Historia Inmediata
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México |
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Estimados colegas de Had
Me permito aclarar algunos puntos de la breve respuesta que
da Apicella al escrito de Román Sandia. Lamentablemente no suelo ser tan
breve, sobre todo cuando considero necesario entrar en detalles para mostrar
algunos equívocos.
La comparación que hace Apicella (comparando el 9% del
reconteo en México con el 51% de auditorias que se harán en diciembre en
Venezuela) no es del todo válida. No se si lo hace intencionalmente, o si en
verdad se lo cree. Aparenta argumentar con las mismas variables, cuando
realmente no es así. El asunto es que en México, según tengo entendido, como
en el resto del mundo durante el escrutinio, los ciudadanos cuentan todos
los votos, cosa que no sucede en Venezuela, donde somos revolucionarios y
tenemos máquinas que cuentan por nosotros.
El reconteo es otra cosa. Para justificar el reconteo, el
partido o candidato que lo solicita debe mostrar evidencias de que el conteo
no fue justo. No es que “hay que hacer el reconteo del 100 % de las
papeletas porque pienso que hubo trampa”. Pero si es posible exigir el
reconteo en las mesas donde algo huele mal. Si no funcionaran así las cosas
ningún candidato perdedor aceptaría jamás la derrota, pues siempre exigiría
reconteos totales hasta que las cuentas finalmente “le favorecieran”. El
caso en México es que se pudo demostrar que algo olía mal en cierta cantidad
de mesas (creo que el 18%), por lo cual se examinaron dichas mesas en un
porcentaje menor (9%) sin encontrarse evidencias significativas de fraude
Por lo menos, eso fue lo detectado y sentenciado por el Tribunal Electoral
en México (que es, hasta donde se, una institución respetable, aunque
personalmente habría sido partidaria del reconteo total de ese 18% de cajas
dudosas). Es una situación muy parecida a la sufrida por Al Gore con el
reconteo en Florida. A Gore no se le ocurrió exigir el reconteo en todos los
colegios electorales sino sólo en Florida, donde detectó la trampa.
Posteriormente, al candidato demócrata no le quedó más remedio que aceptar
la sentencia de la Corte Suprema de EE UU; ¿qué por qué aceptó esta
sentencia? …pues porque así funcionan las democracias, a pesar de que el
asunto no le hizo mucha gracia a los demócratas.
Comparto la opinión de Apicella referida a la participación
de Rosales en las elecciones presidenciales de Venezuela. Ciertamente
constituyen “la oportunidad que necesita la oposición venezolana para
hacer un fuerte piso político sin importar el resultado porque lo
importante es pensar a largo plazo”. Estoy de acuerdo con esta idea, pues
es lo único que podrá conseguir la oposición con esta participación. Y me
refiero a la oposición real, no a la ficticia, no a la montada gracias a los
20 y tantos “candidatos” fabricados por el gobierno, e inscritos en el CNE
tras supuestamente recabar, cada uno, las 75 mil firmas necesarias (¿Quién
los vio recabar esas firmas? ¿Dónde? ¿Cuándo lo hicieron? ¿Y no hay firmas
“planas”?). Insisto, una oposición real no tendrá posibilidad de ganar nunca
en Venezuela, mientras no se den condiciones justas y transparentes en el
Consejo Nacional Electoral, desde hace años en manos del oficialismo más
convencido y radical (ojo, no estoy diciendo: “oficialismo violento”).
En la avanzada y tecnificada Venezuela del siglo XXI, el
software electoral mata al voto. El resultado que ha de tomarse en cuenta es
únicamente el proporcionado por la máquina, el voto electrónico, mientras la
única acta válida de cada mesa electoral es la expulsada por el contador
virtual. Así ha sido hasta ahora (lo fue en el referéndum y en las
subsiguientes elecciones para alcaldes y para diputados) y lo seguirá siendo
según sentencia del TSJ, la cual fue citada por Román José Sandia y puede
ser consultada en la web del Tribunal Supremo. Cómo gran concesión a la
oposición, el CNE ha aceptado auditar el 51 % de las cajas con las papeletas
expulsadas por la máquina, pero tales auditorias, según esta sentencia, no
son vinculantes.
