Historia Inmediata
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Denuncias Académicas |
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Estimado Carlos:
Te reenvío más informaciones y repercusiones sobre el caso
Ascensi, novelista de tu país que tiene serias acusaciones de
apropiación indebida de obra intelectual ajena, que comúnmente
se conoce como “plagio”. ¿Podrías darle la cobertura necesaria
en la Red?
Atentamente,
Luis Oporto Ordóñez
Director General de la Biblioteca y Archivo Histórico del H.
Congreso Nacional
La verdadera búsqueda de los "toromonas" en Bolivia (La Paz, 7-May.-2005)
Por Raúl Cortés
La Paz, 7 may (EFE).- Antes de hacerse famoso por su aparición
en la novela "El Origen Perdido", de la española Matilde Asensi,
el misterio alrededor de los "toromonas" originó una expedición
que trató infructuosamente de encontrar a esta etnia
desaparecida en la selva amazónica de Bolivia hace más de un
siglo.
El responsable de aquella aventura, el explorador y periodista
argentino Pablo Cingolani, afirmó hoy a EFE con ironía que le
causó "simpatía" comprobar cómo sus investigaciones coinciden
con una parte esencial de la trama de una obra líder de ventas
en España.
Cingolani reside en Bolivia desde 1987 y se introdujo en el
mundo de las etnias amazónicas "no contactadas" en 2000, en una
incursión al Parque Natural Madidi, situado en el norte tropical
del departamento de La Paz y lindante con Perú.
El Madidi es considerado uno de los núcleos de mayor
biodiversidad del planeta por contener una innumerable variedad
de ecosistemas y de especies vegetales y animales.
Aquella expedición pretendía establecer el punto donde nace el
mítico río Heath pero topó con el mito de Lars Hafskjold, un
ingeniero agrónomo de 37 años al que se tragó la jungla en 1997,
luego de partir en solitario siguiendo la huella de los "toromonas".
No es de extrañar su desaparición, pues en los 19.000 kilómetros
cuadrados del parque existen importantes "vacíos geográficos",
denominados así por la ausencia de mapas que los describan con
exactitud.
Gracias al testimonio de las últimas personas que vieron a Lars
con vida y a un intenso trabajo de investigación, el argentino
decidió organizar un segundo viaje al lugar para dar con el
paradero del noruego o con el de la etnia perdida.
Recurrió a uno de los principales expertos en la materia, el
etnógrafo Alvaro Díez Astete, al que la autora también cita
-aunque de forma imprecisa-, que corroboró la hipótesis de la
posible supervivencia de la tribu.
Entre otros argumentos, el argentino descubrió que esta tribu,
al igual que otras, podía haber sido desplazada de la zona
fronteriza con Brasil, probablemente hacia el área del Madidi,
por la voraz explotación del caucho a fines del siglo XIX.
También que un grupo de misioneros protestantes norteamericanos
que llegaron a América del Sur a mediados del siglo XX con fines
evangelizadores estuvieron cerca de contactar con ella.
La búsqueda de Lars y los "toromonas" se lanzó en 2001 bajo el
nombre de "Madidi XXI" y con el respaldo del Congreso de
Bolivia, que la declaró de "Interés Nacional".
Al regreso, Cingolani publicó sus experiencias en internet en
una recopilación de crónicas denominada "Within the unexplored
Madidi" (Dentro del inexplorado Madidi), mientras que varios
periódicos bolivianos y argentinos se hicieron eco también de su
trabajo.
"El Origen Perdido", cuya primera edición fue puesta a la venta
en 2003, relata el viaje de unos piratas informáticos españoles
a los Andes bolivianos para conseguir un antídoto que ponga fin
a la extraña enfermedad que padece el hermano de uno de ellos.
La empresa les conducirá a las ruinas de Tiwanaku, una
civilización precolombina que vivió en las proximidades del lago
Titicaca, a casi 4.000 metros sobre el nivel del mar, y de allí
a las enmarañadas sendas del Madidi.
Cingolani está convencido de que la escritora ha conocido sus
investigaciones a través de Internet, pues incluso menciona sus
viajes a la selva como "dos expediciones oficiales que el
gobierno boliviano había enviado a la Amazonia en busca de
indios no contactados dentro de sus fronteras".
Por eso, considera que debería haberlo citado en el libro, como
hizo con otras fuentes.
"Leí una crítica sobre el libro y pensé: está contando mi
historia, la historia que concebí y encabecé y donde han
participado y contribuido montones de personas", dijo,
arrepentido de no haber novelado el excelente material que tenía
entre manos.
En varias entrevistas, Asensi ha revelado que jamás estuvo en
Bolivia y que la "red de redes" le ha servido de base de datos
para su elaboración.
El explorador aclara que su deseo es "terminar lo que hemos
empezado y saber la verdad sobre lo que pasó a Lars y, si
efectivamente hay un grupo humano, trabajar para preservar su
aislamiento".
"Lars no se fue detrás de una leyenda", concluye el incansable
aventurero. EFE
Escritora española Matilde Asensi plagió documentos de la
Expedición Madidi de Bolivia (La Paz, 14-May.-05)
Sergio Cáceres, El juguete rabioso
14/05/05, tomado de
www.bolpress.com
En septiembre de 2000, Pablo Cingolani publicó en El Juguete
Rabioso (1) un breve ensayo que se tituló “Viaje al mundo
perdido”, donde anunciaba el inicio de la primera Expedición al
Madidi. Tres años más tarde, apareció una novela titulada El
origen perdido de la española Matilde Asensi, un éxito de ventas
que es presentada por la Editorial Planeta como “una obra que
revoluciona el género de aventuras”.
Lo que no dice la casa editorial obviamente es que Asensi
tomó gran parte de los elementos y argumentos que construyen la
trama y desenlace de su novela de los materiales (memorias,
relatos, crónicas y entrevistas) y archivos de las expediciones
al Madidi que realizó el periodista e historiador Pablo
Cingolani y su equipo de expedicionarios.
Después de una lectura y cotejamiento entre el contenido de la
novela El origen perdido y los archivos de la Expedición Madidi
se puede hablar de uso indebido de propiedad intelectual, hecho
sancionado por la ética y por las leyes. Según el Código Penal
español, “Será castigado con la pena de prisión de seis meses a
dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien con ánimo
de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie,
distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una
obra literaria, artística o científica, o su transformación,
interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de
soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la
autorización de los titulares de los correspondientes derechos
de propiedad intelectual o de sus cesionarios” (2).
El argumento de la novela
La novela de Matilde Asensi, que es una de las escritoras que
más libros vende en España, cuenta cómo un grupo de piratas
informáticos llega a Bolivia para encontrar la cura a una
maldición que sufre el hermano de uno de ellos, a causa de
entrometerse en el estudio del idioma aymara. Buscando el
remedio al mal se introducen primero en una hipotética cámara
secreta en Tiwanacu y luego organizan una expedición junto con
una arqueóloga española, un colega boliviano y una médica
estadounidense que se interna en las selvas del Madidi. Lo
hacen para localizar a los “capacas”, los últimos sabios aymaras
que se habían refugiado en el bosque tras la invasión española.
En plena selva, encuentran a los toromonas y éstos los contactan
con los sabios, quienes, finalmente, les revelan unas palabras
mágicas para sanar al enfermo.
En su primera parte, la novela discurre entre citas eruditas de
autores que
van desde Umberto Eco hasta el recién fallecido Carlos Ponce
Sanjinés.
También incluye fuentes tomadas de Internet, desde la Biblioteca
Virtual
Miguel de Cervantes al periódico La
Razón.
Es decir, citando esas fuentes, la autora parece que pretendiera
darle
verosimilitud a su narración para llevarla luego a los terrenos
de la
fabulación. Pero cuando la novela ingresa a su segunda parte es
decir la
aventura en la selva, Asensi toma párrafos, ideas y personajes
de las
memorias de la Expedición Madidi y las presenta como hallazgos o
creaciones
propias.
Si en la primera parte la escritora se extendió en citas
colocadas a pie de
página un recurso poco usual en la narrativa de ficción, ¿por
qué no citó
también los documentos y trabajos de la Expedición Madidi?
