Pareciera que cuando alguien se proclama de izquierda y es
objeto de análisis de los observadores izquierdistas europeos, éstos pierden la
sindéresis y cualquier atisbo de objetividad. Si somos demócratas debemos
respetar los valores democráticos. Esta perogrullada no parece muy presente
entre quienes hablan de no obstruir el ascenso de la izquierda en América
Latina. Si la izquierda sube, que sea respetando la democracia y no vaciándola
de contenido, como lo ha hecho Hugo Chávez.
Para quienes tienen ese doble rasero: pedir que se cuenten los votos en México
(donde se contaron con la presencia de un millón de testigos) y no piden que se
cuenten en Venezuela (donde la total automatización lo hace imposible) porque el
hombre fuerte dice que es de izquierda y enemigo de EE UU y de la globalización,
escribí lo siguiente:
“Voto por voto, casilla por casilla”. Así gritan los seguidores de Andrés Manuel
López Obrador, el derrotado candidato del PRD mexicano. En su estrategia para
deslegitimar las elecciones del 2 de julio, el populista no ha escatimado frases
y mítines para buscar su victimización. Si hasta ahora le ha ido bien haciéndose
la víctima (no en vano acaba de obtener 14 millones de votos), persistirá en esa
vía.
El Partido de la Revolución Democrática (PRD) es un gajo desprendido del
jurásico Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este hecho, que siempre es
olvidado por los negadores de la caída del Muro de Berlín, es crucial para
analizar la actitud de AMLO y sus seguidores. Si bien sufrieron en 1988 con su
líder del momento, Cuauhtémoc Cárdenas, el inmenso fraude de 1988, cuando el
abandono de la matriz priísta estaba reciente, hoy la manipulación de la verdad
parece tener pies cortos.
En primer lugar porque los votos fueron contados. Voto a voto y casilla por
casilla. En cada mesa electoral (casilla) se contaron los votos como Dios manda.
Los funcionarios de cada casilla escrutaron los votos delante de los testigos de
los partidos políticos. Y luego de que todos estuvieron de acuerdo en los
números se firmaron las actas que luego, a su vez, fueron contabilizadas.
Pareciera, entonces, que la dirigencia perredista al hacer la exigencia del
“voto por voto” se refiere a otra realidad: a las elecciones de la Venezuela
chavera. Esa consigna de contar los votos no es muy consistente en el México de
hoy que ha avanzado tanto desde los días del “dedazo” presidencial, orden
incontrovertible para designar al sucesor. El desempeño del Instituto Federal
Electoral (IFE) así lo atestigua.
Muy diferente a lo que sucede en Venezuela donde no se cuentan los votos. Por
medio de los artilugios electrónicos, el acta de cada mesa electoral es
elaborada sin la intervención de los funcionarios nombrados para ello. Estos se
reducen a convalidar lo que la máquina dice sumar y para ello suscriben con los
ojos cerrados las actas. Nadie ve los votos y nadie los cuenta.
Para las mentes ingenuas o decididamente perversas, la automatización sería
mucho más confiable que el conteo manual. Estas mentes desconocen (u ocultan)
todos los trucos que puede hacer la programación informática.
En Venezuela se contrató a una empresa que se ha levantado con dineros del
Estado, Smartmatic, para suministrar las máquinas y los programas electorales.
Una de las supuestas ventajas del sistema ofertado era que la máquina botaba un
papel con el voto de cada elector, como muestra de transparencia y como soporte
para posibles reclamos. Esas papeletas jamás han sido contadas, por lo tanto no
han servido para verificar los resultados electrónicos.
El Tribunal Supremo de Justicia ha completado el círculo de la opacidad
electoral en Venezuela: ha decidido que las papeletas no tienen valor para
impugnar las elecciones.
Si alguien cree que esto es una exageración puede leer la sentencia Nº 82 de la
Sala Electoral del 16 de mayo de 2006 que establece lo siguiente: “Así, en el
proceso automatizado el escrutinio lo realiza la máquina de votación, por lo que
no se requiere contabilización manual de los votos, y la posterior impresión del
Acta cumple, entre otras funciones, la de servir de constancia de los
resultados, así como de soporte para una eventual impugnación; en virtud de la
automatización de los votos, cuyo respaldo está en la máquina de votación y en
el sistema automatizado de totalización, el contenido del Acta de Escrutinio
refleja la transmisión electrónica de los resultados que en ella se contienen.
De esta manera, resulta pertinente que el Consejo Nacional Electoral, en este
caso, ante la situación de imposibilidad para aplicar los mecanismos de
subsanación y convalidación a tales instrumentos electorales, haya desechado la
impugnación, por cuanto no se puede verificar el número de boletas depositadas,
en virtud de la inexistencia del valor referido a la cantidad de las mismas, ya
que el voto reposa en un instrumento electrónico, como es la memoria removible o
Pen Drive”.
En México por lo menos dos millones de ojos vieron contar los votos. Aquí en
Venezuela se ha llegado hasta el desparpajo de decretar judicialmente al voto
como invisible e inmaterial, no contable, ni verificable.
Pase lo que pase con la campaña de AMLO y el PRD por la desligitimación del
triunfo de Felipe Calderón, en México los votos fueron contados y se puede
alegar un recuento de las casillas supuestamente dudosas, pero en Venezuela no.
Aquí en Venezuela el TSJ chavista ya decidió que el voto no se cuenta.
Román José Sandia
Egresado de la Universidad de Los Andes (Mérida-Venezuela)