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[Nota: remitido por Dolores Cabra, secretaria
general de la Asociación Guerra y Exilio]
A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
El Grupo Parlamentario de Esquerra
Republicana, a instancia del diputado JOAN TARDÀ I COMA, al
amparo de lo dispuesto en el artículo 193 y ss. del vigente
Reglamento de la Cámara, presenta la siguiente PROPOSICIÓN
NO DE LEY para su debate en Comisión
A medida que avanzaban territorialmente las
fuerzas militares del bando fascista, los defensores del
régimen republicano legal y legítimamente constituido
buscaron nuevas fórmulas de lucha para detener a los
sublevados.
La resistencia de los derrotados militarmente
por los facciosos se fue articulando irregularmente en los
espacios donde pudieron hacerlo. En principio, para evitar
sus muertes se organizaron en los montes y montañas, donde,
a los “huidos” de la población civil, se fueron sumando
grupos del Ejército republicano y de otras organizaciones
armadas que luchaban contra los fascistas, escapados de
campos de prisioneros y otras personas que decidieron tomar
dicho camino en pos de la libertad. Hay que señalar que su
procedencia política era plural, desde militantes
anarquistas, comunistas, socialistas o republicanos hasta
jóvenes militantes antifascistas.
Los diferentes grupos guerrilleros
diseminados a lo largo de todo el territorio del Estado se
concentraban en el ámbito rural y a menudo sobrevivieron
gracias al apoyo de enlaces en las zonas poblacionales
cercanas.
La lucha de guerrillas, que se inició ya en
el mismo momento en qué se produce el “Alzamiento Nacional”
golpista y se prolongó hasta los años 60, tuvo una actuación
irregular teniendo en cuenta que buena parte de los
luchadores cruzaron la frontera en dirección a Francia para
combatir internacionalmente el fascismo. Lo hicieron con la
esperanza que esta derrota provocara el fin del fascismo
español gracias al apoyo internacional de los regímenes
democráticos. A pesar de que muchos volvieron y continuaron
la lucha, a mitad de los 50 fue ya evidente que la
colaboración internacional no se iba dar, haciendo patente
el aislamiento a que quedaban relegados.
Desde el final oficial de la Guerra Civil,
fue el Tercio Móvil del Ejército español, la Falange, y
sobre todo la Guardia Civil, los encargados de perseguir y
aniquilar a los grupos de resistencia democrática
organizados en guerrillas. La decisión de adjudicar un papel
preeminente a la Guardia Civil se debe tanto a su propia
naturaleza, ámbito de actuación y experiencia de este
instituto armado (responsable de perseguir a bandoleros y
carlistas durante el siglo XIX), como a la intención de
menospreciar e infravalorar internamente y externamente- la
resistencia al régimen fascista. Encargándose
prioritariamente a la Guardia Civil y no al Ejército la
represión, se pretendía por un lado que no se reconociera
que se trataba de un problema grave o de la misma
continuidad de la guerra. Por otro lado, se quería
visualizar ante la sociedad que se trataba de un problema de
delincuencia y no de una lucha en defensa del régimen
republicano. Para ello, se utilizaron también tácticas
propagandísticas como el silenciamiento de las acciones con
contenido político y la propagación de aquellas más
violentas que pudieran generar un cierto rechazo por parte
del conjunto de la sociedad. En este mismo sentido, una
circular de la Dirección General de Seguridad de 11 de abril
de 1947 prohibía expresamente utilizar el término guerrilla,
maquis o guerrilleros, y obliga a establecer como
terminología a nivel interno y externo, los conceptos
bandoleros, forajidos o bandolerismo.