Pablo Cingolani tiene una explicación razonable: “pienso que
ella pretendió
venderle a su público la idea de que las aventuras que sus
personajes viven
en la selva boliviana son fruto de su invención. Quizás si les
hubiese dicho
que eran hechos puntuales tomados de una expedición verdadera
entonces
quizás habrían leído su novela con otros ojos. A lo mejor se
habrían
interesado en las fuentes originales y la novela no habría
vendido la
cantidad de libros que vendió”.
Las expediciones al Madidi dirigidas por Pablo Cingolani
recibieron amplia
cobertura en la prensa nacional e internacional, ese material
está publicado
en Internet (3), que es el lugar desde donde la escritora
española
“potenció” su inspiración.
En una entrevista periodística, Matilde Asensi explicaba que no
necesitó
viajar a Bolivia ni al Madidi para escribir su novela aunque
afirmó, sin
embargo, que todo lo que dice su libro es real (4). Quizás debió
agregar “es
real porque lo tomé de los archivos de la Expedición Madidi”.
La agencia EFE dio la alerta
La alerta de que las “investigaciones [de Cingolani] coinciden
con una
parte esencial de la trama” de la novela El origen perdido la
hizo el
periodista de la agencia española EFE, Raúl Cortés, en una
crónica que se ha
publicado en varios países, incluyendo España y Estados Unidos.
Pero hasta hoy, ni Asensi ni la editorial que en anteriores
oportunidades
ya se ha visto envuelta en escándalos de este tipo se han
pronunciado sobre
el caso.
Para Pablo Cingolani, periodista de El Juguete Rabioso desde su
fundación,
no hay dudas de que la escritora española “utilizó materiales de
un trabajo
que venimos realizando desde hace cinco años. Es una historia
que nos costó
mucho esfuerzo empezarla y hacerla creíble. Cuando anunciamos
que íbamos a
la selva a tratar de probar que los toromonas existían, hasta un
ministro
nos dijo que estábamos perdiendo el tiempo”.
Cingolani y su equipo realizaron dos expediciones al Madidi,
documentaron en
texto y video sus viajes y hasta hoy siguen trabajando en este
proyecto.
Lograron muchos avances y recolectaron nueva información tanto
sobre los
toromonas como sobre el destino de un agrónomo noruego llamado
Lars
Hafskjold que desapareció en 1997, también buscando a esta
tribu.
“Hay indicios de que los toromonas (como los llaman las crónicas
históricas)
u otra etnia no contactada habitan en el valle y las cabeceras
del río
Colorado, si es así habría que preservar su aislamiento”, dice
Cingolani.
Las expediciones al Madidi fueron organizadas con rigor
científico y Pablo
Cingolani tenía preparado, incluso, el guión de una película,
“nuestro
interés siempre ha estado orientado a llegar al público europeo
y
sensibilizarlo con el tema y lograr apoyo para cerrar el caso de
Lars y de
los toromonas, pero nunca nos imaginamos que sería de esta
manera. De verdad
que es un asunto incómodo, que ojalá sirva para reivindicar lo
hecho y poder
proyectarlo hacia delante. No sé si a la señora Asensi le
importe, pero a
nosotros sí: queremos saber que pasó con Lars y si existe un
grupo aislado,
preservarlo en su identidad”.
A pesar de existir datos que hablan de un plagio el diccionario
de la Real
Academia define este hecho como: tomar en lo sustancial una obra
ajena y
darla como propia, Pablo Cingolani manifestó que por ahora no
piensa
iniciar acciones legales para exigir un resarcimiento material,
como se
suele hacer en estos casos, “cuando iniciamos las expediciones
al Madidi
nunca pensamos encontrarnos algún día con situaciones como ésta.
Es
desagradable darse cuenta de que el trabajo de uno termina
siendo utilizado
indebidamente. El objetivo de las expediciones y de todos los
materiales,
textos y videos, que hemos producido han sido siempre serios.
Vamos a hacer
las consultas pertinentes para decidir cómo encarar esta
situación”, dijo
Pablo Cingolani a tiempo de recordar que las expediciones que
encabezó
trataron de incorporar el conocimiento de esos territorios y sus
etnias a la
historia del país, por eso el Congreso de Bolivia declaró a la
Expedición
Madidi XXI, como “de interés nacional”.
NOTAS
(1) El Juguete Rabioso, número 16, 3-16 de septiembre, 2000.
(2) Ley Orgánica 10/1995, del 23 de noviembre, del Código Penal.
Este
documento se puede consultar en el Portal Internacional de la
Universidad de
Alicante sobre Propiedad Industrial e Intelectual y Sociedad de
la
Información.
(3) Ver, por ejemplo,
www.phfawcettsweb.org/withinmadidi.htm
(4) Ver
www.elcolombiano.com
Entrevista a Pablo Cingolani sobre El origen perdido
"Creo que es un fraude que los lectores crean que Matilde Asensi
se inventó
una historia con toromonas en la selva del Madidi"
Guillermo Aguirre Gutiérrez
Rebelión
En medio de un grave conflicto social por la demanda popular de
nacionalizar
los hidrocarburos, conflicto que sacude a Bolivia desde hace más
de dos
semanas, hacemos un alto para entrevistar a Pablo Cingolani,
periodista e
historiador argentino, radicado en La Paz. El tema es otro
conflicto.
-Hemos leído en diversos medios virtuales de América y Europa-y
algunos muy
prestigiosos- que Matilde Asensi plagió la documentación sobre
la Expedición
Madidi que usted creó…
-Sí, por suerte, hemos tenido una muy buena acogida en los
medios. Creo que
lo que ha sucedido, promueve solidaridad hacia nosotros ya que
es un tema
insoportablemente desagradable…
-Aparte de denunciar el caso, ¿qué otras acciones realizó?
-He pedido la ayuda de la Embajada de Bolivia en Madrid. Ellos
se han
comportado maravillosamente. Envié una carta -que la Embajada
tuvo a bien
reenviar a la editorial Planeta en Barcelona-, donde afirmo que
la citada
autora hizo uso indebido de propiedad intelectual de mi autoría
para
escribir el capítulo IV, es decir el capítulo final, de su
novela El origen
perdido.
-¿Envió una carta a Planeta? ¿Y que le respondieron?
-Contestó un señor Daniel Cladera, director de derechos de autor
de la
editorial. Aquí está la carta. Dice que iba a iniciar ese día
-23 de mayo-
"una investigación en profundidad del asunto, junto a los
responsables
editoriales de Editorial Planeta S.A.".
- ¿Ya conoce los resultados de la investigación?
- No. Estoy esperando que se manifiesten. También Asensi… creo
que sería lo
más saludable porque es un fraude y una farsa que los lectores
de esa novela
crean que Matilde Asensi se inventó una historia con toromonas
en la selva
del Madidi. No se inventó nada: lo bajó de la internet y lo
estampó en su
libro.
-Asensi ha dicho que todo lo que escribió en su novela es real…
-Desde ya. Cuando leí el nombre de Álvaro Díez Astete [asesor
etnográfico de
las expediciones], empecé a sentir que nos había copiado la
historia. Ni
hablar cuando leí que unos tipos se internaban en el Madidi en
una
expedición a buscar Toromonas. A vos te consta: aquí en Bolivia
todo el
mundo nos conoce por eso. Hay montones de reportajes y páginas
web donde
hablamos del tema, hay un libro electrónico, incluso hay una
tesis que hizo
un inglés llamado Rob Hawke de la Universidad de Essex. En todos
esos
sitios, se habla de lo mismo: de la búsqueda que hicimos como
Expedición
Madidi de los Toromonas y de Lars, el joven noruego que
desapareció en la
selva que, por si acaso, también está mencionado en El origen
perdido… Lo
lamentable es que Asensi en ningún momento cita las fuentes, eso
es lo
triste y lo grave. Por eso, te agradezco esta entrevista: mi
interés es que
la verdad sea conocida y que la justicia se imponga.