Por cierto, para el Referéndum revocatorio el CNE autorizó
solamente la auditoría en caliente del 1% de las cajas. Auditoría en
caliente quiere decir la apertura de las cajas in situ, al momento del
escrutinio, para comparar el resultado del conteo con el expedido por la
máquina. Pero el abuso del CNE fue tal que impidió sistemáticamente la
presencia de la oposición durante la apertura de ese 1% de las cajas. La
oposición sólo pudo estar presente en la auditoría de 37 ó 40 cajas, en
cuyas mesas electorales, casualmente ganó el SI, en todas. Para las demás
mesas y colegios electorales auditados como parte de ese uno por ciento, no
pudieron estar presentes los testigos de oposición pues nunca recibieron las
credenciales a tiempo, si acaso tardíamente (uno ó dos días antes), pero
con algún numero de la cédula errado, los apellidos volteados, algunas
letras que no correspondían exactamente al nombre tal como estaba en la
cédula, etc.; no se podía reclamar pues ya era muy tarde y el CNE “no tenía
tiempo” para hacer nuevas credenciales. Total, que las supuestas auditorías
en caliente del 1% de las cajas se realizaron a puerta cerrada el día del
revocatorio, sin la presencia de los testigos de oposición. Después de
mucho exigir, se consiguió rehacer las auditorías pero en frío, cuando las
cajas ya habían sido retiradas del CNE y reposaban en los ahora poco
institucionales y sí muy “revolucionarios” cuarteles militares. Seguramente,
nada de eso le pareció raro al Centro Carter, organización que validó
tamaño despropósito.
La credibilidad del CNE y de sus elecciones rodó por los
suelos. En diciembre del 2005, se realizaron las elecciones para diputados a
la Asamblea Nacional. A pesar de las “estimulantes” arengas ideológicas y
electorales del Presidente Chávez (quien decía que la revolución se la
jugaba con esas elecciones), y de la Comandante “Fosforito” (quien advirtió
a los empleados públicos sobre las consecuencias que tendría su posible
abstención), no fue a votar sino el 18% de los electores (supongo que los
empleados públicos y los chavistas puros de corazón). Ante esta
experiencia, el CNE ha aceptado contar, no todas las papeletas ni todas las
cajas como pedimos los de oposición, sino el 51% de las cajas. ¡Qué gran
concesión!... ¡Pero qué demócratas¡ Frente al 9% del reconteo en México, un
51 % parece una barbaridad, pero no es así, pues el 9% en México corresponde
a un reconteo, mientras el 51% sería para nosotros el conteo mismo, pese a
la sentencia del TSJ. Son, por tanto, variables diferentes.
Lo contrario sería admitir como justo que mientras en México
se contaron todas las papeletas la primera vez (y no niego las posibles
trampas), en Venezuela debamos admitir como aceptable que las máquinas
“cuenten virtualmente” por nosotros todos los votos. Prosiguiendo con este
modo de comparar, tal como lo hizo Apicella, tenemos que en el reconteo
mexicano se auditaron el 9% de las mesas, mientras en Venezuela, la
generosidad del CNE permitirá que en las elecciones presidenciales de
diciembre se “recuenten” el 51% de las papeletas. ¡Pero si este supuesto
recuento es el único conteo real, empírico, comprobable, con el que
contaremos los venezolanos para el día de las elecciones! ¿Es acaso esto
comparable, ya no digo con la situación en México, sino con cualquier
proceso electoral en el mundo? ¿Es, acaso, esto justo? ¿Es que los
venezolanos no tenemos derecho a elecciones transparentes?
Los venezolanos tenemos derecho a ver hasta el último voto el
mismo día de los comicios; no tenemos porque conformarnos con el resultado
total que nos expele una máquina programada sabrá Dios como. Tenemos derecho
a sufragar y a contar todas las papeletas como lo habíamos hecho hasta el
momento mismo de la llegada de Chávez al poder, tal como sucedió en las
primeras elecciones que le permitieron ganar y consolidarse en Miraflores.
Tenemos derecho, además, no solamente a que sean contados todos nuestros
votos, uno a uno, sino a tener suficientes testigos creíbles para el momento
del escrutinio. No es posible que este se haga a puertas cerradas, como lo
ha impuesto el CNE desde el referéndum y con los escasos testigos que le
parezca aceptable acreditar.
