Historia Inmediata
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Memoria |
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A Cristina Perrone
In memoriam
La Memoria: el día después
De un modo intencional no quise publicar este
testimonio ayer en medio de todas las expresiones de repudio
al golpe del 24 de marzo.
Por cuanto los acontecimientos se refieren a
hechos posteriores pero relacionados que sucedieron durante
el primer año de la presidencia de Raúl Alfonsín. Se
refieren a mi primera mujer recientemente fallecida, a mi y
a mis dos hijos aunque ellos no se enteraron en su momento.
Con un grupo de profesoras, Cristina había
logrado una publicación artesanal a la que llamaron "El
Timbre" (de la escuela secundaria) cuando ya la dictadura
comenzaba a derrumbarse luego de la guerra de Malvinas.
La publicación tenía una circulación muy
reducida y fue cambiando su formato y presentación,
mejorando en calidad. Tomaba los problemas reivindicativos
de la docencia de la enseñanza media en momentos en que el
único gremio que la agrupaba en Capital Federal era la CAMYP,
Confederación Argentina de Maestros y Profesores, que hacía
rato había abandonado la "D" final por "diplomados" aunque
no sus aires de gremio decano protagonista de las primeras
huelgas a comienzos del Siglo XX así como su predominio
ideológico socialdemócrata, sarmientino y liberal.
El Timbre se fue convirtiendo progresivamente
en un espacio que nucleaba a docentes descontentos con la
conducción del gremio y tenía una cierta llegada a las
escuelas combinando artículos estrictamente gremiales con
otros temas teórico-pedagógicos.
En los primeros meses del gobierno
constitucional comenzamos a recibir llamados telefónicos
anónimos en nuestro domicilio.
Tenían siempre la misma factura: una voz
repetía el mismo mensaje mientras uno escuchaba sin saber si
la voz llegaba a escuchar nuestras "devoluciones" airadas.
"Dejate de joder con El Timbre", "Dejate de
joder con El Timbre", "Dejate de joder con El Timbre", decía
la voz la primera vez que atendió Cristina.
Mientras atendíamos el teléfono ella o yo nos
apoyábamos mutuamente y respondíamos con insultos
fuertes...inútiles manotazos al aire...
"Vas a aparecer en una zanja", "vas a
aparecer en una zanja", "vas a aparecer en una zanja",
machacó en una oportunidad en que la Directora del Timbre se
quebró llorando de miedo, bronca e impotencia.
No podíamos saber si estábamos saliendo de la
gran noche larga del terror y si ya estábamos viviendo en el
día después. El gobierno acentuaba nuestro escepticismo con
su debilidad frente a los grupos militares "carapintadas"
que seguían intimidando y jaqueando a las frágiles
instituciones.
Recuerden la frase de aquel domingo de semana
santa "la casa está en orden".
Un día me llamaron a la escuela donde
trabajaba como rector y esta vez el mensaje fue: "Conocemos
la escuela de tu hijo", "Conocemos la escuela de tu hijo",
"Conocemos la escuela de tu hijo".
Como si hubiera recibido un puñetazo en la
boca del estómago me tuve que sentar completamente atontado.
Mientras las amenazas venían por Cristina o por mi sacábamos
fuerzas para resistir y continuar.
Pero cuando amenazaron al hijo apenas
iniciando su adolescencia el miedo se convirtió en un dolor
profundo y un grito visceral.
Recuerdo que la respuesta fue comenzar a
movernos en los organismos de derechos humanos y que Alfredo
Bravo nos atendió en su cargo del Ministerio de Educación
para asesorarnos y tranquilizarnos indicándonos cómo actuar
frente a lo que denominó "picadura de mosquito".
Era un modo de accionar de los servicios para
paralizar a los grupos que comenzaban a recobrar sus luchas
por las reivindicaciones y derechos de todo tipo luego del
silencio forzado por la dictadura.
Conseguían atemorizar y desgranar a algunos
integrantes y ese era el objetivo estratégico: desmovilizar.
El Timbre se convirtió en el núcleo fundador
de otro gremio docente capitalino, ADEMYS, consiguió sacar
un último número como revista oficial de la CTERA- Arizcuren,
y perdió una cantidad de sus miembros como consecuencia de
las amenazas telefónicas.
Valga como cierre señalar que la memoria y la
vigilia permanente por los derechos humanos, como este
escrito, también tienen su día después.
Y que el auténtico amanecer del día después
sólo será posible cuando ningún hecho de los años duros
quede impune.
Rubén Cucuzza
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Luján, 25 de marzo de 2006.
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