El plagio de "El origen Perdido": Asensi calla, la
Editorial Planeta
intimida
Luis Rojas, Grupo La Escalera
En esta ya su larga batalla para qué se reconozca la
verdad con
relación a los hechos que inspiraron la novela El origen perdido
firmada por
la española Matilde Asensi, Pablo Cingolani -el historiador que
creó la
Expedición Madidi- está satisfecho, tras haber recibido el
respaldo
editorial de un importante matutino de la ciudad de La Paz y
sostener una
reunión con el Viceministro de Cultura de la República de
Bolivia, Dr.
Fernando Cajías de la Vega, un prestigioso historiador y ex
Embajador de
Bolivia en España.
También está contento de haber descubierto el verdadero
rostro de la
editorial Planeta, tal como lo cuenta en esta entrevista que
presentamos:
- Cingolani, sabemos que recibió otra comunicación de la
Editorial
Planeta, ¿qué puede contarnos de la misma?
- Ante todo quiero aclarar que la citada editorial ni
siquiera se
digna a escribirme; me alude en una carta enviada a la Embajada
de Bolivia
en Madrid con fecha 8 de junio pasado. La misiva es una joyita
de soberbia,
sobre todo cuando quien firma -el señor Carlos Reyes, director
editorial de
Planeta- afirma "no acabar de comprender cuál es exactamente el
papel de la
Embajada de Bolivia en este asunto". Parece que Reyes no sabe
alguna de
estas dos cosas: para qué sirven las embajadas o que Bolivia es
un país
independiente desde 1825, en fin…
-Sí, es evidente. Con relación a la investigación
prometida, ¿hay
algo?
-Sí, más de lo mismo: soberbia y más soberbia. El señor
aclara que
tras hacer un cotejamiento personal de mis textos y los de
Asensi, no sólo
no encontró plagio, "sino que ni tan siquiera constato un
eventual derecho a
cita". Para avalar esto, arguye un argumento sobresaliente (se
ríe). Mira
(lee la carta):"Creo que nadie tiene la exclusividad universal
de los
toromonas (138 entradas en Google), ni de Madidi (30.700
entradas), ni de
Aymara (651.000 entradas), ni de Lars Hafskjold (570 entradas),
ni de Álvaro
Díaz (sic) Astete (307 entradas)". Como argumentos para marear a
la perdiz,
habría que decirle al señor Reyes que no solamente son muy
pobres sino que
siguen develando que nuestra posición es la correcta.
-¿Por qué?
-Por qué cualquiera que se introduzca en ese buscador
citado por este
hombre y busque en español las palabras "toromonas", "Lars
Hafskjold" y
"Álvaro Díez Astete" o "Álvaro Díaz Astete" como está escrito,
de manera
incorrecta, en la novela, se dará cuenta que los resultados que
aparecerán
en pantalla, remiten a nuestro trabajo como Expedición Madidi,
salvo en
"toromonas" con relación a la crítica de Antonio Ruiz Vega
(http://www.crimental.com/RuizVega/elorigenperdido.htm)
sobre el libro de
Asensi (por si acaso, la crítica donde descubrí el caso) y en el
caso de
nuestro asesor etnográfico, Álvaro Díez Astete, otras páginas
vinculadas a
su quehacer como antropólogo y escritor. En el caso de "Aymara"
y "Madidi",
están usadas para confundir. Yo le pido a quien lea esta
entrevista que haga
la prueba con las tres entradas citadas al principio: verán que
digo la
verdad. Eso para empezar…
-¿Y para continuar?
-Que hay que ser de otro planeta para afirmar que nadie
tiene la
exclusividad universal sobre esos nombres… en todo caso, supongo
(se ríe)
que Álvaro Díez Astete tendrá derechos de exclusividad sobre su
propio
nombre y apellido, ¿o no? Creo, en definitiva, que son
argumentos
insostenibles. Eso hablamos con Álvaro el otro día, ya que
insisto el fue y
sigue siendo nuestro asesor en nuestros intentos por probar la
existencia o
no de la etnia toromona…
-¿Qué más dijo Álvaro Díez Astete?
-Ya lo dirá él de manera personal
-Planeta dijo algo más…
-Sí. Mientras Asensi sigue calladita, la editorial busca
intimidarme,
causarme miedo diciendo que los acuso sin fundamento y, según
Reyes, que
trasladará el asunto "a nuestros servicios jurídicos para que
actúen como
mejor proceda". Lo mejor es esto: "bien en España, bien en
Bolivia o en
cualquier otro lugar donde fuese necesario". Creo que se les fue
la mano,
con la extraterritorialidad. Esta bien que Garzón haya hecho
detener a
Pinochet pero para quien te habla, que para colmo dice la
verdad, que me
busquen asustar así no me mueve un cabello. La verdad que todo
esto es muy
desagradable pero sería más desagradable aún dejarlo pasar así
nomás.
Nosotros aquí podemos carecer de muchas cosas pero tenemos lo
fundamental:
lo que hicimos, en el territorio y de manera pública, y que
Asensi aprovechó
sin piedad; por ende, la verdad de nuestro lado y finalmente,
tenemos
dignidad. Que Reyes duerma tranquilo porque lo último que vamos
a hacer es
rendirnos, es no dejar de decirle a quien quiera escuchar
nuestra verdad:
esa es nuestra única pero invalorable dignidad.
CARTA ABIERTA A MATILDE ASENSI por Álvaro Díez Astete (La Paz,
19-Jun.-2005)
La Paz, Bolivia. 19 de junio, 2005.
Señora
Matilde Asensi
España.
Señora:
Tengo que dirigirme a usted en esta Carta Abierta para
proponerle una
lectura reflexiva de su propia novela, “El origen perdido”, en
cuanto a
algunos extremos que mi ética personal y profesional ha
encontrado
inaceptables en más de un aspecto.
Me refiero al tratamiento que usted ha dado al tema y sus
fuentes- que
conciernen a la resolución de su obra, lo cual impresiona tanto
por las
inexactitudes y equívocos que llevan, como y más por el uso
indebido y
penosamente trastocado que se hace de la base de su relato, que
no es otra
que la Expedición Madidi de Bolivia, a la que no menciona
siquiera con una
simple nota de pie de página, como si la Expedición que alimentó
su novela
de manera decisiva no hubiera existido jamás, pese a que usted
se sirvió de
su abundante información provista por el Internet.
Precisamente como usted misma lo ha declarado, gracias al
recurso del
Internet es que se materializó su “inspiración”, sin conocer
directamente
Bolivia ni la realidad sociocultural de mi país, encontrando “en
la Red” a
la Expedición Madidi, que es un emprendimiento de investigación
pluridisciplinaria en la Amazonía boliviana, y que como usted
sabe, desde su
origen tuvo las siguientes características (que aquí resumo para
otros
lectores de esta comunicación):
1. El historiador y periodista Pablo Cingolani creó y organizó
el año 2000
“un emprendimiento multipropósito denominado genéricamente
Expedición
Madidi”, al que desde sus comienzos fui invitado a participar,
en calidad
de Asesor Etnográfico.
2. Por la importancia de esta iniciativa y la probada solvencia
de sus
protagonistas, ella fue declarada De Interés Nacional, por el
Congreso de la
República de Bolivia, y consecuentemente contó con una primera
subvención
gubernamental.
3. El apoyo recibido de parte del Estado y la participación
ciudadana,
además de dirigirse al propósito principal de realizar una
exploración
geográfica en tierras aún ignotas del país (con un correlato
necesario para
la situación limítrofe de Bolivia con el Perú), intentaba
verificar si aún
existía o no existía una etnia -los Toromona- en las lindes del
Parque
Nacional Madidi o más allá él, en la selva amazónica del
departamento de La
Paz. También comprometía la investigación sobre el paradero de
Lars
Hafskjold, agrónomo noruego quien desapareció en 1997 buscando a
los
Toromona, precisamente en el escenario de nuestra expedición. De
hecho todo
ello planteaba una voluntad desmesurada y no obstante urgente,
que así fue
asumida por propios y extraños.