En todo caso, y regresando al tema de la auditoría que se
hará del 51% de las cajas durante el proceso electoral de diciembre, podemos
suponer que no habrá contradicción entre el resultado que arrojen esas
máquinas con el de las cajas auditadas, pues la trampa se hará en las
máquinas que no sean auditadas. Un software bien programado puede lograr eso
y mucho más. Sobre todo, si sumamos, al control del software, el abuso
oficialista en la elaboración del Registro o padrón electoral. El gobierno
pudo armar el Registro Electoral Permanente (REP) actual gracias al
indiscriminado proceso de cedulación que otorgó cédulas de identidad
venezolanas a cuánto extranjero quisiera cedularse sin que se llenaran las
condiciones legales para ello, incluidos muchos de los cubanos recién
llegados a Venezuela y a las famosas excursiones de colombianos que
alquilaban autobuses para venir exclusivamente con el propósito de cedularse
en el año 2004, desde meses antes del referéndum. También están en el
padrón electoral aquellos chavistas que tienen dos y tres cédulas con
nombres o números diferentes y quienes deberán pagar clientelar y
oportunamente, no con uno, sino con dos o tres votos, los “favores
recibidos” por parte de “su Presidente”.
De hecho, en los últimos meses, el REP ha crecido en dos
millones de personas más, para llevar a 16 millones el número de
empadronados en un país con sólo 25 millones de habitantes, según el censo
de año 2001. Sucede que para empadronarse hace falta tener 18 años. ¿Cómo
es posible, entonces, que la mayoría de los habitantes (16 millones), tengan
más de 18 años, si el censo de 1990 reportó 18 millones de habitantes? Este
gobierno es tan milagroso que ha volteado la pirámide poblacional de un país
de niños y de jóvenes, convirtiéndonos en sólo dos años, en un país de
adultos y de mayores. Tal cual un país europeo: ¡Gran avance, Sancho¡
Por cierto, hasta ahora la oposición no ha conseguido que el
CNE entregue los datos completos del REP, pues “consideran un deber moral y
constitucional el preservar la privacidad de los venezolanos”. ¿Acaso
alguien en el exterior ha oído hablar o ha leído sobre la lista Tascón
(elaborada con los datos de los firmantes y reafirmantes que solicitamos el
referéndum revocatorio, datos que fueron entregados oficial y públicamente
por el CNE al diputado chavista Luis Tascón en febrero de 2004) o saben de
la lista Maisanta (una suma de la lista Tascón, el padrón electoral y el
registro de quienes votaron o nos abstuvimos de hacerlo en las elecciones
para diputados en diciembre de 2005)? Aunque ya fue retirada, la Lista
Tascón estuvo colgada durante un año en la página web de Tascón. Pero la
lista Maisanta puede bajarse por Internet, además de que la venden en CDs
piratas en cualquier esquina de Venezuela. Estas listas se han utilizado de
la manera más vergonzosa como parte de la persecución política oficial en
contra de la oposición en Venezuela. (Alguien me ha dicho que acaban de
publicar el padrón por Internet, pero parece que lo colgaron sin las
direcciones de habitación correspondientes, única forma de comprobar si en
verdad existen los 16 millones de empadronados. Aunque a estas alturas, ya
me imagino lo que nos pasará si se deciden a publicar nuestras direcciones).
Por lo pronto, sólo me resta admitir la sorpresa que me he
llevado y la envidia que me ha producido la petición internacional hecha por
tantos historiadores de recontar hasta la última papeleta, dirigida a las
autoridades judiciales en México, cuando hubo tal indiferencia frente al
cinismo demostrado por el CNE venezolano, entre los años 2003 y 2004, ante
la petición ciudadana de referéndum revocatorio y durante el proceso de
votación mismo, el 15 de agosto de 2004. Ahora bien, dados los resultados
del referéndum revocatorio, aún a pesar de que muchos venezolanos lo han
considerado como poco transparente, y muchos más, como completamente
fraudulento, los de oposición hemos demostrado que somos demócratas,
aceptando dicho resultado y dejando gobernar en paz al “triunfador”. No
somos los fascistas oligarcas en que ha pretendido convertirnos la
publicidad política del gobierno, sino exactamente todo lo contrario de lo
que se nos acusa.
Luz Varela
ULA. Venezuela
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