Les adjunto un texto que puede ser de interés pra el debate de la
Historia actual. Enhorabuena por el trabajo desarrollado.
Atentamente, Genaro Chic García
PROGRESISMO Y CRISTIANISMO
Genaro Chic García
Catedrático de Historia Antigua
Universidad de Sevilla
Me comentaba recientemente un colega de una universidad castellana
que, en un examen de Arte, un alumno al que se le había pedido que
analizara un cuadro con un Calvario señalaba que, en una elevación
de terreno, había tres hombres clavados en sendas cruces; los dos de
los lados eran anónimos, pero el del centro llevaba por encima de la
cabeza un letrero por el cual podíamos saber que se trataba de un
tan Enri. No debemos, por supuesto, elevar la anécdota a categoría,
pero, con todo, cabe preguntarse: )Es Europa cristiana? )Tiene
sentido la propuesta de determinados dirigentes de definir en su
esencia a la Unión Europea como tal? Y si fuese así, )en qué sentido
es cristiana?.
Es indudable que el cristianismo aportó, al Imperio Romano primero y
al mundo circundante después, algo nuevo en su forma de presentarse:
una idea del tiempo y una forma de relación personal (y no como
pueblo) con Dios. Esta última derivaba del propio medio intelectual
del Imperio Romano, que se había asentado, mal que bien, sobre el
concepto de individuo que se había ido afirmando en el mundo de la
polis griega y desde ahí se había difundido por todo el
Mediterráneo. En cuanto a la idea del tiempo, ésta le venía de su
origen judío, pues desde el siglo VI a.C., se había adoptado durante
el exilio babilónico un concepto de tiempo de largo recorrido que se
ajustaba a sus necesidades ideológicas de regreso a la tierra propia
y que tomaron del mazdeismo: el Zurvan daregho-chvadhata, un tiempo
de largo dominio cuya duración se estableció en un único ciclo de
12.000 años al final de los cuales se reintegraría en el tiempo
absoluto o divino. Se rompía así, con una proyección religiosa en el
futuro, la dinámica imperante de contemplar como dominante el ciclo
anual del eterno retorno.
La idea era francamente revolucionaria. Lo normal es que cualquier
animal, humano o no, se preocupe sobre todo por el presente, que es
el momento que vive con más intensidad. Los lingüistas lo saben
bastante bien. Así, por ejemplo, los temas de presente en el verbo
griego son los más antiguos y sobre ellos se han ido formando los
demás, contemplando al pasado sólo a través de un aspecto perfectivo
del presente ("tengo hecho", "hice"); y al futuro, posteriormente,
como fórmula de deseo en el presente ("quiero hacer", "haré"). La
idea de continuidad del grupo, considerada más interesante que la
individual, fue generando la idea de la costumbre (la mos, la moral,
que diría un latino) y con ello una vaga idea de la importancia del
tiempo de los antepasados, que eran la raíz del presente. La memoria
se combinaba con el olvido para permitir una especie de digestión
del pasado, de forma que se almacena lo que continúa teniendo
importancia para la sociedad mientras que el resto se olvida. De tal
forma que sólo es verdad lo que no se olvida, lo que es importante.
Algo que de algún modo ha quedado en nuestro refranero cuando se
plantea aquello de ")Qué te iba a decir yo que mentira no era?".
La difusión de una escritura simplificada, como la adquirida por los
griegos y difundida por ellos por el Mediterráneo, permitió fijar
las ideas al nivel individual y no sólo al colectivo, como sucedió
en los grandes Imperios orientales. Fue la base de un individualismo
(llamado político por haber nacido en el marco semianárquico de las
pequeñas poleis, donde todo era controlable) y la posibilidad de
fijar los datos por escrito lo que facilitó que los individuos,
confrontando sus opiniones, se fuesen preguntando no sólo "el qué"
de las cosas, su presente, sino también su "porqué", o sea su
pasado. Surgió así la Historia (palabra que significa
"investigación") y con ella toda la ciencia especulativa. La ciencia
antigua no pasó de este nivel. Dada la concepción imperante de que
el hombre era un todo con la Naturaleza, no fueron capaces de
situarse fuera del cosmos y contemplar a éste como un objeto de un
análisis que necesariamente debe proceder mediante métodos
«innaturales», como la experimentación sistemática o la
matematización de los conceptos físicos. De acuerdo con esa
mentalidad de presente dominante (los romanos le temían en gran modo
a las res novae, a las situaciones nuevas, como señala Tácito) no
dieron el paso de preguntarse el "para qué" (el futuro) de las
cosas, con lo cual fue imposible la tecnología.
El cristianismo surgió, como dije antes, de la fusión de este mundo
intelectual de tendencias racionalistas -aunque en un ambiente
romano imperial que lo deslizaba hacia la mística- y de la
emotividad propia de un sistema religioso que daba mucha importancia
a los gestos, pronto transformados en ritual. Su gran aportación fue
introducir de forma masiva en las conciencias una fe en el progreso
para la salvación que antes estaba ausente. El hombre debería pasar
por este valle de lágrimas procurando cooperar en la obra de Dios
mientras esperaba su, por lo visto, no tan pronta venida. El lema de
ora et labora de los frailes es significativo.
Durante mil años se produjo la caída de esta lluvia fina de la fe en
el progreso. Luego, los ríos de oro y plata americanos facilitaron
que el hombre, que colaboraba con Dios, se fuese sintiendo cada vez
más creador él mismo, al poder actuar sobre la Naturaleza con la
fuerza de su ingenio y de su trabajo. La Revolución Copernicana, que
lo sacó del centro del Universo, donde siempre había creído estar,
al poner al Sol en el centro del sistema en vez de a la Tierra, le
dio oportunidad para convertirse él mismo en el centro. Movimientos
como el Calvinismo ayudaron al hombre a ir habituándose a la idea de
que Dios premia a los suyos ya aquí en la tierra, y eso de que los
pobres serían los dueños del Reino de los Cielos fue tomando una
nueva perspectiva menos consoladora. Desde el siglo XVII, la época
de Galileo o de Descartes entre los cristianos, o de Spinoza entre
los judíos (que empiezan a tomar en cuenta las ideas individualistas
del "enemigo"), se va a ir desarrollando una Ilustración que cada
vez tiene más fe en el progreso del hombre desde una perspectiva
laica. Algo que la otra religión de Libro, la musulmana, no hizo, al
encontrarse fuera de los circuitos por donde circulaba el naciente
capitalismo.
Europa se ha entendido así como una construcción intelectual,
política e ideológica, ligada a una concepción espacial, como parte
del continente Euroasiático, que tiene como base la cultura racional
de origen cristiano, con independencia de las Iglesias que la
estructuraban en la etapa premoderna y que siguen su inercia de
siglos. Si forma, como parece que quiere, una unidad política, debe
tener en cuenta su coherencia interna a la hora de integrar a los
distintos socios, porque un país es algo más que un mercado común.