4. El año 2001 la Expedición incluyó en sus objetivos la
realización de
campañas de salud apoyadas por el Ministerio de Salud en
poblaciones
aisladas, encontradas en el recorrido hacia las nacientes del
Río Heath;
talleres de educación ambiental apoyados por el Servicio
Nacional de Áreas
Protegidas de Bolivia (SERNAP); el levantamiento de una
conciencia de
autoestima y sentimientos de dignidad entre los habitantes de
esas tierras
centenariamente abandonadas por el Estado nacional y, con todo
ello, la
apertura de campañas en las ciudades sobre la preservación
social del medio
ambiente y la valoración de las culturas originarias. En este
sentido,
aunque Pablo Cingolani como director de la Expedición Madidi
(2000-2005) ya
lo ha hecho conocer de modo pertinente y con resonancia amplia,
nacional e
internacional, remarcaré que para sustentar oficialmente este
inusitado
emprendimiento, el equipo trabajó en coordinación con las
máximas instancias
del Estado boliviano vinculadas a la salud pública, la
protección del medio
ambiente, la antropología, la arqueología y la cultura. También
con las
máximas autoridades político-administrativas del departamento de
La Paz, la
Subprefectura de la provincia Franz Tamayo y los Municipios de
Pelechuco y
Apolo, como consta en el informe “Expedición Madidi y el
conflicto con ‘El
origen perdido’ (2005)”, que seguramente usted tiene en sus
manos.
5. Desde ya en los últimos tiempos la Expedición Madidi sufrió
merma en sus
recursos económicos, y por eso no se pudo alcanzar hasta ahora
los objetivos
planeados. Pero no hubo ninguna merma en la voluntad y
convicción de sus
protagonistas para continuar, ahora y en el futuro, con estas
exploraciones
científicas y humanistas, espíritu realmente inspirado en las
lecciones de
vida que nos dejaron, por ejemplo el primer explorador de esa
región, el
coronel boliviano José Manuel Pando (1897), el naturalista sueco
Erland
Nordenskiöld (1905) y el coronel inglés Percy Harrison Fawcett
(en 1911,
desaparecido en la selva brasileña en 1925), decenas de
anónimos lugareños
que se aventuraron en pro de ensanchar la nacionalidad
boliviana, o el
mencionado biólogo noruego Lars Hafskjold, a quien usted incluye
en su
novela sin ningún prurito de cita legal, siendo que la
Expedición Madídi lo
incluía a él y su destino final de modo preponderante, y este
es otro tema
que usted utilizó como si hubiera salido de su coleto y no de
nuestros
esfuerzos, alentados por el mismo gobierno de Noruega.
6. Ahora bien: aunque muy incómodo en este campo, estoy obligado
a dirigirme
a usted hablando ya sólo por mi mismo, y créame señora que no me
interesa
nada más que establecer la verdad empírica de este injusto
asunto que afecta
a la Expedición Madidi, en el cual me veo involucrado, y esto al
margen de
mi ego o el suyo:
a) Sería comprensible y aceptable la falta de conocimientos
sobre la
etnología boliviana y en particular sobre los Toromona, en una
novela de
imaginación libre; pero sucede que todo lo básico que se afirma
en su novela
sobre esta etnia “está dicho” por mi persona, con mi nombre y
apellidos
verdaderos. Aparezco forzadamente en su obra como un personaje
citado por la
necesidad de la trama que debía recurrir a la autoridad
profesional de un
antropólogo, lo cual sin embargo es menoscabado por la ligereza
de la
autora, antes que ser abordado con el expectable acento de una
novelista
mínimamente respetuosa y responsable de sus fuentes “reales”;
así viene esto
en los siguientes aspectos textuales de la novela de usted:
“Una de las primeras cosas que encontraron [en la Red] sobre el
Parque
[Nacional Madidi] fue una entrevista hecha a un tal Álvaro Díaz
Astete,
conocido de Efraín y Marta [¿?] que había sido Director del
Museo de
Etnografía de Bolivia y era autor del único mapa étnico de este
país” (pag.
401).
En primer lugar nunca hice ninguna entrevista pública con nadie
al respecto.
La fuente amañadamente ocultada, es la entrevista que Pablo
Cingolani sí
concedió a la periodista Leila Guerreiro (“El llamado de la
selva” Revista
La Nación, 19.08.01, pag. 36), donde la periodista recoge que:
“Álvaro Díez Astete, autor del Mapa Étnico de Bolivia, ex
Director
deInvestigaciones del Museo Nacional de Etnografía y Folklore(…)
dice que es
muy probable que existan tribus no asimiladas en la región del
Madidi, y en
las nacientes del Río Heath y en el Valle del Río Colorado. Y
que una de
estas tribus podría ser la Toromona”. (…).
Como se ve, no soy en la versión de esa entrevista emitida por
Internet, (ni
naturalmente en la mía) “director del Museo de Etnografía de
Bolivia. En
cuanto al mapa étnico nadie dijo que es el “único” de “este
país”, aunque en
la realidad es el más utilizado académicamente y de modo
oficial, Mapa, en
el que los Toromona figuran con un signo de incógnita. Tampoco
soy el
“único” autor de él, sino que este ha sido elaborado juntamente
con otro
especialista, el antropólogo Juergen Riester (bajo el patrocinio
de la
Universidad Autónoma Gabriel René Moreno y financiado por el
Banco
Mundial World Bank, 1994- y que verdaderamente se llama Mapa
Etnico-territorial y Arqueológico de Bolivia, que además contó
con el aporte
de los arqueólogos Juan Albarracín Jordán y David Pereyra.
Acerca de la existencia de los Toromona, esa entrevista a
Cingolani en La
Nación de Buenos Aires dejaba ver sin lugar a dudas “que una de
estas tribus
podría ser la Toromona”, y no, como usted pone:
“En ella [la falsa entrevista] Díaz Astete afirmaba que estaba
seguro de
que existían tribus no contactadas en la región del Madidi, en
las nacientes
del Río Heath y el valle del Río Colorado. Pero lo más
sorprendente era que
alguien como él aseguraba que uno de esos grupos étnicos no
asimilados era
el de los Toromona”. (pag. 401).
¿Por qué, señora Asensi, tuvo usted la facilidad de decir que yo
“aseguraba”
que los Toromona existen como “tribu”, sin consultar al
recurrido “Álvaro
Díaz Astete” real?; pues él, en tanto antropólogo profesional,
es imposible
que hubiese hecho tal afirmación a usted o a sus personajes. Si
usted
necesitaba rodear de algún impacto de credibilidad a su novela,
podría haber
guardado consideraciones de respeto intelectual a sus “fuentes”
y, de hecho,
a si misma; debiera haber consultado, constatado e incluso
refutado tales
“afirmaciones” que me endilga, de modo ahora sí sorprendente.
Pero ello no para ahí, porque continuando casi velozmente se
subtiende en mi
voz (novelada), que se trataba de
“una tribu, misteriosamente desaparecida en la guerra del caucho
del siglo
XIX” (pag. 401),cuando es universalmente sabido que en la Amazonía boliviana (y
peruana y
brasileña), durante “la guerra del caucho del siglo XIX” ningún
pueblo
étnico desapareció misteriosamente, ni se trató de una guerra,
sino que
numerosos pueblos fueron criminalmente exterminados, física y
culturalmente,
por el proceso de esclavización que sufrieron en el embate de la
explotación
feudal-mercantil del Caucho o goma elástica, o hevea
brasilensis-, y sus
sobrevivientes sometidos a un duro etnocidio hasta la primera
mitad del
siglo XX (y si lo quiere saber, hasta el día de hoy).
Frases después, más allá de (imprecisos, vagos) datos históricos
que habrían
fraguado la leyenda de El Dorado o Paitití, insiste:
“los Toromonas se daban por
desaparecidos
desde hace más de un siglo y costaban como oficialmente extinguidos, por eso las
declaraciones de Díaz
Astete sobre la posibilidad de que siguieran subsistiendo entre
los grupos
no contactados del Madidi reforzaba nuestra convicción de que…”
etc,
(pag.401).
De ahí en más, pasa a mostrar su propia imaginería novelesca,
como tal
legítima, sobre los Toromona, aunque de forma chocante y
caricaturesca, lo
que no nos interesa discutir aquí.
b) Pero no contenta con el brulote ya explicitado, usted
seguirá tramando
en otro lugar:
“Diaz Astete había tenido razón en afirmar que todavía podían
quedar
Toromonas en la región del Madidi, aquella tribu supuestamente
desaparecida
durante la guerra del caucho del siglo XIX y que, según la
historia, había
sido la gran aliada de los incas que se escondieron en la selva
amazónica
huyendo de los españoles” (pag. 454).