Pero la lucha armada por la democracia
existía, y era mayor de lo que el propio gobierno golpista
estaba dispuesto a admitir. Hasta el punto que el Ministerio
de Interior dio orden de aniquilar a los guerrilleros y
enlaces mediante la ley de fugas-, a la vez que se amplió
en gran medida la plantilla de la Guardia Civil (se pasó de
30.000 efectivos en 1936 a 54.000 en 1941). La importancia
de la guerrilla está demostrada por el hecho que en el
periodo 1943-1952 se concedieran por las acciones contra la
ella, 908 cruces del mérito militar -que configuraron el
popularmente llamado “medallero”-, 970 citaciones en las
órdenes generales del cuerpo, que hubiera más de mil
enfrentamientos armados y más de seiscientas bajas entre
heridos y muertos en la Guardia Civil. De hecho, las cifras
que se recogen en los archivos del Servicio de Estudios
Históricos de la Guardia Civil para este periodo citado por
el investigador Jesús Núñez en su ponencia La Guardia Civil
contra el maquis- señalan 2.173 guerrilleros muertos, 2.374
detenidos y 19.444 enlaces detenidos.
En este sentido, la desarticulación de las
guerrillas requirió una nueva estrategia basada en el ataque
a sus redes de apoyo, lo cual llevó a la Guardia Civil a
reprimir a los enlaces, los cuales fueron paulatinamente
detenidos, encarcelados o asesinados hasta que los
guerrilleros, aislados, acabaron por desaparecer.
No obstante, aunque suele establecerse el año
1952 como el año en qué se puso fin a la lucha guerrillera a
favor de la democracia representada por el legítimo régimen
republicano, quedaron algunos focos de resistencia
guerrillera hasta los años 60, como es el caso de los
representados por Quico Sabater, Ramon Vila Capdevila “Caracremada”,
José Castro Veiga “Piloto”, etc.
Por todo ello urge, pues, un reconocimiento
de la lucha por la libertad de los defensores del legítimo
régimen republicano, de igual manera como han procedido en
otros países como Francia, Alemania o Rusia, por poner tres
ejemplos. En este sentido, René Pérez, responsable de la
Unión de Excombatientes Franceses en España, reivindicando
la reparación de esta injusticia, afirma que “A los
guerrilleros franceses que lucharon contra el nazismo se les
considera héroes nacionales; tienen una pensión especial,
veranean en residencias militares, los mutilados reciben
asistencia a domicilio y han sido condecorados en repetidas
ocasiones.”
Por otro lado, hay que destacar la dificultad
de acceso a los archivos por parte de los mismos afectados,
familiares o los historiadores actuales. De hecho, en una
clara e injusta asimetría, la mayoría de los investigadores
que han tenido fácil acceso a todos estos archivos se han
destacado precisamente por tratar el fenómeno bajo un
prisma ideológico que asimilaba la guerrilla a la
delincuencia. En este sentido, hace falta señalar que sería
necesario que los documentos depositados por el Servicio de
Información de la Guardia Civil o similares fuesen
trasladados a un archivo donde rigieran criterios
profesionales de acuerdo con el Consejo Internacional de
Archivos y se facilitara el libre acceso a los estudiosos de
la materia.
Por todo ello, y reconociendo y asumiendo la
tenaz y valiosa labor de la Asociación Archivo, Guerra y
Exilio (AGE) a la que pertenecen actualmente la mayoría de
guerrilleros y en virtud del reconocimiento por unanimidad
que el Congreso de los Diputados hace el 14 de mayo de 2001
de su lucha y en qué se insta al Gobierno a adoptar las
medidas necesarias para su rehabilitación total de cara a
modificar la calificación de bandoleros y malhechores, se
presenta la siguiente
PROPOSICIÓN NO DE LEY
El Congreso de los Diputados insta al
gobierno español a:
1- Reconocer jurídica, moral y
económicamente a los ciudadanos y ciudadanas que integraron
o apoyaron la resistencia armada antifascista, con el fin de
restablecer la legitimidad constitucional republicana. En
este sentido, se harán efectivas las indemnizaciones y
beneficios sociales que se deriven de este reconocimiento.
2- Proceder a trasladar la documentación
personal e institucional relativa a la guerrilla a un
archivo histórico público y civil con la finalidad de
facilitar su conservación, tratamiento y acceso tanto a los
afectados y familiares, como a los investigadores.
3- Incluir lo demandado en el Proyecto de
Ley de la Memoria
Joan Tardà i Coma
Joan Puigcercós i Boixassa
Diputado GP Esquerra Republicana
Portavoz GP Esquerra Republicana
La han firmado ERC, PNV, IU, BNG, EA, Na-Bai,
CHA
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