Trabajo de la
Escuela funcione sin la intervención y el control de autoridades
y el personal de confianza interno, claramente definido como tal
en el artículo 12 de nuestro Reglamento General Académico (Peña
y Zapata, 2003:14).
REFERENCIAS
Instituto Nacional de Antropología e Historia
1996. Reglamento de Admisión, Evaluación,
Promoción y de Concursos y Exámenes de Oposición, INAH, México.
Hirigoyen, Marie France
2001. El Acoso Laboral. Paidós, Barcelona.
Leynman, Heinz
1996. “Contenido y desarrollo del acoso
moral/grupal en el trabajo”. European Journal of Work and
Organizacional Psychology, 5(2), 165-184.
Parés Soliva, Marina
2005. Web de Marina sobre acoso laboral,
http://www.acosomoral.org/ 8 de agosto del 2005.
Peña, Florencia (Coordinadora)
2003. Programa Integral de Fortalecimiento
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(compiladores)
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2003. “El maltrato psicológico en la Universidad.
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http://www.el-refugioesjo.net/bib/maltrato_universidad.htm,
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2001. Mobbing: Cómo sobrevivir al acoso
psicológico en el trabajo. Sal Térrea, Santander
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