Señora: ¿yo le dije a usted o a quienes supuestamente me
entrevistaron, que
“aquella tribu supuestamente desaparecida” “según la historia
había sido la
gran aliada de los incas”, etc, etc? Ciertamente no lo dije
jamás, aunque
tomando una amplitud de criterio, digo aquí y ahora, que desde
una óptica
limpia puede presumirse que la otrora gran nación de los Tacana
(a la que
pertenecían los Toromona por afiliación lingüística), sí podría
haber
cumplido ese papel de apoyo, lo cual aún por supuesto está
sujeto a
rigurosos estudios etnohistóricos.
Le diré con claridad señora Asensi, que el pueblo indígena
Toromona existe
como posibilidad, no como especulación. Y para verificar esa
posibilidad
las ciencias sociales, gracias al aporte de las ciencias exactas
y
naturales, son exigentes. Si una novela habla de la tribu de
“los capullos”,
y está en la onda de la fantasía, pues bien que así sea, y
santas pascuas.
Pero si habla de un grupo étnico cuya posible existencia depende
de estudios
serios, y más aún de una arriesgada Expedición en la vida real,
y si la
novela incluso se apoya en utilizar inescrupulosamente el nombre
y trabajo
verdaderos de una persona, para ponerlo a decir sandeces, como
lo ha hecho
usted, entonces estamos ante un suceso de soberbia
contracultural, en toda
la línea.
Los miembros de la Expedición Madidi, responsables de ella ante
el país y
ante nuestra conciencia no virtual, hemos atendido con cautela
primero, y
luego con preocupación indignada, la manera en que usted ha
utilizado en la
parte medular y más importante de su novela todos los hechos
principales que
la Expedición Madidi desarrolló en la vida real, convirtiéndola
en la fuente
y clave de su estructura narrativa final, sin siquiera
nombrarla.
Correspondía hacerlo, especialmente dado el carácter oficial y
la resonancia
internacional que el emprendimiento tuvo, tiene y tendrá.
El director de la Expedición Madidi y a través de él todos
quienes ahora nos
expresamos solidariamente, le decimos a usted que en “El origen
perdido” al
margen de sus logros o alcances literarios y económicos, al
margen de ello-
se ha perdido la posibilidad de un encuentro rico, veraz y
auténticamente
creativo, que pudiera haberse dado entre la autora y sus fuentes
reales, en
torno a un asunto tan crucial para su novela cuanto más crucial
para el
testimonio cultural sobre la desconocida Bolivia, que nosotros
hemos tratado
de imprimir, no merced a una editorial cualquiera sino en la
conciencia
social de nuestro pueblo.
Su novela, señora Asensi, a mi juicio está sensiblemente
empañada, y lo
único que me cabe esperar como escritor y antropólogo boliviano,
partícipe
de la Expedición Madidi, es sólo que usted comprenda en su
completa
dimensión esta mi Carta Abierta.
Atentamente
Lic. Álvaro Díez Astete
Asesor Etnográfico
Expedición Madidi.
Año X • Nº 126
18 de julio de 2005
Cagua, Venezuela
Expedición
Madidi
se enfrenta
a Planeta
Pablo Cingolani y Álvaro Díez Astete, coordinador y asesor
etnográfico,
respectivamente, de la Expedición Madidi, consideran que la
novela El origen
perdido, de la escritora alicantina Matilde Asensi, plagia
materiales del
trabajo que ellos vienen desarrollando desde hace varios años en
la selva
boliviana. Editorial Planeta advierte a la Embajada de Bolivia
en España que
podría emprender acciones legales.
Noticias.
Expedicionarios del Madidi
se consideran
amenazados por Planeta
Como una amenaza ha considerado el historiador argentino Pablo
Cingolani la
respuesta que a sus reclamos, manifestados a través de la
Embajada de
Bolivia en España, ha dado Carlos Reyés, director editorial de
Planeta, en
carta dirigida al ministro consejero boliviano, Julio Aliaga
Lairana.
Como se recordará, en nuestra edición 124 publicamos una noticia
referida a
las denuncias de plagio que ha hecho públicas Cingolani en
contra de la
novelista alicantina Matilde Asensi, cuya novela El origen
perdido
contendría, en su trama y en su desenlace, gran parte “de los
materiales
(memorias, relatos, crónicas y entrevistas) y archivos de las
expediciones
al Madidi” realizadas por este investigador y su equipo de
expedicionarios,
como explicamos en su oportunidad.
En la carta en cuestión, fechada 8 de junio, Reyés expresa su
“perplejidad
ante las recientes actuaciones de don Pablo Cingolani y, en
concreto, en
relación a sus posicionamientos acerca del trabajo efectuado por
doña
Matilde Asensi en su libro El origen perdido”. El ejecutivo
editorial agrega
que, tras cotejar los materiales de Cingolani con el capítulo IV
de la
novela de Asensi, “no solamente no advierto indicio alguno de
plagio, sino
que ni tan siquiera constato un eventual derecho de cita”.
Reyés opina que “nadie tiene la exclusiva universal de los
toromonas (138
entradas en Google), ni de Madidi (30.700 entradas), ni de
Aymara (651.000
entradas), ni de Lars Hafskjold (570 entradas), ni de Álvaro
Díez Astete
(307 entradas). Es más, en algunos casos se advierten, incluso,
informaciones contradictorias entre los trabajos del señor
Cingolani y la
novela de Matilde Asensi”.
La carta del ejecutivo de Planeta termina declarando que no
acaba de
comprender “cuál es exactamente el papel de la Embajada de
Bolivia en este
asunto” y anunciando que, ante la ausencia de pruebas que
justifiquen las
imputaciones de Cingolani, “entiendo que se trata de acusaciones
no fundadas
que traslado a nuestros servicios jurídicos para que actúen como
mejor
proceda, bien en España, bien en Bolivia o en cualquier otro
lugar donde
fuese necesario”.
Entrevistado por correo electrónico para Letralia, Cingolani
rebate los
supuestos expresados por Reyés. “Álvaro [Díez Astete] es el
asesor
etnográfico de las expediciones, amén de ser uno de los más
respetados
antropólogos de Bolivia, especialidad en etnias de la Amazonía.
La exclusiva
universal sobre Álvaro Díez Astete la tiene, para empezar,
Álvaro Díez
Astete”.
La carta de Díez Astete
Considerado uno de los mayores especialistas bolivianos en
etnografía
amazónica, Álvaro Díez Astete (La Paz, 1949) ostenta una vasta
producción
bibliográfica antropológica e, inclusive, poética. Ha publicado
estudios
como Etnicidad y etnocidio en Bolivia (Casa de las Américas, Nº
155-156, La
Habana, Cuba, 1986, y también en Arinsana, Cuzco, 1986); Hacia
un inventario
crítico de etnotecnologías en Bolivia (IV Encuentro de Estudios
Bolivianos;
Cochabamba, 1986); Mapa etnolingüístico de Bolivia (Arinsana,
Cuzco, Nº 1,
1986); Las etnias en Bolivia (en Hugo Boero Rojo, Enciclopedia
Bolivia
Mágica, p. 109-147; La Paz, Editorial Vertiente, 1993),
Interculturalidad en
Moxos (La Paz, Musef, 1995); Etnias y territorios indígenas (con
Riester,
Jüergen; en: Comunidades, territorios indígenas y biodiversidad
en Bolivia
(Ed. Kathy Mihotek, Santa Cruz de la Sierra, UAGRM-Banco
Mundial, 1995);
Mapa étnico territorial y arqueológico de Bolivia (con Riester,
Jüergen et
al.; La Paz, UNGRM-Banco Mundial, 1995); Pueblos indígenas de
las tierras
bajas-Características principales (con Murillo, David; La Paz;
Ministerio de
Desarrollo Sostenible y Planificación, Vaipo, Programa
Indígena-PNUD, 1998),
y Amazonía boliviana. Necesidades básicas de aprendizaje (La
Paz, Ministerio
de Educación, Cultura y Deportes, 2002).
Su obra literaria también es extensa e incluye títulos como
Viejo vino,
cielo errante (1981), Devoración (1983), Abismo (1988), Cuerpo
presente
(1989), Púrpura profunda (1993) y Homo demens (2001), que a su
vez han sido
reunidos en el volumen Escritura poética elemental (Plural, La
Paz, 2003).
El 19 de junio, el mismo Díez Astete remitió a diversos medios
una carta
abierta a Matilde Asensi, a la que se le ha dado amplia difusión
en
Internet, en la que le propuso a la autora “una lectura
reflexiva de su
propia novela” y le manifestó su descontento ante “algunos
extremos que mi
ética personal y profesional ha encontrado inaceptables en más
de un
aspecto”.
Díez Astete le recrimina a Asensi, en esa carta, el tratamiento
dado al tema
“que concierne a la resolución de su obra, lo cual impresiona
tanto por las
inexactitudes y equívocos que lleva, como y más por el uso
indebido y
penosamente trastocado que se hace de la base de su relato, que
no es otra
que la expedición Madidi de Bolivia, a la que no menciona
siquiera con una
simple nota de pie de página, como si la expedición que alimentó
su novela
de manera decisiva no hubiera existido jamás, pese a que usted
se sirvió de
su abundante información provista por Internet”.
Tras describir las características de la expedición, las
condiciones en que
se realizó y los objetivos que tenía planteados, Díez Astete
—quien aparece
en la novela como personaje bajo el apellido Díaz Astete— agrega
que “sería
comprensible y aceptable la falta de conocimientos sobre la
etnología
boliviana y en particular sobre los toromonas, en una novela de
imaginación
libre; pero sucede que todo lo básico que se afirma en su novela
sobre esta
etnia ‘está dicho’ por mi persona, con mi nombre y apellidos
verdaderos.
Aparezco forzadamente en su obra como un personaje citado por la
necesidad
de la trama que debía recurrir a la autoridad profesional de un
antropólogo,
lo cual sin embargo es menoscabado por la ligereza de la autora,
antes que
ser abordado con el expectable acento de una novelista
mínimamente
respetuosa y responsable de sus fuentes ‘reales’ ”.
El investigador reseña diversos pasajes de la novela donde
aparece en forma
del personaje Álvaro Díaz Astete, con datos sobre su trabajo y
aseveraciones
supuestamente emitidas por él. Tales informaciones son
calificadas por él
como inexactas. Entre ellas se encuentra la supuesta afirmación
de Díez
Astete de que, en las nacientes del río Heath y el valle del río
Colorado,
existen tribus no contactadas, una de las cuales es la de los
toromonas.
“¿Por qué, señora Asensi, tuvo usted la facilidad de decir que
yo ‘aseguraba’
que los toromonas existen como ‘tribu’, sin consultar al
recurrido ‘Álvaro
Díaz Astete’ real?”, increpa el investigador. “En tanto
antropólogo
profesional, es imposible que hubiese hecho tal afirmación a
usted o a sus
personajes. Si usted necesitaba rodear de algún impacto de
credibilidad a su
novela, podría haber guardado consideraciones de respeto
intelectual a sus
‘fuentes’ y, de hecho, a sí misma; debiera haber consultado,
constatado e
incluso refutado tales ‘afirmaciones’ que me endilga, de modo
ahora sí
sorprendente”.
Otros datos expuestos en la novela son refutados por Díez
Astete, como la
“desaparición misteriosa” de diversas tribus durante la guerra
del caucho
del siglo XIX, aspecto en el cual éste aclara que en ese hecho
histórico
“ningún pueblo étnico desapareció misteriosamente, ni se trató
de una
guerra, sino que numerosos pueblos fueron criminalmente
exterminados, física
y culturalmente, por el proceso de esclavización que sufrieron
en el embate
de la explotación feudal-mercantil del caucho —o goma elástica,
o hevea
brasilensis—, y sus sobrevivientes sometidos a un duro etnocidio
hasta la
primera mitad del siglo XX (y si lo quiere saber, hasta el día
de hoy)”.
Díez Astete es enfático en que los toromonas son una posibilidad
aún no
demostrada, y agrega que “para verificar esa posibilidad las
ciencias
sociales, gracias al aporte de las ciencias exactas y naturales,
son
exigentes”, por lo que al aventurar su existencia en una novela
y “utilizar
inescrupulosamente el nombre y trabajo verdaderos de una
persona, para
ponerlo a decir sandeces, como lo ha hecho usted, entonces
estamos ante un
suceso de soberbia contracultural, en toda la línea”.
La carta termina expresando indignación, por parte de los
miembros de la
expedición, por “la manera en que usted ha utilizado en la parte
medular y
más importante de su novela todos los hechos principales que la
Expedición
Madidi desarrolló en la vida real, convirtiéndola en la fuente y
clave de su
estructura narrativa final, sin siquiera nombrarla. Correspondía
hacerlo,
especialmente dado el carácter oficial y la resonancia
internacional que el
emprendimiento tuvo, tiene y tendrá”.
Díez Astete y Asensi hablan telefónicamente
Cingolani explica que, tras la aparición de la carta de Díez
Astete, Planeta
concertó con el investigador, vía correo electrónico, una
entrevista
telefónica con Matilde Asensi. “Esto sucedió el viernes 1 de
julio”, explica
Cingolani. “La conversación —como el mismo Álvaro dice— fue
absurda, digna
de Beckett. La doña esta —reconociendo que la fuente de su
trabajo fue
nuestra expedición— se estuvo veinte minutos con el único
objetivo de
obtener el permiso de Díez Astete para que su nombre sea
incluido en las
futuras ediciones de la novela. Habló no sólo de España, sino de
Francia,
Italia, Alemania. O, caso contrario, acuerdo para que su nombre
fuera
retirado”.
Según Cingolani, Díez Astete se negó y le manifestó a la
escritora “que, en
todo caso, debía hablar conmigo y demás miembros de la
expedición. Asensi,
furiosa, le dijo que sólo quería hablar con él, que el resto
estaba ya
arreglado a través de la carta que Planeta envió a la Embajada
de Bolivia en
Madrid. Por el otro, dijo que no podía hablar conmigo porque la
había
‘difamado’ a través de la prensa y de la red”.
Una expedición multipropósito
La expedición se inicia formalmente en septiembre de 2000 con un
itinerario
que incluye territorios bolivianos desconocidos que forman parte
del Madidi,
uno de los sitios que albergan mayor biodiversidaden todo el
mundo, y con
fondos aportados por el Estado boliviano, la Fundación II
Centenario y otras
fundaciones privadas, la empresa privada e instituciones como
Care o el
Rotary Club.
Aunque una de las intenciones del equipo liderado por Cingolani
era
descubrir si realmente los toromonas siguen viviendo en las
regiones
inexploradas del Parque Nacional Madidi, durante el desarrollo
de la
expedición se fueron sumando otros objetivos. Este historiador,
graduado de
la Universidad de Buenos Aires en 1985,planeó su expedición
siguiendo la
ruta del desaparecido explorador inglés Percy Harrison Fawcett,
quien
recorrió la zona en 1911. “El objetivo geográfico más importante
era arribar
a la naciente occidental del río Heath, al cual, según nuestras
investigaciones, ni el propio Fawcett había arribado”. Cingolani
alude al
libro de memorias Expedición Fawcett, A través de la selva
amazónica (Rodas,
Madrid, 1973). “Cumplida la primera etapa de la expedición”, continúa el expedicionario, “en una de las bases de la misma, la población de Apolo, el entonces director del parque Madidi, ingeniero Ciro Oliver, nos informó acerca de Lars Hafskjold, un agrónomo de origen noruego que desapareció en la zona del río Colorado en 1997 siguiendo el rastro de una probable etnia ‘no contactada’, ‘no asimilada’ o aislada de manera voluntaria, tras el genocidio y la hecatombe étnica que experimentó la selva tras el auge de la explotación del caucho, entre 1880 y 1914”.
Lars Hafskjold: desaparecido.
Hasta entonces, Hafskjold no había sido buscado en el terreno
donde
desapareció. La expedición llegaría en su primer intento al
último punto
habitado, la comunidad de Puerto San Fermín, sobre el río
Tambopata, en el
límite entre Bolivia y Perú. A su regreso a La Paz, Cingolani
hizo contacto
con Díez Astete, quien aceptó participar en el proyecto en
calidad de asesor
etnográfico, y con el cónsul de Noruega en La Paz, Ian Hornsby,
con quien se
oficializó la búsqueda de Hafskjold.
De esta manera el proyecto creció en objetivos y en su impacto
en los medios
de la región. Consultas a la Misión Nuevas Tribus —misioneros
evangelistas
que, desde Colombia a Paraguay, han trabajado en primeros
contactos con
fines evangelizadores desde la década de 1940— confirmaban la
posibilidad de
la existencia de la tribu, y tales datos fueron positivamente
contrastados
con otros del Ministerio de Asuntos Indígenas y entrevistas con
miembros de
las comunidades indígenas asimiladas, además de un profundo
trabajo de
documentación en archivos históricos. Además el equipo
expedicionario
impulsó campañas de salud en poblaciones aisladas, un programa
que se
desarrollaba por primera vez en Bolivia y que sigue funcionando
hasta hoy,
así como talleres de educación ambiental, donación de alimentos
y materiales
a las comunidades indígenas, campañas de investigación
arqueológica y
concientización en las ciudades sobre necesidad de preservar el
medio
ambiente y las culturas originarias, entre otras acciones.
“Es decir”, continúa, “es un proyecto privado multipropósito,
sin fines de
lucro y financiado con aportes estatales y privados. Es, a la
vez, un
proyecto desarrollado en coordinación con una veintena de
comunidades
indígenas, y la misma expedición es multiétnica y está
constituida por
personas de origen leco, tacana, chimán, quechua y
occidentales”.
Cingolani agrega que la expedición ha recibido apoyo de las
máximas
instancias del Estado boliviano vinculadas a la salud, la
protección del
medio ambiente, el manejo de los parques nacionales, la
arqueología y la
cultura, así como de las autoridades administrativas del
departamento de La
Paz, la Subprefectura de la provincia Franz Tamayo y los
municipios de
Pelechuco y Apolo. “Es una verdad decir que aquí, en Bolivia, la
Expedición
Madidi es respetada y querida”, acota.
El proyecto fue relanzado el año siguiente, con un nuevo
nombre—Expedición
Madidi XXI— y un más evidente apoyo oficial del gobierno
boliviano: el 31 de
mayo la Cámara de Diputados de Bolivia declara a la Expedición
Madidi “de
Interés Nacional” en virtud de que “el cumplimiento de sus
objetivos son de
indudable beneficio para Bolivia y su proyección”.
La nueva expedición llegó acompañada de una intensa campaña en
los medios.
“Como dato ilustrativo, para medir ese impacto y tomar en cuenta
su alcance,
habría que agregar que fui entrevistado por Rodrigo de la
Quadra-Salcedo,
director de la productora española Xemenerge, para un programa
televisivo
para AXN TV”. De la Cuadra-Salcedo es considerado uno de los
principales
productores audiovisuales de documentales de riesgo de España.
El 1 de agosto de 2001 partieron los expedicionarios. “Lo
hicimos
acompañados de tres médicos en la campaña de salud citada antes,
coordinada
con el Ministerio de Salud y Previsión Social”, que actualmente
ha sido
reemplazado por el Ministerio de Salud y Deportes. La expedición
iría tras
las huellas de los toromonas y con la intención de determinar si
esta etnia
aún existe.
El historiador divulgó en aquel momento sus resultados en medios
de Buenos
Aires y Bolivia, así como en la red Ant-Arq, donde Cingolani
publicó, el 3
de mayo de 2001, una relación de su trabajo. Tal como el
investigador lo ha
denunciado, algunas frases de esa información pueden
contrastarse con los
fragmentos citados por Díez Astete en su carta abierta. En esa relación, Cingolani habla de los hechos que sustentan las sospechas sobre la supervivencia de los toromonas, que se habrían mantenido ajenos al resto de Bolivia por decisión propia tras la exterminación de que fueron objeto las tribus durante el auge de la explotación del caucho. Los toromonas habrían protegido en sus territorios a los incas y habrían dado origen a la leyenda del Paititi, una versión de El Dorado en la Amazonía sur.
Cingolani insiste en que gran parte de la información recabada
por Asensi
procede de los estudios derivados de la expedición, que tuvo
como uno de sus
nortes la divulgación puntual de sus resultados en Internet y
otros medios.
“Esta información la bajó de Internet de manera indudable y
completa ya que,
como afirmaba, en muchos casos, sigue disponible
Resultados
El proyecto ha abarcado, hasta ahora, tres expediciones
oficiales, con apoyo
del Estado boliviano —Apolobamba-Madidi (2000), Madidi XXI
(2001) y Santos
Pariamo (2003)— y tres expediciones privadas —cuenca alta del
río Madidi
(2002) y Cordillera de Apolobamba Norte I y II (2003-2004)—,
todas al
interior del Parque Nacional Madidi. Su primera versión está
incluida en la
base de datos de la Royal Geographical Society del Reino Unido.
Los expedicionarios realizaron el primer recorrido integral de
la ruta
Fawcett en Apolobamba desde 1911. Además se adjudicaron otros
méritos: el
primer reconocimiento de la cuenca del río Colorado desde 1912;
la primera
navegación histórica del río Mojos hasta su desembocadura con el
río Tuichi,
su denuncia de la inexistencia del hito 27 en el límite entre
Bolivia y
Perú, y el reconocimiento del hito 26, en Ichocorpa, en la misma
línea
limítrofe.
Con el material recogido en la investigación, Cingolani y su
equipo han
producido además diversos estudios. El primero de ellos fue el
estudio
etnográfico En busca de los toromonas (de la Expedición Madidi
XXI), por
Díez Astete (La Paz, 2001 ), y a ese le siguieron Expedición
Madidi. Tras
las huellas de Lars y de los toromonas en el Madidi Occidental,
libro de
crónicas de Cingolani (La Paz, 2004); Apuntes para una historia
del
noroeste, estudio histórico también de Cingolani (2000-2001) y
Alrededor del
Paititi. Místicos, exploradores y aventureros. Crónicas y
documentos de la
penetración civil, militar y eclesiástica española en la
Amazonía paceña
durante los siglos XVI y XVII, un perfil de proyecto presentado
este mismo
año al Centro de Estudios Indianos de la Universidad de Navarra,
en España.
Además, Cingolani y el antropólogo visual Fernando Arispe
produjeron en 2004
el video Expedition Madidi. Searching for Lars.
La otra búsqueda
Aunque el trabajo desarrollado hasta ahora ha permitido al
equipo
profundizar en su conocimiento de la zona y reafirmar la
relación de apoyo y
reciprocidad con las comunidades indígenas que habitan el
Madidi, el trabajo
está aún inconcluso. Cingolani explica que para concluir la
investigación se
necesita obtener nuevos fondos que les permitan “hacer una nueva
expedición,
concluir la investigación de archivo y publicar las conclusiones
en libros,
uno académico y otro de bitácora, y videos, uno científico y
otro de
bitácora”.
Ya se tiene avanzado, como explicamos más arriba, el estudio,
por parte de
Díez Astete, el libro de bitácora realizado por Cingolani, y el
video de
bitácora, también por Cingolani en colaboración con Arispe,
“pero no podemos
concluirlo por falta de dinero”, agrega.
De resultar positiva la investigación verificándose la
existencia de los
toromonas, “se abre un nuevo escenario de intervención para que
el Estado
boliviano garantice su aislamiento a través de la creación de
una reserva de
aislamiento absoluto (es decir, donde nadie pueda entrar) y a la
vez se
brinden condiciones de seguridad (puestos de control, radios,
etc.) para que
eso sea real”.
Cingolani y su equipo trabajan actualmente en una nueva y no
menos
importante búsqueda de fondos para la próxima y, esperan,
exitosa fase de su
expedición. Entre las acciones que han adelantado se encuentra
el
lanzamiento del CD Madidi, música por la naturaleza I, realizado
en 2002 con
la participación de algunos de los más reconocidos grupos y
solistas
bolivianos de música popular urbana contemporánea —rock, hip
hop, rap,
reggae y otros géneros—, como David Portillo, Rodrigo Villegas,
Vacas Locas,
Marraketa Blindada, Alejandro Rivas & Aldo Mercado, Últimas
Neuronas, Negro
y Blanco, Amanda’s Dreamscape, Comunidad y Atajo. El CD ha sido
financiado
por el gobierno de Dinamarca, la Unión Europea, WCS y
Care-Bolivia.
El objetivo de la venta del CD, continúa el historiador, es la
adquisición
de un bote a motor para el patrullaje de los ríos Lanza y
Tambopata,
ubicados en el sector occidental del Madidi y alrededor de los
cuales
habitan las comunidades de San Fermín, Lino y Cocos. Y agrega:
“Esta es una
tarea que ha quedado pendiente. ¿Sabes cuánto cuesta un bote?
Digamos unos
5.000 dólares...”.
Entre tanto, el investigador vive de la producción de
documentales sobre
temas que van de la arqueología a la historia y del medio
ambiente al apoyo
a las comunidades indígenas. Asimismo, asesora sobre estos temas
a
instituciones públicas y privadas como la Prefectura de La Paz,
la Fundación
II Centenario y otras. Por otra parte, escribe en el quincenario
El Juguete
Rabioso y en el sitio informativo BolPress, dos influyentes
medios
bolivianos.
El origen perdido: historia en disputa.
Una historia con semejanzas
En 2003 apareció El origen perdido. Ya el nombre de Matilde
Asensi empezaba
a despuntar como autora de ficción histórica por sus anteriores
novelas.
Antonio Ruiz Vega, autor del sitio Libros que he leído, describe
la trama de
la novela en una de sus reseñas, y allí Cingolani obtiene su
primer
encuentro con las semejanzas entre el libro y su trabajo de
investigación.
Cingolani precisa que es entre las páginas 365 y 523 donde se
encuentran las
similitudes. Aparte de que la ubicación geográfica y la búsqueda
de los
toromonas, mencionados en la novela, coinciden con la
expedición, recalca la
supuesta entrevista a Álvaro “Díaz” Astete que los personajes
encuentran en
Internet, en la que, según reveló Díez Astete, se cuelan
aseveraciones
erróneas, algunas, y otras semejantes a textos escritos por
Cingolani. En la
novela, como en la vida real, se realizan dos expediciones, e
igualmente se
mencionan los nombres de Fawcett y Hafskjold.
“Para quien leyó la novela”, explica Cingolani, “es más claro lo
que afirmo,
que en síntesis es que Asensi tomó toda la historia de nuestras
expediciones
y se inspiró en ellas para desarrollar el último capítulo de su
novela, es
decir, el desenlace, a lo largo de mucho más de cien páginas. La
historia de
los toromonas y su alianza con los incas le sirvió de puente
entre la
primera parte de su libro (en lo esencial, la que se desarrolla
en Tiwanaku)
y el final feliz de su novela (el encuentro con los ‘capacas’,
poseedores de
las palabras mágicas)”.
Asensi: sin personajes trasuntos
Matilde Asensi es una exitosa escritora española en ascenso. El
diario El
Mundo recordaba en septiembre de 2003, en una reseña de El
origen perdido
que la autora había sido calificada por Plaza & Janés, editorial
donde
publicó El último catón y Iacobus, como “la nueva reina española
del
best-seller de calidad”. La misma reseña adelanta que la
escritora “quizá se
convierta en el fichaje más rentable de Planeta de los últimos
años”.
Asensi nació en Alicante, España, en 1962. Es periodista
egresada de la
Universidad Autónoma de Barcelona y ha trabajado en los
informativos de
Radio Alicante-SER, en la Radio Nacional de España, en la
agencia EFE como
corresponsal y en los diarios provinciales La Verdad e
Información, como
colaboradora. Ha publicado las novelas El salón de ámbar (1999),
Iacobus
(2000), El último catón (2001), El origen perdido (2003) y
Peregrinatio
(2004). Ha obtenido el primer premio de cuentos en el XV
Certamen Literario
Juan Ortiz del Barco (1996), de Cádiz, y el XVI Premio de Novela
Corta
Felipe Trigo (1997), de Badajoz.
En la página de Asensi en el sitio de Plaza&Janés, se muestra
una dirección
de correo electrónico de Matilde Asensi, a la que le escribimos
solicitándole su posición sobre este caso. Al momento de
redactar este
trabajo no había respondido.
En entrevista concedida a El Salt, revista del Instituto
Alicantino de
Cultura Juan Gil-Albert, en su edición de abril-junio de 2004,
Asensi es
consultada sobre su presencia, como personaje, en El origen
perdido, a lo
que respondió: “Es que estoy en todas las novelas, aunque no hay
ningún
personaje que sea trasunto, como dices”.
Declaración Camaral de la H. Cámara de Diputados de la República
de Bolivia
(La Paz, 8-Sept.-2005)
LA HONORABLE CÁMARA DE DIPUTADOS
DECLARA:
La EXPEDICIÓN MADIDI, mediante Declaración Camaral Nº
009/2000-2001 del 31
de mayo de 2001, fue declarada de Interés Nacional en atención a
que sus
objetivos constituyen un fundamental beneficio para Bolivia y
sus
proyecciones, como son la defensa y promoción del uso sostenible
de los
recursos naturales del Parque Nacional Madidi, la exploración
geográfica, la
investigación etnográfica y la afirmación de la soberanía
nacional, con el
cumplimiento de misiones y tareas en las regiones más aisladas
del país,especialmente en los territorios situados al norte del
Departamento de La
Paz.
Los nombres de algunos de sus miembros y varios de los temas que
han ocupado
sus trabajos y misiones de la Expedición Madidi han sido
arbitrariamente
utilizados por la ciudadana española Matilde Asensi en su novela
“EL ORIGEN
PERDIDO”, publicada por la Editorial Planeta de Barcelona y con
14 ediciones
en España y muchas otras en varios países del mundo.
La citada ciudadana española no ha hecho ninguna aclaración
pública con
relación al tema y por el contrario, la Editorial Planeta con
carta de su
Director Carlos Reyes Barcelona, 8/06/2005-, ha cuestionado de
manera
agraviante a la dignidad nacional, las gestiones que estaba
realizando el
Ministro Consejero Julio Aliaga de la Embajada de Bolivia en
España y ha
pretendido intimidar al Director de la Expedición Madidi.
Tales hechos constituyen un evidente abuso que viola los más
elementales
principios de protección de la propiedad intelectual de una
Nación y de los
derechos de autor de los miembros de la EXPEDICIÓN MADIDI que
debemos
defender y reivindicar la labor de nuestros profesionales,
dirigidos por
Pablo Cingolani y entre cuyos miembros destaca nuestro colega
Diputado Dr.
José Luis Ríos Cambeses.
Por tanto, a tiempo de ratificar la Declaratoria de Interés
Nacional para la
EXPEDICIÓN MADIDI, expresamos nuestro repudio a los escritos
inaceptables de
parte de la Editorial Planeta, porque Bolivia es un país libre y
soberano y
sus embajadas funcionan para representar los intereses de los
ciudadanos que
viven en ella.
Asimismo, declaramos censura pública a la utilización indebida
de la
Expedición Madidi, sus miembros y sus temas, sin autorización y
sin cita,
por parte de la ciudadana española Matilde Asensi en la novela
“El origen
perdido”.
Recomendamos al Viceministerio de Cultura, al Ministerio de
Relaciones y
Culto y a la Embajada de la República de Bolivia en España, la
realización
de todos los reclamos y gestiones que correspondan para la
reparación sobre
el daño causado a la EXPEDICIÓN MADIDI.
Es dado en la sala de sesiones de la H. Cámara de Diputados a
los 8 días del
mes de septiembre de 2005.
Gerardo Rosado
Presidente a.i. de la Cámara de Diputados
República de Bolivia
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